Escalofríos...

¿Quienes somos, de dónde venimos, dónde vamos? Un poco de Espiritualidad, Filosofía, Religión, Amor, Solidaridad, Misterio
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Sol
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Escalofríos...

Mensajepor Sol » 27 Oct 2008 12:46

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Última metáfora.

-Un reloj de arena vacío.

-¿Roto?

-No. Vacío.

-¿Y para qué sirve?

-Lo cierto es que nunca he pensado en él como un objeto con una utilidad intrínseca. Se trata, más bien, de una alegoría metafísica en la forma de un objeto común aunque defectuoso. Si pretendiera equiparme con algún objeto de tipo práctico, llevar una espada o incluso la proverbial guadaña sería mucho más apropiado. Aunque en cualquier caso no dejaría de ser una metáfora.

-¿Una metáfora de qué?

-¿Tú qué crees?

Se observaron durante un intervalo considerable de tiempo. El desconcierto se dibujaba en el rostro de ella. Una sonrisa suficiente en el de él.

-En realidad puede ser una metáfora del todo –continuó.- Aunque existen personas con una reticencia natural ante la evidencia más sencilla. Una metáfora puede ser tan rotunda como una pirámide pero hay seres que la apartarán de su vista con la misma facilidad con la que se espanta a una mosca.

-Entiendo –dijo ella de pronto.- No hay más ciego que el que no quiere ver.

-Interesante reflexión –contestó él con una gran sonrisa.-Dadas las circunstancias, quiero decir.

-Sí. Supongo que lo es.

Accionados por lo que parecía una misma voluntad aquellas criaturas diametralmente opuestas se dispusieron a observar como las gotas de lluvia se deslizaban por el cristal de la ventana, maravillándose mientras éstas se aventuraban por los caminos más insólitos, hinchándose y adquiriendo velocidad a medida que se tropezaban unas con otras en su recorrido a través de la superficie incolora.

Fuera había caído la noche. Tal vez había dejado de llover. El silencio que afloraba entre ambos enmascaraba cualquier murmullo que no fuera el de sus propias voces, proporcionando a aquella habitación blanca una oportuna cualidad de santuario.

-¿Siempre es así?- Preguntó ella interrumpiendo el silencio.- Quiero decir ¿Esto es lo que sucede con todos? La conversación, la sensación de bienestar, de placidez, de que el tiempo no existe o que tal vez nunca haya existido… Tu aspecto, tu forma, es exacta al recuerdo que guardo de mi primer amor. Y es extraño pero… ¡Me siento tan fuerte! Podría salir de aquí y regresar a mi vida, por mi propio pie, sin la ayuda de nadie. .. Sin embargo es imposible.

-Sí. Es igual para todos excepto en los detalles –reconoció mientras se sentaba junto a ella en la cama.- Esta noche, al llegar aquí, me encontraba de un humor extraño. Charlar contigo es, por decirlo de algún modo, una decisión personal.

-¿Puedes permitírtelo?

-No veo porqué no.

De nuevo sincronizaron sus ojos. El reloj de arena descansaba en su regazo. El fino vidrio relumbraba como si la misma luz estuviera impresa en las moléculas que lo conformaban. Él lo tomó abandonándolo sobre la mesita de noche. Después, los párpados se levantaron al unísono, como un prólogo de lo que sucedería a continuación. Una fracción de piel translúcida asomaba a través de ancho cuello de la bata de hospital que ella llevaba. El dedo índice, largo y frío de él, acarició despacio aquella zona; sin temor, con una curiosidad no fingida. La sensación, en términos asequibles para una comprensión humana, podría ser descrita como una gran tormenta eléctrica condensada en apenas unos milímetros de carne. Tras un tiempo indefinible en el que aquella impresión fue creciendo en intensidad, los labios ganaron el combate a los dedos, posándose por fin allí donde antes se había clavado la mirada.

