El Quijote... Lectura continuada

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El Quijote... Lectura continuada

Mensajepor abandono-89 » 22 Abr 2006 12:28

Don Quijote de La Mancha

Capítulo Primero
Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo D. Quijote de la Mancha
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero
acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en
astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo
más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los
sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos,
consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de
velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo,
los días de entre semana se honraba con su vellori de lo más fino. Tenía
en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no
llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el
rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con
los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de
rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el
sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia
en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas
verosímiles se deja entender que se llama Quijana; pero esto importa
poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un
punto de la verdad.


Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo


(continúen)


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Mensajepor Sol » 22 Abr 2006 15:33

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: ...los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.

Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar -que era hombre docto, graduado en Sigüenza-, sobre cuál había sido mejor caballero:
Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura...




http://www.rinconcastellano.com/biblio/ ... te_01.html
Última edición por Sol el 23 Abr 2006 15:47, editado 2 veces en total.
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Mensajepor Plug » 22 Abr 2006 18:33

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura...

que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada , que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura.

En efeto, rematado ya su juicio, vino...
Como no sabían que era imposible... lo hicieron!!
Quizá... todo se ha dicho pero... nada se ha hecho
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Mensajepor promise » 22 Abr 2006 20:18

En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más exraño pensamiento que jamças dio loco en el mundo; y fue que le pareciío convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, desahaciendo todo género de agravío, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado pro el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así con estos tran agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efecto lo que deseaba.
"Un dia despues de la guerra te tomare entre mis brazos y haremos el amor, si es que despues de la guerra tengo brazos y si es que aún existe el amor"<br />
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Mensajepor abandono-89 » 23 Abr 2006 19:39

... a poner en efeto lo que deseaba.

Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus
bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había
que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo
mejor que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían
celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria,
porque de cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el
morrión, hacían una apariencia de celada entera. Es verdad que para
probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su
espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que
había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con
que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a
hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal
manera que él quedó satisfecho de su fortaleza; y, sin querer hacer
nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje.

Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos...



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Mensajepor Sol » 24 Abr 2006 07:35

Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban.

Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque, según se decía él a sí mesmo, no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba acomodársele de manera que declarase quién había sido, antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba. Y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante: nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo.

Puesto nombre, y tan a su gusto....
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Mensajepor Sastre » 24 Abr 2006 11:47

Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí
mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se
vino a llamar don Quijote; de donde -como queda dicho- tomaron
ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía
de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero,
acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con
llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria,
por Hepila famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen caballero,
añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha,
con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria,
y la honraba con tomar el sobrenombre della.
Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su
rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba
otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el
caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y
cuerpo sin alma.

Decíase él a sí:...
Las cosas buenas tardan en llegar... por eso yo siempre llego tarde.
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Mensajepor Punto » 25 Abr 2006 08:50

...... Deciase él: si yo por malos de mis pecados, por mi buena suerte me encuentro por ahi con un algún gigante, como de ordinario le acontece a los caballero andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o finalmente le venzo y le ridno, ¿No será bien tener a quien enviarle presentado, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida: yo señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la insula Malimdrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero D. Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante la vuestra merces, para que la vuestra grandeza disponga de mi a su talante? ¿Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero, cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fué a lo que se cree, que en un lugar cerca de suyo, había una moza labradora de muy buen parecer, de quien é un tiempo anduvo enamorado, aunque según se entiende, ella jamás lo supo ni se dió cata vde ello. Llamabase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y buscandole nombre que no desdijese mucho el suyo, y que tirase y se encamianse al de princesa y gran señora, vino en llamarla DULCINEA DEL TOBOSO, porque era natural del Toboso, nombre a su parecer músico y peregrino y significativo, como todos los demás que él y a sus cosas habia puesto .........
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Mensajepor promise » 27 Abr 2006 07:56

