Julio Verne cumple cien años...

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Sunrise
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Julio Verne cumple cien años...

Mensajepor Sunrise » 29 Mar 2005 11:16

...Y como pequeño homenaje personal, por haberme dado muchos buenos momentos, por haber hecho posible abrir otros "mundos" para mi, dejo aquí este artículo que le dedica el filosofo y humanista José Antonio Marina :
Imagen
El viaje de la ciencia. José Antonio Marina
“El Cultural”. 270305

Mi primer recuerdo de Julio Verne viene de mi infancia, pero nada tiene que ver con la lectura de sus obras. Se concreta en una imagen fotográfica, perteneciente a un album muy antiguo que heredé de mi abuelo, y que curioseaba por ese afán de estampas que tienen todos los niños. En ella se mostraba al escritor en su despacho, una habitación confortable y abigarrada, llena de mapas, supongo que en su torre de Amiens. De alguna manera esa imagen representó durante años mi ideal de cuarto de trabajo. Abrigado, pequeño y cálido, pero con un horizonte simbólico interminable. A esta afinidad decorativa después se unió otra. Como Verne, podría poner en mi tarjeta: De profesión: curioso. Ambos sentimos la fascinación por las aventuras de la ciencia. Valery decía que amaba de la ciencia “su color”. Yo amo su imprevisibilidad. La historia de la ciencia es una gran novela de intriga y de suspense.
Jerome Bruner, uno de los más inventivos psicólogos del siglo XX, dice que la inteligencia humana es esencialmente contadora de historias, y que éstas son de dos tipos: historias científicas e historias de ficción. Hasta el lenguaje las une al llamar “argumentos” al hilo que las estructura. Pues bien, Julio Verne descubrió su lugar en la historia de la cultura al emplear para sus novelas una prolongación imaginativa de lo que su curiosidad científica le hacía conocer.
Verne no es un profeta, ni un visionario, sino una imaginación entusiasmada por lo que la ciencia descubría. Borges, a quien interesaba esta literatura que mezcla ciencia y ficción –y a la que prefería llamar “fantasías de carácter científico” o “imaginación razonada”– dice en Otras inquisiciones que Verne novelaba sobre cosas probables, mientras que Wells hablaba de meras posibilidades. Entre Borges y Verne encuentro notorias semejanzas. Lo que para uno era la “biblioteca”, para el otro eran los mapas y las revistas científicas. Una ampliación simbólica de su circunstancia.
Verne no es grande por su talento literario, ni por su capacidad de anticipación, ni por sus conocimientos. Lo es porque se le ocurrió que el mundo científico es apasionante como una aventura. Más aún, que hay unas aventuras que tienen carácter científico. Durante años, fue un escritor que no encontraba su tema. Un autor a la búsqueda de personajes. Escribió operetas, dramas de poco éxito y algunas colaboraciones en revistas literarias, justamente olvidadas. Con ello no ganaba suficiente para vivir, lo que le hizo dar clases de Derecho hasta que encontró trabajo como secretario en el Teatro Lírico de París. Malvive de la cultura, a la espera de descubrir alguna parcela en que pueda destacar.
La relación de un escritor con su tema me intriga mucho, y es asunto que merece ser estudiado. Cervantes es un escritor correcto y mediocre hasta que se topa con don Quijote. Y el personaje le transfigura, despierta en él talentos insospechados. Algo parecido le ocurrió a Saint-Exupéry con la aviación, a Melville con las ballenas, o a García Márquez con Macondo. A Verne le sucede otro tanto –a su escala, no vamos a exagerar. Al fin encuentra un tema original y muy de moda en su época: el progreso científico. Dumas se entusiasma ante la idea cuando Verne le explica que escribirá “la novela de la ciencia”. En la actualidad, sus continuadores no son los escritores de “ciencia ficción”, sino los que narran las aventuras de la “policía científica”.
Pero para comprender la idea que Verne tiene de la ciencia, conviene fijarse en sus grandes intereses. Era muy trabajador y muy curioso. Cuentan las crónicas que se levantaba a las cinco de la mañana, escribía durante cinco horas, y se marchaba luego a la Biblioteca Nacional, para estudiar química, botánica, geología, mineralogía, geografía, oceanografía, astronomía, matemáticas, física, mecánica, balística. Le comprendo. Luego su primo Henry Garcet le enseñaba matemáticas y en el Círculo de Prensa Científica hablaba con exploradores, viajeros, periodistas y científicos. Le comprendo también.
Pero sobre todo le interesa la geografía, y recordar esto me parece indispensable para entender su obra y, también, la fotografía que me impresionó de niño. “La geografía es mi pasión”, escribió. Se dice que pretendía hacer con la geografía lo mismo que Alejandro Dumas, con quien había colaborado en ocasiones, había hecho con la historia. Convertirla en escenario e instrumento para nuevas ficciones. La novela científica plantea el mismo problema que la novela histórica –cosa nada rara, si consideramos que la historia es una ciencia–, y que Álvaro Pombo y Carmen Iglesias estudiaron en sus respectivos discursos de ingreso en la Real Academia Española.
Es fácil documentar la pasión geográfica de Verne. No hace mucho se ha publicado un inédito suyo, titulado Voyage à reculons en Angleterre et en Ecosse, que es su primera obra, y que cuenta, ligeramente novelado, su primer viaje fuera de Francia. Él mismo confesó que había escrito Cinco semanas en globo no como una historia aeronáutica, sino como una descripción de África. La vuelta al mundo en 80 días es el ejemplo perfecto de la literatura de Verne. Al menos, es la que más me gusta, junto a las Aventuras del capitán Hatteras, esta última por alguna razón subconsciente que no entiendo, porque es una obra bastante aburrida. La vuelta al mundo es un libro de viajes –de geografía humana, podríamos decir– cuyo suspense se basa en un “hecho científico”, es decir, en la ganancia de un día al viajar en sentido contrario a la rotación terrestre. El “truco” no era original –Verne conocía muy bien la obra de Edgar Allan Poe que, en La semana de los tres domingos, había usado este recurso– pero lo utiliza con gran habilidad dramática. La geografía es una ciencia descriptiva, no explicativa, por lo que pertenece al nivel científico más elemental. Sin embargo, proporciona una fascinante imaginería para hablar del quehacer científico.
La palabra “descubrimiento” se aplicó a la geografía antes de aplicarse a otras ciencias más sofisticadas, y guarda de su origen la emoción por las singladuras, la inquietud de los mares ignotos, la pasión por ir más allá del horizonte, el entusiasmo por la nueva costa que alborea en la lejanía. Ya el gran Platón comparó al investigador con el navegante. Creo que esta emoción geográfica, viajera, itinerante, arriesgada, fue la que Julio Verne transfirió al resto de la aventura científica y en esto, como en otras cosas, navego en su estela.
Si tuvieras oportunidad de cambiar tu destino, ¿Lo harías?

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