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Algol
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Mensajepor Algol » 10 Nov 2009 01:10

Puede, pero aquí se le va un poco la olla, posiblemente se le haya mezclado un poco su personalidad con la de Ala triste.
... / .- / .-.. /..- /-.. /--- /...
¡Gibraltar argentino, Malvinas españolas, Raúl selección!
De derrota en derrota ¡hasta la victoria final!
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Ally
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Mensajepor Ally » 10 Ene 2010 15:57

Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte


EL SÍNDROME DEL CORONEL TAPIOCA





Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.

Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.

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:shoc:

¡ Me parto de risa! Mira que es bruto...jajaajajaja

Pero me encanta... :shoc:

(muchos diran que no es politicamente correcto lo dicho por el..)
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Mensajepor Ally » 26 May 2010 00:33

XL Semanal Revista .
ABC.


¿"QUÉ VOY A HACER AHORA"?

Por: Arturo Perez- Reverte

El segundo gintonic, Pencho se vuelve hacia mí. Hace quince minutos que aguardo, paciente, esperando que se decida a contármelo. Por fin hace sonar el hielo en el vaso, me mira un instante a los ojos y aparta la mirada, avergonzado. «Hoy he cerrado la empresa», dice al fin. Después se calla un instante, bebe un trago largo y sonríe a medias con una amargura que no le había visto nunca. «Acabo de echar a la calle a cinco personas.»

Puede ahorrarme los antecedentes. Nos conocemos hace mucho tiempo y estoy al corriente de su historia, parecida a tantas: empresa activa y rentable, asfixiada en los últimos años por la crisis internacional, el desconcierto económico español, el cinismo y la incompetencia de un Gobierno sin rumbo ni pudor, el pesebrismo de unos sindicatos sobornados, la parálisis intelectual de una oposición corrupta y torpe, la desvergüenza de una clase política insolidaria e insaciable. Pencho ha estado peleando hasta el final, pero está solo. Por todas partes le deben dinero. Dicen: «No te voy a pagar, no puedo, lo siento», y punto. Nada que hacer. Los bancos no sueltan ni un euro más. Las deudas se lo comen vivo; y él también, como consecuencia, debe a todo el mundo. «Debo hasta callarme», ironiza. Todo al carajo. Lleva un año pagando a los empleados con sus ahorros personales. No puede más.

Cinco tragos después, con el tercer gintonic en las manos, Pencho reúne arrestos para referirme la escena. «Fueron entrando uno por uno –cuenta–. La secretaria, el contable y los otros. Y yo allí, sentado detrás de la mesa, y mi abogado en el sofá, echando una mano cuando era necesario… Se me pegaba la camisa a la espalda contra el asiento, oye. Del sudor. De la vergüenza… Lo siento mucho, les iba diciendo, pero ya conoce usted la situación. Hasta aquí hemos llegado, y la empresa cierra.»

Lo peor, añade mi amigo, no fueron las lágrimas de la secretaria, ni el desconcierto del contable. Lo peor fue cuando llegó el turno de Pablo, encargado del almacén. Pablo –yo mismo lo conozco bien– es un gigantón de manos grandes y rostro honrado, que durante veintisiete años trabajó en la empresa de mi amigo con una dedicación y una constancia ejemplares. Pablo era el clásico hombre capaz y diligente que lo mismo cargaba cajas que hacía de chófer, se ocupaba de cambiar una bombilla fundida, atender el correo y el teléfono o ayudar a los compañeros. «Buena persona y leal como un doberman –confirma Pencho–. Y con esa misma lealtad me miraba a los ojos esta mañana, mientras yo le explicaba cómo están las cosas. Escuchó sin despegar los labios, asintiendo de vez en cuando. Como dándome la razón en todo. Sabiendo, como sabe, que se va al paro con cincuenta y siete años, y que a esa edad es muy probable que ya no vuelva a encontrar jamás un trabajo en esta mierda de país en el que vivimos… ¿Y sabes qué me dijo cuando acabé de leerle la sentencia? ¿Sabes su único comentario, mientras me miraba con esos ojos leales suyos?» Respondo que no. Que no lo sé, y que malditas las ganas que tengo de saberlo. Pero Pencho, al que de nuevo le tintinea el hielo del gintonic en los dientes, me agarra por la manga de la chaqueta, como si pretendiera evitar que me largue antes de haberlo escuchado todo. Así que lo miro a la cara, esperando. Resignado. Entonces mi amigo cierra un momento los ojos, como si de ese modo pudiera ver mejor el rostro de su empleado. Aunque, pienso luego, quizá lo que ocurre es que intenta borrar la imagen del rostro que tiene impresa en ellos. Cualquiera sabe.

