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Ver último mensaje Votaciones XVI concurso de microrrelatos

1, 2

Pues nada, llegó La hora de las votaciones. Espero que haya mayor participación que la que ha tenido el certamen en sí, más bien pobre, todo hay que decirlo.

Bien, el plazo para votar será de 10 días, más que suficiente, creo yo, de modo que siendo ya prácticamente 2 de abril, se podrá votar hasta el 12 de abril inclusive.

Se podrá votar a cuatro relatos, otorgándose 5, 3, 2 y 1 punto respectivamente, por orden de preferencia.

Los relatos participantes son los siguientes:

1
Corre corre que te pilla

Pertrechados con Biblias, estampitas, rosarios, estacas, latas de cerveza y unos porros nos encaminamos, entrada la noche, animados a capturar al hombre que, bajo el influjo de Selena, tornábase lobo sanguinario.

Iba divertido, escuchando las disparatadas historias de mis crédulos amigos; registramos hasta el mas recóndito rincón del viejo caserón cuando cansados, aburridos y sin cerveza ya, nos sentamos contra la pared.

¡HUUUUaaaauuuu! no pude reprimir el escandaloso bostezo, cuando de repente saltaron todos al unísono y se lanzaron despavoridos corriendo cuesta abajo; pocos segundos me bastaron para alcanzarlos y superarlos, braceando como molino en vendaval. En la luna del viejo almacén se reflejaban nuestras siluetas alocadas a contraluz sobre Ella.

- Si no crees en hombres lobo ¿por qué corrias? me interrogaban...


2
El violinista

Es una noche triste, de esas en que a la luna le da por verter lágrimas de plata. También lloran las cuerdas de mi violín, lágrimas sonoras en su caso, lágrimas que rasgan el silencio nocturno para acompasarse a la propia melancolía lunar. Las acacias recortan sus sombras contra el cielo oscuro, del que como lentejuelas penden racimos de estrellas, y las notas de mi violín, como esas mismas estrellas, se esparcen en la noche amarga.
Me pregunto si alguien me escuchará; supongo que no, condenada cada nota a franquear el desagüe del silencio hasta perderse en la inmensidad oscura. Aunque quizá me escuche la propia luna, incluso puede que sea precisamente mi música la que provoque su llanto, mi música preñada de melancolía.


3
Luna azul

Desde que se constituyeron como pareja asumió que, durante dos días al mes, no podía contar con él para nada. Tener trabajo estable en los tiempos que corren, exigía este sacrificio.
Pero es esta ocasión cuando le dijo que le tocaba guardia, se mosqueó: era la segunda vez en el mismo mes.
Así que le planteó un ultimátum: o la dejaba por esta vez acompañarle donde quiera que fuera, o cuando regresara, ya no la encontraría en casa.

Epílogo:
Son muy felices: tienen una lobito -perdón un niño- precioso, que aúlla a La Luna que es un primor.


4
Hechizo de Luna

Noche mágica de luna llena. No es la luz, es la energía de sus dulces y cálidos rayos. ¡Y que poder de ella emana!
Galvanizado, electrizado, hechizado, salgo de "casa", ávido de caza y carne; más de la primera que de la segunda. Si me paro a pensar - pero en ese estado no pienso - ni tengo mucha hambre, pero algo misterioso me mueve a la acción, y la destrucción es apenas el efecto.
En la selva iluminada cojo un wallaby desprevenido, disfruto de su carne y sacio una parte de mí, pero una otra parte busca aventura. Un cordero de un hombre que me juró la muerte, protegido quizás por un perro de malos instintos: la presa ideal, y para aperitivo, su sangre caliente.
Huuum...


5
Extraños

Llegaron de noche, y fuera eso, o su piel tan pálida, o su mirar oscuro, o que los mantuvieran agrupados y lejanos como animales amenazantes, lo que hizo sospechar a los niños de nuestro pueblo que venían de la luna.
Alguno, que se atrevió a aventurarse hasta las proximidades de la alambrada, regresaba contando historias fabulosas de seres vestidos con trajes de estrellas, que caminaban con la parsimonia de los seres ingrávidos y nunca reían.
Un día desaparecieron, y durante algún tiempo los niños alzaban de noche la mirada escudriñando el cielo, mientras los ancianos agachaban la cabeza a la vista de las columnas de humo que ascendían más allá de los montes.

