LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

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esmorca
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LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor esmorca » 03 Oct 2014 11:55

Como no podia ser menos, yo practico el leismo laismo y el loismo..aqui en Galicia, no me digan por qué, no es habitual..la gente tiene hecho el oido y no cae en ese error ( o eso creo yo..)
Total que me he propuesto enmedarme y he acudido a la RAE a ver qué decia al respecto ..y siceramente,,,que “la” den…a la RAE.

Uso de los pronombres lo(s), la(s), le(s). Leísmo, laísmo, loísmo
Para usar adecuadamente los pronombres átonos de 3.ª persona lo(s), la(s), le(s) según la norma culta del español general, debe tenerse en cuenta, en primer lugar, la función sintáctica que desempeña el pronombre y, en segundo lugar, el género y el número gramatical de la palabra a la que se refiere. En el siguiente cuadro se muestra la distribución de formas y funciones de estos pronombres:
singular plural
3.ª pers. compl. directo masc. lo
(también le, cuando el referente es un hombre)1 los
fem. la las
neutro lo -
compl. indirecto le
(o se ante otro pron. átono) les
(o se ante otro pron. átono)
1En el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (RAE, 1973) se condena el leísmo referido a cosa, pero se permite el referido a persona masculina singular; el leísmo plural siempre ha sido censurado por la Academia, ya que su baja incidencia desde los textos castellanos más antiguos atestigua que tampoco lo ha sancionado nunca mayoritariamente el uso de los hablantes cultos.
A continuación se expone de forma sucinta la norma que rige el empleo de estos pronombres:
• Cuando el pronombre desempeña la función de complemento directo, deben usarse las formas lo, los para el masculino (singular y plural, respectivamente) y la, las para el femenino (singular y plural, respectivamente):
¿Has visto a Juan? Sí, lo vi ayer.
¿Has visto a Juan y a los niños? Sí, los he visto en el parque.
Compré la medicina y se la di sin que nadie me viera.
¿Has recogido a las niñas? Sí, las recogí antes de ir al taller.
[Dada la gran extensión en el uso de los hablantes cultos de ciertas zonas de España de la forma le cuando el referente es un hombre, se admite, únicamente para el masculino singular, el uso de le en función de complemento directo de persona: ¿Has visto a Jorge? Sí, le vi ayer en el parque].
• Cuando el pronombre desempeña la función de complemento indirecto, deben usarse las formas le, les (singular y plural, respectivamente), con independencia del género de la palabra a la que se refiera el pronombre:
Le pedí disculpas a mi madre.
Le dije a su hermana que viniera.
Les di un regalo a los niños.
A pesar de la aparente simplicidad del sistema, existen casos excepcionales o aparentemente excepcionales dentro de la norma, así como una enorme variedad en cuanto a los usos efectivos en las distintas zonas hispanohablantes. Si se desea información pormenorizada, pueden consultarse los artículos leísmo, laísmo y loísmo del Diccionario panhispánico de dudas, así como las entradas dedicadas a verbos que plantean problemas a los hablantes en cuanto a la selección de los pronombres átonos de tercera persona (avisar, ayudar, curar, disparar, escribir, llamar, molestar, obedecer, pegar, saludar, etc.).

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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Pastinaca » 03 Oct 2014 15:34

La RAE escribió:A pesar de la aparente simplicidad del sistema

Sí, claro. Como la Dualidad Onda-corpúsculo de De Broglie. Simplísimo.

Ha habido ocasiones en las que me he tenido que parar más de un minuto a pensarlo, sobre todo con los verbos intransitivos que se disfrazan de transitivos.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Lía » 03 Oct 2014 16:25

Yo creo que los fallo todos y más, pero tengo poquita gana de arreglarlo.
Quién quiere un príncipe pudiendo elegir al mendigo. :be:
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor aguamarina » 03 Oct 2014 18:13

Viví durante varios años en América Latina y allá la gente maneja de forma muy distinta el uso de los pronombres átonos. Por ejemplo, en el país donde estuve viviendo, aunque imagino que en todos ocurrirá lo mismo, la gente dice "los aprecio mucho" (a ustedes, o sea, a vosotros), o "los admiro", mientras que en España el verbo suele ir precedido por un "les" (les admiro). A mí, qué quieren que les diga, me suena muy mal decir "les admiro", no por el ustedeo, pues soy de ustedear hasta aburrir, sino porque no veo natural este "les". No hace mucho, alguien me dijo que por qué utilizaba "los" si no me estaba refiriendo a animales, sino a personas. Fue en este foro y recuerdo también quién me lo preguntó. Y yo le respondí algo referente a ese leísmo de cortesía que tanto se utiliza aquí, pero luego me quedé con la duda y me fui a consultar los tratados de la RAE, que para estos casos son la Biblia. Y me di cuenta de que lo correcto en este caso era utilizar "los", no "les".

