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Mensajepor Dae » 05 Oct 2013 11:56

¿Uds creen en la importancia de los nombres? ¿Eso de que el nombre que nos imponen marca carácter? Yo creo que sí. Que algo nos imprime, aunque sea una mala hostia del quince.

Mi nombre es Jelen. Así, tal como lo leen. A mí madre le sonaba bien y se ve que el del Registro no sabía que se escribía Hellen. Ya podía mi madre haberme puesto Elena, o en un caso peor Helena, para pasarme la vida diciendo: Helena, con hache.
Pero no, decidió que sería Jelen.

- ¿Su nombre?
- Jelen.
- ¿Con hache y dos elles?
- No, tal como suena. Con jota y una ele.

Dirán uds que al llegar a cierta edad me lo podría haber cambiado si tan harta estaba de mi nombre. Pero para qué, eso sería solucionar sólo un tercio del problema. Mi patronímico completo es: Jelen Bartomeu Mendiluce, para servirles a uds.

Imagino que comprenden mi problema. Y encima, para más INRI, ni mis ascendientes por parte de padre son catalanes, ni mis ascendientes por parte de madre, son vascos.

Con nombre inglés, españolizado, apellido vasco y catalán y de Madrid. Del barrio de Entrevías para más datos.
Me dirán uds si no es como para amargar el carácter a cualquiera y que le marque...
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Re: Jelen

Mensajepor Pastinaca » 05 Oct 2013 12:41

A mí no me suena nada mal. Los nombres extraños, siempre que no sean muy cacofónicos, tienen un cierto atractivo. De todas formas, yo siempre lo pronunciaría como en inglés: "Llelen/Yelen".

María de los Dolores García Martín. Ése sí que es un nombre como para suicidarse a base de aspirar suavizante del DÍA.
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Re: Jelen

Mensajepor aguamarina » 05 Oct 2013 13:39

Si me hubiesen puesto Dolores, me haría llamar Lola.
Otros nombres (Angustias, Auxilio, Socorro...) me los hubiese hecho cambiar, por suerte hoy en día es una práctica admitida.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 05 Oct 2013 13:58

Jope, Pastinaca, pero ya es rizar el rizo por rizarlo.
Que la madre de Jelen se lo puso por Hellen y para pronunciarlo así, si me la llama Yelen ya volvemos a las mismas.
Por cierto, conozco a una nena que se llama Ayelen, así escrito y así pronunciado.

Lo que pasa Aguamarina que cuando ya llevas mucho tiempo con un nombre como que te mimetizas, conozco a una Guadalupe, que todos la llaman Mari Luz, porque ella dice que se llama así, sin cambiarselo legalmente ni nada, y luego te saca el dni y te quedas tal que así -shock :lol:
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 05 Oct 2013 13:59

Estaba tomando un café con una amiga, cuando me sonó el teléfono. Miré a ver quien era y corté. No me gusta atender llamadas que no sean urgentes mientras estoy con otras personas.
Mi amiga me dijo que no me preocupara y que podía contestar si era urgente, le dije que no, que sólo era mi ex.
Mi amiga se sorprendió:

- ¿Tú ex?
- Sí, hija, sí. Mi ex, que está pesadísimo.
- ¿Pero qué quiere?
- Según dice: volver.
- ¿Volver? ¿Pero no te dejó él?
- Sí, por una compañera de trabajo.
- ¿Y la ha dejado a ella?
- Sí. Y además está en el paro.
- ¡No jodas!
- ¿A qué es alucinante?
- Pues la verdad es que sí.
- El otro día me llamó y me dijo que quería hablar conmigo, yo le dije que no teníamos nada que hablar, que me dejara en paz y le colgué. Al salir del curro me estaba esperando.
- Qué papelón...
- Te puedes imaginar, yo no quería líos allí, así que me fui a tomar un café con él para que me dejara en paz.
- ¿Y qué te dijo?
- Pues que se había dado cuenta de que se había equivocado y que quería volver conmigo.
- Juer, qué cosas.
- Sí. Entonces yo le dije que en este año que ha pasado en qué consideraba él que había mejorado... Se quedó con la mandíbula descolgada y me dijo que bueno, que no sabía, y qué tenía que ver eso.

El teléfono sonó otra vez. Era él. Corté.

- ¿Es él otra vez? Preguntó mi amiga.
- Sí, es súper pesado y súper insistente, este más que mejorar, ha empeorado...
- ¿Por qué le preguntaste en qué había mejorado...?
- Bueno, es que cuando me dejó, me dijo que yo me merecía algo mejor. Él no se lo vió venir y entonces yo se lo recordé y se lo dije: Pero ¿tú no decías que yo necesitaba alguien mejor? Pues si no has mejorado, puerta. Y me marché y le dejé con la palabra en la boca y el café por pagar, pero el pobre insiste e insiste. Quizás cree que voy a caer por aburrimiento...

Volvió a sonar el teléfono. Era él.

- Disculpa, voy a contestar.
- Claro, tranquila.
- Hola Jorge. ¿Se puede saber qué mosca te ha picado ahora?
- ....
- No, no voy a volver contigo. Pero me alegra que me llames porque tenía que comentarte una cosa. No te he contado que durante nuestra relación te puse los cuernos en varias ocasiones.
- ...
- Oye, no te alteres eh, que técnicamente tú también me los pusiste con esa compañera de trabajo por la que me dejaste. En fin, a lo que vamos, que hace poco me hicieron unas pruebas y tengo el SIDA. Me dijeron que avisase a todas las personas con las que hubiera tenido relaciones pero se me pasó decírtelo...
- ...
- Hombre, no es para tanto, son cosas que pasan, tú vete al médico de cabecera y que te hagan un análisis. Hale, te dejo, que estoy liada.