«¿Y qué voy a hacer ahora, don Fulgencio?... Eso es exactamente lo que me dijo. Sin indignación, ni énfasis, ni reproche, ni nada. Me miró a los ojos con su cara de tipo honrado y me preguntó eso. Qué iba a hacer ahora. Como si lo meditara en voz alta, con buena voluntad. Como si de pronto se encontrara en un lugar extraño, que lo dejaba desvalido. Algo que nunca previó. Una situación para la que no estaba preparado, en la que durante estos veintisiete años no pensó nunca.»

«¿Y qué le respondiste?», pregunto. Pencho deja el vaso vacío sobre la mesa y se lo queda mirando, cabizbajo. «Me eché a llorar como un idiota –responde–. Por él, por mí, por esta trampa en la que nos ha metido esa estúpida pandilla de incompetentes y embusteros, con sus brotes verdes y sus recuperaciones inminentes que siempre están a punto de ocurrir y que nunca ocurren. ¿Y sabes lo peor?... Que el pobre tipo estaba allí, delante de mí, y aún decía: No se lo tome así, don Fulgencio, ya me las arreglaré. Y me consolaba.»





Real como la vida misma...
¿Cuantos Penchos habran tenido que cerrar sus pequeños negocios familiares?
Desgraciadamente, yo se de primera mano de unos cuantos..
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Mensajepor Ally » 02 Oct 2010 01:09

UNA HISTORIA DE GUERRA






Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.

Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.

Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.

Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.

A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.




Arturo Perez Reverte
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Mensajepor Ally » 23 Ene 2011 16:11

David Rohde "Fui secuestrado por los Talibanes"




Soy David Rohde, reportero de «The New York Times». He ganado dos veces el premio Pulitzer. En noviembre de 2008 fui secuestrado por una célula talibán en Afganistán. Mi secuestro duró siete meses y estuvo a punto de costarme algo tanto o más precioso que la libertad o la vida: casi me cuesta la mujer a la que amo, mi esposa, cristen Mulvihill.


La historia de esos siete meses la hemos contado entre los dos, cada uno desde su lado, en un libro titulado «A Rope and A Prayer» (Una cuerda y una plegaria), por el que aspiro a un premio mucho mayor y más importante de los que hasta ahora he recibido: al Pulitzer de la vida. «Déjame pasar el resto de mi vida compensándote por esto», fue lo primero que le dije a cristen la primera vez que pude hablar con ella por teléfono después de siete meses de separación.


Mi secuestro fue mala suerte, fue una desgracia, fue una traición. Pero yo también traicioné a mi familia y a la mujer que se habí­a casado conmigo hací­a solo dos meses, y a la que prometí­ reducir mis viajes al extranjero y no correr riesgos como los que en los 90 ya me habí­an llevado a ser secuestrado en Bosnia. Yo le habí­a ocultado a cristen que me disponí­a a realizar una entrevista muy arriesgada en Afganistán. Temí­a que ella me recordara mi promesa. Temí­a que me pidiera renunciar.



En el libro que hemos escrito a medias, ofreciendo nuestros respectivos puntos de vista en capí­tulos alternos, cristen relata su ordalí­a de mujer de un periodista de guerra secuestrado, que tuvo desde el principio un fuerte componente cafquiano. cristen es editora gráfica de la revista «Cosmopolitan». Su vida se parece mucho más a un episodio de «Sexo en Nueva York» que a un reportaje de la CNN sobre el modo de vida talibán. Hasta que se enamoró de mí­. Y yo de ella. ¿Los polos opuestos se atraen? En este caso solo un enorme magnetismo podí­a salvarnos de perder la esperanza.