Aclarada esta duda, sigo dudando con otras construcciones. En una noticia que leí hace tiempo decía algo así como que "su marido la pegó". Punto. No decía que le pegara una paliza, una tunda o una zurra, mucho menos "la pegó una paliza", que eso sí sería un claro y castizo caso de laísmo. No tardó en aparecer el prototipo de comentarista ortógrafo a afear el escrito, preguntando al redactor si acaso la pegó con superglue o con araldit o la pegaría en la pared, para quejarse luego de que contratan becarios inexpertos para escribir las noticias. Y de nuevo me quedé con la duda de si sería correcto decir "su marido la pegó". A mí sí me lo parece, pero quizá lo correcto sea "su marido le pegó", aunque a mí me suena fatal si luego no dice nada más. Si alguien puede aclarármelo, estaría encantada.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor lo tio pep » 03 Oct 2014 18:41

Loísmo: ¿lo qualo?
Leísmo: ¿Qué lo qué de le qué?
Laísmo: ¿la ha dicho la Paca?
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Wilde » 03 Oct 2014 18:47

Yo no soy un experto en gramática pero vivo en Andalucía y aquí son infrecuentes el leísmo, el loísmo y el laísmo.

Por lo que se refiere a tu duda, Aguamarina, creo que queda más claro si entendemos que el complemento directo de pegar es lo que pegas (por ejemplo una paliza). La persona que recibe la paliza (la esposa) es el complemento indirecto.

Su marido le pegó (una paliza).

Si utilizamos el verbo golpear, la cosa cambia ya que el complemento directo aquí pasa a ser la persona que recibe el golpe.

Su marido la golpeó.

No sé si con estos ejemplos te he aclarado algo.

Por cierto, el marido, en vez de pegarle a su mujer o golpearla, debería hacer terapia.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor aguamarina » 03 Oct 2014 19:21

Wilde escribió:Yo no soy un experto en gramática pero vivo en Andalucía y aquí son infrecuentes el leísmo, el loísmo y el laísmo.

Por lo que se refiere a tu duda, Aguamarina, creo que queda más claro si entendemos que el complemento directo de pegar es lo que pegas (por ejemplo una paliza). La persona que recibe la paliza (la esposa) es el complemento indirecto.

Su marido le pegó (una paliza).

Si utilizamos el verbo golpear, la cosa cambia ya que el complemento directo aquí pasa a ser la persona que recibe el golpe.

Su marido la golpeó.

No sé si con estos ejemplos te he aclarado algo.

Por cierto, el marido, en vez de pegarle a su mujer o golpearla, debería hacer terapia.


Muy buena explicación, Wilde, gracias. Ahora lo veo más claro.

Por cierto, sobre eso de que los maltratadores deberían hacer terapia, soy mucho más drástica: terapia, sí, pero no exenta de castigo, y de un castigo ejemplar.

Me ha venido a la memoria la muerte hace diez años de la actriz Marie Trintignant a manos de su compañero el cantante Bertrand Cantat, que tras cumplir cuatro años de prisión por golpearla hasta la muerte, fue liberado por buena conducta. ¿Es justo un pago tan pírrico por la muerte de una persona?
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor lo tio pep » 03 Oct 2014 19:40

Claro pero si la dejó pegada en la pared sería lo lógico la pegó en la pared, y para ello previamente la golpeó contra la pared.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Pastinaca » 04 Oct 2014 20:57

Un buen método para "pillar" al complemento directo es intentar convertirlo en sujeto pasivo:

"Su marido la pegó" -> "Ella fue pegada por su marido"

En este caso, ella es CD. Por tanto, el pronombre "la" es correcto.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor aguamarina » 04 Oct 2014 21:00

Gracias, Pasti.
Pero vuelvo a estar enredada. Wilde apuesta por el "le", tú por el "la" y yo dudando mucho y sin tenerlo nada claro, por el "la" también.
:)
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Gloria » 04 Oct 2014 21:12

[align=justify]lo que la RAE dice al respecto:

Uso de los pronombres lo(s), la(s), le(s). Leísmo, laísmo, loísmo.

Para usar adecuadamente los pronombres átonos de 3.ª persona lo(s), la(s), le(s) según la norma culta del español general, debe tenerse en cuenta, en primer lugar, la función sintáctica que desempeña el pronombre y, en segundo lugar, el género y el número gramatical de la palabra a la que se refiere. En el siguiente cuadro se muestra la distribución de formas y funciones de estos pronombres:

A continuación se expone de forma sucinta la norma que rige el empleo de estos pronombres:

•Cuando el pronombre desempeña la función de complemento directo, deben usarse las formas lo, los para el masculino (singular y plural, respectivamente) y la, las para el femenino (singular y plural, respectivamente):

¿Has visto a Juan? Sí, lo vi ayer.

¿Has visto a Juan y a los niños? Sí, los he visto en el parque.

Compré la medicina y se la di sin que nadie me viera.

¿Has recogido a las niñas? Sí, las recogí antes de ir al taller.

[Dada la gran extensión en el uso de los hablantes cultos de ciertas zonas de España de la forma le cuando el referente es un hombre, se admite, únicamente para el masculino singular, el uso de le en función de complemento directo de persona: ¿Has visto a Jorge? Sí, le vi ayer en el parque].

•Cuando el pronombre desempeña la función de complemento indirecto, deben usarse las formas le, les (singular y plural, respectivamente), con independencia del género de la palabra a la que se refiera el pronombre:

Le pedí disculpas a mi madre.

Le dije a su hermana que viniera.

Les di un regalo a los niños.[/align]

A pesar de la[align=justify]aparente simplicidad del sistema, existen casos excepcionales o aparentemente excepcionales dentro de la norma, así como una enorme variedad en cuanto a los usos efectivos en las distintas zonas hispanohablantes. Si se desea información pormenorizada, pueden consultarse los artículos leísmo, laísmo y loísmo del Diccionario panhispánico de dudas, así como las entradas dedicadas a verbos que plantean problemas a los hablantes en cuanto a la selección de los pronombres átonos de tercera persona (avisar, ayudar, curar, disparar, escribir, llamar, molestar, obedecer, pegar, saludar, etc.).