6
Noche de San Juan

La noche olía a fuego. No eran sólo las hogueras, cuyas flamígeras lenguas crepitaban por toda la costa; era la propia noche la que parecía arder, como si miles de estrellas hubiesen simultáneamente deflagrado. Ruth entornó los ojos y miró al cielo: la luna aparecía roja como ese mismo fuego que bailaba junto al mar, roja como la sangre brotando de una herida abierta, roja como las pesadillas que se cuelan entre las grietas del alma. Decenas de luminares fulgían en la oscuridad, lunares blancos sobre fondo negro, y descollando entre ellos la luna de sangre, esa gran luna que, centinela del Olimpo, vestía de plata sus vaporosas formas femeninas. Era su noche, la noche del fuego y de la luna, la noche de Ruth.


7
Vértigo.

Un traje corto, negro, de seda, las medias de encaje por medio muslo, mientras me las subía, mis ojos se prendaron en la parte blanca que ambas prendas dejaban al aire, el contraste entre los dos colores enfrentados era tanto que atrajo mi atención. Mis ojos resiguieron la línea de los muslos. Lancé una mirada a través del cristal, todavía no había mucha gente, los parroquianos seguramente estaban aún cenando. La luna en lo alto presidía majestuosa la noche y se reflejaba en el canal, su reflejo en la superficie se rompía con la sombra que los árboles proyectaban sobre él. Me subí en unos tacones y pensé sufrir un ataque de vértigo.


8
Pepa a loba

Vuela el trueno por la ladera. El rayo cruza las nubes como un navajazo que anuncia un tragedia inevitable. Pepa, se retuerce, se clava las uñas. En su cabeza un último pensamiento; tengo que morir yo, tengo que acabar con esta locura que no entiendo.
Sus ojos se enrojecen, su piel se rompe y por ella brotan aceros negros que la cubren. Siente como las encias crujen mientras los colmillos las empujan salvajemente.
Mañana habrá dos o tres muertos más en la parroquia. Pepa, la loba. El influjo de la que más teme, la Luna, la vuelve sanguinaria y feroz. Lo único que siente es ansia de matar, de degollar y se lanza a la caza.


9
Su sueño

Desperte empapado en sudor. Un estremecimiento me recorrió la espalda
-Tengo fiebre, pensé, me toqué la frente y la noté fría.
El espejo de la habitación me devolvio la imagen de la luna, que se colaba por mi ventana. Dentro de esa luna, estaba yo y tambien ella. Intenté ordenar mis pensamientos. Yo no podía ser tres cosas a la vez: luna, mujer, hombre ¡imposible! Entonces ¿porque sentía que por mis venas corrian manantiales de sangre de luna y porque sentia su caricia, la de ella, hurgándome las entrañas?
Apagué la luz e inquiento intenté dormir de nuevo. El reflejo me confirmó lo soñado, ambas me habías poseido salvajemente y disfrutaban de mi cuerpo que se tensaba. Cerré los ojos y sonreí feliz


10
La cara oculta

La luna está llena. Siento su influjo. Salgo a la terraza y me dejo bañar en su luz de plata. Hace frío y me estremezco. Elevo la mirada hacia ella y la veo en su nívea dignidad. Y me gustaría saber permanecer así, señorial y tranquila, observando todo lo que pasa aquí abajo, sin inmiscuirse.

La luna es mi astro y ella marca mi camino. A veces, creo que he heredado su frialdad y que puedo permanecer impertérrita ante muchas cosas.
Otras me siento arder, no me siento a la altura de su serenidad.
Pero de repente, recuerdo que la luna tiene una cara oculta. Una que nunca nos permite ver. Y sonrío. Porque sé que yo también soy así.


11
Luna, sin más

¿Dónde estabas?
En la luna
¿De Talavera o de Valencia?
No tiene relevancia
¿Es bonita?
¿Nunca has estado?
¿Hay que ir?
No
Pues no
¿Por qué?
¿Para qué?
Para soñar y ser feliz
¿En la luna?
¿Dónde si no?
¿Está lejos?
Lo decides tú
No lo entiendo
Hay que sentirlo
¿Me acompañas?
Vamos.


