Terminemos de una vez con la manía de insultar

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Terminemos de una vez con la manía de insultar

Mensajepor DreamsClassic » 12 Jun 2010 18:47

¡Paco, pedazo de cabrón, pero qué hijoputa eres¡… ¿Dónde cojones te has metido? ¡Mira que eres, mamón!

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Carlos Tena

Cuando trabajaba en la isla más digna del globo, o sea Cuba, los/as compañeros/as que habían pasado algunas semanas en España, me preguntaban por las razones sobre nuestra secular manía de insultar de forma constante, incluso a los amigos, utilizando todos los improperios que conocemos desde niños, gracias a nuestro paso por la escuela, el instituto, la universidad, el cuartel, el trabajo, el noviazgo y la televisión.

Mi cara era un poema cuando me referían, por ejemplo, que en una fiesta de despedida, en Sevilla, llegó en cierto momento un indígena de antigua Híspalis, quien dirigiéndose a otro paisano al que no veía desde hacía meses, le soltó la siguiente letanía imprecatoria:

- ¡Paco, pedazo de cabrón, pero qué hijoputa eres¡… ¿Dónde cojones te has metido? ¡Mira que eres, mamón¡

A lo que el interpelado, sin cortarse un pelo, como decimos en la vieja Iberia, riendo feliz ante la frase (porque el tono desvelaba una indudable dosis de simpatía), respondió:

- ¡Coño, Gonzalo, mariconazo, joder, que bien estás, capullo, que además ya tienes más de 60 años¡ ¿Ya te puso los cuernos Carmen o te sigue siendo fiel? ¡Jodío, más que jodío¡

Con gesto de quien simulaba cierta comprensión por la anécdota, mientras contenía un ataque de risa, aunque queriendo parecer estoico, al final caí derrotado por una sonora carcajada.

Les expliqué entonces, que los orígenes de tal extravagancia comenzó a tomar cuerpo hacia la mitad del siglo pasado, añadiendo, no obstante, que la particular manía de recibir en esa forma a los amigos, si se acompañaba del énfasis requerido (amén del gesto de alegría al abrazar a un ser a quien no veíamos hace meses), no era tan ofensiva, y así se había enraizado con éxito en la comunidad andaluza, principalmente, territorio dotado de un gracejo más que inimitable en tales cuestiones, sin llegar a calar en el alma de catalanes, vascos, gallegos o asturianos, donde esta costumbre brilla por su casi total ausencia.

Debo añadir, para que no se me encorajinen mis amigos sureños de la España Borbónica, que los ciudadanos argentinos también disfrutan de esa surrealista forma de saludo, dedicada, sin amilanarse, a las amistades más tiernas. Es lógico. Si le llamas algo parecido a un desconocido o recién llegado, las hostias podrían ser más numerosas que en una Primera Comunión colectiva, ocasión pintiparada que algunos obispos y curas aprovechan para señalar a su próxima víctima.

Esta mañana de Junio, con el sol apretando duro (como dicen en la isla más pacífica del mundo, o sea Cuba), comencé a darle vueltas al tema, mas no por esa curiosa gota de idiosincrasia escandalosa, sino por el mismo denuesto.

Hace décadas que desterré de mi vocabulario hablado y escrito, aunque rabiara de indignación, varios vergonzantes epítetos como hijo de puta, cabrón, maricón, o frases como me cago en tu…, y demás ejemplos fieros de furor verbal, porque estimaba que ya era hora de echar el freno a esa verborrea.

Teniendo ante nuestras narices, en todos las profesiones, a tanto personaje nauseabundo, no debemos seguir ofendiendo a las trabajadoras del sexo, y menos aún a sus descendientes, a los infortunados por una traición (ser una cabrona es aún más peyorativo), y lo que es peor, a quienes han elegido la opción homosexual.

Por tanto, los nuevos insultos tendrían que desterrar cualquier mención familiar, dejando como epicentro del mismo únicamente a la persona o ser pensante (a veces irracional), que encarna todo lo contrario a lo que defiende un demócrata.

Podríamos utilizar Bush, más que Bush, Aznarón de los cojones, Borbonazo (si se trata de alguien importante), Borbonillo (algo mediocre), Uribista, Santos de Mierda, Piñera del Carajo, Pinocheto, Sionista, Berlusconi dei coglioni, Dama de Blanco, Disidente, Archipapa, que podrían ser eficaces sustitutos de alguno de aquellos vetustos insultos a los que me refería al inicio de este artículo.

Para días festivos o reuniones familiares, usaríamos frases como “Eres más impresentable que Esperanza Aguirre en tanga”, “Eres una Rosa Montero cualquiera”, “¡Calla ya y orina, Muñoz Molina¡”, “¡Vete p’ al Carajo y p’ al Modóvar¡”, “Dices más gilipolleces que Víctor Manuel en una Romería”, “¡Joder, tía, eres peor de Pilar Rahola sobria¡”, “Es como Elvira Lindo cayendo de un guindo”, “Es más tonto que Alejandro Sanz jugando a Pasapalabra”, “Son como López y Ares, capullos a pares”, “Tiene una cara de monárquico que echa para atrás”, “Acaba,Rubalcaba, que se te cae la baba”, “Es más pesada que Bibiana, que ni se va, ni se ha ido”, etc. (Todas estas sentencias son anónimas o llevan el copyleft del autor, así que mucho cuidado con robarme los derechos… que ya os conozco, malandrines).

Es una propuesta seria, de verdad. Esta misma mañana, un conductor alocado casi atropella a un perro que caminaba tranquilamente por el arcén de la carretera N-340, pegadita a la playa del Rincón, acá en Málaga. Frenó bruscamente, dio un volantazo, y como llevaba la ventanilla abierta, pudo escucharme gritar: “¡Mamón, sionista, gusano, Aznariano¡ ¿Te crees Fitipaldi?”

El canicida siguió su camino, con cara de Rajoy tras una visita a Gallardón. Supongo que no entendió la razón de alguno de esos palabros, pero confío en que me sigan muchos paisanos para hacerlos más populares. El perrillo huyó hacia el mar, pero estoy convencido de que lucía una sonrisa en el hocico.

De cualquier forma, amigos/as kaóticos/as, rebeldes e insurgentes, debemos procurar no caer en la tentación del insulto fácil (como me enseñaron en el país más democrático del mundo, o sea, Cuba), porque son ellos, los otros, los de siempre, quienes al desconocer la técnica de la argumentación, emprenden el sendero facilón de la infamia. No les imitemos, aunque tengamos un baúl lleno de afrentas y burlas.

Y si aún así nos halláramos en la cumbre del cabreo, contengamos la lengua diez segundos y meditemos otro tanto, antes de soltar alguna de aquellas lindezas que he sugerido. Yo, procuro hacerlo. Ejém… Ejem…
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Sol
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Mensajepor Sol » 12 Jun 2010 19:55

jajaja vamos, que este hombre en un momento de sensacional cabreo va a estar midiendo sus palabras, no me creo ná.
Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños.

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