RELATOS DE TERROR

¿Quienes somos, de dónde venimos, dónde vamos? Un poco de Espiritualidad, Filosofía, Religión, Amor, Solidaridad, Misterio
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Ally
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RELATOS DE TERROR

Mensajepor Ally » 19 Oct 2007 14:28

¿no deberiamos abrir un tema de relatos de terror?


:lol: lo malo es, que yo por lo menos no se ninguno.... :oops:
airun
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Mensajepor airun » 19 Oct 2007 15:28

Elvira era una niña de unos diez años que no tenía papá, su mamá trabajaba todo el tiempo por lo que tenía que dejar a su hija sola en casa, pero una noche, sintió un escalofrío y tuvo miedo de dejarla sola, pero como no podía dejar su trabajo ya que era su único sustento decidió irse.
"voy a llamarte cada 2 horas para ver como estas y no le abras a nadie, cuando llegue tocaré la puerta tres veces".
La madre cerró la puerta y se marchó, Elvira, asustada y sola decidió dormir para que pasara el tiempo sin darse apenas cuenta .

Al poco rato, el teléfono sonó despertando a la niña, se levantó del sillón y apresurada cogió el teléfono con la esperanza de escuchar la dulce voz de su madre: - Mamá, ¿Eres tu?, ¿mamá?,¿mamá?....
Pero nadie contestó. Desilusionada y asustada colgó el teléfono y se fue a la cama mientras se tranquilizaba para quitar importancia a lo ocurrido. - Después de todo la llamada se habrá cortado. Pensó Elvira. De pronto, antes de que se acostase el teléfono volvió a sonar, al llegar y descolgarlo: -¡Bueno..mamá no es gracioso contesta..mamá, estas asustándome!.
Elvira colgó de nuevo el teléfono y regresó a la cama, esta vez más asustada.
De pronto llamaron la puerta TOC TOC pero no hubo una tercera vez por lo que Elvira decidió no abrir ya que su madre le había dicho que tocaría tres veces.

Al caer la noche la madre no había regresado y Elvira empezó a preocuparse y de nuevo el teléfono sonó.
-Bueno..mamá, ya es tarde ven a casa.
Del otro extremo del teléfono sólo se escuchó:
-Tu estas sola ahora.
Elvira colgó rápidamente el teléfono desesperada empezó a llorar corrió hacia la puerta para ir con alguno de sus vecinos para que llamaran a la policía, pero al salir Elvira encontró el cuerpo de su madre tirado en el suelo, ensangrentado, desgarrado totalmente, sus piernas horriblemente torcidas hacia ambos lados, sus brazos quebrados como si un trailer hubiese pasado varias veces por encima.

Elvira no pudo resistir el tremendo impacto y cayó desmallada perdiendo el conocimiento, cuando despertó. Cuando despertó ya estaba en un centro de psicología infantil.

Aunque la ayudaron a superar la traumática experiencia, ella no dejaba de soñar con esa voz que le decía una y otra vez: - Tu estás sola ahora…
Los psicólogos creían que Elvira había sido la culpable de la muerte de su madre, pero Elvira pensaba que eso no era cierto.
Elvira quería mucho a su madre y soñaba todos los días con ella. Hoy aunque han pasado diez años de aquel trágico incidente, Elvira sigue en tratamiento y totalmente traumatizada en un centro psicológico.
¿Qué como se todo esto?, simplemente porque yo soy Elvira y quiero decirte a ti que estás leyendo estas lineas: - TU ESTAS SOL@ AHORA. :twisted:
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Mensajepor Ally » 19 Oct 2007 15:51

¡¡joder, que miedo!!


:bravo: Airun :bravo: :okis:
airun
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Mensajepor airun » 19 Oct 2007 16:36

Gracias Reichel ha sido todo un placer....tranquila que no sera el único jeje :twisted:
airun
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Mensajepor airun » 19 Oct 2007 17:01

Hoy me he despertado de una manera muy extraña, de un sobresalto apagué el despertador y solo pensé en dejar de sufrir.