Mi amiga tenía los ojos fuera de las órbitas.

- Jelen, no me lo habías contado.
- ¿El qué?
- Lo del Sida.
- ¿Y qué querías que te contase?
- Pues que lo tenías...
- Pero si no lo tengo, es para ver si este cabrón en lo que se hace las pruebas y tal está entretenido y deja de llamarme. Además me ha parecido una buena excusa. Le iba a decir que no vuelvo con él porque folla fatal, pero esto me ha parecido menos cruel.
- Hay que ver cómo eres, Jelen.
- Cómo me han hecho, reina, cómo me han hecho...
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Re: Jelen

Mensajepor Pastinaca » 05 Oct 2013 14:21

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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 05 Oct 2013 18:25

En el curro tenemos un microondas.
Y una cafetera.
El microondas lo utilizamos para calentar el café cuando no es reciente.
El café como está bueno es recien hecho, con el aroma intacto y una forma de prendersete al paladar que hace que persista durante un rato grande ahí. Cada vez que te llega una varahada de aliento a la nariz, huele a café.

He pedido en varias ocasiones que hagamos sólo la mitad de la cafetera porque así lo tomaremos reciente más a menudo. Pero a Herminia no le da la gana y siempre llena el depósito de la cafetera a tope. Además tiene un don, en cuanto la cafetera ha quedado vacía ahí está ella a hacerlo.
Y encima luego siempre toma manzanilla.

Así que he tomado la costumbre de según llego pasarme por el cuarto del descanso y poner el microondas en posición descongelado.
Sí, ya sé que es un poco pueril.
Pero qué quieren... cuando se calienta el agua para la manzanilla y empieza despotricar que el microondas se ha estropeado, a dar portazos, a subir y a bajar, hasta que alguien le dice amablemente que tiene la posición del microondas en descongelar, a mí me da la risa floja.

Entoces se emberrincha aún más y dice que quién ha movido la rueda.
Somos 25 en la oficina.
Todos negamos haberlo hecho y todos sabemos cuando se va a hacer la manzanilla que tampoco hoy comprobará que la rueda está mal colocada.

Calculo que en un mes más se habrá dado cuenta, entonces empezaré a desenchufarlo.

No es que actúe así porque soy mala y ya. Yo soy mala, podría decirse que hasta perversa, pero en el caso de Herminia es por justicia social. Ella también es mala y además mala de las que molestan. Siempre anda señalando los fallos de todos los demás y nadie señala los suyos, las reuniones se eternizan porque es una teclas que saca temas de debajo de la mesa si no los hay, y encima plantea un proyecto y cuando lo hemos estudiado, analizado y diseccionado, empieza a torpedearlo y a ponerle pegas.
Yo creo que trae el planteamiento hecho de casa.

Así que yo me tomo la justicia de la mano y le hago pequeñas luces de gas.
Le doy la vuelta a las carpetas, o le cambio los números que tiene guardados en la memoria del teléfono.
Me hubiera gustado meterme debajo de su mesa, y atarle los cordones, pero es que usa mocasines.
Y todos los días se me olvida una chincheta para ponérsela en la silla.

Ella me mira mal, creo que desconfía que soy yo. Aunque no soy la única que no la trago en la oficina. Lo que pasa que los demás no se toman estos pequeños desagravios. Creo.

Porque hoy llegué ajustada de tiempo y no le moví la rueda del microondas y ahora mismo ha comenzado a despotricar.
Cuando he levantado la vista, mi compañero de enfrente, Lucas, me miraba atentamente y con una sonrisa divertida.

Me he comenzado a reir, pero me he callado pronto, no sea que me echen la culpa, el único día que no he sido yo.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 05 Oct 2013 19:31

Suena la música y me acodo en la barra. El camarero se acerca y yo le pido un whisky con coca cola ligh. Los pies se me van con la música, pero no quiero bailar, bastante tengo con estar aquí. Si me pongo a bailar todos se lo tomarán como una invitación.
Malditas cenas de trabajo.

Quería irme después de la cena, pero me han comprometido y como no quiero hacerme fama de asocial –más- he tragado, una copa y me largo, a ver si puedo aguantar.

Me giro y miro entrecerrando los ojos para poder enfocar con la poca luz y los focos intermitentes. Son siempre ellos los que quieren venir a estos sitios oscuros y con música alta, porque así se acercan para hablar y el roce es más fácil.
Como si pensando en ello atrajera al enemigo veo venir a Bernardo el de contabilidad. Es un baboso. Lo es a la luz del día y ahora con dos copas, más. Procuro poner cara perro. Pero el tío no se desanima.

Se acerca y me escupe al oído un:

- ¿Qué?
- ¿Qué de qué?
- ¿Te lo pasas bien?

Si me mirase a la cara y no a las tetas igual se hubiera enterado de que no. No contesto, a ver si se desanima y se va.
Cuando con el disimulo me posa una mano en el culo, no doy un salto de milagro. Y a la par una hostia.

- ¿Qué haces? – le pregunto.
- Va, Jelen, ¿no te apetece pasarlo bien?
- Mi idea de pasarlo bien no es que llegue un baboso y me ponga una mano en el culo.
- Venga mujer, ambos sabemos que te va la marcha...
- ¿Y tú por qué lo sabes?
- Porque tienes una mirada ardiente...

¿Se puede ser más hortera y más bobo? A este no le han dado un curso para reconocer las señales o acostumbrado a que nadie le mande señales se las inventa directamente.

- ¿Y tu mujer , qué mirada tiene, Bernardo?
- No seas arisca, Jelen, que no estamos hablando de eso.
- Tampoco estamos hablando de que yo sea una cachonda y una guarra, de eso hablas tú y yo hablo de tu mujer.
- Venga, que tú eres una mujer liberada.
- Sí, pero eso no quiere decir que me vaya la zoología, Bernardo y por ahora paso de acostarme con cerdos.

