"Tú serías mi peligro"

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"Tú serías mi peligro"

Mensajepor Dae » 20 Abr 2014 20:12

“Tú serías mi peligro”

No me digan que no hay frases de película, de esas frases que siempre se quedan en el recuerdo, frases sonoras, frases profundas, frases que cuando se escuchan hacen que se te estremezcan todas las neuronas y que se te queden temblando las dendritas durante un rato inacabable.

En el cine, a oscuras, con Spiderman balanceándose sobre los edificios de Nueva York, él se acercó a mí, y me susurró al oído: “Tú serías mi peligro”.
Entonces lo besé, no lo pude evitar.
A una no le dicen esas cosas todos los días, ni siquiera cada dos años bisiestos.

Nos habíamos conocido hacía unos nueve años. En una boda. Mi hermano se casaba y él era el marido de la hermana de mi cuñada a estrenar. El cuñado de mi cuñada. Él acudía con su mujer embarazadísima y yo también con mi carga familiar.
Nunca he creído en flechazos, y por si acaso siempre blindé mi corazón contra ellos, no fuera que me fueran a pillar con el paso cambiado, y no quiero yo decir tampoco que aquello fuera un flechazo, aunque si lo pienso bien, puede que sintiera un pinchazo en el culo, quizás fuera sólo un amago de ciática, que también es posible.
Había conocido anteriormente a otros parientes de mi cuñada, pero con Mendi era la primera vez que coincidía.

- Ander Iturrimendi, pero todo el mundo me llama Mendi, me dijo con una sonrisa aquel hombre a una nariz pegado.
- Yo soy Itzasne. Y todo el mundo me llama Itzasne.

Nos dimos dos besos y seguimos conociendo a parientes, la lista de invitados no era muy amplia. Yo me había quedado casi sin voz por culpa del aire acondicionado de la habitación del hotel, así que susurraba, más que hablar. En la comida me tocó sentarme al lado de Mendi. Tuvimos una grata conversación, él se río de mi acento ronco y yo me reí de su corbata floreada, él hablaba más y yo escuchaba. Ponía expresiones de caras para matizar mi acuerdo o desacuerdo con lo que él decía y le dejaba explayarse, por el otro lado de la mesa me había tocado una prima que hacía mil años que no veía y que estaba dando la paliza al parejo y según Mendi su otra compañera de mesa era sorda de ese oído.

- No en serio, no hay tanto peligro, a mí me gusta subir montañas, pero no es tan peligroso como dicen. En realidad no existen tantos peligros, puede haber uno, uno del que no te puedas escapar, pero los demás son soslayables, sobre todo para los de Bilbao.

Yo levanté una ceja para expresar mi escepticismo. Y él siguió explicando su punto de vista.
Hice ademánde hablar, y con mi voz de bebedora de cazalla, le dije:

- Te puedes resbalar, o pueden fallar los agarres, o quizás te rompes algún hueso, o un alud, o te pierdes...
- Bah, no puede haber tantos peligros, y de hecho no te matarás por todos ellos, sólo por uno.

Mi bebé eligió ese momento para despertarse en su sillita. Mendi lo cogió y yo le dí el potito. Todo el mundo le hizo la broma de si se estaba entrenando para padre.

Esa noche cuando mis polluelos dormían en la habitación del hotel donde se celebraba la boda,al cuidado de mi madre, nosotros trasnochamos un poco en los dos salones que habían preparado para los invitados de la boda. En uno se bebía más y en el otro se bailaba. Pusieron canciones lentas y Mendi invitó a bailar a su mujer, pero ella no quiso, se excusó por un dolor de pies, entonces me invitó a mí. Miré alrededor y el parejo no estaba cerca, imaginé que estaría en el salón en el que estaba la barra fija.