Deduje varias alternativas, pero ninguna parecía correcta, estaba en un verdadero problema.

Tengo bajo mi cargo un colegio secundario, y hace meses que los docentes se atienen de dar clases. Creo que el problema no pasa por los sueldos, sino por las condiciones del establecimiento…

No contamos con mucho personal y los baños apestan a orín, las aulas están escritas hasta el techo, las puertas crujen al abrirse… es un verdadero desastre.

A mi nunca se me ha ocurrido clausurarlo por nada, ni siquiera sé porque sigo allí. Pasé en el establecimiento la peor escena de mi vida.
Pero para explicarlo debo remontarme a mi adolescencia.

Con el término de la escuela había que elegir un colegio secundario.
Mis amigos y yo nos fuimos dispersando y con el tiempo ya no hubo contacto alguno.
Yo entonces elegí un colegio con orientación a técnico electromecánico, y estuve ahí dos años.
Noté que lo mío no eran los talleres ni nada por el estilo, por lo que me pasé al establecimiento que hoy dirijo.

Recuerdo claramente el primer día, todos miraban a los que entraban… y mis pares parecían maquinas fotográficas, todo era un escándalo a sus ojos.
Decidí tomar una postura frente a ellos, y no dar importancia al que dirán.

Así transcurrí mis primeros dos años allí, siempre solitarios, leyendo por los pasillos… sin nadie con quien compartir mis gustos y pensamientos.
Pero sin irme mas lejos quiero relatar lo que me paso aquella tarde en el colegio.
Agitado ingresé a mi curso, y pude notar que no había nadie allí.
Bajé las escaleras y consulté a mi celador:
- Hoy entraban más tarde - alcanzó a decirme.
- huyy cierto, que despistado - dije tratando de evitar el bochorno.
- Bueno, vas a tener que esperar… nos vemos luego, y siguió con sus tareas.

Me dirigí nuevamente a mí curso, pero esta vez fije la mirada en una puerta que nunca antes había dado importancia.
Me acerqué y traté de abrirla, pero nada… estaba cerrada con llave. Eso pasó y con el tiempo empecé a realizar preguntas sobre ese lugar.
Claro que me costo, porque como lo he dicho antes era algo antisocial.
Muchos de los comentarios decían que se había clausurado, porque el baño se arruino con el tiempo.
Muchos otros decían que ahí habían pescado a una pareja de alumnos haciendo el amor y por eso la decisión había sido cerrarlo.
Pero la razón que mas me llamo la atención fue la de Kevin, un alumno de un curso mayor, que decía que ahí se había cometido un homicidio.
Empecé a preguntar y enseguida la directora me convoco a su oficina, no quería que andara promoviendo esa loca idea.
Llego también a mis oídos, que en el colegio había vivido una persona que cuidaba el lugar… y que con los años no se lo ayo más.
Entonces comencé a generar muchas ideas variadas sobre esa puerta.
Por un lado las historias eran creíbles, pero por otro dejaban mucho que desear.
Decidí entonces entrar en la noche.
Las ventanas se abrían tirando hacia fuera, y para que no quedase trabada deje un buen bulto de papel.
Ingrese por el patio y me dirigí a mi lugar de entrada, accedí poco a poco y para cuando quise acordarme ya me hallaba por los pasillos.
Camine temeroso, estaba muy oscuro, encendí mi linterna y seguí paso tras paso.
Ya se imaginaran el miedo que sentí, como se apoderaba la taquicardia de mi, además mi cabeza me hacia muy malas jugadas.
Cualquier sombra o solo el movimiento de mi cabeza me hacia creer que había visto a alguien o algo… estaba aterrado.
Volví a pensar en la posibilidad del homicidio y entonces fue peor…
Escuchaba que me hablaban, que alguien gritaba de dolor, mientras otro gemía de miedo.
Caminaba cada vez más lento y sin darme cuenta estaba yendo a esa puerta.
Me paré frente a ella y leí “A 15”… busque dentro de mi bolso y comencé a utilizar mi cierra.
El candado era bastante grueso por lo que demore un instante, fue una lucha entre el sudor y el miedo.

