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Ver último mensaje VOTACIONES XVIII EDICIÓN DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS

1 ... 9, 10, 11

Ha llegado el momento culminante, la hora de decidir a quien corresponderá el preciado galardón, ese que nos incorporará de pleno derecho ( el prestigio de este concurso internacional así lo avala ) en el exclusivo club de los egregios demiurgos de la palabra.

Estos son los relatos que finalmente se han admitido a concurso. Cada uno de ellos ha sido supervisado para comprobar que cumplen los requisitos establecidos en la convocatoria y todos, salvo error u omisión, satisfacen las condiciones dadas. No obstante pudiera darse el caso de que durante el desarrollo de las votaciones algún forero detectase algún incumplimiento de las bases no percibido por los organizadores y lo pusiera de manifiesto, si así fuera las observaciones formuladas no serían tenidas en cuenta.

El plazo para votar concluye el próximo dia 6 de diciembre a las 23 horas.

Como ya se indicó en las bases del concurso se podrá votar hasta 3 relatos con la siguiente puntuación:

1º.- 3 puntos (Oro)
2º.- 2 puntos (Plata)
3º.- 1 punto (Bronce)

Para facilitar su identificación, además del título, se ruega la identificación de cada relato con su número de orden.

Ea, ya pueden empezar a votar, pero antes lean, que no me entere yo que lo hacen por el sistema de pinto pinto gorgorito.

Estela, estimada secretaria, le ruego que se mantenga vigilante y me avise si se produce alguna irregularidad. Gracias mil.



1.- Bajando al moro

Acompañarle en su último viaje, me dijo; Cari porfá!
Valiente cabrón!...Sr. Juez, le juro por mis hijos que esa bolsa no era mía!...para dos días que íbamos a estar en Tanger solo me lleve una muda y el cepillo de dientes...cuando me dí cuenta él ya estaba al otro lado y por teléfono me dijo que le pasara la bolsa...que sí que soy tonta...no, no su señoría no es tonta!...que no joder, que no era mía!
Un finde romántico, me dijo...el último viaje en su puta moto antes de la operación de próstata!


2- Paradoja

Acompañarle en su último viaje no era posible

Mis ojos inquietos recorrían su faz, pálida, mientras recordaba mi pecho pegado a su espalda, mis manos trenzadas en su cintura, ambos a horcajadas sobre la moto, escapábamos de los que intentaban cortar los anhelos de libertad; excitados, gritábamos al viento nuestra locura.

-¡Qué cabrón!

Era el mejor; sus compañeros lo temían. Nunca pudieron pillarle, su Harley tenía alas con las que volaba a esconderse detrás de las nubes. Ahora, yacía allí, con su uniforme

En la puerta la esquela informaba: murió en acto de servicio a causa de un conductor suicida..


3.- La que camina...

Acompañarle en su último viaje
Ella camina detrás, en los ojos espesa niebla
Restos de hierros esparcidos en una curva forman apenas la sombra de una moto que fue y ya no es.
Flores mojadas por el rocío o por las lágrimas de los que lo amaban
La que camina, se detiene y el cortejo también lo hace, mientras las miradas se clavan en su cuerpo de niña
Se da la vuelta y comienza a desandar lo andado, sus ojos miran al cielo cabrón, sin una nube.
Siente en sus pechos erectos la espalda de él y le promete amor.


4.- Sín título I


Acompañarle en el último viaje! Sonaba a tontería cuando lo prometí...que cabrón, que lo tendría pensado, pero qué opción me quedaba? Si se lo dice a mi marido, me arruina la vida. Y si me deja, también...
Total, que estoy dos horas ya subida a esta RT, tensando cuádriceps como nunca y con este traje tan feo...en mi vida me han gustado las motos y viene este tío y me vuelvo loca? Lo mismo solo quiere llevarme de paquete por la tontería de la melena y los tacones...que lo mismo está loco y no hablaba de follar...