LEÍSMO. Es el uso impropio de le(s) en función de complemento directo, en lugar de lo (para el masculino singular o neutro), los (para el masculino plural) y la(s) (para el femenino), que son las formas a las que corresponde etimológicamente ejercer esa función.

2. Los pronombres le, les proceden, respectivamente, de las formas latinas de dativo illi, illis. El dativo es el caso de la declinación latina en el que se expresaba el complemento indirecto. Por ello, la norma culta del español estándar establece el uso de estas formas para ejercer dicha función, independientemente del género del sustantivo al que se refiere el pronombre: «Conocí a un cirujano plástico a quien le conté mi problema» (Tiempo [Col.] 1.12.87); «Yo nunca le conté a mi madre que había visto agonizando [...] al hijo del Ferroviario» (Asenjo Días [Esp. 1982]); «Al despedirlos les di veinte pesos» (Ibargüengoitia Crímenes [Méx. 1979]). Por tanto, son casos de leísmo usos como los siguientes, en los que le funciona como complemento directo: «Era Hueayna Cápac, según dicen muchos indios que le vieron y conocieron, de no muy gran cuerpo» (Salvador Ecuador [Ec. 1994]); «Los romanos [...] solían cocinarl [el cerdo] entero» (VV. AA. Matanza [Esp. 1982]). Debido a su extensión entre hablantes cultos y escritores de prestigio, se admite el uso de le en lugar de lo en función de complemento directo cuando el referente es una persona de sexo masculino: «Tu padre no era feliz. [...] Nunca le vi alegre» (TBallester Filomeno [Esp. 1988]). Sin embargo, el uso de les por los cuando el referente es plural, aunque no carece de ejemplos literarios, no está tan extendido como cuando el referente es singular, por lo que se desaconseja en el habla culta: «Casi nunca les vi con chicas» (Vistazo [Ec.] 3.4.97). El leísmo no se admite de ningún modo en la norma culta cuando el referente es inanimado: El libro que me prestaste le leí de un tirón; Los informes me les mandas cuando puedas. Y tampoco se admite, en general, cuando el referente es una mujer: Le consideran estúpida, aunque existen algunos casos en que el leísmo femenino de persona no se considera incorrecto.[/align]

[align=justify]3. El leísmo, al igual que otros fenómenos paralelos relacionados con el uso antietimológico de los pronombres átonos de tercera persona, surge en Castilla durante la Edad Media. Todos estos fenómenos parecen deberse al nacimiento, en época temprana de la evolución del castellano, de una tendencia que, a diferencia de lo que ocurría en latín, en lugar de distinguir funciones gramaticales a través de las distintas formas pronominales —le(s) para el complemento indirecto y lo(s), la(s) para el complemento directo—, tiende a diferenciar entre masculino y femenino, por un lado, y entre persona y cosa por otro; también influye en muchos casos la condición de contable o no contable del referente. Muy a grandes rasgos, la distribución, en este nuevo sistema, sería la siguiente: le(s) para el masculino de persona; lo(s) para el masculino de cosa, y la(s) para el femenino de persona y de cosa. El leísmo se documenta desde los primeros textos medievales castellanos. No obstante, en el siglo xiii, época de la reconquista de casi toda Andalucía, este fenómeno no se hallaba lo suficientemente extendido como para instalarse en la norma andaluza y, por consiguiente, tampoco caló en el español atlántico (Canarias e Hispanoamérica). Así pues, y en líneas muy generales, suelen distinguirse dos zonas: una marcadamente leísta, que abarca el área central y noroccidental de Castilla —junto con focos aislados en ciertos países hispanoamericanos— y otra no leísta, que abarca la mayor parte del mundo hispánico.[/align]

[align=justify]4. El panorama, sin embargo, dista mucho de ser sencillo. Por una parte, el leísmo no es un fenómeno que se dé uniformemente en las zonas consideradas leístas; por otra, en las zonas no leístas se documentan casos de leísmo, algunos solo aparentes, explicables por distintas razones:

a) Los verbos llamados de «afección psíquica» —los que designan procesos que afectan al ánimo o producen acciones o reacciones emotivas, como afectar, asustar, asombrar, convencer, divertir, impresionar, molestar, ofender, perjudicar, preocupar, etc.—, dependiendo de distintos factores, admiten el uso de los pronombres de acusativo —lo(s), la(s)— y de los pronombres de dativo —le(s)—. La elección de unos u otros depende básicamente de si el sujeto es o no agente activo de la acción y del grado de voluntariedad que tiene o se le atribuye con respecto a la acción designada por el verbo: si el sujeto es animado y se concibe como agente de la acción, el complemento verbal suele considerarse directo y se usan los pronombres de acusativo (A mi madre la asombro cuando como mucho); si el sujeto es inanimado o es una oración y, por tanto, no puede ser concebido como agente directo de la acción, el complemento se considera indirecto y se usan los pronombres de dativo (A mi madre le asombra mi apetito). Por otro lado, con sujetos animados puede darse también esta alternancia, dependiendo de si la acción denotada por el verbo es realizada voluntariamente o no por el sujeto: Su padre, que se había disfrazado, lo asustó (le dio un susto a propósito) / Su padre, que se había disfrazado, le asustó (el susto es involuntario; lo causa el hecho de ir disfrazado). Con sujetos no animados influyen también otros factores; por ejemplo, cuando el sujeto va antepuesto, es más frecuente el uso del pronombre de complemento directo (Mi actitud lo decepcionó), mientras que, cuando el sujeto va pospuesto, es más frecuente el uso del pronombre de complemento indirecto (Nunca le decepciona mi actitud). La distribución antes señalada se documenta en zonas no leístas tanto españolas como americanas: «Su hermano lo escandalizó» (Alviz Son [Esp. 1982]); «A mi madre le escandalizaba que dijera aquellas blasfemias» (Asenjo Días [Esp. 1982]); «Agarra a una mujer que baila, la asusta y luego se revuelca con el pintor encima de la barra del bar» (Paranaguá Ripstein [Méx. 1997]); «De pronto le asustó morir» (Pitol Juegos [Méx. 1982]). En el Perú y en los países del Cono Sur se usan de modo casi exclusivo con estos verbos las formas propias del complemento directo: «La entrevista lo disgustaba» (VLlosa Ciudad [Perú 1962]); «Ese pensamiento lo preocupa» (Guido Incendio [Arg. 1964]); «A Max siempre lo asombraban estas pequeñas cosmogonías» (Contreras Nadador [Chile 1995]).[/align]

[align=justify]b) Los llamados «verbos de influencia» —los que expresan acciones que tienen como objetivo influir en una persona para que realice una determinada acción, como autorizar, ordenar, invitar (‘animar’), permitir, exhortar, etc.—, forman parte de la siguiente estructura: «verbo de influencia + complemento de persona + verbo subordinado, en infinitivo o precedido de que, o un nombre de acción»: Le ordené ejecutar la sentencia / Le ordené que ejecutara la sentencia / Le ordené la ejecución de la sentencia. El complemento de persona es indirecto con los verbos permitir, prohibir, proponer, impedir, mandar y ordenar: «Esa experiencia le permitió vivir a su manera» (Alberto Eternidad [Cuba 1992]); «Le prohibió salir de la capital hasta nueva orden» (Tribuna [Hond.] 18.6.97); «Le propuso hacer un viaje a la costa» (Landero Juegos [Esp. 1989]); «La penumbra le impide ver con claridad» (Schmidhuber Ventana [Méx. 1985]); «Quién le manda soltar pendejadas» (Medina Cosas [Méx. 1990]); «La Policía les ordenó que no lo hicieran» (Clarín [Arg.] 18.4.97). Por el contrario, el complemento de persona es directo con los verbos de influencia que llevan, además, un complemento de régimen, esto es, un complemento precedido de preposición, como obligar a, invitar a, convencer de, incitar a, animar a, forzar a, autorizar a, etc.: «Una barrera los obligó a desviarse» (Fuentes Cristóbal [Méx. 1987]); «La convenció de que vendiera un anillo de brillantes» (Allende Casa [Chile 1982]); «Ella lo incitó a seguirla» (Martini Fantasma [Arg. 1986]).[/align]
[align=justify]Los verbos hacer y dejar, cuando tienen sentido causativo, esto es, cuando significan, respectivamente, ‘obligar’ y ‘permitir’, siguen la misma estructura que los verbos de influencia: «verbo causativo + complemento de persona + verbo subordinado». Tanto hacer como dejar tienden a construirse con complemento directo si el verbo subordinado es intransitivo: «Él la hizo bajar a su estudio y le mostró el cuadro» (Aguilera Caricia [Méx. 1983]); «Lo dejé hablar» (Azuela Tamaño [Méx. 1973]); y tienden a construirse con complemento indirecto cuando el segundo verbo es transitivo: «Alguien lo ayudó a incorporarse, lo estimuló y hasta le hizo tomar café» (JmnzEmán Tramas [Ven. 1991]); «El alcaide de la cárcel le dejaba tocar el banjo todas las mañanas» (Cela Cristo [Esp. 1988]).[/align]

c) Cuando los «verbos de percepción» ver y oír se construyen con un complemento de persona y una oración de infinitivo en función de complemento predicativo, el complemento de persona es directo: «Lo vimos subirse a un taxi» (Marías Corazón [Esp. 1992]); «Nadie la oyó gritar» (Santiago Sueño [P. Rico 1996]); «La vi besarlo» (Rossi María [C. Rica 1985]). No obstante, cuando el infinitivo es un verbo transitivo que lleva a su vez un complemento directo, no es raro usar los pronombres de dativo le, les para representar el complemento de persona: «Yo también le oí decir eso» (Rulfo Páramo [Méx. 1955-80]); «Una vez le vi servir una ensalada» (Puig Beso [Arg. 1976]). En estos casos, el complemento de persona presenta rasgos de complemento indirecto, como su conversión en se ante el pronombre que representa el complemento directo del infinitivo: Vi a Pedro guardar el informe > Se lo vi guardar; Oí a María cantar una canción > Se la oí cantar. Sin embargo, cuando el complemento directo del infinitivo es una persona, el complemento de persona del verbo principal no admite ser representado por se: Vi a Pedro abrazar a su padre > *Se lo vi abrazar; Oí a María insultar a su vecina > *Se la oí insultar.[/align][/align][/align][/align]