Lo abrí y en lo lejano solo se sintió el eco del candado golpeando contra el piso.
Entre y para mi sorpresa nada parecía fuera de lugar, lo único que me extrañaba era que ese lugar fuese tan amplio y estuviese fuera de servicio.
Me adentre mas aún… abrí puerta tras puerta y nada.
Alumbre al suelo y pude ver unas manchas en el piso, aparentemente de sangre, que no me causaron temor alguno ya que estaban muy secas y amarillentas.
Seguí el rastro que me dirigió a la puerta “F66”, pero al abrirla no encontré solo un excusado…
Sino que esta vez observe a una pequeña de vestido celeste y de cabellos enmarañados. Me asuste demasiado... esa niña no era normal, su cuerpo se dejaba traslucir, sus ojos alumbraban la muerte.
No se por cuanto, pero mi corazón se detuvo un instante, comencé a correr y entre sollozos me encontré en el suelo.
Mire hacia atrás incansablemente y pude ver como esta niña caminaba detrás de mi.
Repetía una y otra vez:
Tengo frió mami, mucho frio.
Volví a levantarme y esta vez nada me detuvo, pude llegar hasta la calle.
Corrí sin descanso y me oculté en casa.
No volví al colegio en 3 días, me costaba superar lo vivido.
Después todo lo fui olvidando hasta hoy.
Las lágrimas diluyen la tinta de este manuscrito, estoy aterrado…
Me he levantado y he observado por la ventana…
La niña parada esta vez en mi jardín, sigue sintiendo frío.
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Candela
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Mensajepor Candela » 20 Oct 2007 16:52

Nos acercamos todo lo que podemos a ella, tiene que morir por que así lo hemos decidido. Esta sentada en la parada de autobús leyendo un libro de gran tamaño, no lo podrá terminar, nosotros se lo impediremos.
Cruzamos la calle, la noche es perfecta para morir. Nos acercamos a la parada y aunque no tenemos ninguna arma no hace falta pues somos muchos. La mataremos con nuestras propias manos.
Nos sentamos junto a ella, levanta la mirada levemente y nos mira. Sonreímos. Sigue leyendo, aun no es el momento, tenemos que esperar la señal y cuando esta llegue la rodearemos y la destrozaremos a golpes, pues somos muchos.
La señal por fin ha llegado.
Nos levantamos y ella levanta la vista y me mira solo a mi. ¿Por qué yo y no otro cualquiera?. Sus ojos son cálidos, bellos, y suaves llenos de vida e inocencia. Pero no nos dejamos engañar. Nos juntamos en unos solo. Ella deja el libro y me mira, no tiene miedo a nuestro aspecto enfermizo, enorme, macabro e irreal. La miramos y su tranquilidad nos llena de ira.
Atacamos con furia, todo es destruido a nuestro alrededor, salta hacia atrás y se aleja de nosotros. Una luz brillante sale de su cuerpo y la envuelve. Su intensidad nos hace daño, nos protegemos como podemos pero es difícil tapar siete ojos con solo dos manos. Cuando el resplandor decrece la miramos. Es un ángel, nuestro mortal enemigo desde el inicio de los tiempos. Luchamos en una sinfonía de destrucción, montamos un pequeño Apocalipsis a nuestro alrededor. Ella tiene un descuido y nosotros lo aprovechamos para atravesar su cuerpo y extraerle el corazón. Grita dañando nuestros oídos y finalmente muere. Devoramos con ansia el trofeo que hemos extraído de su cuerpo, es dulce, sabroso y muy tierno. Cuando lo terminamos de saborear nos dedicamos a destrozar y devorar su cuerpo que yace inerte sobre el asfalto.
Una luz más intensa que la que desprendía mi caído enemigo me rodea interrumpiendo mi voraz apetito. Decenas de angeles me rodean. El grito era una llamada de auxilio que a sido atendida. Es mi fin pues aunque grite nadie me ayudara. Esa es la gran diferencia.
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Sol
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Mensajepor Sol » 24 Oct 2007 10:55

