SUS TÒTENES Y TABÙES

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POLgarci
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SUS TÒTENES Y TABÙES

Mensajepor POLgarci » 23 May 2015 16:53

SUS TÒTENES Y TABÙES



Pablo García Cabrero



Prólogo

La leyenda negra española acusa a su imperio de fanatismo y crueldad a través de la Santa Inquisición, al denunciar enormes atrocidades cometidas por los españoles en la conquista de América.

Por eso no se podría escribir este libro, sin comenzar por explicar lo más destacado de la época en la que también transcurre la vida de nuestro personaje. Donde por causa lógica de la naturaleza cae con pleno conocimiento y deliberado consentimiento en el deseo carnal de la mujer. Sí, esto como veremos más adelante fue lo que le ocurrió a nuestro protagonista, al vivir según la ley de los hombres y de Dios en un deseo grave, como fue el adulterio.

Pues como nos enseña la santa madre Iglesia, es simplemente pecado para sus pastores el desear o simplemente mirar con deseos pecaminosos a una mujer. Ya que el pecado según la Iglesia mismo puede ser interior (selección del deseo solamente) y exterior (selección del deseo seguido por la acción). La persona que por su propia voluntad desea fornicar, comete otro pecado grave ofendiendo seriamente a Dios al escoger interiormente lo que Dios ha prohibido.

Sí, a esta historia hay que añadir sin lugar a dudas la Leyenda Negra. Leyenda, que pese a las múltiples interpretaciones al respecto, sin lugar a dudas es muy difícil corregir aun hoy las posibles falsedades y exageraciones del comportamiento de los conquistadores españoles en América.

Puesto que según dicha leyenda, la mayoría de españoles que viajaron a América eran delincuentes encarcelados en Castilla, de todo tipo:- Ladrones, estafadores, violadores, etc. y para vaciar las cárceles fueron enviados al Nuevo Mundo para librarse de ellos y, de paso les aprovecharon esos maleantes y aventureros sin escrúpulos para colonizar las nuevas tierras conquistadas por la fuerza bruta. Y una de las dudas fue como se adquirió, este caso el tan traído y llevado asunto del supuesto robo masivo de oro y plata con destino a España y el falso empobrecimiento del continente americano por esa acción rapaz.

Sí, la leyenda negra se difundió por todo el mundo, con notable éxito y, desde entonces la imagen de una España ignorante, codiciosa, cruel, fanática e inquisitorial, enemiga del progreso y que no dudo en usar la violencia extrema contra los indígenas. Curiosamente, con el propósito de fustigar algunos excesos de los conquistadores, el origen de la leyenda negra se debe a los propios españoles, en La Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552), del misionero dominico Bartolomé de las Casas, y en los escritos de Antonio Pérez, secretario de Felipe II.
Pero, además, de genocidio que cuenta la leyenda negra, existe otro epígrafe, el de las enfermedades que llevaron los españoles, que terminaran diezmando a los indígenas. Incluso el historiador e hispanista británico Hugh Thomas, autor, entre otros muchos libros, del famoso The Spanish Civil War. Este en varias ocasiones se ha referido al del declive demográfico de la población indígena en el Caribe, como consecuencia del contacto de aquellas gentes con las enfermedades de los europeos. Y especialmente se refiere a la sífilis y la tuberculosis, que causó estragos e incluso más que las matanzas y los combates.

Capítulo I
Eran ya algo más de las nueve de la mañana, cuando el coche que conducía el marido de mi hija atravesaba Talavera de la Reina. Nuestro destino era el monasterio de Santa María de Guadalupe, situado en un lugar de la mancha y con más precisión al sureste de la provincia de Cáceres y enclavada en la comarca de las Villuercas está la Puebla de Guadalupe, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.

Ya a varios kilómetros antes de llegar a nuestro destino y después de dominar una pendiente de la carretera se divisan ya las torres del monasterio de Guadalupe. Puebla de Guadalupe, cuenta en la actualidad con unos 3.499 habitantes y es justo en la plaza del pueblo donde aparcamos y además, comienzan las escalinatas que nos conduce a la entrada principal.