Ahora sí. Se da por ofendido. Y se la da vuelta para marcharse.

- Oye Bernardo...

Se gira, creo que aún tiene la esperanza de que haya reflexionado y tenga ganas de marcha.

- ¿Qué?
- Si hay algún comentario en la oficina, o llega algo a mis oídos, sobre lo calientapollas que soy, sobre que pudiste follárteme esta noche pero tú no quisiste, sobre que las nubes huelen a compresas o cualquier cosa que me haga mosquearme lo más mínimo, cogeré tu nómina, apuntaré tu dirección y te montaré un pollo en el portal de tu domicilio, uno de tal calibre que lo ibas a tener muy complicado para explicarle a tu mujer lo que había pasado realmente. ¿Estamos?
- ...
- Bah, no seas arisco hombre, si yo también creo que tú eres un calentorro, un cachondo y un guarro.

Creo que ya me he ganado un nuevo amigo. Y luego no quiero que me tomen por asocial. Con lo fácil que debe ser chupar y callar.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 07 Oct 2013 16:36

En el tercero izquierda vive Don Leocadio, no es que sea yo mucho de usar los Dons, pero es que a Leocadio le pega. Leocadio... Leocadio...no, no lo visualizo. Don Leocadio.
Don Leocadio tendrá unos sesenta años pero tiene cara de tener ochenta y es un viejo verde. Calculo que lo es desde los catorce años. Es de esos hombres que no es que te coma con la mirada, no, te viola con ella.
Cuando me mudé a este edificio estaba harta de encontrármelo en el ascensor, en los buzones, en el portal. Una no es de natural desconfiado pero llegó un momento en que me di cuenta de que me rondaba. Sobre todo después de tres o cuatro veces que se pasara por mi domicilio a deshoras para pedir sal, hablar del cargo de presidente de la Comunidad y minucias varias. Y con él nunca estaba Doña Esther, que o bien era su madre o bien su mujer. Por lo menos aparecían juntos en el buzón.

Cuando la cosa empezó a ponerse aburrida y ya me hartaba más de lo prudente decidí que había llegado el momento de dar a Don Leocadio algo en lo que pensar. Así que una mañana antes de bajar en el ascensor y consciente de que me lo iba a encontrar, me metí unos calcetines en la entrepierna. Ese día llevaba un pantalón ceñido y los calcetines hacían un bulto más que revelador.
Lástima de cámara en el ascensor.

Cuando entré Don Leocadio me dio los buenos días. Y miró mi melena suelta, paseo su mirada por mi cuello, descansó unos segundos en las tetas y siguió bajando hasta que se paró en mi entrepierna. Yo le miraba a la cara para ver su reacción. De mi “supuesta polla” saltó velozmente a mi cara donde le esperaba yo. Esbocé una sonrisa torcida y le dije así con una voz más ronca de lo habitual: “Es la trempera matutina hoy no se me ha pasado al mear, ¿a ud también le pasa?”

Salió del ascensor blanco y sudando. Menos mal que habían sido sólo dos pisos, sino el pobre sufre un síncope. Desde entonces me lo encuentro mucho menos, pero si coincido con él y no mira nadie, siempre me rasco los huevos en su honor. Y él siempre me mira la entrepierna, aunque nunca ha llegado a verme con un bulto tan revelador.

Sé que ha comentado por el vecindario que soy un invertido, porque Doña Analía, la señora del cuarto que contará a la sazón unos noventa años tirando por lo bajo, me preguntó un día que quería decir eso y entonces yo le dije que se decía de alguien que tenía acciones en una empresa.
Ella me miró y me dijo: ¿Y por qué Don Leocadio dice invertido y no invertida?

- Así entre ud y yo, Doña Analía, a mí me parece que Don Leocadio es un poco raro,¿ a ud no?
- De siempre lo he pensado.
- Pues estamos de acuerdo. Pase buen día, Doña.
- Lo mismo, niña.
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Re: Jelen

Mensajepor Lía » 08 Oct 2013 00:03

:lol: :adora:
Quién quiere un príncipe pudiendo elegir al mendigo. :be:
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Re: Jelen

Mensajepor Aldara » 08 Oct 2013 01:32

:lol:

¡Qué bueno!
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 08 Oct 2013 09:47

Lía :be: Aldara :be:

Hace tiempo que me di cuenta de que las relaciones de una noche me resultan sólo satisfactorias por un rato. Un rato pequeño. Un rato que no me compensa luego de otras cosas.
Lo cual complica bastante mi vida sexual. Las relaciones cortas y rápidas son lo mejor para satisfacer el instinto.

Pero anoche volví a caer. Creo que después del cuarto cubata el primo de mi amiga me empezó a resultar menos cargante y más atractivo. Por eso no suelo tomar más de tres cubatas. Pero anoche tenía ganas... no de cubatas, sino de atontar mi sentido común y olvidar mi estúpida y autoimpuesta norma de no echar polvos de urgencia.
Creo que se lo dejé bien claro. Nada de compromisos, sólo sexo y nada más.
No sé si se enteraría porque creo que si yo llevaba cuatro cubatas, él llevaba ocho. O puede que fuera así de natural.

Ya se me debía estar pasando el efecto del alcohol cuando me encontré tumbada en mi cama y con su cabeza entre las piernas. Él se afanaba en encontrar mi clítoris, pero lo buscaba en todas partes menos donde estaba o quería darle intriga al asunto.

No sé si alguien les ha explicado alguna vez que alargar los preliminares está bien cuando no son las tantas de la madrugada, cuando no estás cansada, cuando los preliminares en sí son un placer, pero si sientes a alguien armando entre las piernas y comienzas a fijarte en las sombras que la luz de la farola hacen a través de las cortinas en el techo, malo.