La mujer del pasillo


Un grupo de amigos reunidos para jugar a la ouija reciben una visita insospechada que les cambiará la vida.

Esta es la historia: Una noche de Halloween, por hacer algo de miedo, jugamos a la Ouija, cosa de la que siempre me arrepentiré.

La noche era fría, en el ambiente se notaba un aroma extraño, no sé definirlo con palabras; unos amigos y yo buscamos una vieja Ouija que mi familia siempre ha tenido guardada... Era de mi bisabuela, la cual había muerto cuando yo aún no había nacido, y siempre había querido conocerla. Mis amigos hacían eso por diversión, yo por un fin, puesto que quería hablar con mi bisabuela.

La sesión comenzó, entre risas mis amigos bromeaban, yo estaba muy serio, concentrado, pero ellos no lo notaron, hasta que cayó un rayo que iluminó toda la habitación oscura, seguido de un trueno, que estremeció hasta el último de mis huesos. Asustados por el rayo, mis amigos, se quedaron en silencio, como yo, concentrándose, de repente, el puntero de la Ouija comenzó a moverse. Preguntamos al unísono, quién era, pero no respondió.

El puntero se movía sin cesar de un lado para otro, sin formar palabras. Al final paró, y lentamente, formó las siguientes palabras: "Estoy yendo a por vosotros".

Llamaron a la puerta, pero nadie se atrevió a abrirla, sólo oímos la voz de quien llamaba: Era una mujer, que estaba en el pasillo y gritaba por entrar a mi habitación. El cerrojo estaba echado, no podía entrar, pero parecía que iba a tirar la puerta abajo.

La mujer gritaba desesperada, la puerta iba a caer, así que empujamos la cama para atrancarla. La mujer cada vez más desesperada, gritaba mi nombre. Yo tuve el impulso de abrir la puerta, pero me contuve, esos gritos eran desesperados.

Entonces me di cuenta: Era mi bisabuela; algo me lo decía, aunque no podía explicar cómo lo sabía.

Me lancé a abrir la puerta, quería verla, tenía que verla, pero mis amigos me agarraron. Los gritos cesaron, una de mis amigas, tuvo un ataque de nervios. Nos acercamos a consolarla, pero una voz grave y fuerte salió de ella diciendo que no nos acercáramos. Nos quedamos de piedra.

La mujer del pasillo comenzó a gritar de nuevo: "¡Os lo advertí, y no me hicisteis caso, ahora moriréis!". Mi amiga comenzó a moverse de un lado a otro, diciendo que nos mataría. Intentamos abrir la puerta pero no pudimos. Los gritos volvieron a cesar, conseguimos abrir la puerta, yo salí primero, pero se cerró detrás de mí. Oí los gritos aterrorizados de mis amigos, histéricos, pidiendo socorro, dando patadas a la puerta para abrirla.

Escribo mi historia, cuarenta y cinco años después de que ocurriera, pues acabo de salir de la cárcel, culpado por el asesinato de mis amigos, los cuales encontré muertos cuando conseguí abrir la puerta de mi habitación.


Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños.
Tyrell
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Mensajepor Tyrell » 24 Oct 2007 11:28

Agradezco este post de relatos de terror, los leeré todos porque ando un poco apurado, me explico: Desde hace cosa de 6 ó 7 meses, no sé bién, mi hija, de 10 años, me pide cuando se acuesta que le cuente una historia de terror al darle las buenas noches. Lo típico, el vaso de agua, el beso de buenas noches y la historia de terror. La verdad es que sé muchísimas pero ya se me acabó el repertorio, ustedes imagínense, todas las noches una historia. Ayer hasta tuve que inventarme una, la del "pijama asesino", una historia disparatada sobre un pijama que el que se lo ponía empezaba a oir voces hasta enloquecer y acababar asesinando a todo quisque. Estoy releyendo a Allan Poe, en fin, hago lo que puedo.
El caso es que como ya no se que contar, a veces le cuento algunas bastante terribles, y la tia coge miedo, cuando me voy a marchar me suplica:
- Papá no te vayas ahora.
- Por qué?, no me dejas ni acabar de ver "House" , acaso tienes miedo? Pues no te vuelvo a contar ninguna de miedo, te las contaré de risa.
- Si a mi me gustan mucho las de miedo.
- Adios buenas noches.
Escriban, escriban, así podré contarle sus historias, bueno, antes tendré que hacer una selección, no vayan a ser demasiado terribles y traumatice al "tiburón de la laguna" , la primera de Airún no se la cuento que luego lo mismo se come el coco.
Es dificil esto de ser padre.
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Mensajepor Ayla » 24 Oct 2007 17:55

Enterrado en vida

Mi familia regenta esta funeraria desde que esta ciudad no era más que un pequeño pueblo en medio de una planicie que la vista no alcanza a delimitar por ninguno de sus lados. Desde hace generaciones, los de mi estirpe han relatado una especie de diario del negocio, anotando efemérides o simples curiosidades que han tenido como protagonista nuestro humilde negocio. Las he leído docenas de veces y no recuerdo caso mas extraño que el que me sucedió hace diez años.

Era un agradable lunes. La primavera estaba en su mejor momento. Lo más habitual es que nuestros clientes entren con rostro afligido y ademán deprimido, pero el primer cliente de aquel día entro con gesto ansioso e ilusionado. Parecía que viniera a cobrar un premio y no a comprar un traje de pino.

Largo rato merodeó por mi establecimiento, deteniéndose y comentando con sus acompañantes. Todos parecían compartir su alegría. Al fin se dirigió hacia mi e hizo una petición que aun hoy me sorprende al recordarla, quería probarse tres féretros que le gustaban.

Como el que entra en una tienda de ropa y elige tres piezas de su agrado, aquel sujeto seintroducía en los ataúdes despacio, acomodándose en su interior. Sus familiares buscaban todos los ángulos posibles para juzgar el atuendo. El hombre, con rostro inerte y las manos en el pecho, posaba para ellos.

Tras una hora en la que no salía de mi asombro estuvieron mis peculiares clientes discutiendo cual preferían. Finalmente se decidieron por el más caro, porque al final, a uno solo lo entierran una vez en la vida, y no hay que escatimar.

Había llegado el momento de hablar de los detalles de la ceremonia. Querían un funeral por todo lo alto, con la iglesia rebosante de flores y velas, con librillos de tapa dura en todos los asientos del templo con las oraciones que se dirían en su recuerdo y una dedicatoria de agradecimiento personificada que el futuro difunto firmaría de su puño y letra.

En mi cabeza tomaba forma el argumento para acabar con aquella locura. Que cura oficiaría un funeral de esa calaña?. Pues en ese mismo instante llamaba a la puerta la última persona que esperaba ver allí, el párroco del pueblo, que entro riendo con los brazos abiertos directo al extraño cliente para fundirse en un amistoso abrazo. El cura preguntó al hombre como iba la organización del evento y aprovecho para pedirme unos cuantos bancos para poner en la iglesia, pues preveía una asistencia masiva al funeral de tan distinguido vecino y no tenían suficientes acomodos para tanta gente en la iglesia.