Hay algo totalmente arrebatador en la música lenta, en unos brazos que te arropan, en un hombre que te habla al oído, puede estar contándote que le gusta la chistorra o cómo prepara el entrecot a la pimienta, que resultará incitador. Yo dejé que sus palabras entraran por mis oídos y no hice intento de hablar, mi voz no me lo permitía.
Él quedó en mandarme una receta, yo dije que le daría mi mail, él me dijo que me la haría llegar a través de mi cuñada, porque no tenía para apuntar. Pero de todas maneras, algo en la manera en que lo dijo me hizo pensar en que prefería no tener mi mail. Y la verdad es que lo que pasa en las bodas, es mejor que se quede en las bodas.
A los dos meses, mi cuñada me hizo llegar la receta de Mendi, con un recado de su parte, ya no recuerdo cuál, algo intrascendente.
Cada poco me llegaban noticias indirectas de él por mi cuñada, si ha subido a los cinco montes altos de Euskadi, si han tenido el niño, si le han llamado así, si le vamos a bautizar.
Pero aquel Mendi era otro, uno que vivía en el mundo real, yo tenía uno guardado para mí sola.
Mi Mendi quedó colocado en la estantería de los recuerdos agradables, la que está al lado de los sueños inalcanzables.


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Re:

Mensajepor Mado » 21 Abr 2014 11:07

Ay, que bonito. Lo de los recuerdos y las sueños inalcanzables. Bueno, y todo lo demás.

Y que es bonito también saber escribir y hacer un estupendo relato de algo intrascendente.

Y tener una bonita voz.

Y...

¡¡Ay¡¡
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Re: Re:

Mensajepor Dae » 21 Abr 2014 12:39

Mado escribió:Ay, que bonito. Lo de los recuerdos y las sueños inalcanzables. Bueno, y todo lo demás.

Y que es bonito también saber escribir y hacer un estupendo relato de algo intrascendente.

Y tener una bonita voz.

Y...

¡¡Ay¡¡



Gracias bella, tú también tienes una bonita voz. :be:

Tengo en mente seguir con la historia, está un poco novelada, pero la base es real.
A ver si luego tengo un ratito...
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Re:

Mensajepor Pastinaca » 21 Abr 2014 12:44

Es que si nos deja a medias, la boicoteamos.
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Re:

Mensajepor Dae » 21 Abr 2014 18:48



Mi cuñada se quedó embarazada y tuvo una bebita preciosa. A la que decidió bautizar y para lo que nos convocó a toda la familia.
Allí acudimos raudos y presurosos a adorar a nuestra linda sobrina.
En las misas de bautizos con bebés y niños pequeños la gente, algunos, pasan más ratos fuera de la iglesia que dentro, yo llegué a escuchar el Ama maite bihotzeko... y me tuve que salir, cuando estaba fuera salió Mendi con su niño.

Me sonrió y me dijo:

- Has venido.
- Yo tenía más papeletas de venir que tú...
- ¿Y eso por qué?
- La nena es de mi hermano y de tu cuñada, tú te podías haber separado y no haber sido invitado.
- Cierto, punto para la madre del niño que está a punto de saltar del banco.

También ese día acabamos sentados juntos, fuimos arrinconados hacia el lado de los niños, él cortaba filetes y charlaba conmigo, yo daba de comer y charlaba con él. Coincidíamos en gustos literarios, y me daba recomendaciones, yo le contaba chistes para sus comidas de trabajo.
En un momento comentó que se le iban a olvidar y que sería mejor por escrito, pero yo no ofrecí mi mail, y él no me lo pidió. Uno de los mellizos de alguien tiró la tarta de chocolate y pasó el momento.

A su niño le había puesto Ekaitz y esperaban otro bebé. A pesar de ser de mi misma edad, habían esperado más que yo para tener descendencia o nosotros nos habíamos dado más prisa que ellos. El caso es que hablamos de los nombres para su siguiente bebé, él resignadamente decía que seguramente sería el que quisiera su mujer, yo le decía que probablemente se repitiera el patrón.