5.- Easy Rider

Acompañarle. En su último viaje. El que emprendió a base de ácido lisérgico. Entre bailes chamánicos y mirada alucinada. Baboso, balbuceante, me lo repetía obsesivamente: que me acompañes, coño. No pude negarme, el cabrón de Dennis me apuntó con su pistola y me obligó a tragar la pastillita azul, además él era el director de la obra. Peter, me dijo, tómate la puta pastilla o te vuelo la cabeza. Luego montamos en nuestras choppers y acabamos en un sembrado. El cámara lo grabó todo y fue entonces cuando se nos ocurrió la escena final y el título de la película.


6- Belvedere

¡Acompañarle en su último viaje! 2.000 kilómetros en una moto, ¡y pequeña! Con viento, lluvia y frío. Con la boquita cerrada, buena cara y sin armar bronca, si no quiero tenerlo de morro un mes.

Y todo para ver una puesta de sol en sierra Amargada, ¡qué nombrecito! a 2500 metros de altura y a muchos kilómetros del lugar civilizado más próximo. Eso sí, parece que a la luz del atardecer se ven unos paisajes que te cagas.

Bueno ¡a ver si se me olvidan los cupones y hoy iba yo a ganarme el pan vendiendo entradas para el viaje!


7- ¡Cabrón!

Acompañarle en su último viaje, me propuso. Y hacerlo en el cacharro que languidecía en el garaje.
Acepté sin reservas. Era muy positivo que, tras el ERE que lo había dejado, literalmente tirado en la calle y, en medio de la depresión en que andaba sumido, todavía tuviera ánimos de emprender una escapada en moto como en otros tiempos; y conmigo de paquete. Aunque sólo se tratara de un viaje, para despedirse de sus antiguos clientes.
Nunca imaginé que la cosa había que tomarla al pie de la letra.
¡Cabrón!: Todavía había futuro. Yo, sí tenía trabajo y… ¡quería vivir!


8.- Tecnicismo

Acompañarle en su último viaje,
motos,
ni puta idea,
no me sale,
no sé.
Yo sé de pieles,
de olores,
de amores constreñidos.

Yo cabalgo,
(tú me cabalgas,
ellos me cabalgan).

Vuelvo a las camas vacías,
han dejado de ser mágicas
ni siquiera son camas.

Tu máscara
su máscara
mi aprendida resignación.

La puerta de madera
que nada tenía de misterioso.
Y las piedras,
Y mis labios
y mi lengua.

A mí ni siquiera me besó un sapo
Pero me llamo igual.

Mi pelo no ondea al viento,
mi pelo convulsiona
al son del esqueleto oxidado de una cama,
cabrón.


9.- Fin

Acompañarle en su último viaje fue mi gran deseo. “Tienes que venir, cabrón” fueron las sutiles palabras que emergieron de tan apetecibles labios femeninos. No supe negarme a lo que más anhelaba. Subidos en las moto nos dedicamos a ladear curvas, buscar vientos de cara, perseguir fantasmas, salpicarnos de charcos. En la casa vieja reímos como locos, corrimos junto a las máquinas para no pillarnos hasta pillarnos, hasta besarnos con la furia de un escape abierto, hasta reír como críos que ya no lo son. Recogimos flores, nos hicimos con la hierba, nos amamos locamente mientras se acababa el verano.


10.- Revelación

Acompañarle en su último viaje, en la salud y en la enfermedad, todas esas cosas que él me dijo un día, como se dicen a todas, es que son iguales. Yo, inocente, sintiéndome única, la mujer de su vida, hasta que, como todas, claro, me di cuenta, una caricia descuidada, los ojos furtivos, un desapego como de cuerpo en tránsito, tú tienes a otra, cabrón. Se echó a llorar y, de repente, fui consciente de que la prueba siempre había estado ahí, ciega de mí, impregnando su ropa, sus manos, sus cabellos y la casa. La moto, la puta moto.


11.- Recuerdos

Acompañarle en su último viaje y dormir juntos donde el camino y la noche nos dejaran, éramos jóvenes y la moto acompasaba su motor con nuestras risas, cabrón, cabrón, le gritaba yo cuando de repente aceleraba sin motivo y me obligaba a agarrarme firmemente a su cuerpo y su aroma. Viajando veloces hacia el incierto destino que nos trazaba el asfalto, carreteras interminables como la vida que imaginábamos, ajenos aún a esa contradicción de rectas e intersecciones en la que un día nos extraviaríamos. Cuánto camino y cuántas noches, cuánta risa, el muro de su espalda donde yo era hiedra.