No sé si a él le importaba si yo gozaba o no, imagino que los hombres se darán cuenta de esas cosas por los gemidos que emites, los espasmos involuntarios de tu cuerpo, porque se lo dices directamente...
El primo de mi amiga no preguntaba, -¿se llamaba Nacho?- y no sé si estaba atento a alguna de las inexistentes respuestas por mi parte, así que decidí ayudarle para que se centrara.
Agarré la cabeza del hombre - ¿Se llamaba Luis?- y le empujé con fuerza sobre mí. A él le debió gustar y se animó, su lengua comenzó a moverse como una batidora, imagino que si siguiera a ese ritmo y con ese movimiento, acabaría por descubrir mi clítoris. O el punto G. O sacaría petróleo. Una de tres.

Cuando me desengañé de que el sexo oral no era lo suyo, le jalé de la cabeza para que subiera hacia arriba, le pregunté quedamente:

- Emmmm (-¿Se llamaba Ramón?), ¿te has puesto el preservativo?

Él dijo que sí y confié que en esta parte nos acoplásemos mejor. La primera sensación estuvo bien, por lo menos le sentí agradablemente entrar. La sorpresa fue cuando me di cuenta que el problema de lengua de mi pareja de esta noche-¿Se llamaba Jose María? – no era sólo a nivel oral. Era una falta de ritmo total. Tome nota mental de ligar sólo con hombres a los que viera bailar y a los que se les apreciara saber seguir el compás.

Puede parecer que lo de follar es muy fácil y con meter y sacar está todo hecho, pero la cosa se dificulta si ambos se mueven a diferente ritmo, en serio, tengo estudios empíricos sobre ello.

También pensé que igual el problema era yo y me quedé quieta. A llamémosle X, le dio igual, parecía tener un baile de San Vito desconexionado, sus gemidos me indicaban que iba a llegar al final antes que yo y que me iba a quedar a verlas venir, así que rápidamente planteé una opción que era jugar sobre seguro.

- Este... – Estoy casi segura de que se llama Aitor- ¿nos cambiamos de postura? Me encantaría a cuatro patas, por favor.

Él gruñó con aquiesciencia, me dejó colocarme y me agarró por las caderas. Metí mi mano entre las piernas y mientras yo atendía a mi clítoris que sabía por donde quedaba –casualmente donde lo dejé la última vez que había mirado- El follador antes conocido como primo de mi amiga se dedicaba a darme empujones que al concentrarme en mis dedos y en ellos me permitió alcanzar el orgasmo un poco antes que él. Bueno, digo yo que lo alcanzaría porque según acabó cayó desplomado sobre la cama.

Me hubiera gustado que – Le pega llamarse Eugenio- se hubiera ido, pero estaba en coma sexual y me resigné a que pasaría la noche allí. Su prima me había dado toda clase de referencias sobre él así que imaginé que no sería un psicópata, por otro lado en caso contrario no lo hubiera traído a casa y hubiera saciado mis instintos de esa noche sobre el capot de un coche en el aparcamiento. No me gusta mucho compartir sueños con un desconocido. Un polvo vaya, pero eso otro es más íntimo y no me va.

El amanecer con sus rayos de luz trémulos comenzó a dibujar sombras a través de la cortina sobre una pared, a la vez oí correr la cisterna y recordé que tenía compañía.
No sé si fue la visión de – no pasa de mañana que le pregunte a su prima cómo se llama el fulano éste- sobre el quicio de la puerta del baño, o fue que me preguntó bastante en serio:

- ¿Qué? ¿Me vas a dar de desayunar?

Lo que me despertó de golpe. Me senté en la cama y le pregunté:

- Te hago el desayuno si me dices cómo me llamo.

Su mirada perdida me dijo que no tenía ni idea. Aun así decidió hacer un intento desesperado:

- María.

Le miré, y mientras me levantaba arrastrando una sábana que decidí utilizar de bata mañanera, le dije seriamente:

- Lo siento. Pero no. En la esquina te encontrarás un bar abierto.

Al par o tres de días me llamó mi amiga:

- Jelen, que Arturo me dijo que eres una borde.
- ¿Quién?
- Arturo, mi primo.

Hostias, mira tú, ahora me acuerdo, su nombre era Arturo.
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Re: Jelen

Mensajepor Pastinaca » 08 Oct 2013 18:28

Me declaro adicto a esta serie.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 08 Oct 2013 18:34

Gracias, Pasti :chuc:
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 08 Oct 2013 18:36

Cada uno tiene sus pequeñas tretas para continuar en la brecha. La única manera efectiva que he encontrado por ahora para no mandar a la mierda a mi jefe es repetir como un mantra alguna poesía infantil, de esas tontas y simples y que te permiten no pensar, mientras te centras en sus palabras.

Arriba y abajo
por los callejones
pasa una ratita
con veinte ratones


Así me veo yo todo el día arriba y abajo, corre que te corre, que si este expediente, que si el otro, que si el de más allá, que si éste ya no me hace falta, que si me urge esto, que si me falta lo otro.
Que sí, que vamos de acuerdo en que los jefes tienen que mandar, pero es prioritario que sepan mandar, porque entre mandar y marear hay una línea muy muy fina.

unos sin colita
otros muy colones
otros sin orejas
otros orejones

- ¿Qué dices de cojones, Jelen? - me pregunta una compañera.
- No he dicho nada de cojones, Anita, he dicho orejones.
- Sí, ya, el viejo truco del donde dije digo digo diego...

No contesto, porque ahora sí que soltaría un cojones bien mandado y con golpe de expediente en la mesa.