- ¿Repetirse el patrón?
- Sí. Es una teoría que tengo yo.
- No me digas.
- En serio. Elegir nombres es para los padres muy importante, se echan muchos ratos haciendo listas y descartes, para los padres es de una gran importancia el nombre que van a poner al bebé. Y el que marca el camino a seguir suele ser el primer nombre que se pone. No te has dado cuenta que si una madre o padre, o ambos eligen un nombre que empiece por A hay muchas posibilidades de que su próximo hijo, también tenga un nombre que empiece por A.
- ¿Y esto es una teoría científica y demostrada científicamente?
- Claro. Por la Toronto University.
- Por la Toronto tenía que ser. Pues yo también tengo una teoría, que lo sepas, de hecho suelo desarrollar tres teorías por año.
- ¿Ah sí? ¿La tuya también va sobre los nombres de los hijos?
- No. La mía va sobre narices.
- Curioso.
- Puedes reirte...
- Gracias.

Y me tronché de risa, claro. A ver qué iba a hacer con la nariz que tenía Mendi. Cuando mi risa cedió él me miró muy seriamente:

- ¿Algún comentario al respecto...?
- Quizás cuando me expongas tu teoría..
- Muy prudente. Pues bien, creo que en las parejas perfectas, en las parejas en las que se dan los besos más conseguidos, no pueden tener los dos la nariz grande ni los dos la nariz pequeña.

Las personas más graciosas siempre suelen ser las que son capaces de soltar cualquier chorrada con la mayor seriedad del mundo. Y claro, Mendi era así. Pero también te descolocan mucho, porque a veces dudas y no sabes si hablan en serio o si te están lanzando algún subliminal. Yo preventivamente, me sonrojé. Él tenía una nariz enorme y yo era chata. Y su mujer tenía una nariz enorme. Pero no me parecía adecuado hacer una broma al respecto. Así que aproveché que uno de los niños tiraba un cacho de pan a otro para llegarme a darles una charla sobre el civismo en los restaurantes.

Cuando volví él reorientó la conversación:

- Entonces tú crees que mi próximo bebé también tendrá un nombre que empezará por E.
- O eso, o se repetirán algunos sonidos de Ekaitz.
- Ajá. Tú tienes tres y en tus tres no se repite la misma inicial.
- Cierto, Pero en los míos también se da un patrón: Julen, Koldo y Lander.
- Julen, Koldo y Lander...
- Si tuviera una niña ahora probablemente se llamase Maitane...
- Ahora lo veo, sigues un orden alfabético.
- Ahí lo tienes.
- Vale, pero tu teoría es tramposa porque claro, si buscas, siempre encontrarás un patrón en todo.
- Puede ser. Y tú estudio, ese que es curioso de narices, ¿está avalado también por alguna prestigiosa universidad?
- Correcto. Todo estudio que se precie tiene que estar avalado por una prestigiosa universidad.
- ¿Y cuál es?
- ¿Te acuerdas de aquella que demostró que los españoles preferían el viernes al domingo? El siguiente estudio que hizo fue el de narices y besos.
- Me dejas sin respiración...
- Podría. Pero estamos en un sitio público.
- Touché.
- Anda, mira a ver que tu niño de la derecha se está resbalando de la silla.

Eramos unos parias, unos excluidos de la compañía de otros adultos, relegados con gusto al rincón de los niños, pero nos reímos mucho. Para rematar el bautizo de la bella Janire, tuvimos sesión de piscina de bolas para bebés. Los que habíamos cuidado a nenes en la comida nos pedimos turno libre, así que nos quedamos saboreando un café mientras otros pringados ejercían de canguros. Alguno acompañó a su mujer y a mi parejo en la tarea y el resto nos quedamos en una zona más tranquila y silenciosa. Mendi era tremendamente discreto y no me prestó más atención que a cualquier otra en lo que nos restó de tarde.
Nos despedimos con dos besos perfectos en los que al cambiar de mejilla, su nariz prominente rozó la punta de mi huidiza nariz.