12.- Desconocido

Acompañarle en el último viaje. Qué menos podía hacer con aquel desconocido, a quien sólo me unía la afición por la moto, que rendirle un postrero homenaje con mi presencia. Aunque más que en su honor creo que fue en consideración a su familia, como si mi asistencia al funeral tuviera la calidad de una ofrenda: la de la imagen de aquel ser lleno de vida, pilotando su moto, impresa en mi retina segundos antes de que se golpeara contra el poste cabrón de aquel guardarrail. Sigue presente en mi memoria. Y el desgarrado llanto de sus hijas: papá, papá.


13.- Cambio

Acompañarle en su último viaje...definitivamente no fue una buena idea.
A él si se lo pareció, para retomar lo que teníamos y que parecía haberse perdido.
Insistió que fuera en moto, y yo por no comenzar peleando dije que sí.
Aunque él sabía que no me gustaba viajar en moto. Qué cabrón. Parecía que me quería poner a prueba, como si buscase enervarme cada vez más.
Después de todo, el viajar en moto fue la parte buena, sin silencios, sin rencores, sumido cada uno en sus pensamientos.
Cuando el viaje acabó, le dejé a él y me compré una moto.


14.- Corriente Alterna.

Acompañarle en su último viaje era mi compromiso con él.Una moto le había traído hasta aquí,una moto y un chute de heroína,que le hizo entrar a todo gas en el patio de un colegio.En su mente un videojuego.La realidad, dos niños muertos y nueve heridos.Pudieron ser más,se quedó sin gasolina.Encima la moto era robada.Con mi mano apoyada en su hombro y un séquito detrás,iniciamos el corto viaje hasta una sala más grande.Rompió el silencio el “verdugo”,preguntándole si quería decir algo.Su respuesta fue - ¿puedes cortar la luz cabrón? - Muy gracioso- respondió el "verdugo".Y con corriente,apagaron su luz para siempre.


15.- Sin título II

Acompañarle en su último viaje, de eso me acusaba. Antes de desvanecerse, Darryl había dejado su rastro por todo el condado. Aquel sheriff cabrón no tenía ni idea de dónde estaba. Parecía increíble todo lo que había hecho. Te vieron con él hace un año, me dijo. Tú eras quien le acompañaba. Por un instante, sólo por un instante, me sorprendí: Darryl nunca me hubiera dejado que le acompañara. Hace un año me dijo: Mira, chaval, consigue otra moto. Se reía de la mía. Pero ¿quién había ido con él? El sheriff no lo sabía. Sí, era yo, le confesé.


16.- El salto

Acompañarle en su último viaje no era lo que tenía previsto cuando se subió a la moto. Su amigo lo había convencido para que hicieran un salto desde el aire. Como él tenía experiencia irían en el mismo paracaídas.
Al momento de saltar desapareció el miedo y sintió una agradable sensación de libertad. La tierra se veía cada vez más cerca pero el paracaídas no se abría. Entonces escuchó la voz de su amigo.
-Este es mi último viaje y he decidido que me acompañes.
-No me jodas y abre el puto paracaídas, cabrón.
-Tranquilo, no vas a sentir nada


17.- Pensando sola.

Acompañarle en su último viaje era la frase con la que debía empezar el relato. Y se me había quedado grabada... Aunque había participado, solo pensaba volver a entrar al final a votar, pero no se a santo de qué entré a leer... Y allí estaba: Buro gastando bromas con lo de hostiarse y matarse en la moto. Con niños llorando y todo. Que cabrón...
Así que hago la maleta pensando si este tanga o este culotte, porque lo podrían ver los de urgencias, los de la funeraria, mi suegra...
Acompañarle en su último viaje...
Qué cabrón...
Y con moto...


18.- La Reina Roja.