Justo antes del amanecer ella abrió los ojos sabiéndose sola. Se preguntó algo confusa si aquella sería la primera y última vez que podría advertir con sus sentidos embotados el otro lado del velo. Sin embargo, nada había cambiado, al menos ostensiblemente. Una pantalla emitía ráfagas de luz intermitente que atravesaban la oscuridad con la fugacidad de un rayo al son de su pausado ritmo cardíaco. Sobre ella, la bolsa de solución salina destilaba rítmicamente hacía el catéter su líquido blancuzco, franqueando los obstáculos de la aguja hipodérmica y de la más azul de las venas de su muñeca izquierda, evocándole, de forma efímera, el peculiar objeto que tanto había llamado su atención en sueños.

Miró sobre la mesita de noche. Sorprendentemente continuaba en el mismo lugar, en la misma posición, como una huella anacrónica y absurda de que sueños y realidad a veces se confunden, excepto por un detalle: alguien le había dado la vuelta.



Fuente: El Cuentacuentos.
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Mensajepor Ayla » 28 Oct 2008 12:46

Jack Lanterns.

Hace muchos, muchos años, un tacaño y pendenciero irlandés, llamado Jack, tuvo la mala fortuna de encontrarse con el diablo en una taberna, en la Noche de Halloween. Jack, conocido borracho, había bebido mucho pero pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago. El diablo se transformó en una moneda para pagarle al camarero, pero Jack rápidamente lo tomó y lo puso en su monedero. Como Jack tenía una cruz en su monedero, el diablo no pudo volver a su forma original. Jack no dejaría ir al diablo hasta que le prometiera no pedirle su alma en 10 años. El diablo no tuvo más remedio que concederle a Jack su reclamación.

Diez años más tarde, Jack se reunió con el diablo en el campo. El diablo iba preparado para llevarse el alma de Jack, pero Jack pensó muy rápido y dijo: "Iré de buena gana, pero antes de hacerlo, ¿me traerías la manzana que está en ese árbol por favor?". El diablo pensó que no tenía nada qué perder, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes que el diablo se diese cuenta, Jack ya había tallado rápidamente una cruz en el tronco del árbol. Entonces el diablo no pudo bajar. Jack le obligó al diablo a prometer que jamás le pediría su alma nuevamente. Al diablo no le quedó más remedio que aceptar.

Jack murió unos años más tarde, pero no pudo entrar al cielo, pues durante su vida había sido un golfo, borracho y un estafador. Pero cuando intentó entrar, por lo menos, en el espantoso infierno, el diablo tuvo que enviarlo de vuelta, pues no podía tomar su alma (lo había prometido). "¿Adónde iré ahora?", preguntó Jack, y el diablo le contestó: "Vuelve por donde viniste". El camino de regreso era oscuro y el terrible viento no le dejaba ver nada.. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido directamente del infierno, para que se guiara en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que iba comiendo, para que no se apagara con el viento.

Jack estaba condenado a vagar en las tinieblas eternamente...
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Mensajepor Punto » 29 Oct 2008 11:03

Hay una historia, que narrada por Constantinto Romero, les aseguro que cuando menos les dará un poquito de YUYU. Se llama "El Pendulo". Yo la tengo en mp3 y de verdad es digna de la mejor noche de halloween. Si desean escucharla no duden en pedirmela que con mucho gusto se las pasaré.
Su de ustedes
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Mensajepor Punto » 08 Nov 2008 22:46

Si desean escucharla mas facilmente, preguntenle a Sol que tiene una forma mas facil de hacerlo que la que yo propongo
Última edición por Punto el 09 Nov 2008 10:16, editado 1 vez en total.
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Mensajepor Sol » 08 Nov 2008 22:50

Sr Punto, es usted mi peor pesadilla...se lo juro por snoopy!
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Mensajepor Punto » 09 Nov 2008 10:15