Tres días después, mi cuñada me pidió por guasap que le pasara algún chiste que Mendi tenía comida de trabajo. Yo se los pasé.
Al cabo de unos meses mi cuñada me dijo que Mendi y Susana habían tenido una niña y que la niña se llamaba Aitziber. Yo sonreí. Me encanta tener razón, aunque sea por casualidad. Después sólo supe de Mendi pequeños retazos, que me llegaban en comentarios cruzados, como cuando adivinas el sonido del mar al acercar una caracola a tu oreja.
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Re:

Mensajepor Dae » 21 Abr 2014 20:43

Después de Janire, al par de años, nació Julene. Mi cuñada también demostraba mi patrón. Supe que vería a Mendi en cuanto mi cuñada eligiera fecha de bautizo y siempre que no surgiera nada extraño.

A veces pensaba en él, muy de cuando en cuando y de una manera tranquila y pausada, imaginaba que igual también él me dedicaba algún pensamiento de vez en cuando, pero esa teoría era más difícil de demostrar que la de las narices o la de los patronímicos de los bebés y por mucho que leí, nunca encontré ninguna Universidad que hiciera un estudio sobre ello. Imaginaba que igual que la vida va pasando mientras hacemos otros planes, nuestros pensamientos irían entrelazándose en otras cosas más urgentes y del día a día.

En este bautizo también estarían otros dos mellizos de mi hermana, Gaizka y Gorka. Y las dos niñas de otra de las hermanas de mi cuñada, Aroa y Aitane.

Ya casi eran más niños que adultos, esta Yo me entretuve con la misa, con las canciones de mi niñez reverberando en la vez me pude estar más rato en misa, mis polluelos iban creciendo y no me reclamaban tanto, Mendi estuvo todo el rato haciendo fotos, su mujer era la madrina de Julene. cúpula y con las sombras que la nariz de Mendi hacía con la luz de las velas sobre los muros de piedra.
Cuando salimos a la puerta de la iglesia Mendi me buscó, y me dio dos besos.

- ¿Sabes que se nos acaban los niños, verdad?
- Lo sé, aún nos quedarán dos comuniones...
- Entonces crees que si fuera a por el niño habría muchas probabilidades de que se llamara Bernat.

Sonreí.

- Está cantado. Espero que Bernat te guste.
- No se dará el caso, espero, nosotros nos hemos plantado ya.
- Tengo que confesarte una cosa.
- ¿Sí?
- Mi teoría de los patronímicos... me la inventé.
- Ya. Pues has sido muy hábil, en esta familia has convencido a todos. Confesión por confesión, la mía de las narices también es falsa.
- Jamás lo hubiera pensado.
- ¿Hace un zurito?
- Hace.
- ¿Y dime... tienes teorías nuevas?
- Desde que no te veo, seis.

Nos tomamos unos zuritos y unos txikitos. Aguantamos pataletas de niños y charlamos con los demás. Era tremendamente consciente de la presencia de Mendi todo el rato, y aunque me apetecía charlar con él más que con nadie, sabía que no podía ser. Había prebendas que cumplir. Pero tenerle cerca, sentir su voz me placía y mis ojos le buscaban disimuladamente, unas veces se cruzaba mi mirada con la suya y otras no. A veces sentía arder mi nuca y sabía que de girarme pillaría sus ojos clavados en mí.

Cuando nos trasladamos al restaurante, llegamos los últimos, me resigné a sentarme donde me tocase e imaginé que no sería al lado de Mendi, no es lo mismo entrar de los primeros y dar codazos moviendo a la gente de sitio que pillarles a todos colocados.
Cuando entré vi la mesa y localicé los dos huecos que quedaban, uno al lado de Mendi y entre las abuelas, y otro entre los cuñados. En el lado de los cuñados había botella de vino, en el lado de las abuelas agua, Mendi también bebía agua.
No sé si elegí yo, alguien se ofreció a cambiarnos el sitio para que el parejo y yo nos sentásemos juntos y el parejo dijo en tono de broma que daba igual que nos teníamos muy vistos. Así que me senté tranquilamente al lado de Mendi, que me sirvió un vaso de agua al tiempo que me regalaba una sonrisa.