El libro se titula como se titula, entre otras cosas, porque, aun siendo ateo, no me avergí¼enza reconocer que durante mi largo secuestro aprendí­ a buscar fuerzas en la plegaria. Siete meses dan para mucho, también para momentos de humor, como cuando me vi cantando canciones de los Beatles a coro con mis secuestradores, a pesar de que estos podí­an asesinarme en cualquier momento, quizá también decapitarme, como a Daniel Pearl. Si Dios existe, no lo quiso. Escuchó mis oraciones y me permitió encontrar una cuerda, y el coraje, con el que escapar y volver a la vida. A cristen.
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Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardon

Mensajepor Ally » 13 Feb 2011 15:32

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Privadí­simo: Alberto Ruiz Gallardón


Tiene 52 años, vive en la misma casa en la que nació -en el centro de Madrid-, estudió en el colegio de los jesuitas y la carrera, en el CEU. Fue el número 2 en la oposición a juez.


Se casó a los 23 años con Mar Utrera y tienen cuatro hijos.


«Mi padre ya me advirtió que lo pasarí­a mal en la polí­tica -recuerda-, pero que lo pasarí­a peor cuando tuviese triunfos.»


Amante de la música y muy deportista, le gusta relajarse tocando el piano.




Privadí­simo: Esperanza Aguirre


Nació el 3 de enero de 1952, es la mayor de ocho hermanos y su abuelo paterno, cuando era niña, dijo:«Es listí­sima. Qué pena que no sea chico porque llegarí­a a ministro».


Estudió en el colegio Británico y en la Universidad Complutense.


Amiga del Nobel Vargas Llosa desde hace muchos años, recomienda la lectura de «Como pez en el agua», que cuenta la experiencia del autor como candidato a la presidencia de Perú.


Le encanta tomar el sol y disfruta de los veranos a orillas del Cantábrico.



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XL. Alberto Ruiz-Gallardón, usted empezó siendo el «verso suelto» por excelencia dentro del partido, pero, últimamente, la presidenta de la Comunidad no se anda con chiquitas... ¿Cuesta asumir la disciplina interna?

Gallardón: No me molesta que me consideren un verso suelto, me divierte. Eso demuestra, tanto con Esperanza como conmigo, que el nuestro es un partido profundamente liberal donde todos asumimos las posiciones de la mayorí­a, pero en el que existe cierta libertad para poder decir lo que cada uno piensa.

Aguirre: Yo no creo que haya en el Partido Popular una dirigente más disciplinada que yo. Lo que no quita para que siempre diga lo que pienso, y es que uno de los tesoros que encontré en el Partido Popular es, precisamente, que no todos tienen que pensar lo mismo de todo. En nuestro partido, no como decí­a Alfonso Guerra del Socialista, el que se mueve sí­ sale en la foto.

XL. Siempre hay partidarios de que uno u otro se presente como candidato por su partido a la Presidencia del Gobierno, ¿la gente se lo pide por la calle?

Gallardón: A mí­ me dicen que quieren ver a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno.

Aguirre:A mí­ sí­ me lo dicen bastante, sí­. Y pienso que me lo dicen porque me ven, porque estoy mucho en la calle, y a la gente corriente le gusta mucho ver a los dirigentes polí­ticos de cerca y hablar con ellos. Y al escucharlos y hacerles caso, muchos reaccionan deseándote que seas algo más de lo que ya eres.

XL. ¿Alguna vez han llegado a pensar el uno en el otro como candidato a presidente del Gobierno?

Gallardón: La verdad es que no veo a ningún otro candidato del Partido Popular para llegar a serlo más que a Mariano Rajoy, ni por supuesto a mí­ mismo. ¿En otra situación distinta? Tampoco, yo no contemplo ninguna otra situación posible, quizá porque me gusta esta.

Aguirre: Pues yo, desde que conozco a Alberto, hace 28 años, ha dicho siempre que quiere llegar a ser presidente del Gobierno. Y me parece muy bien que lo diga y que lo intente...

XL. El padre del alcalde fue uno de los fundadores de Alianza Popular, junto con Manuel Fraga, y uno de los hijos de la presidenta ingresó en las Juventudes del PP. ¿Habrá una nueva generación Aguirre-Gallardón?

Gallardón: Ninguno de mis hijos tiene vocación polí­tica, y lo celebro porque creo que pueden servir mejor a la sociedad de su paí­s desde su propia responsabilidad fuera de la polí­tica.

Aguirre: Sí­, es verdad que un hijo mí­o está afiliado al Partido Popular, pero no sé si su incipiente vocación polí­tica seguirá creciendo y acabará dedicándose a esto.