- Sí, Anita, hija, lo que tu digas.
- Oye, a mí con condescendencias no... eh?
- Por cierto, Anita. Que ha dicho Don Genaro que le lleves esto que dice que tú controlas mucho más el tema éste de los expedientes que yo...
- Claro, llevo más años que tú aquí, Jelen.

unos sin patitas
otros muy patones
unos sin ojitos
y otros muy ojones

El pasillo es largo. Pillo el teléfono. Extensión 9863.

-¿Sí?
- Don Genaro, va Anita a llevarle un expediente, ha insistido en que ella conoce ese tema más que yo y ya sabe que tiene más antigüedad que yo aquí...
- Pero Jelen, que Anita me marea, que no sabe lo que le cuento, que quiero que te encargues tú.
- Pues digaselo ud, Don Genaro, digaselo...

No espero respuesta. Si se lo dice, bien y si no se lo dice, mejor, marrón que me quito de encima.

unos sin narices
y otros narigones
unos sin hocico
y otros hocicones


Es lo que tiene el ser una hocicona, que te dan en las narices cuando menos te lo esperas, yo bastante tengo con estar de paseo con mis ratones, arriba y abajo.

Uno, dos, seis, quince, diecisiete... me falta uno.
Espero que se haya metido en el bolso de Anita.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 09 Oct 2013 09:44

No me gusta perderme en los recuerdos. Si me dejo llevar me cubren de un velo de nostalgia que me ahoga y no me deja respirar. Así que prefiero mirar hacia adelante que hacia atrás. Pero a veces no puedo evitarlo. Los pensamientos me pillan a contrapié y se adueñan de mi mente. Puede pasar mientras paseo o sentada en el sofá arrebujada una manta y leyendo. Mi mente salta de un pensamiento a otro, mis ojos se desplazan por las líneas pero en lugar de quedarse en lo impreso se meten entre ellas, y cuando me doy cuenta he trascendido del libro, he dado un salto, ahora mis pensamientos vagan libres y no soy capaz de sujetarlos.

Por eso a veces le recuerdo.

- Tú eres especial, Jelen.

Por mucho que yo sea inmune –o casi inmune- a los halagos, no son la peor manera de atraer la atención de un mujer. O de un hombre. Incluso de un animal.

- ¿Por qué soy especial?

Pero esa pregunta ya es más difícil de contestar. Él no entendía que me molestase, y le intentaba explicar que decirle a alguien que es un protozoo sin explicarle lo que es un protozoo, o cómo se comporta o de qué se debe alimentar es una putada del quince.

-¿Ves? Por eso eres especial, tus conexiones mentales no son como las de los demás.
- ¿Pero es que tú conoces las conexiones mentales de todo el mundo? Seguro que hay millones de personas que piensan como yo, o razonan como yo, pero son más listos y no lo dicen.

Él también se marchó. A pesar de ser yo diferente o precisamente por ello. Se han ido más, pero no he echado de menos a todos. De hecho de algunos de ellos me he alegrado infinitamente al verme libre de su presencia.

El inicio es más fácil pero pronto las cosas se estropean. He llegado a pensar si seré yo, si me aburriré y abandonaré la relación, si realmente no tengo ganas de tener pareja, si la busco compulsivamente cuando necesito compañía pero en cuanto me sacio y me siento llena tengo ya para una temporada y los alejo, quizás no me pliegue lo suficiente a lo que esperan de mí, pero joder, ellos tampoco y no me pongo en plan exigente. De casi todos tomo lo que me pueden dar y no les exijo más. E incluso transijo cuando ellos sí me piden más a mí. Pero no saben parar, y siempre quieren más y más.

Él precisamente él, ese al que más echo de menos fue el que me dijo algo que me dejó enganchada a sus labios y pendiente de sus palabras:

- Hay hombres que se matan por ellas y otros que se extravían.
- A priori cualquiera de las dos opciones parece mala, pero mejor perdido que muerto...
- A mí no me importaría perderme por ti.
- Esa es una frase muy bonita y que queda muy bien soltarla, pero ¿por qué deberías perderte? No creo que sea necesario...
- Seguro que no hay necesidad, Jelen, pero es lo que hacéis las femme fatale.
- Anda, no me hagas reír, yo no soy una femme fatale...
- Igual lo eres y no eres consciente.
- No, no lo soy. Ya sabes lo que decía Valle Inclán, las femme fatale son desastres que dejan siempre vestigios en el cuerpo y en el alma.
- Yo tengo arañazos en la espalda...
- No, hablando en serio, Pablo, yo no creo que deje tanta huella.
- Ya te digo yo que sí, Jelen, tú dejas marca en el alma, por eso, porque eres especial.

Pero también él se fue. Quizás ya no tenía el alma para más marcas. Pero espero que esté donde esté mi marca no se le haya borrado y que me extrañe tanto que le escueza el alma.
Se lo merece.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 09 Oct 2013 14:19

No me gusta perderme en los pensamientos. Pero no siempre pasan las cosas que a mí me gustan. Y a veces me asaltan en los momentos más inoportunos.

El claxon del de atrás me hizo darme cuenta de que el semáforo ya se había puesto en verde. No dije nada, ni me pareció mal, tenía razón, además íbamos en una calle de un solo sentido y no me podía rebasar ni aunque quisiera. Eso sí, tocó el claxon de muy malos modos.
En el siguiente semáforo, estuve atenta y además me fijé en el espejo retrovisor, era un hombre más o menos de mi edad pero gastaba cara de malencarado. Tampoco nada raro, hay gente que cuando se pone a conducir parecen gremlins que se han comido un bocadillo de chorizo después de media noche y además se han duchado. Así que no huelen mal pero les entra una mala leche total.