Lo extraño y lo normal es a veces relativo. Recordé la película de cuatro bodas y un funeral y sonreí. Mendi captó mi sonrisa y enarcó una ceja.

- Me acordé de una película.
- ¿Cuál?
- Cuatro bodas y un funeral.

Él se río.

- Lo nuestro es más una cadena de televisión que una película.
- Cierto. La BBC, bodas, bautizos y comuniones.
- Brindo por las comuniones, aunque debemos apurar el bautizo.
- Chinchín.

Soy una persona de buen carácter. Generalmente no me cuesta tener conversación con casi cualquiera, pero no todas las conversaciones me satisfacen o me llenan en el mismo grado. Con Mendi era fácil hablar, sus silencios estaban preñados de entendimiento, no me sentía rara por contarle mis pensamientos más extraños y él me escuchaba con atención. Me sentía entendida y encima me interesaba lo que decía y cómo lo decía. Y a él parecía pasarle igual conmigo.
Sin desatender a los niños, ni a los mayores, haciendo vida social, nuestra conversación parecía sortear todas las interrupciones y discurrir con una línea que ninguno de los dos abandonábamos. Era como si bailáramos un diábolo entre ambos, y nos era fácil no dejar caer el vértice al suelo.

Esta vez descubrimos que además trabajábamos en lo mismo, me contó que estaba entrenándose para no sé qué reto montañil, había perdido varios kilos y su nariz era aún más prominente, quizás por eso las sombras en la pared de la iglesia eran tan impresionantes, yo le conté que me quedaba una asignatura para acabar derecho y que me traía por el camino de la amargura, intercambiamos tres o cuatro teorías.

No hubo baile, no hubo piscina de bolas. Yo veía llegar el final de la tarde y me imaginaba que habría que despedirse hasta las comuniones, estuve por pedirle su mail, pero me daba miedo que me dijera que no, pensaba que me diría que eso sería dar un paso que nos acercaría a arenas movedizas y que era mejor evitarlo y es que encima yo estaba segura que si me dijera eso, tendría toda la razón, yo pensaba lo mismo.

Mi mirada se apagaba y ya estaba resignada a despedirme hasta la comunión de Janire.
Nos quedábamos en un hotel de Artxanda y fue él el que dijo que había un merendero donde podíamos tomar algo para picar, antes de retirarnos todos a nuestros aposentos.
El día se alargó un poco más.

En Artxanda, un sitio mágico para mí.
Después de picar algo y en lo que la gente se tomaba café, nosotros salimos con los niños a los columpios. Nos sentamos en un barco mientras los mirábamos, Bilbao a nuestros pies, con todas su contaminación lumínica, formando figuras preciosas.
Nos sentamos en un banco, mirando hacia las criaturas que teníamos a nuestro cargo. La oscuridad era nuestra cómplice, un niño resbaló y comenzó a lloriquear. Me levanté para atenderle y él me cogió la mano. Me la besó y me dijo: Espero verte en la comunión de Janire.
Al salir corriendo pude haber perdido una sortija entre sus manos, pero eso no pasó. Sólo le lancé un “Ójalá, no son más que seis años”.
El lloriqueo del niño subió de potencia. Los pequeños estaban cansados y aquello fue la sirena que marcó la hora de retirarse.

Mendi me mandó dos recados a través de mi hermano, me hizo llegar un libro que pensaba que me interesaría mucho: La soledad de los números primos.
Escrito por un físico teórico, claro. Lo cual me hizo sonreír.
Y yo para corresponder a su detalle le envié: La ladrona de libros.
Y el tiempo pasó. Lentamente. Obligándonos a vivir y a cumplir con nuestras obligaciones.


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Re:

Mensajepor Jaguar » 22 Abr 2014 00:23

Genial, Dae, como siempre. Me encanta como, envuelto en un sentido del humor realmente divertido, vas dejando entrever las emociones encontradas que bullen dentro de la protagonista.