XL. ¿Han calculado cuántos años llevan cotizando a la Seguridad Social y cuántos les quedan para poder cobrar la pensión completa?

Gallardón: Pues no, confieso que no lo he hecho nunca, pero le hago el cálculo inmediatamente: empecé a trabajar al terminar la carrera, con 21 años, y tengo 52, lo cual significa que llevo 31 de mi vida cotizando. Es decir, que, según ese cálculo, me podrí­a jubilar con la pensión completa a los 65, fecha en la cual ya llevaré cotizados 44. Pero no sé si esto me lo pregunta porque tiene ya ganas de que me jubile [sonrí­e].

XL. Claro que no, pero ¿querrí­a jubilarse a los 65?

Gallardón: No, no me veo jubilado; seguiré haciendo cosas después de los 65. Entre otras razones porque hay cantidad de cuestiones al margen de mi trabajo en la polí­tica que tengo aplazadas y que haré cuando llegue el momento.

Aguirre: Yo soy funcionaria desde 1976, justo desde el momento en que cumplí­ 24 años; así­ que, cuando cumpla 65, llevaré 41 años de cotización, pero no me pienso jubilar.

XL. Le ha costado al PSOE encontrar adversarios para la presidenta y para el alcalde de Madrid; y está por ver a quién se enfrentará finalmente Mariano Rajoy. ¿Hubiese sido mejor candidata a la Comunidad Trinidad Jiménez que Tomás Gómez?, aunque dicen que no hay enemigo pequeño...

Gallardón: Con toda sinceridad, no imagino otro dirigente del Partido Socialista más adecuado para ser candidato a alcalde que Jaime Lissavetzky. Y respecto a la segunda parte de la pregunta: todos los adversarios merecen mi respeto, y enemigo no tengo ninguno.

Aguirre: El problema del PSOE es que mantiene un discurso muy antiguo y alejado de la realidad de los madrileños, hablan de unos problemas que hace ya décadas que dejaron de ser acuciantes. Dicho esto, se puede comprender que me sea igual el candidato que elijan para enfrentarse al Partido Popular.

XL. ¿Qué se les pasa por la cabeza cuando oyen eso de que «el poder desgasta»?

Gallardón: La frase no es mí­a, pero es cierto que el poder desgasta, aunque muchí­simo más desgasta la oposición.

Aguirre:El poder desgasta, y a algunos hasta los corrompe. Pero también es verdad que comprobar que los ciudadanos se fí­an de ti y quieren que tú estés al frente de sus instituciones da fuerzas para seguir adelante.

XL. Sin embargo, ya es un clásico que la puntuación de los polí­ticos rara vez llegue al aprobado. ¿Por qué creen que la gente los valora tan bajo, sean del partido que sean?

Gallardón: Creo que hay un descrédito general de la clase polí­tica en este momento y opino que es un problema....






http://xlsemanal.finanzas.com/web/artic ... o_pagina=1





Me encanta verles juntos. :music:
Quiero creer, que las dispustas del pasado, se han quedado alli, en el pasado.
Creo que los dos, son dos grades politicos, y que los dos, pueden hacer mucho por Madrid.




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Última edición por Ally el 13 Feb 2011 15:56, editado 1 vez en total.
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Mensajepor Sol » 13 Feb 2011 15:56

jajajaja Ally, no quiero quitarte tu euforia, pero ¿te has parado a pensar que vienen elecciones y que esto es una pamema? :roll:
Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños.
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Mensajepor Algol » 13 Feb 2011 16:04

:grr:
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Mensajepor Ally » 13 Feb 2011 22:31

Sol escribió:jajajaja Ally, no quiero quitarte tu euforia, pero ¿te has parado a pensar que vienen elecciones y que esto es una pamema? :roll:





of course...
Pero mientras dure... todos tan contentos.
¡ fijate: Algol y yo estamos siempre a "la gresca" y yo adoro a Algol!
A las personas hay que darles segundas, terceras y cuartas... oportunidades ¿ por que no?
( ¿ o debo precisar a las personas que nos importan y queremos?).
Última edición por Ally el 13 Feb 2011 22:38, editado 1 vez en total.
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Mensajepor Sol » 13 Feb 2011 22:35

Es que no se trata de eso Ally, pero vamos, si tu crees que eso no es una estragia polí­tica, pues eso, todos tan contentos.
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Mensajepor Ally » 13 Feb 2011 22:35

Algol escribió::grr:




Algol te vas hacer daño...
Y ya con determinados años... no estamos para darnos golpes en la testa.