12
La luna de hiel

De los astros y de los satélites, la luna es la reina de los amantes, untada de miel da nombre a las noches en que nada está prohibido a los enamorados, los malos pensamientos son de obligado cumplimiento, son noches de almíbar y efluvios, fantásticas sin sueño, soñando. Una realidad de un resplandeciente rayo de luna, palabras hermosas y guarrillas que jamás se habían dicho antes, besos audaces e intensos que van mucho más allá de los besos tímidos primerizos, susurros y risas picaronas.

Nadie piensa en el futuro gran evento "la luna de hiel", la misma luna y a la vez tan distinta.


13
Sí.

Olía a orines, a suciedad incrustada, a crema de afeitar rancia, a humedad, a ropa amontonada, a sudor, a demasiada gente, a ignorancia, a resignación, a crueldad aprendida, a no quiero mirar, a no veo, a no sé, a ahora le tocó a ella, a falta de luz, a callejón,
a espejo roto, a peines infectados, a pubertad sucia, a niños olvidados, a lunas que asustan, a brochas desmochadas, a alcohol, a horrores heredades, a maldades enseñadas y aprendidas, a herencias tristes...


14
Con su sonrisa blanca

Salió del coche y respiró profundamente. Como un verdugo invisible, el viento azotó su rostro. Se sentía terriblemente sola y desvalida, necesitada de unos brazos en los que cobijarse que no fuesen los suyos propios. Pero ¿qué otros brazos podían confortarla? Elevó los ojos al cielo, que a esas horas semejaba una gigantesca lámina de obsidiana, buscando una respuesta que de antemano conocía. ¿Quién sino él podía abrazarla y transformar de repente todo su frío en oleadas de calor? ¿Qué brazos sino los suyos podían aplacar su angustia? ¿Quién sino él podía hacerla feliz? Sin poder reprimir por más tiempo sus emociones, rompió en un desconsolado llanto, mientras allá arriba, espectadora de excepción, la luna seccionaba la obsidiana con su sonrisa blanca.


15
La clocha

Luna luneas la noche lunada, te traigo yo estas luneras para que lunes a gusto mientras chapo la clotxa rellenando de migas la luna media y al campo a clotxear. Degusto los sabores que anoche lunaste con los cuernos o la bola o la imagen dela chota, con el buen vino que me acompaña y el cánido rabo que en buena curva te imita ; con un ladrido me dice que ya desluneas lo luneado así que arreando y otra vez para casa.


16
La Luna: tan cerca y tan lejos

Tras el encuentro fue ineludible rememorar viejas vivencias, como cuando aterrados, contemplaron tres seres flotando sin ton ni son; o cuando sus padres les amenazaban que, si no se portaban bien, vendrían aquellos terrícolas y se los llevarían; o lo divertidas que eran las publicaciones traídas de sus viajes a la bola azul, donde se les dibujaba como esponjas con un ojo, o verdes y viscosos insectos con antenas y se les llamaba cosas como selenita.
Con tamaña imaginación, poco había que temer de unos vecinos a los que les estaba costando tanto venir. ¡Con lo fácil que siempre fue!


17
Luz de luna

Noche oscura de luna blanca, hermosa luna que resplandece sobre el perfil del mar formando una estela de plata. Sentada sobre la arena, temblando por el relente de la brisa marina, te miro y pienso… te recuerdo de otra noche bella luna, estabas allá en lo alto, cuando juré por ti no volver a amar.
Más no pudo ser y regresaste toda encendida y redonda para dibujar un lienzo multicolor sobre el cielo de verano, para ser el candelero constante y fiel de miles de amantes enamorados.


18
Un día es un día

Se pone guapa, su vestido de salir, zapatos bonitos, nariz bien empolvada y a recorrer el mundo de la mano del Sol o ella solita pero con luz diurna. Un día es un día y hoy toca transdiar.


19
Mutis

Nunca, salvo que las nubes lo impidieran, se ha perdido el espectáculo de la luna llena.
Ahora, enamorada de esa manera que sólo sucede una vez en la vida, sueña con contemplarla junto al hombre que ama en silencio.
Hoy, mientras vuelve a disfrutar con esa luna tan especial, lo ve llegar por el paseo; se dispone a salir a su encuentro cuando aparece Susana, compañera laboral de ambos.
Él y Susana, se funden en un beso apasionado, perdiéndose luego en la lejanía cogidos de la mano.
La luna, empática, hace mutis escondiéndose tras unos nubarrones. Los cielos, estallan en llanto.

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