...... Lo sé, mi señora Tessay y no sabe cuando lo siento.
Últimamente solo soy eso, un mal sueño.
Se lo juro por la funda de mi movil (que es de cartier)
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Mensajepor Sol » 09 Nov 2008 10:33

Ojú :roll:
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Mensajepor Punto » 09 Nov 2008 16:10

Ojú? ......... po ya no voy !!!
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Mensajepor Sol » 09 Nov 2008 17:05

Que no? Ande...tire..tire...
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Mensajepor Punto » 09 Nov 2008 18:29

Tessay, si no es por no ir ..... pero ir pa ná !!
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Mensajepor Sol » 15 Ene 2009 12:05

Algo ocurrió en la Base Aérea de Torrejón.

Historia real.


Ocurrió en la base aérea de Torrejón donde la guardia solía hacer ronda pasando por delante del hospital abandonado por los americanos que allí se encuentran. Una noche, en una de esas rondas, mi compañero y yo junto con un perro policía de la guardia patrullábamos en Patrol por delante, y vimos que se encontraban encendidas las luces de los servicios de la planta de abajo del hospital, cosa rara, pues sabíamos que allí no había luz, pero pensamos que quizá la hubiesen conectado para realizar algunas obras o algo, así que no le dimos importancia y fuimos a apagar los interruptores del cuarto de baño, con bastante respeto, ya que el lugar daba bastante miedo en sí y además conocíamos varias historias del sitio.

Allí pudimos comprobar que el resto de las luces no funcionaban, sólo las del baño, lo cual nos extrañó bastante pues si habían conectado la luz del edificio deberían funcionar todas, así que la apagamos rápidamente y seguimos la patrulla.

Posteriormente, sobre las dos de la madrugada, pasamos de nuevo, y volvimos a ver luces prendidas, esta vez en una de las habitaciones de la segunda planta, pero esta vez por miedo decidimos no apagarlas y seguir como si nada. Media hora después las luces estaban apagadas, a lo que pensamos que podía ser un niño de los chalets militares que había al lado, el que estaba jugando en el hospital con las luces, a lo que decidimos volver al hospital, ya que allí no podia haber nadie.

No habíamos salido del Patrol cuando se enciende otra luz de la segunda planta y nuestra teoría quedó reforzada.

Buscamos por todo el hospital y no vimos a nadie, así que apagamos las luces, pero cuando cuando íbamos por el pasillo principal del segundo piso buscando la salida una luz de una habitación por la que acabábamos de estar se enciende de repente; mi compañero me mira y sin decirnos nada nos dirigimos a la habitación cautelosos para ver qué ha pasado. En ese momento la tensión es muy grande, y el lugar y los ruidos del sitio no ayudan precisamente, pero la curiosidad nos puede más que el miedo.

Yo voy delante, y mi compañero tres metros detrás con el perro, pero unos diez metros antes de llegar a la habitación suena un timbre, es el ruido del ascensor que se pone en marcha, esto me aterroriza pues el ascensor tampoco ha funcionado desde que se quedó el hospital vacío. En ese momento mi compañero está justo delante de la puerta del ascensor, y después de mirarnos fijamente mi compañero se queda mirando a la puerta.

Dos segundos después la puerta se abre, yo no puedo ver lo que había dentro del ascensor, pero mi compañero sí, y lo que sí puedo ver es su cara de terror. El perro enseguida se suelta de mi compañero paralizado y se va gimiendo con el rabo entre las patas. Son sólo unos tres segundos pero yo sólo puedo mirar a mi compañero, hasta que le llamo:
- Carlos.
Este no contesta:
- Carlos ¿qué pasa?

Yo no me muevo, y mi compañero sólo mira al ascensor, sin reaccionar. El ascensor se cierra entonces, y Carlos sigue mirando la puerta durante un segundo, después me mira y puedo ver cómo una lágrima recorre su mejilla mientras aún mantiene esa expresion de miedo. Ahora soy yo el que no puede reaccionar, en ese momento mi compañero se gira rápido, llama al perro como si se acabase de dar cuenta de que se había ido. Al ver que éste no está sale corriendo a buscarle.