Capítulo segundo


Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote

Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que emendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza y, por la puerta falsa de un corral, salió al campo con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo. Más, apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que le vino a la memoria que no era armado caballero y que, conforme a la ley de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero; y, puesto que lo fuera, había de llevar armas blancas, como novel caballero, sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerzo la ganase
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Mensajepor eriA » 27 Abr 2006 11:12

Estos pensamientos le hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo más su locura que otra razón alguna, propuso de hacerse armar caballero del primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según él había leído en los libros que tal le tenían. En lo de las armas blancas pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuesen más que un armiño; y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras.
Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo mismo y diciendo: "¿Quién duda, sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera? "Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel" . Y era la verdad que por él caminaba; y añadió diciendo:
Si la vida te da la espalda... tócale el culo
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Mensajepor Sol » 27 Abr 2006 15:38

-Dichosa edad, y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina historia, ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras!

Luego volvía diciendo, como si verdaderamente fuera enamorado:

-¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón!, mucho agravio me habedes fecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plégaos, señora, de membraros deste vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas por vuestro amor padece.

Con éstos iba ensartando otros disparates, todos al modo de los que sus libros le habían enseñado, imitando en cuanto podía su lenguaje. Con esto, caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera.

Casi todo aquel día caminó sin acontecerle .....





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Mensajepor eriA » 27 Abr 2006 22:01

En serio q vamos a poner aqui todo el quijote? :?
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Mensajepor promise » 28 Abr 2006 07:45

Quizá sea la única manera de que alguien lo lea, no crees?


Continuamos para bingo......
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Mensajepor promise » 28 Abr 2006 07:57

Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de cotar fuese, de lo cual se desesperaba, porque quisiera tropar luego luego con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo. Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino fue la del Puerto Lápice, otros dicen que la de los molinos de vientos, pero, lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los Anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre; y que, mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella que, no a los portales, si no a los alcázares de su redención le encaminaba. Diose priesa a caminar y llegó a ella a tiempo que anochecía.
Estaban acaso a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido, las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada; y, como a nuestro aventurero todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído, luego que vio la venta, se le representó que era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle su puente levadiza y honda cava, con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan.
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Mensajepor Algol » 28 Abr 2006 16:24

Fuese llegando a la venta que a él le parecía castillo, y a poco trecho de ella detuvo las riendas a Rocinante, esperando que algún enano se pusiera entre las almenas a dar señal con alguna trompeta de que llegaba caballero al castillo. Pero como vio que se tardaban y que Rocinante se daba prisa por llegar a la caballeriza, se llegó a la puerta de la venta, y vio a las dos distraidas mozas que allí estaban, que a él le parecieron dos hemosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando...
... / .- / .-.. /..- /-.. /--- /...
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Mensajepor Sastre » 29 Abr 2006 12:29

En esto sucedió acaso que un porquero, que andaba recogiendo
de unos rastrojos una manada de puercos (que sin perdón así se llaman), tocó un
cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a D.
Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida, y
así con extraño contento llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron
venir un hombre de aquella suerte armado, y con lanza y adarga, llenas de miedo
se iban a entrar en la venta; pero Don Quijote, coligiendo por su huida su
miedo, alzándose la visera de papelón y descubriendo su seco y polvoso rostro,
con gentil talante y voz reposada les dijo: non fuyan las vuestras mercedes,
nin teman desaguisado alguno, ca a la órden de caballería que profeso non toca
ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas, como vuestras
presencias demuestran.

Mirábanle las mozas
...
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Mensajepor abandono-89 » 30 Abr 2006 13:23

Mirábanle las mozas, y andaban con los ojos buscándole el rostro, que la
mala visera le encubría; mas, como se oyeron llamar doncellas, cosa tan
fuera de su profesión, no pudieron tener la risa, y fue de manera que don
Quijote vino a correrse y a decirles:

-Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la
risa que de leve causa procede; pero no vos lo digo porque os acuitedes
ni mostredes mal talante; que el mío non es de ál que de serviros.

El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro
caballero acrecentaba en ellas la risa y en él el enojo; y pasara muy
adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy
gordo, era muy pacífico, el cual, viendo aquella figura contrahecha,
armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y
coselete, no estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las
muestras de su contento.

Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos, determinó de
hablarle comedidamente; y así, le dijo:

-Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho
(porque en esta venta no hay ninguno), todo lo demás se hallará en ella
en mucha abundancia.

Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que tal le
pareció a él el ventero y la venta, respondió:

-Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque mis arreos son
las armas, mi descanso el pelear, etc.

Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por
haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz, y de los
de la playa de Sanlúcar, no menos ladrón que Caco, ni menos maleante
que estudiantado paje; y así, le respondió:

Según eso, las camas de vuestra merced serán



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Mensajepor abandono-89 » 30 Abr 2006 13:25

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Mensajepor Sol » 03 May 2006 08:47

-Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así, bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.

Y, diciendo esto, fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquel que en todo aquel día no se había desayunado.

Dijo luego al huésped que le tuviese mucho cuidado de su caballo, porque era la mejor pieza que comía pan en el mundo. Miróle el ventero, y no le pareció tan bueno como don Quijote decía, ni aun la mitad; y, acomodándole en la caballeriza, volvió a ver lo que su huésped mandaba, al cual estaban desarmando las doncellas, que ya se habían reconciliado con él; las cuales, aunque le habían quitado el peto y el espaldar, jamás supieron ni pudieron desencajarle la gola, ni quitalle la contrahecha celada, que traía atada con unas cintas verdes, y era menester cortarlas, por no poderse quitar los ñudos; mas él no lo quiso consentir en ninguna manera, y así, se quedó toda aquella noche con la celada puesta, que era la más graciosa y estraña figura que se pudiera pensar; y, al desarmarle, como él se imaginaba que aquellas traídas y llevadas que le desarmaban eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:

-Nunca fuera caballero de damas tan bien servido .....
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Mensajepor Plug » 14 Sep 2006 12:37

-Nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera don Quijote cuando de su aldea vino: doncellas curaban dél; princesas, del su rocino, o Rocinante, que éste es el nombre, señoras mías, de mi caballo, y don Quijote de la Mancha el mío; que, puesto que no quisiera descubrirme fasta que las fazañas fechas en vuestro servicio y pro me descubrieran, la fuerza de acomodar al propósito presente este romance viejo de Lanzarote ha sido causa que sepáis mi nombre antes de toda sazón; pero, tiempo vendrá en que las vuestras señorías me manden y yo obedezca, y el valor de mi brazo descubra el deseo que tengo de serviros.

Las mozas, que no estaban hechas a oír semejantes retóricas, no respondían palabra; sólo le preguntaron si quería comer alguna cosa.

-Cualquiera yantaría yo -respondió don Quijote-, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso.

A dicha, acertó a ser viernes aquel día, y no había en toda la venta sino unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo, y en Andalucía bacallao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela. Preguntáronle si por ventura comería su merced truchuela, que no había otro pescado que dalle a comer.

-Como haya muchas truchuelas -respondió don Quijote-, podrán servir de una trucha, porque eso se me da que me den ocho reales en sencillos que en una pieza de a ocho. Cuanto más, que podría ser que fuesen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabrón.

Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas.

Pusiéronle la mesa...
Como no sabían que era imposible... lo hicieron!!
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Mensajepor promise » 16 Sep 2006 18:50

Pusiéronle la mesa a la puerta de la venta, por el fresco, y trújole el huésped una porción del mal remojado y peor cocido bacallao, y un pan negro y mugriento como sus armas pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la visera, no podía poner mada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía; y ansí, una de aquellas señoras servía deste menester. Más, al darle de beber, no fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña y puesto en un cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino, y todo esto lo recebía en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la celada.
Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos; y, así como llegó, sonó su silbato de cañas cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo, y que le servían con música, y que de el abadejo eran truchas; el pan, candeal, y las rameras, damas; y el ventero. castellano del castillo, y con esto daba por bien empleada su determinación y salida. Más lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin recebir la orden de caballería.

CAPITULO III
"Un dia despues de la guerra te tomare entre mis brazos y haremos el amor, si es que despues de la guerra tengo brazos y si es que aún existe el amor"<br />
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