¿nene pupa?

:car:


:mrgreen:
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Mensajepor Sol » 13 Feb 2011 22:56

Ally, mira lo siento, pero si sigues editando los post después de contestados, mejor no digo nada, igual no te importa, pero si se trata de que demos opiniones, creo que no es la mejor manera. Mejor sigo con lo mí­o.
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Mensajepor Ally » 13 Feb 2011 23:28

Sol escribió:Ally, mira lo siento, pero si sigues editando los post después de contestados, mejor no digo nada, igual no te importa, pero si se trata de que demos opiniones, creo que no es la mejor manera. Mejor sigo con lo mí­o.




Lo siento, no habia visto tu post.
He editado antes de leer tu post...
Se han debido cruzar...

Sol mira las horas de edicion... estaba editando, despues de leer el post de algol, no del tuyo, creeme.
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Mensajepor Ally » 13 Feb 2011 23:36

No es que edite despues de leer tu post.
es que una vez editado, y contestado el post de algol, he querido concretar aun mas mi opinion.
Lo siento, me pasa muchas veces, una vez contestado un post, y me voy a otro, vuelvo al anterior, para "completar" y añadir mas cosas a mi post.

¿no se debe hacer?
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Mensajepor Sol » 13 Feb 2011 23:41

Jo espera que estaba contestando y se me ha quedado todo blanco y lo he perdido todo grgr
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Mensajepor Sol » 13 Feb 2011 23:46

Si, es verdad, puede haber sido eso, que ha coincidido, vale Ally, ya me quedo más tranquila :wink:

En cuanto a lo que dices de editar, si ya se ha contestado, añadir cosas o quitarlas, pues puede dejar lo que ha contestdo el otro de abajo cojo o sin sentido, en mi opinión, y creo que si quieres añadir,siempre serí­a mejor poner otro mensaje, que editarlo, pero bueno, eso es lo que yo harí­a.
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Re: Firmas / Articulos de Opinion

Mensajepor Telémaco » 16 Dic 2012 10:21

El portal

Manuel Vicent El País 16-12-2012

El portal de Belén es realmente un Misterio. La mula es un animal híbrido estéril. El buey es un toro castrado. San José no tuvo nada que ver en el asunto puesto que solo era padre putativo. Hay una madre virgen concebida a distancia por una paloma que es el Espíritu Santo. Del vientre de esa Virgen nació el Hijo de Dios, mediante un juego entre la segunda y tercera persona de la Trinidad, que en términos jurídicos terrenales podría ser considerado un caso de incesto divino. Desde cualquier punto de vista que se contemple ese Misterio, parece demasiado complicado para que pueda servir de modelo a una familia cristiana normal. Al portal de Belén llegaron los Magos siguiendo una estrella, que bien podría ser el reflejo del estallido de una supernova, vete tú a saber. Dejando de lado que los Magos, según el papa Ratzinger, fueran andaluces, antepasados del Cigala, lo que cuenta es que le ofrecieron al Niño oro, incienso y mirra. De los tres presentes, sin duda el incienso sería usado al instante por María para contrarrestar el hedor natural del establo. A lo largo de la historia, el humo de esa resina ha servido también para sobrellevar el olor a choto que genera cualquier rebaño si se encierra en un recinto, aunque sea sagrado. La mirra es una sustancia gomosa extraída de la corteza de un árbol con que se elaboran perfumes y ungüentos. Tal vez le sirvió de suavizante y acondicionador del pelo a la Magdalena. Tiene muchas propiedades medicinales. En la antigüedad se daba a los condenados a muerte, mezclada con vino. Seguramente eso hizo el centurión con el Nazareno en la cruz. Incienso y mirra pudieron usarse allí mismo en el portal de Belén. Solo queda por saber el destino del oro. ¿En qué fondo se invertiría? Durante los primeros siglos de cristianismo el oro quedó sumergido, pero en cuanto ese movimiento espiritual se convirtió en Iglesia, ese metal, como símbolo de poder y de riqueza, se pegó a ella como la piel a la carne. El río de oro comenzó a fluir arrastrando cálices, copones, patenas, custodias, anillos, báculos, ornamentos, mitras, crucifijos, medallas, peanas y retablos, hasta el punto de que es imposible pensar en la Iglesia católica sin imaginarla cubierta de oro, lo más alejada posible de aquel portal.
Que el dinero no da la felicidad, que el sexo estropea la amistad y que no hay mal que por bien no venga lo dijo todo el mismo imbécil.
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Mensajepor Gloria » 16 Dic 2012 12:20

