No era el ratoncito Pérez, pues no...

Radio patio funcionando. ¿Cómo son los foreros?¿A qué saben, a que huelen, qué les gusta, que odian? Para hablar de nosotros mismos, mismamente
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No era el ratoncito Pérez, pues no...

Mensajepor El P©stiguet » 13 Ago 2016 09:00

"Pusiesque un ratón término medio sacó la cabeza del hoyo que tenía para salir y se quedó mirando, con dientes peladitos, para todas partes del cuarto. Y dijo:

—¿Cómo es posibilísimo que haya engordado tanto que ya ni puedo salir de este agujero sin agujas para ir a mi faena cotidiana de este día equinoccial?

Y se regresó, prudentemente, para consultar a un doctor de ratones, que sólo daba consultas por ratitos. Como, por suerte, vivía intramuros de la residencia (de domicilio ignorado para las gentes y los gatos) no había que andar pasando puertas que se encogían, quizás de la humedad reinante o de miedo.

El doctor se puso los anteojos y lo auscultó con un esculapio de madera. Y le dijo que dijera "¡me!", respirando profundo.

—No quiero porque soy chivo, doctor. ¿Por qué no digo mejor "¡mi!", que suena más a rata? —dijo el ratón con una risita.

Pero el doctor se puso bravo y le gritó:

—¡O me obedece instantáneamente, o me voy a otra parte con mi valija de lija y con todos mis instrumentos (menos guitarras y mucho menos marimbas, que por una parte no caben y, por otra, se usan poco frecuentemente en cirugía ginecológica cuerperil)!

El ratón, ahaciendo un esfuerzo completamente neurasténico, logró al fin pronunciar el lamento terneril de chivo.

—Se ve que está bastante grave de los intestinos. Así es que hay que darle algo específico, no muy espeso, para que no engorde más. Le voy a recetar, por primera providencia (que no es todavía la divina providencia) una cucharada de papel secante, cada media hora, para que se vaya poniendo seco, seco y pueda escurrirse por las rendijas de la susodicha puerta —dijo el doctor bien serio.

En un ratito, la ratita que asistía al doctor, le trajo la primera cucharada de papel secante. También le tomó el pulso, que lo tenía bien débil y malo: de cinco elotes que arrojó a una maceta que estaba paradita en un rincón, sólo tres elotes había acertado. También la temperatura le había subido tantito, porque ya la llevaba por la manzana del galillo. Y seguía subiendo definitivamente, a simple vista, cuanto más con un telescopio estratosférico.

El ratón fue, poco a poco, secándose —reloj en mano— de cucharada en cucharada como una mojama. Pero quizás la ratita se pasó de la dosis, porque cuando vinieron a dar las once y media, tres primeros y dos segundos, el ratón era una simple tira de terciopelo gris plata. Pasaba perfectamente por la puerta, pero no podía volver a entrar porque había que dejarlo en el cementerio, detrás de un tenunte de cemento.

Y así acaecieron los sucesos desconcertantes. El pobre ratón se quedó con los dientes peladios al sol; no era sonrisa encantadora ni nada, sino el rictus patético de la muerte. La que, después de todo, suele ser el puro final del término de todo lo que fenece, perece, se acaba, se destiñe y es tumba de los desexistidos de todos los tiempos. Y seacabuche.


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Re: No era el ratoncito Pérez, pues no...

Mensajepor Umbroman » 13 Ago 2016 14:08

Pirómano...
Amante de las casas en llamas...
Provocador de incendios forestales...
Usted ríase. Y acabará calcinado. Como todas sus víctimas, vegetales y humanas.
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Re: No era el ratoncito Pérez, pues no...

Mensajepor El P©stiguet » 13 Ago 2016 16:21

Los incendios forestales, son mis vicios semanales. Me gusta el fuego, y viéndolo crecer me río luego. En cuanto a la calcinación, puede usted creerme que no tengo predilección. Por el fuego con su humo, que mi vida no consumo, y, con sumo remordimiento, créame que nada siento. Siento frío y siento calor: siento veintiuno más uno siento veintidós. Pues eran dos, y no tres, las hijas de Elena, las que marcharon en tren a las fiestas de Mairena, y allí, con faralaes vestidas y claveles en el moño, a buen precio en el mercado vendían su fresco ñoño. Fue don Manuel de Lucena, rico y galante señorito, que por tocarles el ñoño de dinero gastó un pico. Un pico y un potosí, hasta que las niñas dijeron "sí". Y enterada Elena, de la excelente recaudación, también puso su ñoño a la santa veneración. Y la cosa fue tan comentada por Mairena y alrededores, que los ñoños aparecieron como tras la lluvia los caracoles.

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Re: No era el ratoncito Pérez, pues no...

Mensajepor Umbroman » 13 Ago 2016 18:46

Muy femenino. Lo que yo decía.

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