Espero que ésta haya vuelto a encontrarse con el ínclito Mendi de Bergerac y la historia acabe como debe ser, entre las sábanas
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Re: "Tú serías mi peligro"

Mensajepor Dae » 22 Abr 2014 00:25

Queda un encuentro más de esta misma semana santa. Ya luego las comuniones y la vida dirán ;)
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Re:

Mensajepor eLeyeLe » 22 Abr 2014 01:51

Me encanta ese humor, aún cuando todo me parece un poco demasiado "amo a Lauraaaaaaa"

Con mis propios peligros potenciales, la banda sonora en mi interior es la de " no hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo..." Me quedo pillada, se me nota un montón.
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Re: Re:

Mensajepor Pastinaca » 22 Abr 2014 07:19

Qué poco románticos son ustedes.

No se preocupen, que todo se arregla con dos o tres menciones de la palabra "follar". En deferencia a los amoalaurafóbicos.
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Re: "Tú serías mi peligro"

Mensajepor Dae » 22 Abr 2014 15:59

Pastinaca escribió:Qué poco románticos son ustedes.

No se preocupen, que todo se arregla con dos o tres menciones de la palabra "follar". En deferencia a los amoalaurafóbicos.


O cuatro. :lol:
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Re:

Mensajepor Dae » 23 Abr 2014 13:00

Este año la Semana Santa empezó con dos meses de antelación. Grupo de guasap de hermanos. Que quien va, que quien no, que como nos organizamos de camas, que si quien se queda en casa de mamá, los que tienen niños pequeños tienen preferencia y toda esa intendencia doméstica.

Y mi hermano dijo: También va la hermana de Andone, con Mendi y los niños, claro, pero se quedan en un piso a unos km y no los veremos, probablemente.

A mí el corazón me dio un salto, pero sabía que sería así, no nos veríamos. Nosotros ya somos un grupo de gente bastante grande para comidas, y las bodas, bautizos y comuniones son una cosa y el mezclar familias de vacaciones otra muy diferente. Pero mira que estaría cerca...

Mi hermana dijo a última hora que cambiaba planes y no vendrían. Pero sí mi hermano y su mujer, que realmente son mi enlace con Mendi.
Mi paraíso de mar y descanso siempre es un gran aliciente para mí, sentarme a la orilla del mar con el arrullo de las olas, coger piedras y lanzarlas a ver cuántas olas saltan, buscar una sombra y leer a los pies de ese agua juguetona que va y viene, calma mi ánimo y me recarga las pilas. Echo de menos el mar cuando está lejos, pero atesoro sus olores, sonidos y casi hasta su sabor.

No me creé ninguna expectativa, sabía que no lo vería, así que no le di muchas vueltas. Para qué...

Llegué el miércoles y mi hermano el jueves. Mendi y familia llegaban el viernes. Yo no sabía ni a qué hora.
Organizamos una comida para el viernes, para dar menos trabajo en casa.
Mi hermano tenía que darle la llave del piso a Mendi. Y dijo que llegaría diez minutos tarde a comer.

- ¿A qué hora llegan?
- A la una y media.

A la una y media. Sabía que no debía hacerlo, pero lo hice.

- ¿Y por qué no les decís que se vengan a comer? Igual no tienen nada preparado y llegarán cansados.
- Creo que traen comida preparada y se querrán echar la siesta...

A mí hermano tampoco le hacía mucha gracia eso de mezclar las familias y se le notaba. Así que no insistí. Lo que no puede ser, no puede ser. Y en algunos casos, es imposible.

Me dediqué a disfrutar del sol sobre mi piel, a escuchar las voces de los niños, cantar con mis sobrinas lo que me pidieran y aprovechar las vacaciones.

- Itzasne, dice mi cuñado que sí, que les gustaría venir a comer, que si hay problema con la mesa.
- No, claro que no lo hay, ahora llamo y digo que vamos cuatro más.

Ni se me pasó por la cabeza que en el restaurante me dijeran que no había sitio para cuatro más, no, no podía ser, porque si el universo se había aliado para que Mendi llegara al mediodía y no a la tarde, para que mi cebo se hubiera clavado en una lubina sabrosa, que las circunstancias se hubieran aliado para verle sin ningún evento familiar importante, cómo iba a ser que no hubiera sitio en el restaurante.