Qué grande el Vicent, mira que me le encuentro cada dos por tres, sólo nos falta compartir mesa para el desayuno, y simpre me quedo con las ganas de ir y decirle algo, pero qué coño le voy a decir?
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Re:

Mensajepor Sunrise » 28 Ene 2013 20:52

Florisea escribió:Qué grande el Vicent, mira que me le encuentro cada dos por tres, sólo nos falta compartir mesa para el desayuno, y simpre me quedo con las ganas de ir y decirle algo, pero qué coño le voy a decir?


Pues le puedes decir:

- Hola, qué grande el artículo del ..., bueno en realidad todo lo suyo tiene algo que entusiasma, disculpe el atrevimiento, pero ya iba siendo hora de que se lo dijese...

Seguro que le alegras el desayuno.

:rosa:
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Re: Firmas / Articulos de Opinion

Mensajepor Sunrise » 28 Ene 2013 20:59

Contra el contagio universal

Destaco la última parte...

...Cada vez que oigo a alguien decir que, pese a todo, le va bien en lo que sea, lejos de mirarlo con desconfianza o inquina, como hacen muchos, me dan ganas de estamparle un par de besos de gratitud. (Siempre que no sea banquero, claro.) Qué alivio escuchar eso en medio de la jeremiada nacional. El contagio es tan abrumador que casi se juzga mal –como a un irresponsable o a un desaprensivo– a quien se atreve a confesar que aún se salva de la quema; que no puede evitar no desesperarse; que, a pesar de las perspectivas, piensa que en peores circunstancias nos hemos visto (lo sabemos los que vivimos bajo el franquismo) y que de ellas nos sacaron o conseguimos salir. Para mi estupefacción, me estoy convirtiendo en uno de esos irresponsables o desaprensivos. Hablo de mi vida privada, no de las columnas que escribo aquí, que cada semana salen como salen, y a veces ni siquiera me explico que salgan. Me disculpo ante los agoreros o descorazonados, a los que no faltan motivos para serlo o estarlo. Pero mi agradecimiento, mi admiración y mi afecto se dirigen ahora hacia los valientes simpáticos que no se dejan contagiar.
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Re: Re:

Mensajepor Gloria » 28 Ene 2013 21:36

Sunrise escribió:
Florisea escribió:Qué grande el Vicent, mira que me le encuentro cada dos por tres, sólo nos falta compartir mesa para el desayuno, y simpre me quedo con las ganas de ir y decirle algo, pero qué coño le voy a decir?


Pues le puedes decir:

- Hola, qué grande el artículo del ..., bueno en realidad todo lo suyo tiene algo que entusiasma, disculpe el atrevimiento, pero ya iba siendo hora de que se lo dijese...

Seguro que le alegras el desayuno.

:rosa:


Tengo un acendrado complejo de tonta, así que no creo que me atreva nunca a decirle ná de ná.
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Re: Firmas / Articulos de Opinion

Mensajepor Sunrise » 28 Ene 2013 22:14

Creo que no es nada de eso, (de tonta me refiero), supongo que se diría que eres tímida o quizás vergonzosa, ni lo primero, ni lo segundo tiene relación con la tontería.

Buenas noches
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Re: Firmas / Articulos de Opinion

Mensajepor eLeyeLe » 28 Ene 2013 23:38

Lo de ir contra el contagio debería de contagiarnos a todos...

A un amigo al que le pregunte en una fiesta que tal te va? Y me dijo que estupendo, me dieron ganas de grabarlo en el movil y ponérmelo de tono de llamada... En realidad, es la verdad, que le va bien. Tiene una empresa de camiones y las exportaciones de productos de los invernaderos han aumentado, aun así, la sensación es de miedo a lo que pasa y a lo que todavia va a pasarle a mucha gente y no nos fiamos.