[align=justify]d) Hay verbos que se construyen con complemento directo de cosa e indirecto de persona: El camarero sirvió la cerveza a Pedro; Robaron el bolso a María; El atracador pegó una paliza a la dependienta; El acusado escribió una carta al juez; El médico curó la herida al torero, etc. Con muchos de estos verbos es frecuente omitir el complemento directo por estar implícito o sobrentendido. Cuando esto ocurre, el complemento de persona, antes indirecto, pasa a funcionar como complemento directo si es posible la transformación en pasiva y el enunciado pasivo mantiene el mismo significado que el activo: El médico curó al torero / El médico lo curó (admite la pasiva sin cambio de significado: El torero fue curado por el médico). Si no es posible la pasiva, o si el enunciado pasivo implica un cambio de sentido con respecto a la oración activa, el complemento de persona sigue funcionando como complemento indirecto: Escribí a mi hija / Le escribí (ya que no es posible la pasiva *Mi hija fue escrita por mí); Abrió a su vecino / Le abrió (no es posible la pasiva *Su vecino fue abierto sin que implique un cambio de sentido).

e) Otro grupo que ofrece confusión es el formado por verbos que han cambiado o están cambiando su régimen, esto es, que se construían habitualmente en el español medieval con pronombres de dativo, como en latín, y que hoy están pasando a construirse mayoritariamente con pronombres de acusativo, como es el caso de ayudar u obedecer. Este proceso de cambio no se ha dado de manera uniforme en todas las áreas. Así, en las zonas no leístas del norte de España el régimen habitual es el dativo: «Vidal le ayudó. Y entre los dos lograron acercarlo al desmonte» (Aparicio Retratos [Esp. 1989]); en América está prácticamente generalizado el acusativo, sobre todo en los países del Cono Sur: «Natí lo ayudó a subir» (RBastos Hijo [Par. 1960]); Andalucía y Canarias son zonas de vacilación: «Lo ayudó a subir» (CBonald Noche [Esp. 1981]); «Ella le ayudó a recostarse en un sofá» (MñzMolina Invierno [Esp. 1987]).[/align]

[align=justify][align=justify]f) Es habitual que en las oraciones impersonales con se el complemento directo, especialmente cuando es masculino, se exprese con las formas de dativo y no con las de acusativo, como correspondería a la función desempeñada: Se le considera el mejor actor de su tiempo; Se les vio merodeando por la zona. Parece demostrado que este tipo de oraciones se construían originariamente en castellano con pronombres de dativo. El uso de le(s) se ha mantenido mayoritariamente, tanto en España como en gran parte de América, cuando el complemento directo es masculino: «A su bisabuelo hoy no le hubieran permitido vivir como vivió: se le consideraría como un ejemplo de inmoralidad» (TBallester Filomeno [Esp. 1988]); «Se le vio [al niño] algunas veces contento» (VLlosa Tía [Perú 1977]); «Se le obligó a aceptar el régimen de encomienda» (Fuentes Ceremonias [Méx. 1989]); «En los puertos y rincones del Caribe se le conoció siempre como Wito» (Mutis Ilona [Col. 1988]); «Al rey se le veía poco» (UPietri Visita [Ven. 1990]); sin embargo, cuando el complemento directo es femenino, lo normal es usar la(s): «Se la veía muy contenta» (VLlosa Tía [Perú 1977]); aunque no faltan ejemplos de le(s): «Tan enamorada se le observaba, tan desencajadamente arrebolada se le veía» (Vergés Cenizas [R. Dom. 1980]). Se trata, pues, de un caso especial en el que se emplean desde los orígenes las formas de dativo en función de complemento directo. No obstante, muchos hablantes, conscientes de que la función que cumple el pronombre en ese tipo de oraciones es la de complemento directo, emplean en estos casos los pronombres de acusativo, uso generalizado en los países del Cono Sur: «Se lo veía zigzaguear entre los autos» (Cortázar Reunión [Arg. 1983]); «¡No se lo puede andar molestando por trivialidades!» (Magnabosco Santito [Ur. 1990]); «Nunca se lo vio ladrar ni gruñir» (Allende Casa [Chile 1982]).[/align][/align]

[align=justify]g) Otro caso de leísmo generalizado en todo el mundo hispánico es el llamado «leísmo de cortesía». Se trata del uso de le(s) en función de complemento directo cuando el referente es un interlocutor al que se trata de usted. Este leísmo se justifica por el deseo de evitar la ambigüedad de sentido que acarrearía el uso de los pronombres de acusativo lo(s), la(s), ya que estos podrían referirse tanto a un interlocutor presente como a una tercera persona no partícipe en la conversación: «Ande, y discúlpelo [a él], que yo en seguida le acompaño [a usted]» (MDíez Expediente [Esp. 1992]); «Que Dios le acompañe y le proteja. Yo aquí le espero» (Chao Altos [Méx. 1991]); «¿Quiere que le acompañe? [Dirigido a una mujer]» (Rossetti Alevosías [Esp. 1991]). No obstante, también se documentan ejemplos en los que no se da este tipo de leísmo, especialmente en el Perú y los países del Cono Sur: «Lo acompaño, sargento» (Scorza Tumba [Perú 1988]). Aunque el «leísmo de cortesía» no está tan generalizado cuando el interlocutor es femenino, debe considerarse aceptable, especialmente en fórmulas fijas de saludo o despedida del tipo Le saluda atentamente y similares.[/align]