La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe fue encontrada a finales del siglo XIII o principios del XIV por un pastor llamado Gil Cordero en las cercanías del rió Guadalupe de donde tomó el nombre. Su aparición milagrosa llevó a la construcción de una pequeña ermita que fue puesta bajo la advocación de la Virgen María con el sobrenombre de Guadalupe. Ermita que con el tiempo ha llegado a ser uno de los santuarios más famosos de España.
"El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe es gloria de nuestra historia, alzado como un alcázar, rico y señorial, en la serranía extremeña, junto a las Villuercas, sobre la falda sur de las Altamira, en el corazón mismo de la Puebla de Guadalupe, nacida en 1337, en los alrededores del primitivo refugio de la Virgen Morena"
Al parecer su construcción se remonta, al año 1389 cuando llegaron a Guadalupe 32 monjes procedentes de San Bartolomé de Lupiana, cerca de Guadalajara, donde estaba su primer monasterio. Al día siguiente, en presencia de don Juan Serrano, tuvo lugar la toma de posesión de la iglesia de Guadalupe, con todos sus bienes y derechos, y la fundación del monasterio. El 28 de ese mismo mes, los alcaldes, justicias, alguaciles y "otros muchos hombres buenos del concejo" besaron la mano del nuevo prior, Fr. Fernán Yánez, en reconocimiento del poder jurisdiccional de este. El acto de toma de posesión finalizó dos días después cuando la nueva comunidad aceptó el inventario de bienes.
La instauración de la orden jerónima en Guadalupe se debe al parecer a Fernán Yánez de Figueroa y Pedro Fernández Pecha que fueron los que desempeñaron un papel crucial en el nacimiento y primitiva expansión de la Orden. El primero, natural de Cáceres, era hijo de uno de los oficiales de cámara de Alfonso XI. Este se educó en la corte, junto al príncipe heredero, e ingresó muy joven en el estado eclesiástico. Pedro I le concedió una capellanía y una de las canonjías o prebenda y dignidad del canónigo de la catedral de Toledo. Poco después, imbuido de un ideal ascético y regeneracionista, se unió a un grupo de anacoretas que se habían instalado en El Castañar a unas cinco leguas de Toledo.
De forma que Juan I expidió en Sotos Albos, el 15 de Agosto de 1389, una real provisión por la que, apoyado en su derecho de patronato. En ella mandaba que se alzase la iglesia de Guadalupe en monasterio y se entregase al fraile Frenan Yánez de Figueroa y a los frailes designados para formar la primera comunidad de Guadalupe, entregándoles el patrimonio acumulado del santuario y, renunciando al patronato, el señorío de mero y mixto imperio sobre la puebla de Guadalupe.

Por su parte don Pedro Tenorio, a la sazón arzobispo de Toledo y con jurisdicción sobre el territorio del monasterio, otorgó su pleno consentimiento según carta firmada en Alcalá de Henares, el 1 de septiembre de 1389, y autorizó a don Juan Serrano para la entrega del santuario a los jerónimos. El día 20 de septiembre el monarca comunicó su decisión al concejo de Guadalupe. Pero ya posteriormente, el 16 de octubre de 1394, Benedicto XIII, el "papa Luna", confirmó la autorización de construcción del santuario con la bula "His quae pro utilitate"

En cuanto a la atribución de milagros a la Virgen de Guadalupe, es, lógicamente, anterior a la llegada de los jerónimos al santuario. Estos estaban interesados en propagar los "poderes de Nuestra Señora", pero pronto se percataron de la conveniencia de controlar al máximo todo aquello relacionado con los "milagros" de la Virgen de Guadalupe. Porque por un lado, este era un asunto capital en el que debía quedar patente su indispensable función mediadora entre los devotos y María; por otro, resultaba muy peligroso para el prestigio del santuario que fuesen los propios fieles y peregrinos quienes otorgasen a algunos sucesos el calificativo de milagrosos.

Además, los monjes no tardaron en darse cuenta de la utilidad de preservar y potenciar las "especialidades milagrosas" del santuario: - la liberación de cautivos y los salvamentos en el mar. Aquella constituía un tema hacia el que las sociedades peninsulares de los siglos XV y XVI estaban especialmente sensibilizadas. Por tanto, todo lo que se hiciese para redimir prisioneros en territorio de "infieles" tendría una honda repercusión y sería muy apreciado por amplios sectores de la población. Además, la publicidad que hacían del santuario los peregrinos excautivos, quienes solían llevar sus "hierros" al templo guadal-úpense, era extraordinariamente eficaz.

Por su parte, los hombres de la mar, debido a sus contactos con personas de muy diversa procedencia geográfica, también contribuyeron de manera importante a extender el culto a la Virgen de Guadalupe.

Capítulo II

Ya desde la plaza y al contemplar el Monasterio se observa a simple vista una inmensa construcción en la que destacan cinco partes esenciales. Pero si contemplamos el inmenso conjunto, elevándonos sobre la plaza mayor (desde el sur), veremos: el Templo-Basílica con su atrio; a su derecha el edificio del Auditorio; detrás del Templo, el Claustro Mudéjar, y a continuación, más al norte, el Claustro Gótico. La Mayordomía se encuentra junto al Templo en su esquina sudoeste. Ocho impresionantes torres coronan el conjunto de edificios entre las que destacan la de Santa Ana y la de Portería que enmarca la fachada del Templo, la de las Campanas dominan el conjunto.

Una vez en la puerta de la basílica, un hombre todavía joven se nos ofrece como guía a nosotros y a otros visitantes que esperan en la puerta. Para comenzar explicándonos que en la actualidad, ya el santuario no está regentado por los jerónimos. Si no, que los frailes franciscanos llegaron a Guadalupe el 7 de noviembre de 1908. Por real orden de Alfonso XIII y se les hizo entrega del santuario y del monasterio. Iniciándose una nueva época en la larga y fecunda historia del monasterio.

Después los franciscanos en ochenta y cinco años, de paciente y tenaz labor, consiguieron que el monasterio recobrara, no solo su antiguo esplendor, sino que mejoraron el que tenía al abandonarlo los jerónimos. La plena dedicación de la Orden franciscana a la restauración material y artística del santuario, a la promoción de la devoción a la Virgen y a las obras apostólicas y sociales es según nos cuenta cosas probadas y a simple vista.

