VENECIA-LA CIUDAD DEL AMOR

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POLgarci
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VENECIA-LA CIUDAD DEL AMOR

Mensajepor POLgarci » 14 Feb 2015 19:28

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La salida fue muy temprana y el sueño con la buena temperatura del autocar nos gano rápidamente. Yo desperté al entrar en el golfo de San Juan, pasando de vista a CANNES. Y en la lejanía, desfilan con sus grandes edificios la vida moderna.
CANNES, es la ciudad en donde en otra época, los tísicos y ociosos del mundo entero, venían a gastar sus millones y después: - NIZA, con su famosa playa de fina piedrecilla, adornada por su famoso pase de Los Ingleses y de sus bien cuidados jardines. A pocos kilómetros MONACO, la metrópolis del juego, risueña y seductora. Esta inolvidable ciudad se recuesta coquetona sobre una colina de color rosa, y como bien llamada cementerio de los elefantes - refugio y muerte de los pudientes.
Fue de pronto al dejar esta lujosa ciudad, que entramos en los ALPES, coronados de brumas y con las laderas cubiertas por mosaicos de chales franceses y villas italianas y, todo entre decenas y decenas de túneles y viaductos. Para después a lo lejos, SAN REMO, con sus poéticas playas donde el difunto emperador de Alemania Federico Guillermo, lanzaba los esputos de su mortal dolencia. Al continuar por la autopista se anuncia: - Génova, ciudad que yo bien conocí por razones de trabajo. ¡Ya estamos en la verdadera ITALIA!
Si viniéramos por el mar solitario y monótono, encontraríamos las embarcaciones de los pescadores y experimentaríamos una impresión profunda al entrar en el puerto moderno y en plena actividad. GENOVA es la ciudad de los contrastes: grandes palacios y en otros tiempos míseras callejuelas. Arriba, en las cumbres de las colinas: Jardines frondosos y villas marmóreas. Abajo, cerca del puerto: barrios que son verdaderos juderías. El afán de hacerlo todo en medio de la calle, es lo único que en Génova, delata a Italia. Génova es la ciudad del mármol. Como en ninguna otra parte de Italia, ni del mundo, sé uso esta piedra preciosa con ese desprecio de la abundancia.
Durante seis horas, el autocar ha atravesado el accidentado terreno de la LIGURIA y la perforada cadena de montañas que rodean Génova, la fértil y hermosa LOMBARDIA; esa inmensa llanura siempre verde, la cual atrajo con sus riquezas, las invasiones de las gentes nórdicas. Estas hordas bárbaras batallaron con feroz pasión derramaron ríos de sangre. Después estas fértiles tierras se vieron invadidas por las caballerías de los reyes de Francia, los gloriosos tercios Españoles y los batallones de Napoleón
Ofrece hermoso espectáculo la vega que se pierde de vista como un mar verdoso, sin la mas leve alteración del terreno, cruzada por mansos ríos y anchos canales. Los lombardos para mí, son “los Catalanes” de Italia. En su ininterrumpido viaje, nuestro autocar y autopista, pasa de largo MILAN. Milán la capital moral de la península. Milán resguardada por un cinturón industrial sorprendente; pero más aun que su industria, ejerce Milán un poderío universal en el mundo del arte y de la música. Su Scala, la Opera más famosa del mundo que levanta su mole de Coliseo de a principios de siglo.
Que me perdone TURIN, ya que debido a la velocidad que el autocar desarrolla por la autopista, no me da tiempo apenas a leer la desviación de esta histórica ciudad del PIAMONTE. Sin embargo el autocar ya amenos velocidad nos permite divisar detenidamente la pancarta señalando PISA, ciudad famosa por su torre inclinada. Más tarde una bifurcación señala FLORENCIA, la maquiavélica ciudad de la conspiración y el continuo asesinato. La monumental ciudad de los cuentos verdes, de las escandalosas aventuras, de las regocijadas orgías y de las serenatas amorosas. Aquel pueblo impresionable, que como el diablo de nuestro refrán: - Hartos de carne, se metían a frailes. Eterna excreción de dejar en su vida, una obra de arte esencialmente religiosa, con el fin de su eterno perdón.