[align=justify]5. En algunas zonas de España y América se producen casos de leísmo debidos al contacto del español con otras lenguas que se caracterizan por no contar con distinción de género y por marcar el número y el caso de forma muy diferente al español. Estas lenguas son el quechua, el aimara, el guaraní y el vasco. Las confusiones tienen su origen en la dificultad que plantea el uso correcto del español a los hablantes que normalmente se expresan en esas otras lenguas. En muchos casos estos usos no son exclusivos de los hablantes bilingües de escasa formación, sino que, en general, han pasado a formar parte del habla corriente de las respectivas zonas, pero no se consideran admisibles desde el punto de vista de la norma culta estándar (salvo el leísmo de persona con referente masculino singular).[/align][align=justify]a) En el Ecuador, el contacto con el quechua (allí llamado quichua) da lugar a la utilización exclusiva de le(s), independientemente de la función sintáctica que desempeña el pronombre y del género de su antecedente: «Le encontré acostada» (Icaza Cholos [Ec. 1938] 176).[/align]

[align=justify]b) En las zonas andinas del Perú, Bolivia y el noroeste de la Argentina, el español ha convivido o convive con el quechua y el aimara. Como consecuencia de esta coexistencia, a veces se documentan en estas zonas usos de le(s) en función de complemento directo, tanto masculino como femenino, especialmente si el referente es animado: «Los policías le cogieron de la cintura, le levantaron en vilo y le lanzaron a la caja del camión» (Ribeyro Geniecillos [Perú 1983]).[/align]

[align=justify]c) En el Paraguay, el guaraní es lengua oficial junto con el español. El bilingüismo es prácticamente general y la consecuencia principal de la influencia del guaraní en el español hablado en esta zona es el uso exclusivo de le con referentes tanto animados como inanimados, independientemente de la función sintáctica del pronombre y del género de su antecedente: «Si vos esa pregunta le trasladás a Oviedo y le trasladás a Nenín Viveros Cartes y te dicen la misma cosa [...], quiere decir que es un verdadero genio, Nicolás» (Abc [Par.] 19.12.96). En ciertas zonas del noreste de la Argentina, el español se halla en contacto con el guaraní, por lo que se encuentran manifestaciones leístas semejantes a las paraguayas. Sin embargo, no están tan extendidas entre las capas cultas por el influjo que en estas ejerce la norma estándar nacional, que rechaza fuertemente el leísmo.[/align]

[align=justify]d) En el País Vasco y norte de Navarra, zonas del norte de España en las que el español se halla en contacto con el euskera, se emplea le(s) para el complemento directo, con referente tanto animado como inanimado, y con independencia del género del antecedente: «Ignoro si tiene usted hogar o no le tiene» (Unamuno Niebla [Esp. 1914]); «Si no por Isabel, vaya si me echo novia allí, que le conocí a una tal Rosita, sobrina de un cura, como para volverle loco a cualquiera» (SchzMazas Andía [Esp. 1956]).[/align]

[align=justify]e) En el español hablado en Cantabria (España) se utiliza la forma le para el complemento directo masculino cuando el antecedente es un nombre singular contable, mientras que se utiliza como forma única lo cuando el antecedente del complemento directo es incontable, independientemente de su género y su número: El coche [contable] le compramos hace un año; La hierba [no contable] lo guardamos para el invierno.[/align]


LAÍSMO.

[align=justify]1.Es el uso impropio de la(s) en función de complemento indirecto femenino, en lugar de le(s), que es la forma a la que corresponde etimológicamente ejercer esa función.[/align]

[align=justify]2. Los pronombres la, las proceden, respectivamente, de las formas latinas de acusativo illam, illas. El acusativo es el caso de la declinación latina en el que se expresaba el complemento directo. Por ello, la norma culta del español estándar solo admite el uso de estas formas para dicha función: «La busqué [a Constancia] en los tres pisos» (Fuentes Constancia [Méx. 1989]); «Estas cosas muchos no las quieren creer» (Vanguardia [Esp.] 6.7.94). No son correctos los usos ejemplificados a continuación, en los que la forma la funciona como complemento indirecto: «Cuando abrió la Marcelina, la dijeron: ¿Vive aquí Marcelina Domínguez?» (JmnzLozano Grano [Esp. 1988]); «Yo la di un beso a Josefa» (Pombo Héroe [Esp. 1983]).[/align]

[align=justify]3. El laísmo, al igual que otros fenómenos paralelos relacionados con el uso antietimológico de los pronombres átonos de tercera persona, como el leísmo y el loísmo, comienza a fraguarse en la Castilla primitiva durante la Edad Media, pero no consiguió extenderse a la variedad del castellano andaluz, por lo que no se trasladó al español atlántico (Canarias e Hispanoamérica). El área propiamente laísta se circunscribe básicamente a la zona central y noroccidental de Castilla. Aun así, por influencia de la norma culta estándar, es patente la voluntad de los hablantes cultos de esas zonas y, sobre todo, de los escritores, de ajustarse al uso etimológico.[/align]

[align=justify]4. Hay ocasiones en que las incorrecciones o vacilaciones en el uso de los pronombres átonos de tercera persona no se deben a la tendencia dialectal señalada en el párrafo anterior, sino a la duda del hablante sobre el tipo de complemento —directo o indirecto— que rigen algunos verbos. Así, hay verbos que, incluso en zonas en las que los pronombres átonos distinguen funciones gramaticales, unas veces se construyen con pronombres de complemento directo —lo(s), la(s)— y otras con pronombres de complemento indirecto —le(s)—, dependiendo de distintos factores; otros verbos están inmersos en un proceso de cambio de intransitivos (verbos que nunca se construyen con complemento directo) a transitivos (verbos que exigen la presencia de un complemento directo), y viceversa. Para resolver estos casos, debe acudirse a las entradas correspondientes a cada uno de los verbos que habitualmente plantean dudas. En cuanto a las oraciones impersonales con se seguido de pronombre átono (Se le/la considera la mejor). Para casos de laísmo con semilocuciones verbales (echar un vistazo, prender fuego, etc.).[/align]


[align=justify]LOÍSMO.