Fue ya en el interior de la basílica se nos explica, que el recinto del templo ocupa una superficie de 1.170 metros cuadrados, es de estilo gótico-mudéjar. Primero se construyó la iglesia a partir de la ermita primitiva y se le fueron añadiendo varias construcciones después de la batalla del Salado (1340). En el siglo XVIII se introdujeron algunas reformas barrocas de la mano de Manuel de Lara Churri güera, que más tarde hubo que deshacer, en parte, para devolver la primitiva luminosidad al templo, aunque no se pudieron recuperar los frescos originales

Tiene tres naves, prolongándose la central hasta el testero del coro alto. Por las tres naves corre una elegante verja de hierro, obra de los maestros rejeros de la Orden de Santo Domingo, fraile Francisco de Salamanca y Juan de Ávila, de los años 1510-1514. Singular importancia tiene la capilla mayor o presbiterio. En 1618 fue inaugurado el retablo mayor, en madera de borne, de líneas prebarrocas. Fue trazado por Juan Gómez de Mora y ejecutado por el famoso escultor Giraldo de Merlo, que labró las esculturas y altos relieves, ayudándole, en su ornamentación y dorado, el hijo del Greco, Jorge Manuel Theotocopulos y otros artistas.

A ambos lados de la capilla mayor están los sepulcros de la reina María de Aragón, primera esposa de Juan II de Castilla, y de su hijo Enrique IV, hermano y antecesor de Isabel la Católica que, pese a su desastroso reinado, fue destacado protector del real sitio. Los cuerpos momificados de madre e hijo descansan detrás del retablo. Las estatuas orantes de ambos reyes son de Giraldo de Merlo.
El coro fue construido en el siglo XIV y la fantástica sillería, trabajada en madera de nogal por Alejandro Carnicero, en el XVIII. Tiene dos órdenes de sillas: 49 en la parte superior y 45 en la parte baja. Entre el menaje del servicio coral, llama la atención un fastuoso facistol de hierro repujado, del siglo XVI, que fue reconstruido dos siglos más tarde. Además, el coro tiene un grandioso Órgano monumental, construido por la Casa Walcker de Alemania en 1924 y restaurado a fondo en 1993 por la misma casa dentro de las mismas cajas barrocas del siglo XVIII.
El coro cuenta también con un grandioso Órgano monumental, construido por la Casa Walcker de Alemania en 1924 y restaurado a fondo en 1993 por la misma casa dentro de las mismas cajas barrocas del siglo XVIII. También tiene este coro un órgano menor, reconstruido en 1986 por el organero don José Antonio Azpiazu.
El templo, tiene tres naves, prolongándose la central hasta el testero del coro alto. Por las tres naves corre una elegante verja de hierro, obra de los maestros rejeros de la Orden de Santo Domingo, fraile Francisco de Salamanca y Juan de Ávila, de los años 1510-1514. Singular importancia tiene la capilla mayor o presbiterio. En 1618 fue inaugurado el retablo mayor, en madera de borne, de líneas prebarrocas. Fue trazado por Juan Gómez de Mora y ejecutado por el famoso escultor Giraldo de Merlo, que labró las esculturas y altorrelieves, ayudándole, en su ornamentación y dorado, el hijo del Greco, Jorge Manuel Theotocopulos y otros artistas.

A ambos lados de la capilla mayor están los sepulcros de la reina María de Aragón, primera esposa de Juan II de Castilla, y de su hijo Enrique IV, hermano y antecesor de Isabel la Católica que, pese a su desastroso reinado, fue destacado protector del real sitio. Los cuerpos momificados de madre e hijo descansan detrás del retablo. Las estatuas orantes de ambos reyes son de Giraldo de Merlo. Y el sagrario, es una verdadera joya de historia y de arte que ennoblece el centro del altar mayor, fue, hasta su donación al monasterio, un escritorio de Felipe II, hecho en Roma, en 1561, por Juan Giamín.

Después nos hizo salir por una gran puerta a la que él llamó el Lavatorio del claustro mudéjar y galería de los milagros. Que fue construido a finales del Siglo XIV, en el lugar que antes ocupó la plaza de armas o de defensa del santuario, tiene una superficie aproximada de 1.680 metros cuadrados. En el centro del jardín se eleva un airoso templete, de planta cuadrada erigido en 1405 por fraile Juan de Sevilla, monje del monasterio, y en ella se elevan el arte gótico con el árabe.

En la galería baja de este claustro, colgados de sus muros, penden 29 cuadros de traza antigua que pintó fraile Juan de Santa María, monje sacerdote del monasterio, muerto en 1670. La temática de estos cuadros alude a la historia y prodigios de la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe. Al final del claustro se encuentra entre otros el sepulcro de fraile Gonzalo de Illescas, obispo de Córdoba que murió en 1460. Es una estatua reciente esculpida en el siglo XV por Egas Cueman.

SE SIGUE

Capítulo III
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