El funeral estaba previsto para dos meses después de la visita de aquel hombre a mi establecimiento, tiempo en el que nuestro pueblo estuvo inmerso en una actividad frenética, preparando adornos para las calles, pancartas dando el último adiós al difunto… incluso la parroquia aprovecho la ocasión para limpiar y revisar la joya del templo, un órgano de principios de siglo XVII, fabricado por uno de los más populares hijos que había dado nuestro pueblo al mundo y que dedicó media vida a la construcción de aquel instrumento único en el mundo, pues venían organistas y expertos de todos los rincones de Europa para admirar y estudiar las peculiaridades que hacían de aquel órgano el más prestigioso del país.

Durante todo aquel tiempo creí hallarme bajo el terrible efecto de alguna sustancia alucinógena todavía sin catalogar. No podía creer que la gente, mis vecinos, a los que conocía de toda la vida les hubieran tenido un acceso de locura colectiva repentina y que durara tanto. Era imposible tener la certeza que exhibían de que aquel hombre moriría próximamente. Nunca había estado enfermo, no se le recuerda ni un simple catarro, pero cuando se comentaba este tema en la calle, la gente se mostraba afligida, como si lo hubieran condenado a muerte y la decisión fuera irrevocable.

Me decidí a hablar con el futuro muerto, por que montaba todo este espectáculo. Me explico que yo estaba en lo cierto, que nada hacía pensar que muriera en breve, lo único que pretendía era saber como sería su funeral de verdad, quería hacer un ensayo general de su funeral para supervisar todos los detalles y que todo saliera como el había imaginado, pues era un hombre obsesionado con la muerte y con el control de todo lo que sucede a su alrededor. Para que la prueba tuviera éxito, había engañado a todo el pueblo. A su mujer y amigos les explicó que hacía un tiempo le había diagnosticado un cáncer demasiado desarrollado para poder tratarlo y el médico le dio como máximo un mes de vida. Le explicó que la noticia no era tan mala como parecía, pues llegaba al fin de sus dias en plenas facultades y sabiendo el tiempo que le quedaba, así lo podría aprovechar como mejor creyera. Dos de sus amigos más próximos eran las únicas personas que sabían la verdad.Estos quedaban encargados de que su auténtico funeral se desarrollara igual que la prueba si era superada satisfactoriamente. Me dio los nombres y una detallada descripción de los hombres que garantizaban que todo saldría bien. Rogó que no dijera nada a nadie.

No sabía si estar tranquilo o más preocupado que antes de oír aquella macabra historia. No lo sabía ni su mujer.

Llegó el gran día. Los familiares y conocidos de todos los rincones del país entraban en el pueblo en silenciosa comitiva dirigiéndose hacia la iglesia. Se daban el pésame unos a otros, alguno rompía en llanto sordo…Todo era perfecto.

La misa se desarrolló con abrumadora solemnidad, todos cantaban, un coro sobrecogedor al compás del órgano. Imaginé que el muerto estaría satisfecho de cómo transcurría su misa.

Con gran trabajo se abrieron paso los portadores del féretro a través de las masas congregadas en la puerta del templo. El mar de gente cubría toda la plaza y seguía cuesta arriba por la empinada calle que nacía al lado opuesto de la iglesia. El cortejo salió del pueblo en dirección al cementerio. Solo se oían los pasos, arrastrados, como los de un ejército derrotado que vuelve de la batalla en silencio, extenuado por la lucha y absorto en lamentos.

El camino se me hacía largo. Levante la vista para ver la distancia que nos quedaba hasta nuestro destino. Tras los muros del campo santo se alzaba imponente una cripta de arco gótico. Ocupaba más de la mitad de la superficie del cementerio, era más grande que la propia iglesia del pueblo.