Acompañarle en su último viaje se convirtió en algo más fácil de lo esperable, no quedaba otra, acabaron marchándose todos, alienándose, los fue exiliando poco a poco. Aquella imagen de diosa cabron-a diablesa a horcajadas de una moto no fue lo bastante evocadora como para embelesar a todos los machos del lugar el tiempo suficiente. De acuerdo que las hembras fueron las primeras en abandonar el barco, pero ellos fueron desfilando en pos de los mutilados torsos de las no derrotadas amazonas . Ahora sólo estamos ella y yo, no me mira, pero sabe que estoy ahí y tengo miedo...


19.- ¡CABRONES!

Acompañarle en su último viaje significaría el penúltimo intento por acabar con su virginidad.
- !No hasta que nos casemos! ¡ Búscate una cabra!
- Sabes que no tengo dinero para casarnos.
La intransigencia hizo que terminara comprando una cabra. Allí en la plaza, donde vivía su novia, estaba con la cabra asida por los cuernos para amarla en cuanto ella apareciera por el balcón. Y en el momento justo penetró al animal con tal fuerza que fue arrastrado del susto. Al verlo la suegra espetó…Mira hija ¡Dice que no tiene dinero y el cabrón se compra una moto nueva!


20.- Canto de cisne

Acompañarle en su último viaje fue todo un honor CABRÓN, sabía cual era su cometido final CABRÓN. Con moto bien bruñida inició su trayectoria CABRÓN. Recta como un hilo bien tensado, serpenteante como un delantero esquivando al defensa CABRÓN. En su loco trayecto echaba mil chispas por el escape CABRÓN, vigilando la posición de los otros por el sonido CABRÓN. Debía llegar en su momento para dar una información esencial CABRÓN. Más lejos, un poco más lejos, zigzagueando entre el humo de los otros CABRÓN, seguro de su destino, y marcar el fin de los fuegos artificiales CABRÓN CABRÓN CABRÓN.


21.- Un ser de lejanías

Acompañarle en su último viaje, en el que, aseguró, iba a terminar su vida errante. Un último homenaje a su vieja moto, que antes fuera del cabrón de su padre. De él heredó no sólo la máquina, también la mirada absorta, un desasosiego como de animal en fuga, el desapego, en suma. “Te elijo a ti, sube, acabemos con esto”, recuerdo que me dijo en voz baja, mascullando, como si a cada palabra le costara escapar de la cárcel de su boca. Me quedé de pie, mientras el motor aullaba, fustigado. Desvió la vista y arrancó. Nunca más lo vi.


22.- Apretando que es gerundio

Acompañarle en su último viaje: mi sueño hecho realidad.
No me gustaban las motos, pero el motorista ¡sí¡
Esos viajes consistían en recorridos por un circuito predeterminado.
Me pertrechó de casco y recomendación: “Cógete fuerte a mí”
Así lo hice, rodeando con mis brazos su cintura; pero cuando el miedo me podía, inconscientemente bajaba las manos por su barriga y apretaba con fuerza.
La anécdota, rememorada en cualquier reunión, la cuenta él que tiene más gracia: “Ella venga a apretarme los huevos una y otra vez; yo aguantando como podía y el cabrón del circuito que no se acababa nunca”


23.- La moto de Juanito

Acompañarle en su último viaje, al pueblo vecino antes de marcharse a Madrid a la Universidad. Eso me pidió él.
Me quedé alucinando en colores, hasta que me di cuenta de que me estaba utilizando para darle celos a una de mis amigas, la guapa del grupo. ¡Que cabrón!. Aún así acepté. Disfruté de la brisa en mi cara, de los prados verdes que bordeaban la carretera, de la maravilla que es sentir la velocidad en los huesos y en los músculos. Desde entonces mi afición a las motos ha sido algo inigualable. Y todo gracias a él, a Juanito.


24.- Su último viaje

Acompañarle en su último viaje era algo que siempre había rondado en mi cabeza...
Los últimos años habían sido muy duros, su enfermedad avanzaba y en él se fue fraguando esa idea de la que alguna vez habíamos hablado ; cuando viese que las fuerzas le abandonasen de tal manera, que ya no pudiese montar en su moto, su último refugio, se marcharía.
Sé que había llegado el momento y mi vida, después de tantos años, dedicada a él, no tendría sentido, así que me monté detrás, clavé mi pecho en su espalda y le dije, ¡vamos cabrón, llévame contigo!