Esta escena sólo fue de escasos treinta segundos desde que se oye el timbre, pero lo recuerdo como si fuese una hora entera.

Yo salgo detrás de Carlos, pero me pierde en el hospital. Al salir yo poco después le veo llorando sentado en el suelo con la cabeza entre las piernas al lado del Patrol.
- ¿Qué ha pasado? -Le pregunto.
- Vámonos de aquí, por favor -me dice. Miro al perro que está junto a él tumbado, llorando.
- Sí, nos vamos -le digo.

Cogimos el Patrol y seguimos patrullando, la ronda no fue igual, mi compañero no me hablo más ese día, estaba en otro sitio, ido totalmente. El nunca volvió a ser el mismo, y nunca conseguí que me dijese qué vio en el ascensor del hospital.

Carlos se suicidó tres meses después y a mí nadie me creyó, a pesar de que todos mis compañeros veían a un Carlos diferente desde aquella noche.


Fuente :Aquí
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Mensajepor Sol » 05 Feb 2009 11:01

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Almas en Pena

Esta historia sucedió hace 15 años, más o menos, en un pequeño y
escondido pueblecito de Asturias.

Los vecinos estaban aterrados ya que todas las noches a las 00:00 se
escuchaban misteriosos ruidos que parecían proceder de unas cadenas
que rozaban el suelo, las cortinas se movían sigilosamente debido al
siniestro murmullo del viento. Era como si un fantasma vagara por esas
calles y fuese dejando una fuerte ráfaga de aire frío a su paso.

La gente se hacía muchas preguntas sobre aquello, pero nunca llegaban a
una conclusión concreta, lo único que podían saber con certeza era que
los ruidos salían del cementerio, a las afueras del pueblo.

Un día un muchacho del pueblo se decidió a averiguar si eso que
atemorizaba a todos era un espectro, como al principio se pensaba, o
no. Esa misma noche salió de su casa con rumbo al cementerio. Nada
más pisar allí pudo escuchar el lento y fúnebre toque de las campanas
que daban las 12; pero él, valiente y decidido, no tuvo miedo, pues
nunca había creído en esas cosas.

Poco a poco Alfredo, que era así como se llamaba, se fue adentrando
cada vez más hasta que sintió, a su espalda, la presencia del fantasma y
de las pesadas y oxidadas cadenas que arrastraba. Se volvió
bruscamente y sin pensárselo dos veces le disparó en medio de su
frente, provocándole la muerte al instante. Todo parecía haber
terminado... pero...

De repente Alfredo cayó al suelo de rodillas, se quedó sin palabras; un
sudor frío recorrió todo su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una
palidez mortal decoloró todo su rostro; pues descubrió que había matado
a su propio hermano, Luis.

Justamente un año después un par de hermanos, Ana e Imanol, fueron a
ese mismo lugar, pues Imanol quería asustar a Ana gastándole una
broma, quizá, demasiado pesada. Al paso por el lugar donde se hayan
las tumbas de Alfredo y Luis la pareja sintió un amenazador susurro:

-¡Fuera de aquí! O la muerte vendrá a por vosotros...ya está cerca...

Los niños pensaron que sólo era una tontería y con una seca carcajada
ignoraron lo ocurrido. Así, los espíritus cumplieron su amenaza y les
robaron las almas. Los cuerpos quedaron rígidos, con los labios blancos
y cortados, muertos, ¡muertos de horror!

Se cuenta que cada año, el 8 de Noviembre a las 12 de la noche muere
cualquier persona que esté en ese cementerio y su alma será castigada
a vagar eternamente, junto con Imanol y Ana, alrededor de las tumbas
de Alfredo y Luis.
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