El autocar sin descanso sigue su marcha y se aproxima al Adriático. El VENETO extiende sus tierras bajas con tal lujo de fertilidad, que me recuerda la vega Valenciana y vemos como va inundándose el campo al aproximarse a VENECIA. Se llega a dudar de la realidad, de tanta belleza, al ver como se destaca sobre la verdosa sabana. Si es Venecia, esa extraordinaria ciudad flotante, dorada por un sol pálido y envuelto por una ligera bruma que hace que apenas se divisen las enormes islas que son jardines. A nuestra derecha se destaca una inmensa industria pasada y petrolera, con grandes buques que demuestran la grandeza que aun perduran, de la comercial Venecia. Para poder llegar a la ciudad, el autocar entra en un puente de una legua artificial que une Venecia con el continente. Una obra de cuatro mil metro, construida en su época con mármol de ISTRIA y sostenido por doscientos veintidós arcos.
Al fin, y después de abandonar el autocar en una inmensa explanada, nos introducimos en la barcaza que nos conducirá al Gran Canal. Una vez en ella, divisamos toda una población flotante de góndolas y pontones, meciéndose y llenas de viajeros que esperan desembarcar en las paradas de los autobuses o coches flotantes, para que les lleven de nuevo a los diferentes lugares de la ciudad. Por el Gran Canal, pasan surcando el agua como flechas, las barcazas de la limpieza, de la construcción y también toda clase de comerciantes y vendedores con las barcas cargadas de hortalizas, carne, leña, pescado y agua. A lo largo del canal, filas de palacios que parecen dormir, con sus ventanas cerradas. Sólo los gritos de las gentes o de los gondoleros, rasgan su majestuosa calma.
Hay que pasar muchas horas en SAN MARCOS, en el palacio DUCAL, o en el archivo del ESTADO, para darse exacta cuenta de la grandiosidad de aquella República; su poderío, la fuerza de su marina, la astucia de su famosa diplomacia y, su poder económico que se sentía en todas partes.
Al entrar en la plaza de San Marcos y antes de contemplar los famosos monumentos que cierran su fondo, mi atención es atraída por las miles de palomas que con su plumaje negro, van saltando como un enjambre de pulgas sobre el pavimento de mármol; o remontan para descansar en los relieves de los palacios. Para después volando en apretados escuadrones caer sobre el primero que les ofrezca unas migas de pan o granos de maíz.
De frente y al levantar de nuevo se descubre la Basílica de San Marcos, con su suntuosa fachada que nos vuelve a recordar la grandeza y conquistas de la República Veneciana. A su derecha, el palacio de los DOGOS que alza su severa mole junto al templo. Es hermoso observar como brillan al sol sus amarillentos mármoles y sus rojizos mosaicos. En este palacio de los Dogos, después de un encuentro fortuito en los grandiosos carnavales venecianos; las rubias damas daban citas al doncel que llegaban bajo sus ventanas, en oscuras góndolas. Al interior, pozos y mazmorras desde las cuales el conspirador desgraciado, o el adultero sorprendido, daba el último adiós a la luz y a la vida.
Por todo Venecia se puede idealizar la poesía. En esos canales angostos y tortuosos, que parecen de tinta y, en los cuales el remo, con ese eco tan peculiar que solo se escucha en los cementerios. Uno cree soñar, o vivir en un mundo fantástico, cuando tendido sobre los cojines de una góndola acompañado de tu amante, paseas por el Gran Canal y sobre todo cuando el gondolero a cambio de unas monedas lanza sus dulces cantos.
Devuelta vuelvo a la realidad y en el autocar, voy medio dormido y, pienso en lo que el día anterior vi y, lentamente en mi recuerdo desfila la Venecia negra, la Venecia dormida bajo la acaricia de la luna, esos canales de fantásticos reflejos que desaparecerían de mi sueño si yo intentara con un pincel, reproducirlos fuera de ella. Pero serian interminables, los escritos y poesías de mi pluma.
Pablo Garcìa
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