- No podrá ser dentro, tiene que ser en las sombrillas- Me dijo la amable señora que me atendió.

Y yo le dije que sí.

A mi hijo pequeño no le hizo gracia, porque la última vez no se llevó muy bien con Ekaitz y además es reservado. El parejo puso el grito en el cielo cuando supo que sería fuera y no dentro y yo le dije que los jardines eran agradables, que hacía brisa, que dentro había demasiada gente y haría mucho calor...
Sí, soy consciente de que tejí mi tela como si fuera una araña. Con las cosas imposibles no puedo, pero con las muy difíciles, me las apaño.

Así que llegó la hora de la comida, y llegamos todos. Nos dimos besos a mansalva, y nos sentamos. Eramos menos gente que en los eventos de celebraciones, los niños a mi izquierda, Mendi de frente y el resto de los adultos a la derecha. No fue una comida con una charla tan personal como las anteriores, pero no se puede ser exigente con los regalos del destino y verle, charlar y reírme con él era suficiente.

- Itzasne, mira, dime que te parecen mis gafas de sol nuevas, preguntó Mendi.
- Eso, Itzasne, díselo, que a mí no me cree- dijo Susana.

Él se puso unas gafas de las más feas que he visto en mi vida, además en esta ocasión estaba muy delgado, seguía un entrenamiento para hacer no sé que prueba física. Le miré. Las gafas además de feas le caían muy mal sobre el puente de su nariz.

- Son horribles y te quedan fatal.- dije sinceramente.
- ¡Ahí lo tienes!- dijo su mujer.
- Bueno, Mendi, es que tienes más gafas por encima de las cejas que por debajo.

El jolgorio fue generalizado, mis hijos quisieron probarse las gafas de Mendi y el mediano me dijo: ¿Qué tal me quedan?

- Pues la verdad es que mejor que a Mendi.
- Pues demostrado. Las gafas no son feas, el feo soy yo y me quedan mal a mí. –dijo Mendi.
- Hazme una foto, mamá.
- No tengo batería suficiente para la cámara.
- Ya te la hago yo, y luego te la paso por guasap a tu madre.

Me miró. Ambos pensamos en lo mismo, estoy casi segura. Porque él no tiene mi teléfono y yo no tengo el suyo. Su mujer hablaba con mi hermano, girada para el otro lado de la mesa y pensé si sería esta ocasión en la que me pediría el número.

Pero sin soltar mi mirada añadió:

- Bueno, se la paso a Andone y luego ella que os la pase a vosotros.

Bajó la mirada con pesar –o eso me pareció- para trastear en el móvil. Le enseñó la foto a mi hijo. Yo no me probé las gafas.
La comida siguió regada de risas.

Después de comer alguien sugirió que fuéramos a tomar algo, en un bar al lado y al pie del mar. Yo no quise tomar nada y me senté en la playa donde jugaban los niños.
Mendi también se vino. Sin más preámbulos me dijo:

- En ocasiones me gustaría llamarte y contarte mis teorías.
- Ya.
- Sé que las entenderías y la verdad, eso me asusta un poco, no sé si lo entiendes...
- Claro, lo entiendo perfectamente y es que además pienso lo mismo.
- Sí, lo imaginaba.
- ¿Sabes que he constatado dieciocho casos documentados de mi teoría de los patronímicos?
- Vaya, para ser una teoría inventada, está teniendo mucho éxito.
- Tú ríete, pero podría lograr un nobel por ello, no sé si sabes.
- ¿En qué categoría?
- Menos en medicina en cualquiera de las otras.

Reímos.

- ¿Quieres tomar algo?
- No, no quiero. Me alegro de haberte visto, Mendi.
- Yo también y fíjate sin llegar a la comunión.
- ¡Qué cosas! Quién nos lo iba a decir...
- Vivimos peligrosamente.