Me ha gustado leerlo, y también leerte a ti, Sunrise.
:)
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Re: Firmas / Articulos de Opinion

Mensajepor Ally » 30 Ene 2014 19:29

Un hombre de honor
ABC 30/01/14
ISABEL SAN SEBASTIÁN

· Jaime Mayor es un caballero de la política. El último ejemplar de una especie que se extingue con su marcha

Hay personas, cada vez más, que entran en política para medrar y hacen lo que sea por conseguirlo. Otras son la excepción, militan en un partido con el fin de impulsar sus ideales. Muy pocas entregan su vida entera al servicio de unos principios, convengan estos o no a sus intereses personales. Jaime Mayor representa como nadie a este último colectivo. Es y siempre ha sido un caballero de la política. El último ejemplar de una especie que se extingue con su marcha.


Decía Winston Churchill que el hecho de tener enemigos demuestra que uno ha defendido algo a lo largo de su existencia. Mayor Oreja los tiene, dentro y fuera de su partido. Enemigos cuyo número y poder atestigua la grandeza de las causas por las cuales se ha dejado la piel: la unidad de España, la derrota incondicional del terrorismo, el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y el derecho a la vida de los no nacidos.


Jaime Mayor se afilió a la UCD del País Vasco poco antes de que ETA llevara a cabo una campaña de exterminio que liquidó literalmente a esa formación, por el procedimiento de asesinar a sus candidatos. Los sicarios del hacha y la serpiente volverían a intentarlo años después con el PP y pondrían nuevamente a Mayor en el punto de mira, sin lograr su objetivo de amedrentarle. Sus hijos no saben lo que es caminar con su padre sin escolta. Él ha olvidado lo que significa moverse libremente. Y aun así jamás ha vacilado en la exigencia de un combate sin cuartel contra la banda asesina, hasta conseguir su rendición. Ni siquiera cuando hasta la calle Génova llegaron los cantos de sirena de ese mal llamado «proceso de paz» en el que estamos inmersos hasta el cuello y que implica pagos tan onerosos como la libertad de Bolinaga. También entonces hizo oír su voz donde tenía que hacerlo, aunque no se le escuchara. No ha dejado de intentarlo.


¿Cuántos, en su lugar, habrían dejado un Ministerio del Interior que le convertía en el político mejor valorado y por tanto favorito a la sucesión de Aznar, para encabezar una lista autonómica cuyas posibilidades de victoria eran una entre un millón? ¿Cuántos habrían sacrificado la ambición en aras de la coherencia y el empeño de dar ejemplo? No se me ocurre un solo nombre. E incluso después de ser relegado en esa célebre competición, en beneficio de Rajoy, lejos de mostrar resentimiento siguió brindándole su lealtad, su respaldo y su consejo. Consejo que el actual presidente del Gobierno ha estimado oportuno ignorar.
De haber tenido tragaderas un poco más anchas, Jaime Mayor habría repetido candidatura al Parlamento Europeo, garantizándose un puesto confortable en el cual esperar la jubilación. La decisión era suya. El dilema moral también. Y lo ha resuelto como resuelven los hombres de honor estos dilemas: optando por obedecer a su conciencia en lugar de adaptarla a las circunstancias. Mienten a sabiendas quienes sostienen que su adiós obedece a una especie de ley natural que impone el relevo generacional. Se va porque no está cómodo, y no lo está porque el partido al que siempre ha servido ya no encarna sus valosus valores. El que ha cambiado no es él; es este PP irreconocible.


Si una retirada a tiempo es una derrota, a Jaime Mayor no le han derrotado los adversarios políticos ni los enemigos de fuera (terroristas y separatistas), sino los de dentro. Los que supeditan los principios a las encuestas. Los que consideran más importante no movilizar al electorado de izquierdas con leyes como la del aborto que cumplir la palabra dada y defender el derecho a la vida. Los relativistas que no dan la cara ni saben lo que es correr riesgos. Los que aspiran al poder como un fin en sí mismo. Los cobardes.
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Re: Firmas / Articulos de Opinion

Mensajepor Telémaco » 27 Sep 2014 08:44

Antonio Muñoz Molina en un día extraordinariamente lúcido:

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/ ... 45988.html
Que el dinero no da la felicidad, que el sexo estropea la amistad y que no hay mal que por bien no venga lo dijo todo el mismo imbécil.

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