LA MÁSCARA DE CARNE

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El Postiguet
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LA MÁSCARA DE CARNE

Mensajepor El Postiguet » 20 Jun 2015 17:16

LA MÁSCARA DE CARNE


¿Me atreveré a escribirlo? ¿Cuál será la reacción de quien lea estas líneas? ¿Asco? ¿Burla?

Me siento tan plenamente consciente de la ignominia de mi vicio, que jamás tendré el valor para transcribir su nombre sobre el papel.

La letra escrita sólo podrá soportar mi desventura con una condición: la de evitar constantemente toda precisión, todo detalle, para que lo trágico no se convierta inmediatamente en innoble o burlesco.

“Lo peor de nuestra historia —me decía uno de mis compañeros de servidumbre— es lo que tiene de callejón sin salida, que a ninguna parte puede conducir ni sirve para nada. Para nosotros no cabe explicación posible. No hay una metafísica que nos apoye. No hay más remedio que aceptar que en la vida hay “fallos”, golpes fallidos, errores. Hay hermanos siameses, hay seres acéfalos… y nosotros”.

“Son cosas que deben ocultarse. Son bochornosas; y no parecen concordar con la idea de Dios. ¿Dónde está la sabiduría de Dios en un feto sin cabeza? En tales casos… se pasa de largo, se echa un velo… No se insiste en el asunto… Nosotros somos algo así también. Seres crudos, mal cocidos, como se dice en las fábricas de ladrillos. Somos seres fallidos. Es preferible que nadie hable de nosotros. Somos desconcertantes. Nuestra historia no tiene ningún sentido. No tenemos remedio ni salida alguna. Nuestra existencia contradice la libertad y la perfectibilidad. Es desagradable y turbador que existan seres como nosotros, cuyas vidas no tienen ningún sentido, excepto para corromper cuanto los rodea, y a quienes ni siquiera cabe acusar y decirles que son responsables. Por consiguiente, no digas nada, amigo. Haz el menor ruido posible. A los seres como nosotros, la humanidad sólo puede exigirnos una cosa: que nos hagamos olvidar de todos. Que apestemos lo menos posible. Que acabemos de podrirnos con discreción”.


El texto anterior, en letra cursiva y color azul, corresponde al inicio de la obra titulada “La máscara de carne”. Es su autor el escritor francés Maxence van der Meersch, muerto en 1951, cuya obra contiene un alto espíritu cristiano y social. Es autor también de la mundialmente conocida “Cuerpos y Almas” y que en 1936 fue premiado con el Premio Goncourt por su novela “La huella de Dios”.

Esta novela acabo de descubrirla entre mis viejos libros. Creo que debí leerla hace años, pues obra en mi poder desde 1967, según la fecha de compra, de papel amarillento por los años y que, ahora, la he retomado. No he pasado de estas primeras líneas, no sé cómo terminará pues no la recuerdo al completo, y antes de saber su final quiero expresar mi opinión acerca de ciertas frases que el autor dedica a los homosexuales, porque si no se han dado cuenta se trata de una novela cuyo protagonista lo es.

Tratándose de un autor cristiano, soy de la opinión que, por muy basada su obra que esté en el cristianismo, deja mucho que desear los párrafos que a la homosexualidad le dedica. Ésta no es bien aceptada por la sociedad, aunque progresivamente la va respetando, y son precisamente los grupos religiosos los que más la desprecian, y si bien aquí el autor del libro dice que no se les puede acusar de ese “vicio”, utiliza palabras y frases demoledoras, carentes de todo tipo de sentimiento fraterno que a mi parecer debería manar de quienes se dicen tener fe en Dios.

El protagonista me parece irreal, al menos en estos tiempos actuales de libertad individual, debe ser, en todo caso, una persona muy influenciada por la religión para despreciarse asimismo, lo que me da a entender que el autor lo que hace es expresar, como cristiano, la idea que de esta condición humana las iglesias tiene de ella. Es muy curioso que cuando cada una de las religiones va por distintos caminos; tienen Dioses variados e irreconciliables y se odian a matar; en este punto coinciden, como coinciden también las ideologías no basadas en Dios pero repletas de intolerancia en todo aquello que no coincida con sus postulados.

Y volvemos a la hipocresía del ser humano. Hipocresía que estas religiones humanas poseen en abundancia, porque es imposible que en algo que pudiera manar de un Dios, real y verdadero, pueda existir esa baja condición. ¿Se dan ustedes cuenta cuando dice que estas personas deben echar un velo sobre ellas, taparse, amagarse, no exhibirse, pudrirse en definitiva interiormente, sin poder expresar sus sentimientos?: Hipocresía se llama a eso. No se les puede acusar —dicen— porque se sabe que no son responsables, y acusarlos abiertamente es acusar al creador, a ese Dios que han inventado, al crear, según ellos, esas aberraciones del hombre o mujer homosexual. Pero no se les puede acusar hoy, al menos aquí, en el tiempo en que la novela está escrita y según el autor, aunque otras religiones actuales hagan como ayer el cristianismo, que los acusaba, los condenaba, y en la hoguera los sacrificaba. Afortunadamente, el cristianismo actual no dispone de poder ni de hogueras.

Y por favor, no me digan que las religiones manan de Dios. Observen que incrédulo en él, soy mucho más respetuoso y tolerante que los que creen en su existencia. Sería incapaz de hacer en su nombre las barbaridades que los cristianos, los judíos o los musulmanes —por poner tres religiones monoteístas— hacen con sus semejantes. Y aunque su nombre no invoco, tampoco las practico.

Lo anterior no quita para que las prácticas homosexuales las llegue a entender. No es eso, porque me resultan incomprensibles. Lo que entiendo es que el ser humano es imperfecto —aunque cabría preguntar ¿qué entendemos por perfección?—, y por ser imperfecto debemos respetar nuestras condiciones, salvo que, por ser creyentes, nos tengamos como ejemplo viviente, repletos de razones incuestionables y dueños de las verdades absolutas. Tomar la justicia por nuestra mano ante lo que no nos gusta; llegar hasta matar a quien no entendemos, es un crimen repugnante. Hacerlo en nombre de Dios, no tiene nombre. El idioma, —ningún idioma creo—, debe tener hoy por hoy una palabra que identifique plenamente esas actitudes, sería un compendio de aberración, incomprensión, soberbia, prepotencia, asesinato, crueldad, repugnancia, inhumanidad, insolencia, y todas aquellas otras que en el ser humano sirven para desprestigiarlo.

El P©stiguet
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juanmanuel
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Re: LA MÁSCARA DE CARNE

Mensajepor juanmanuel » 29 Jun 2015 21:25

Hombre, El Postiguet, debe tener usted en cuenta que el autor falleció en 1951, a solo seis años más tarde de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Está claro que la mentalidad de los europeos en ese tiempo no era tan abierta como puede ser la de uno contemporáneo cuando pasaron más de 60 años. Piense que, por ejemplo, hoy todos los europeos rechazamos la pena de muerte y está eliminada de los códigos penales de TODOS los países de la Unión Europea; en los años cincuenta, la pena de muerte estaba vigente y se aplicaba, sin embargo, en la mayoría de ellos.
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