Hallazgo del último capitulo apocrifo del "Don Quijote&

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Hallazgo del último capitulo apocrifo del "Don Quijote&

Mensajepor Punto » 30 May 2008 18:31

Habiéndose recuperado don Alonso de sus muchas cuitas y los no pocos dolores que le propinara el caballero de la blanca luna y otras muchas lides que vuesas mercedes han tenido a bien leer, justo y lícito es que tengan el derecho igualmente a conocer el final del libro de este caballero que los más tomaron por loco y los pocos que con el sirvieron, de noble y justo. Sin más entremos en el.

Capítulo LXXV (APÓCRIFO)
Que trata de cómo Dulcinea no anda en menesteres de querer al hidalgo Don Quijote


Amigo Sancho, has de saber que si vuelvo a mi rocín y a las fatigas del camino, ya no es en el afán de lograr dotes para mi señora Dulcinea, ni sumisiones que ensalcen su gloria, sino más bien para rendir viaje a sus pies y declararle a ella y al mundo mi pleitesía.

Mire Señor Alonso, que apercibirle quiero, bien sabe usía que la cosas de los quereres no son como las de caballería a la que la vida nos ha acostumbrado-mala pena nos den-, que un filo es un filo y si no corta , mata y no otra cosa.

Quítame esas pulgas buen Sancho, que todos estos años no te han servido más que para heredar barriga y mal asiento. Sepas que ya habrá tenido mi señora más que suficientes pruebas de mi sinvivir por ella y estará presta a maridar con este su caballero.

Si vos lo decís que tenéis de leyes y latines, pero háceme a mi que me pregunte ¿ se merece tanto la hierba cuando el rocío le baja del cielo pa despertarla todas las estrellas? . Sabed que en el cuento, las hierbas ni gracias le da , porque el tonto, le ha ido diciendo primero cuanto la quería.

Callad, Sancho os lo ruego, que a no más de dos días de cabalgar, podréis ver con vuestros propios ojos cuan errado andáis en estos menesteres de amores entre altas almas y seréis testigos de cómo acabaron mis daños hasta aquí sufridos.

Y así, de terrón en terrón anduvo Don Quijote las leguas que de su soñada Dulcinea separaban, sin más compaña que las de Dios y los hombre que por allí habitaban y al despuntar el sol del tercer día hallábanse a las puertas de la aldea del Toboso, donde unos churumbeles, mas mocos que hombres, jugábanse a los chinos o a la billarda, las ranas, culebrillas y escarabajos peloteros que esa misma mañana habianse cazado en batida.

¿Vamos bien, señor labriego para la mansión de la sin par Dulcinea?, pregunto Don Alonso. A fe mia que os equivocáis buenos hombre, que en aquestos lugares no habita nadie con esos nombres. En eso y en un despiste de su señor, acercose Sancho a labriego y estirándole dos monedas de a cuarto ,dijole que le siguiera la farsa y le indicara la casa de la mesera conocida por Aldonza Lorenzo, a lo que el destripaterrones accedió de mil amores.

En llegando al mesón, Don Alonso nada más verla, cayó postrado a los
pies de su deseada, e hincando rodilla en tierra, el caballero le declaró su amor y servidumbre.

La moza, asombrada y sin querer herir a tan lanzado hijodalgo, acariciándole la parte del yelmo que cubría sus huesudas mejillas, confesole por lo bajo que no armara tanta fiesta ni fanfarria que cerca de allí se encontraba Lorencillo, un mozo que no ha mucho diérola su padre la mano y que no la había querido nunca, más si lo tenía a bien y en algo la apreciaba, siguiera su camino como las olas del mar y regresara por donde tuvo en mala hora venir, pues su corazón ya estaba unido como roca firme a Lorencillo.

Lo que a continuación ocurrió, fue lo más triste que poder comentarse pueda. Don Alonso, la color mudada, diérase en levantar torpemente y como todos los del noble oficio de caballería, temblándole la adarga y la voz solo diole a decir: Amigo Sancho, mi buen amigo, ten a bien llevarme a mi fiel rocinante, debo cumplir el postrer mandato de mi señora.

Sancho quiso decirle algo, pero el mandó callar y con lágrimas contenidas y más loco que nunca sentenció: Esto que has visto, Sancho, sepas que solo es una prueba más que se le confía a los destinados a las más altas empresas de caballería y que ahora lo que manda el mester de los de mi clase no es más que el retirarme a meditar y pedir que Dios le diera a Lorenzo las entendederas para amar y querer a Dulcinea tanto como la quería él y rogarle igualmente que nublara su mente hasta que tuviera a bien acogerlo en su seno, con la esperanza de que fuera en breve.

Dicho esto, un candado de siete llaves cerrole la boca al simpar Don Quijote y nada más se le oyó.

Comentar para terminar, que tuvo retiro en un convento dominico de las tierras de la mancha y desde entonces, el mundo no volvió a saber de el.

Si lo encontráis por esos caminos de dios, pedid que no os confunda con un gigante, ni con el ejercito del mago mambrú, porque sin duda luchará con vuesas mercedes hasta laúltima gota de su sangre.

Punto …

… Y final
Ninguna afirmación es del todo cierta, ni siquiera esta lo es

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