1. Es el uso impropio de lo(s) en función de complemento indirecto masculino (de persona o de cosa) o neutro (cuando el antecedente es un pronombre neutro o toda una oración), en lugar de le(s), que es la forma a la que corresponde etimológicamente ejercer esa función.

2. El pronombre lo procede de las formas latinas de acusativo singular illum (masculino) e illud (neutro), y los, de la forma de acusativo masculino plural illos. El acusativo es el caso de la declinación latina en el que se expresaba el complemento directo. Por ello, la norma culta del español estándar solo admite el uso de estas formas para desempeñar dicha función: «Me lo encontré en la calle. Estaba muy contento» (Parra Tristán [Chile 1994]); «Esto Manuel lo comprendió muy bien» (Gironella Hombres [Esp. 1986]); «Yo los estrecho contra mi corazón y deseo se den cuenta de cuánto los amo» (Posse Pasión [Arg. 1995]). No son aceptables en la norma culta usos como los ejemplificados a continuación, en los que lo(s) funciona como complemento indirecto: «¿Tu identificación?, me dijo; y lo di mi acta de nacimiento» (Excélsior [Méx.] 8.6.96); Los dije que no se movieran de aquí.

3. El loísmo, al igual que otros fenómenos paralelos relacionados con el uso antietimológico de los pronombres átonos de tercera persona, como el laísmo y el leísmo, comienza a fraguarse en la Castilla primitiva durante la Edad Media. Para las razones de su aparición. La incidencia del loísmo ha sido siempre muy escasa en la lengua escrita, especialmente en singular, y solo se documenta hoy en textos de marcado carácter dialectal. La marginación de este fenómeno dentro de la propia norma peninsular de España hizo que no se instalase en el español atlántico (Canarias e Hispanoamérica).

4. Con ciertos verbos y en ciertos contextos sintácticos, es posible que no esté claro para el hablante si el complemento verbal es directo o indirecto, lo que conduce, en ocasiones, a un uso erróneo de los pronombres átonos de tercera persona. Como reacción ante el leísmo aparente de determinadas construcciones, se incurre, en ocasiones, en loísmo o laísmo ultracorrectos. En cuanto a las oraciones impersonales con se seguido de pronombre átono (Se le/lo considera el mejor).

5. Se aprecian usos loístas (y laístas) más frecuentes, incluso entre hablantes de cierta cultura, con verbos que se construyen con un sustantivo en función de complemento directo y que se comportan como semilocuciones verbales. Son casos del tipo de echar un vistazo, prender fuego, sacar brillo, etc. La secuencia formada por el verbo más el complemento directo puede ser sustituida normalmente por un verbo simple de significado equivalente, que lleva como complemento directo el elemento que funciona como indirecto en la semilocución: echar un vistazo [a algo (c. i.)] = mirar u ojear [algo (c. d.)]; prender fuego [a algo (c. i.)] = quemar [algo (c. d.)]; ello explica estos casos de loísmo que, no obstante, deben evitarse: Acabo de terminar el trabajo, échalo un vistazo si puedes; Una vez recuperados los informes, los prendieron fuego; debió decirse échale un vistazo y les prendieron fuego. No deben confundirse estos casos con los de verdaderas locuciones verbales formadas por un verbo y un sustantivo, como hacer añicos o hacer polvo, cuyo complemento sí es directo: Tiró el jarrón y lo hizo añicos; La noticia de la muerte de Pedro los ha hecho polvo.

6. Existe actualmente un loísmo dialectal distinto de los casos anteriormente señalados. Se trata del empleo de lo en la función que le corresponde (complemento directo), pero en casos en que la norma del español estándar emplearía otra forma pronominal de acuerdo con el género o el número del antecedente. Este loísmo se da en zonas en las que el español se halla o se halló en contacto con otras lenguas. No obstante, hay que señalar que, en general, los hablantes cultos de estas zonas emplean los pronombres átonos de acuerdo con la norma culta estándar. Por tanto, los fenómenos señalados a continuación son sobre todo propios de hablantes de zonas rurales o pertenecientes a las capas populares de las ciudades.

a) En la zona andina del Perú, Bolivia y el noroeste de la Argentina, el español ha estado durante siglos en contacto con el quechua y el aimara. Estas lenguas no indoeuropeas se caracterizan por no contar con distinción de género y por marcar el número y el caso de forma muy diferente al español. Estas diferencias gramaticales tan profundas acarrean gran dificultad a los hablantes indígenas cuando se enfrentan al aprendizaje del español y produce fenómenos muy peculiares. El más llamativo es la utilización del pronombre lo como complemento directo, sin distinción de género ni número: Después toda la oveja me quitó y lo ha llevado a la hacienda; No lo conozco a sus hermanos.