Antes de que se pusiera en verde, ya me empezó a pitar, imagino que preventivamente porque la vez anterior me había despistado, pero mira, por ahí ya no paso. Además menudo concierto de pitidos. Así que no arranqué y paré el coche. No encendí un cigarrillo porque no fumo.
La mala hostia del de atrás crecía exponencialmente, ya sacaba medio cuerpo por la ventana y agitaba el brazo. En ningún momento me llegué a asustar, la verdad.

Y de repente le vi bajarse. Y venir hacia mí como si me fuera a comer. Subí la ventanilla. Me dio unos golpes en la ventana y yo le miré enarcando la ceja. Me dio voces y le hice gestos de que no le escuchaba. Me indicó que bajara la ventanilla y le dije que no.
Incomprensiblemente él se calmó un poco. Así que bajé un poco la ventanilla.

- ¿Qué pasa?
- No bajo más la ventanilla porque me das miedo.
- ¿En serio?
- Sí.
- ¿Por qué no arrancas?
- Se me ha calado el coche.
- Pero llevas por lo menos un minuto parada.
- Sí, estaba pensando si llamar a un taller, pero mi móvil no tiene batería. ¿Me prestas el tuyo?
- ¿Pero me lo estás diciendo en serio?
- Pues no. Mira de hecho voy a arrancar ahora que está a punto de ponerse en rojo otra vez y te quedas ahí esperando a ver si se te quita esa mala costumbre de ser un claxonsuelto. Hale, ciao.

Y arranqué y me fui. Por estas cosas que tiene el azar. A las dos o tres calles, me lo volví a encontrar, esta vez a mi nivel, él me lanzaba miradas asesinas y yo procuraba ignorarle. Pero se ve que no estaba contento y bajó la ventana del copiloto:

- Eso que has hecho está muy feo, lo sabes. – me dijo gritando.
- Si quieres protestar toca el pito que se te da muy bien- le dije yo para que me oyera también.
- ¡Qué comportamiento más incívico!
- Para incívico el tuyo que tocas el claxon creando contaminación auditiva sin necesidad.
- Niñata.
- Chuloplaya.

Se puso el semáforo en verde. Y él pegó un acelerón y se puso delante de mí. Le vi venir, una vez más nos embocamos en una calle de un solo carril y estas cosas de ir por el centro con semáforos. En cuanto se puso el semáforo en verde y no arrancó supe que me quería hacer la misma jugada. Pero no esperé mucho y me bajé del coche. Me dirigí a su ventanilla.

A él no le tuve que hacer señas para que bajara la ventanilla, la tenía bajada y me estaba esperando.

- ¿Qué? ¿No me vas a tocar el claxon? ¿A que dan ganas?

- No, yo no soy tan irascible, sólo me acercaba a ver si con la sonrisa de satisfacción se te ponía la cara de gilipollas que me estaba imaginando. Y que sepas que no tengo prisa.

No sé qué quedó mascullando. Pero me dejó plantada en cuanto el semáforo estaba a punto de ponerse en rojo. La verdad es que no me importó, yo le había hecho lo mismo y unas veces se gana y otras se pierde.
Llegué y aparqué. Andaba con tiempo así que entré a tomar un café en un bar.
Cuando entré estuve a punto de salirme, porque le vi acodado en la barra, pero no le iba a dar ese gusto, ya se había colgado una sonrisa con sorna.

- ¿Me vienes a pedir perdón?
- Las ganas que se te van a quedar.

Pedí un café con leche al camarero. Y me dediqué a trastear en el móvil.

- ¿No era que no tenías batería?
- ¿De verdad te crees que te voy a dar explicaciones?
- Bueno, yo sí quiero pedirte perdón a ti.
- Vale, te perdono. – Le dije condescendiente.
- ¿Y bien? – me dijo él.
- ¿Y bien qué?
- Ahora me tendrás que pedir perdón tú, ¿no?
- Yo creo que no tengo que pedirte perdón, pero te invito al café.
- Niñata.
- Gilipollas. Por cierto, ¿sabes cual es la definición de nanosegundo?
- ¿Cuál?
- El tiempo que pasa entre que el semáforo se pone en verde y el gilipollas de atrás se pone a pitar.

Nos sonreímos y seguimos cada uno por nuestro camino. La verdad es que la sinceridad, bien llevada, es cojonuda.
Siempre que sea sinceridad, claro.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 09 Oct 2013 19:30

Mierda, mierda, mierda.

Vamos no me fastidies. Odio las bodas, las odio, pero las odio profundamente. No me importa que la gente se case, allá cada cual con su cadacualismo, pero no me dejo liar para que a mí me arrastren a esos teatros. He conseguido escaquearme de montones de bodas, aunque me llamen rancia.

Joder, joder, joder.

Sabía que esto acabaría así desde el momento en que mi prima Irina, me llamó para comunicarme que se casaba. Encima una boda familiar. Irina es mi prima más querida, somos de la misma edad, y yo no he tenido hermanas. Aunque somos como el día –ella- y la noche –yo-, como el yin y el yan, el café y la leche, la cara y la cruz, siempre nos hemos llevado bien, quizás porque nos hemos compenetrado totalmente.
Ella nunca ha llegado a ser tan cursi como su madre.
Irina es la tercera de cinco hermanas: Alba, Elena, Irina, Olga y Úrsula. En la familia siempre hemos creído que la Tía Aeiou no había tenido más hijas porque se le acabaron las vocales.

Cuando me dijo que se casaba me dejé caer sobre el sofá. No porque me parezca mal o porque su novio me caiga mal, o piense que no hace bien. No.
Me dio un mareo al darme cuenta de que de esta boda no me podría escaquear. Así que resignada escuché su retahíla emocionada hasta que llegó a una parte en la que ni sentada conseguía sentir el suelo bajo mis pies:

- ¿Qué?
- Sí, Jelen, no me digas que no, quiero que seas la madrina.
- Ni hablar.

Cagüenlasotadebastos, cagüenlasotadebastos, cagüenlasotadebastos.