Sobre dos pilares de mármol estaba el sarcófago de piedra en la que descansaría nuestro acaudalado vecino. Los porteadores metieron el ataúd y, con ayuda de seis hombres más, colocaron la losa sobre la que se depositarían las ofrendas florales. Todos circularon en fila de a uno alrededor de la tumba dejando allí sus ramos y besando la tumba y saliendo de vuelta al pueblo. Cuando solo quedaban unas diez personas en la fila caí en la cuenta. El muerto me dio una precisa descripción de las dos personas que se encargarían de parar el entierro y sacarlo de allí una vez todo el mundo le hubiera dedicado el último adiós. Aquellos hombres no habían venido.

Intenté por todos los medios que alguien me ayudara a mover la losa y abrir el ataúd. Aquel hombre llevaba allí encerrado mucho tiempo y debía estar al borde de la asfixia. Todos me tomaron por loco. La muchedumbre se abalanzó sobre mi y me propinó puntapiés e improperios hasta que quedé sin sentido. Desperté en el hospital con tres huesos rotos, mi mujer a un lado de la cama y mi abogado en otro.

Me cayeron dos años por intentar profanar una tumba y una indemnización que me obligó a hipotecar mi casa y mi negocio.

Días después de ingresar en la cárcel, leí en un periodico que dos hombres cuyos nombres me había rebelado mi último cliente, se despeñaron con su coche a cinco quilómetros del pueblo y con ellos, la garantía de que todo terminaría sin consecuencias.

Años después abrieron la tumba y descubrieron violentos golpes en el féretro y varios huesos del esqueleto rotos

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Mensajepor airun » 26 Oct 2007 14:11

NO TE FIES DE LA NIÑA

Esta historia que os vamos a contar le ocurrió a una amiga mia:
Un día Raquel salió del instituto como todos los días, pero ese día por alguna extraña razón decidió tomar un camino diferente. Después de caminar unos minutos, vio a una niña llorando y Raquel le preguntó que le pasaba. La niña señaló con el dedo una vieja casa y entre lloros le explicó que su gato se había metido allí, la niña no quería ir a buscarlo, tenía miedo, se le veía muy aterrada.

Amablemente Raquel, que era muy buena persona, decidió ayudar a la niña y buscar al gato.

Al llegar a la entrada, la puerta estaba abierta, y no había nadie en la casa por lo que decidió entrar. Cuando entró la puerta se le cerró de golpe, a pesar de ello Raquel decidió continuar adelante, de pronto apareció el gato corriendo por las escaleras, Raquel lo siguió, al llegar al segundo piso, el gato estaba allí, en medio del pasillo mirándola fijamente, parecía como si el gato la hubiese esperado y cuando Raquel se le acercó para cogerlo, éste escapó hacia una habitación que tenía la puerta entreabierta.

Al entrar en la habitación, Raquel se quedó sorprendida, era la habitación de una niña, tenía las paredes forradas de papel rosa y las estanterías llenas de preciosas muñecas que miraban fijamente a los intrusos. Pero Raquel no se sorprendió por la cantidad de juguetes que habían en la casa, ni tampoco porque un caballito de cartón balanceaba solo misteriosamente. La habitación, a diferencia del resto de la casa, estaba nueva, como si el tiempo no hubiese pasado.

De pronto fijó la mirada en una foto, se podía ver a una familia, al parecer el padre, la madre y su hija, la niña que ahora estaba allí en la calle esperando que le trajese a su gatito.

Raquel se empezó a asustar de verdad, todo esto ya no le gustaba, así que decidió volver sin el gato y escapar de aquella casa antes de que ocurriese algo. Al darse la vuelta para salir, ahí estaba la niña, ensangrentada y llorando:

¡ELLOS ME MATARON!, ¡Y TAMBIEN LO HARAN CONTIGO!

Al día siguiente encontraron el cuerpo de Raquel, igual como se encontró el de aquella niña muchos años atrás.

Os preguntaréis como sé esta historia. Yo soy aquella niña y quiero que me traigas a mi gato…

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