b) En zonas del norte de España en contacto con el dialecto asturleonés oriental, el sistema de uso de los pronombres átonos de tercera persona se basa en la condición contable o no contable del antecedente, y no en la función sintáctica del pronombre. Así, en el español hablado en la zona central y oriental de Asturias, y en la mayor parte de Cantabria, se usa lo cuando el antecedente es un sustantivo no contable, incluso si este es femenino: La leche lo cuajaban para hacer queso.[/align]
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor aguamarina » 04 Oct 2014 21:33

Gracias, Gloria.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Wilde » 04 Oct 2014 21:55

Pastinaca escribió:Un buen método para "pillar" al complemento directo es intentar convertirlo en sujeto pasivo:

"Su marido la pegó" -> "Ella fue pegada por su marido"

En este caso, ella es CD. Por tanto, el pronombre "la" es correcto.

En Andalucía nadie diría la pegó. Y la RAE me da la razón. Lamento que esta vez esté usted equivocado.

pegar(se). 1. Cuando significa ‘dar [un golpe o una serie de ellos] a alguien’, es transitivo; además del complemento directo, lleva un complemento indirecto de persona: «Se volvió el ex boxeador hacia Charo y le pegó dos bofetadas que la tiraron al suelo» (VqzMontalbán Soledad [Esp. 1977]). A menudo se omite el complemento directo, por quedar implícito o sobrentendido; en ese caso, el complemento de persona, en la lengua culta de la mayor parte del ámbito hispánico, sigue considerándose indirecto: «No es caso insólito que a un santo cualquiera sus devotos le peguen y lo castiguen hasta que acceda al milagro que se le pide» (Ortiz Música [Cuba 1975]). No obstante, en estos casos, es normal que los hablantes de ciertas zonas de España interpreten el complemento de persona como directo: «Nos dijo que su padre la pegaba» (País@[Esp.] 9.7.94); este uso, influido además por el régimen del verbo sinónimo golpear, que rige complemento directo de persona, solo se da en zonas laístas (→ laísmo), por lo que se desaconseja en el habla culta. Lo mismo cabe decir si lo que recibe el golpe es una cosa: «Creo que le pego bien a la pelota» (Clarín [Arg.] 16.1.79).

http://buscon.rae.es/dpd/?key=pegar&origen=REDPD
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Gloria » 04 Oct 2014 21:56

Yo iba a decir lo mismo, pero a la RAE seguro que no la cuestionan.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Lía » 04 Oct 2014 23:49

Wilde escribió:
Pastinaca escribió:Un buen método para "pillar" al complemento directo es intentar convertirlo en sujeto pasivo:

"Su marido la pegó" -> "Ella fue pegada por su marido"

En este caso, ella es CD. Por tanto, el pronombre "la" es correcto.

En Andalucía nadie diría la pegó. Y la RAE me da la razón. Lamento que esta vez esté usted equivocado.

pegar(se). 1. Cuando significa ‘dar [un golpe o una serie de ellos] a alguien’, es transitivo; además del complemento directo, lleva un complemento indirecto de persona: «Se volvió el ex boxeador hacia Charo y le pegó dos bofetadas que la tiraron al suelo» (VqzMontalbán Soledad [Esp. 1977]). A menudo se omite el complemento directo, por quedar implícito o sobrentendido; en ese caso, el complemento de persona, en la lengua culta de la mayor parte del ámbito hispánico, sigue considerándose indirecto: «No es caso insólito que a un santo cualquiera sus devotos le peguen y lo castiguen hasta que acceda al milagro que se le pide» (Ortiz Música [Cuba 1975]). No obstante, en estos casos, es normal que los hablantes de ciertas zonas de España interpreten el complemento de persona como directo: «Nos dijo que su padre la pegaba» (País@[Esp.] 9.7.94); este uso, influido además por el régimen del verbo sinónimo golpear, que rige complemento directo de persona, solo se da en zonas laístas (→ laísmo), por lo que se desaconseja en el habla culta. Lo mismo cabe decir si lo que recibe el golpe es una cosa: «Creo que le pego bien a la pelota» (Clarín [Arg.] 16.1.79).

http://buscon.rae.es/dpd/?key=pegar&origen=REDPD


No, porque ella no fue la pegada sino la que recibió el golpe, aunque no aparezca.

Eso de "su marido la pegó" suena como si ella fuera un sello y la hubiera pegado en el sobre. :lol:
Quién quiere un príncipe pudiendo elegir al mendigo. :be:
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor Pastinaca » 05 Oct 2014 07:59

¿Ven como la cosa está muy lejos de ser simple? Éste —el del verbo "pegar"— es uno de los ejemplos a los que me refería: transformas las frase a pasivo, ves que tiene coherencia y, sin embargo, no encaja oficialmente.

Así que de "simple" nada.
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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor aguamarina » 05 Oct 2014 08:09

He puesto un ejemplo estrujaneuronas.

Es cierto que no es un asunto fácil.

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Re: LEISMO LOISMO LAISMO Y OTRAS DELICATESSEN.

Mensajepor lo tio pep » 05 Oct 2014 10:03

Me acuerdo de una discusión televisiva. Un periodista dijo "la pagaron x euros por una canción" Un compañero le dijo que no, que a ella le pagaron, otra cosa sería que la canción la pagaron a tantos euros (música y letra, no el hecho de ser cantada).

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