25.- MUJER FATAL

Acompañarle en su último viaje en moto era una de las mil cosas más que aquella mujer se había propuesto hacer conmigo.
Y todo porque aquel día, en mala hora y en un momento de esos de desfallecimiento que todos tenemos en la vida, cuando la inteligencia se adormece y la incredulidad se suspende; cuando la conciencia está desarmada por el alcohol, los problemas o la estupidez; o cuando uno, como un perfecto cabrón, se dirige directo al abismo sin reparar en que va solo y sin frenos ; se me ocurrió decirle aquello de ¿pero tú, estudias o trabajas?


26.- Si el viaje no acabara nunca.

Acompañarle en su último viaje una vez más antes de volver a casa, al deber. Buro volaba en su moto hacia Lía, barruntaba la mejor manera de decírselo, contarle que ya nunca más la ayudaría a desatar las cintas de sus zapatillas rojas, ni contemplaría sus pies descalzos antes de perderse en su mundo de sueños. Cómo despedirse de ella sin parecer un cabrón. La subiría por última vez en su moto, sentiría sus brazos alrededor de su cintura y su cabeza apoyada en su espalda con la confianza de quien todo lo entrega. Si el viaje no acabara nunca...


27.- ¡Anda y que le den!

¿Acompañarle en su último viaje? ¿eso quería el cabrón que hiciera yo? ¿Y qué quería, que llevara una custom como a él le gusta? ¿O en la naked esa que le gusta a sus amigotes? ¿Cómo hacer eso si sólo me muevo con Choppers?, y qué más da si antes que perder el tiempo encima de esos cacharros yo tengo que perseguir a eLeyeLe y descubrir el secreto de sus bragas, si aún tengo que vengarme del foro éste de marujonas enredadas en peleas sin fín. Aún tengo que vengarme de este foro que me ignora. No, nunca le acompañaré.


28.- Estrategia para romper sin dar explicaciones

-¡Acompañarle en su último viaje! ¡En moto! ¡Que cabrón!
No podía hacerlo me daban pánico. Pensar en subirme en una me ponía los pelos como escarpias.
-¡Es us ultimatun!, dijo.
No quiero vivir con alguien que no comparte mis aficiones.
-No, no puedo hacerlo, me moriré, el terror que siento por ellas paralizará mi corazón y dejará de latir. .
-Nadie se muere por ir en moto, ¡vamos! si lo haces la dejaré para siempre, si no subes, te dejaré a ti.
-¡Nunca lo haré!
¡No me dejarás, no es motivo para hacerlo, no jusfifica una ruptura.
¡Que no!
¡Adios!


29.- Estrellado

Acompañarle en su último viaje, o en el último tramo,así como lo prefieran. Tras llegar al medio día ya era como una moto loca desbocada en pendiente, qué cabrón, me lo encomendó a mi. Viajamos por el etéreo hacia abajo, sin detenernos para tomar aliento, viendo todo lo que no había podido ver a lo largo del día, como en una visita de urgencia a un museo que no puedes decir que no has visitado pese estar allí. En el momento preciso cogí mi querido Sol y lo tiré sobre el horizonte para que se hiciera añicos de estrellas.


30.- Las Edades de un Motero

Acompañarle en su último viaje por las Edades del Hombre.

- ¿Dónde quedó la “Edad del loro” cuando nos contábamos todo mientras viajábamos en chulísimas motos? - Edad del oro
- ¿Dónde la “Edad de la gata” en que arañaba tu espalda de lata con mis botas desgastadas? - Edad de plata
- ¿Dónde la “Edad de la cabra” de ese vehemente cabrón con apetito inquebrantable de curvas, faldas y camas? - Edad del cobre
- ¿Dónde la “Edad del lince” quemando rueda sobre el asfalto de la piel pavimentada de tus redondeces? - Edad del bronce

Que nada te falte, que nada te sobre, mi querida amante.


31.- Una moto llamada Lulú versus ultimátum de Mujer .