Le conté que le había prometido a mis hijos llevarles al estreno de Spiderman y que me iría en un rato. Él me contó que venían unos amigos suyos también por la zona y que no sabían si cenarían juntos ese día o al siguiente.

- Probablemente al siguiente, hoy estaréis cansados del viaje.
- Sí...

Dejamos que el silencio llenara nuestra conversación. Ambos con los ojos fijos en el mar. Sentados a una hamaca de distancia.

- Un euro por tus pensamientos, dijo Medi, siempre quise soltar esa frase.
- Pensaba en una poesía que me gusta mucho y que creo que le pega a este momento. Una de José Hierro y pensaba en la parte esa que dice: Tendremos siempre el presente, roto por aquel momento. Probablemente este momento rompa algún momento de mi futuro que cuando lo rompa ya no será futuro, será presente...
- Cómo te explicas... Por cierto me encantó el libro que me mandaste.
- ¿Sí? ¿Por qué?
- ¿Quieres saber si realmente me lo leí? ¿Me estás examinando?

Hablábamos de libros cuando se nos unió alguien más. Al final todos acabamos en las hamacas.
Y entonces el presente se rompió porque mis hijos me reclamaron la promesa que les había hecho. Despedidas, besos, esperanzas de vernos pronto.
Las palmeras asistían impertérritas a nuestros rituales de alejamiento.

Me fui al cine con una sonrisa colgada de los labios. A pesar de alejarme. Es que el poema de José Hierro me seguía rondando y pensaba que sí, que hay cosas que no mueren y otras que nunca vivieron y las hay que llenan todo nuestro universo, aunque sea a poquitos, aunque sea sorbos.

Llegamos al cine y había cola. Cuando estábamos esperando, llegaron Mendi y Ekaitz. Sus ojos sonreían.

- Nada, que al niño se le ha ocurrido que también quería ver la película de Spiderman.
- ¡Qué cosas!
- Casualidades, sí...

El cine estaba lleno de gente. Mis dos hijos y Ekaitz que esta vez habían congeniado bien se sentaron los tres juntos dos filas más adelante con unos tanques de palomitas.
Y Mendi y yo dos filas más atrás.
No hablamos mucho, no me gusta hablar en el cine.
Mendi me agarró la mano. Y con ellas enlazadas vimos como Spidey se balanceaba por los edificios de Nueva York. Podría parecer raro, pero yo no lo sentía así.
En dos o tres ocasiones nos susurramos algo al oído, algo relativo a la película, me preguntó si había visto ocho apellidos vascos y yo le dije que sí.

- Oye...
- ¿Sí?
- ¿Recuerdas cuando te dije que en realidad escalando y en montaña no había tantos peligros, que en realidad sólo existe probablemente un peligro del que no puedes escapar?

No veía yo el momento más adecuado para ponernos a charlar, pero nadie nos había chistado todavía y él hablaba muy bajito y pegado a mi oreja, incluso las inflexiones de su voz me producían cosquilleo. Me aparté y le miré a los ojos.
Su mirada era brillante e intensa. Me acerqué a su oído y le dije que sí, que me acordaba.
Giró la cabeza, se acercó a mi oreja y me susurró: Tú serías mi peligro, el que me haría caer, del que no podría escapar...
Me miró a los ojos,.
Estábamos cerca. Lo besé. Porque sí, porque es que ya lo había dicho José Hierro, que hay cosas de las que no es posible librarse de su recuerdo y yo quería un beso para no olvidarlo nunca. Aunque realmente sabía que no lo olvidaría.

No hablamos más. Quedaba poco para el final de la película. Murió Gwen Stacey, la novia de Spiderman. Spidey lloraba doblado sobre ella. Como una alegoría de algo que no puede ser y además es imposible. Pero yo tenía un beso.
Más besos, más despedidas, más hasta la comunión de Janire, más un ojaláseaantes...
Y la separación, el momento de atesorar un recuerdo. Metido en la estantería de las cosas bonitas: una frase, un beso, una sonrisa.
Un gran tesoro.
Tampoco se debe ser exigente con los regalos del destino.





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