Irina siempre decía cuando éramos niñas que yo sería su dama de honor y yo me reía, porque esa costumbre aquí no se llevaba y pensaba que me libraría, pero resulta que el novio es huérfano de madre y le da a Irina el capricho de que yo sea la madrina.

- No, Irina, ni loca. No será poco que vaya a tu boda.
- Jelen, por favor, sabes que me hace mucha ilusión.

E Irina nunca ha sido tan cursi como su madre pero siempre ha sido muy pesada y muy insistente. Cada poco me asaltaba con llamadas, mails, guasaps, me prometió no contarme nada de la organización de la boda si aceptaba y al final acepté.
No sé cómo tengo fama de dura si soy una blandengue y una calzonazos.

Joderjoderjoder

Así que aquí estoy vestida de pitiminí, porque claro una madrina no puede ir de cualquier manera. He conseguido evitar las telas brillantes, los tocados, y las perlas. Vale, ya sé que es una victoria pírrica y ridícula, pero cada una se consuela como puede.

Irina está preciosa y todo está saliendo bastante bien. Y de repente ahí aparece él. Mi primo Marcos. Primo de Irina y mío. Tres o cuatro años mayor que nosotras.

- Jelen.

Me da dos besos. Y consigue que sean tan obscenos como si me hubiera dado un beso a tornillo.

- Estás guapísima, prima. A ver cuando te casamos a ti.

Odio las bodas, joder. Todas las tías preguntando lo mismo, que si tienes novio, que si te casas, que si se te va a pasar el arroz, que si mira Irina, que si mira sus hermanas, que si mira tus primas, las vecinas. Leches. Pesados son.
Y una controlándose, e intentando callar y ser educada y no mandar a nadie a la mierda para no arruinar la boda de tu prima.

- ¿Y por qué no te casas tú?
- No seas arisca, Jelen, mujer. Todavía me acuerdo de cuando jugábamos a los médicos.

Y no creo que lo olvide nunca. A veces creo que es el único sexo que ha tenido. Cuando nos engañaba a Irina y a mí para operarnos de apendicitis desprendido, porque nos metía la mano por debajo de la ropa y rebuscaba al sur de donde debería.
Pero lo que con trece años era divertido en un tío de treinta resulta patético. Y sé que le gustaría jugar a los médicos otra vez conmigo, porque siempre está con sus recuerdos de aquellas épocas. Pero me hastía. Y no me resulta interesante. Y creo que voy a chillar y a mandar a todos a la mierda.

Los tirantes de las mujeres me recuerdan que no han traído abrigos y que no podré esconderme en el ropero. Ni debajo de la mesa de la tarta. Miro el reloj, pero aún no es educado marcharme. Sólo un rato más, sólo un rato más.

Coño, coño, coño.

Levanto la nariz y busco un punto en el que desconectar un rato, si encuentro una tía más que me pregunte que si tengo novio, creo que me quitaré las medias y la estrangularé con ellas. En serio. Puta boda.

Así que me voy huyendo del gentío. Y encuentro un balcón que parece estar vacío. Pero al salir a él veo que no, que ya está ocupado.
Miro a los ojos al inquilino, unos ojos increíblemente verdes y que me dicen que él también está huyendo. No sé si de mi boda o de otra de las que se celebren por aquí. Hago amago de darme la vuelta para seguir buscando un rincón propio y solitario, pero él sonríe torcidamente y me dice:

- Anda, arrímate, que te hago sitio, Jelen.

Me fijo más en él y me doy cuenta de que es el hermano del novio. Al que ya hace mucho que no había visto. En realidad sólo le vi una vez. Y sí, me lo tiré. O él se me tiró a mí. Ya no recuerdo bien.
Pero no sé, me da la sensación de que no me preguntará si tengo novio. Así que cierro la puerta de la terraza esperando que nadie más encuentre el pasadizo y me acodo a su lado.

- ¿Harto de boda? – pregunto sin mirarle.
- Hasta los cojones.
- Sí, yo también. – contesto sin caer en la trampa de sus ojos verdes.
- Jelen...
- ¿Si?
- Hacía mucho tiempo que no nos veíamos...
- Mucho.
- Desde aquella noche...
- Sí.

Y espero que no vayamos a hablar de aquella noche, porque igual es mejor que vuelva al salón a buscar a alguien que me pregunte si tengo novio.

Pero no habla. Le miro. Y está muy cerca. Se acerca y nos besamos. Ya sabía que no debía mirarle.

Porras, porras, porras.

Estaba perdida en su boca, buscando una salida, cuando se abrió la puerta del balcón. Y salieron la tía María y la tía Pepi. En pocas familias he encontrado tantas tías como en la de Irina y en la de su novio.

-Jelen- dijo la tía Pepi que ya me había preguntado a la sazón dos o tres veces sobre si tenía novio.

- Tía Pepi, mira, te presento a mi novio, Miguel.

Y nos marchamos a buscar otro lugar solitario. Mientras nos alejábamos Miguel me dijo:

- No debías haberles dicho eso.
- Que se jodan, que al que mucho quiere saber, poco y al revés.
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 11 Oct 2013 18:52

El resto del día lo pasé con Miguel. Y esa noche también.El sexo es siempre sexo. Y tiene muchas maneras de ser divertido, excitante, agradable.
Pero tampoco se puede negar que a veces con ciertas personas se da una conjunción que hace que te tiemblen más las piernas, que los besos sean más quedos, en su punto perfecto de humedad, que el tiempo se estire como chicle entre sus brazos, que los preliminares, los liminares y los postliminares sean todo una sensación extrema de placer. Ni los gemidos son estridentes, ni las caricias exageradas, ni tiene la polla grande, ni la lengua corta, llega un momento que no sabes dónde terminas tú y donde empieza él. Y eso aparte del feeling se da si además de follar físicamente, te follas con la mente.