Acompañarle en su último viaje a la inocencia, donde TODO se repartía, entregándose generosamente –Gozándonos tú y yo- Edad en que nada teníamos.
Luego apareció Lulú.
El jinete lívido cabalgó con libido sobre Lulú, corcel de plata, vividor de “Rutas verdes”.
Despréndase del bastón la “R” de Rutas, en “P” de Putas transfórmese. Visitas asiduas. Libidinosas putas tristes de Gabriel García Marquez.
Algo robó veinte años de tu vida ¿Fui yo? ¿Mis ligeros libertinajes sabáticos? ¿Fue Lulú? ¿Fueron espejismos nuestra entrega mutua?

- ¿Lulú?
– Quí, c’est moi.
- Dispénsame por entregarte al desguace. Chatarrero cabrón.

¿Tú o ella? –Desafío de otra mujer-


32.- Situaciones

Acompañarle en su último viaje me tentaba muchísimo. Me gustaba su moto, esa Harley antigua con la que habíamos recorrido medio mundo. Reclinada sobre él con su espalda dentro de mi, sentía que mis senos se endurecían. Notaba su sonrisa y como el cabrón aceleraba más y más para sentir toda la tensión contenida en mi. A veces me olvidaba de lo que estaba viviendo y me lo imaginaba como mi marido, alguien al que había conocido un día cualquiera y con el que había surgido un flechazo. La realidad me aturdía ¡cuanto me gustaría que no fuese mi hermano!


33.- Halloween

¡Acompañarle en su último viaje! El mayor honor que jamás hubiera acariciado: él era un eminente científico; yo sólo una discípula.
_Tú -me dijo- limítate a registrar todo lo que te sorprenda y, sobre todo, no olvides constatarlo en el tiempo con que se rigen por allí.

Me sorprendió que nuestra presencia ni les inmutara.
Me sorprendió ver tantos entes de tentáculos color verde, tan similares a nosotros.
Me sorprendió que el transporte generalizado llamado moto, fuera como el juguete de nuestras camadas.
Me sorprendió el uso constante del sonido ¡cabrón!

Data: Tierra - Treinta y uno de octubre - Hora veinticuatro


34.- Prelunademiel

Acompañarle en su último viaje por carreteras flanqueadas de amarillentos álamos, escalar la cima de formidables montañas, descender por suaves toboganes de asfalto hasta las sombras de algún valle, emerger a la luz espaciosa de verdes llanuras y atravesar ciudades de cemento y humeantes polígonos industriales color ceniza. Recalar, finalmente, en una playa de tibia arena: la moto apenas iluminada por la tenue luz de un sol agonizante, nuestros pies descalzos acariciados por la blanca espuma de las olas, y las gaviotas, como palomas de ciudad, desperdigadas por la playa buscando comida. Eso me susurraba mientras me follaba. Mentiroso cabrón.


35.- Pero dónde...?

Acompañarle en su último viaje, eso le pediría, eso le diría por fin después de tantos años en la misma calle sin luces, subida a la misma moto para la que ya no se fabrican piezas, vistiendo el mismo traje negro ya raído:

Cabrón, acompáñame y deja que me jubile.

Paró la moto, echó pie a tierra, se giró, subió la cremallera que ya empezaba a engancharse después de 30 años de sube y baja, el traje negro ciñó a duras penas sus enormes y ya flácidos pechos y preguntó una vez más:

- Dónde está Jacqs? Dónde coño está Jacqs?


36.- El último viaje.

“Acompañarle en su último viaje”. Ahora comprendí la verdad que escondía esa frase, cuando me invitó a que diésemos un paseo en moto y nos estrellamos contra un enorme camión que venía de frente. Sin poderme mover, veo pasar ante mí esos días en que Andrés, (el mejor amigo de mi esposo y mío), y yo fuimos felices y mi desesperación esta última semana en que no supe nada de él. ¿Cómo fue posible que, hasta ahora, no hubiese sospechado lo que le había ocurrido? ¿Qué creyese que me había abandonado?…. Oigo una sirena lejana, voces, esto se acaba. ¡Cabrón!








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