Es cierto que sólo pasé una noche con Miguel. Y es cierto que no se había vuelto a repetir. Pero yo conocía a Miguel mucho más. Él hizo parte de sus estudios en Alemania, Irina y el hermano de Miguel, Luis, empezaron a salir en aquel boom del messenger. En aquella época en que ese pequeño programa era una extensión de ti.
Lavarte los dientes, asearte, abrir el ordenador, saltar el messenger. Lo usabas para trabajo, para ocio, para juguetear...
Pero como todo llegó un momento en que ya estaba casi aburrida. Casi. Con Irina hablaba de vez en cuando. Y un día de esos, en que estaba hablando con ella y Luis estaba hablando con Miguel, hicimos una conversación de grupo.
Mi hastío rozó el techo.
No me apetecía, pero algo en las letras azules de Miguel me retuvo. Algo en su cadencia al teclear, en su modo de hilar las frases.

No es la primera vez que me he llevado una decepción enorme después de conocer a alguien con quien sólo tenía contacto virtual. Una persona que por escrito parecía interesante y en persona era un sonso de cuidado. Al igual que hay personas que en la cercanía ganan, pero por escrito pierden chispa.
Miguel tenía chispa, y nos presentaron virtualmente. Sé que Irina celestineaba y que probablemente jugueteaba con la idea de que yo me liara con su cuñado. Algo que probablemente no iba a pasar.

Me escapé en cuanto pude, pero la siguiente vez que me conecté, Irina y Luis no estaban activos, pero Miguel sí. Vi su icono y pensé en abrirle ventanita. Pero lo dejé pasar. Él sí me la abrió a mí.
Eso hizo que comenzara una época en que Miguel y yo chateábamos en el messenger, intercambiábamos largos mails en los que él me explicaba por qué las salchichas alemanas nunca se podrán comparar con la chistorra y en el que yo le contaba por qué todo el mundo está equivocado y las nubes tienen alas pero las compresas no.
Nos escribíamos, y hablábamos horas y horas. Y al contrario de lo que pasaba con mis relaciones en persona, mi relación virtual – nunca definimos qué éramos- iba genial.

Hasta el día que él vino a Madrid. Volvió. Hasta el día que nos vimos. En que al clavar los ojos uno en el otro, sin el retardo de la cam pudimos sentirnos cerca, olernos, y darnos un abrazo tan largo que nuestros latidos se sincoparon.
Y sí, acabamos la noche juntos, y no sé si me lo tiré o si él se me tiró a mí. Sé que cuando el albor clareaba la noche, después de estar mareados de sexo, ahítos de besos y carantoñas, él me susurró al oído que me quería, antes de caer dormido y de yo huir aterrorizada.

No quise contestarle más a mails, ni abrí el messenger nunca más, no sé por qué lo hice. Me asusté. Fue hace unos años y la verdad es que me pudieron sus palabras. Esas a las que yo siempre consideré mis amigas, colgadas de su boca, me golpearon en el estómago y salí corriendo, porque la verdad es que creo que yo también le quería y no quería quererle. Aunque no sé por qué. Yo era joven, no estaba preparada, no sé. Pero tampoco sabía cómo explicárselo y pillé el camino fácil. El de callar y huir.
Me porté fatal. No me siento orgullosa.

Y entre caricia y caricia, y entre beso y beso, lo recuerdo y no quiero que este polvo se acabe. No quiero.
Y me tiemblan las piernas y no sé si seré yo la que diga hoy que le quiero y él el que salga corriendo. Así que me muerdo la boca y disfruto.
Ya veremos mañana...

Le sentí marcharse, pero él no dijo nada y yo tampoco. Agradecí que no me preguntara por qué me había comportado como me comporté en el pasado. No sé qué le hubiera podido decir.

Me levanté al rato y me tomé un café. Pensé que era una buena mañana para coger los patines y darme un garbeo sobre ellos. Sintiendo el fresco en la cara y concentrándome lo suficiente para no caerme. Mi pensamiento se iba continuamente hacia Miguel, la noche reciente y todo lo pasado, pero lo apartaba de mi mente, intentaba no dejar que él se enseñorease de mis pensamientos.

Patiné hasta que dar extenuada, perseguí algunas palomas, e hice rabiar a algunos perros, casi me gano un bolsazo de una vieja a la que rebasé y que debió pensar que le iba a quitar el bolso y después de ducharme y recuperarme llamé a unas amigos para salir a tomar unas cañas y unos pinchos.

Cada vez es más difícil encontrar a alguien diponible, el que no tiene niños pequeños, está pasando por una depresión porque ha perdido el amor, el otro tiene el colesterol alto y al de más allá le mata el ácido úrico, al otro sencillamente no le apetece y a la de más allá le engorda mucho el picoteo y no se puede pasar el rato charlando y mirándote comer y la otra tiene comida familiar. Tampoco tengo mucho problema en irme sola, pero hoy no, hoy quería ruido de voces conocidas a mi alrededor. Tuve suerte y nos juntamos tres, salimos a comer y a pasar la tarde. Y aunque me costaba mantenerme en la conversación y mi cabeza se escapaba hacia Miguel todo el rato lo conseguí.
Dita sea, follar con él había conseguido despertar mi mala conciencia por cómo le traté.
“No seas tonta, Jelen, no seas tonta, después de tantos años para qué le vas a dar una explicación. Una que no tienes encima...”

- ¿Jelen?
- ¿Eh?
- Vuelve a la tierra niña, que te vas. Te preguntaba que qué tal la boda ayer...
- Bien...
- ¿Bien? Pero si a ti no te gustan las bodas...
- Esta ha follado- sentenció Amanda.
- ¿Por qué lo sabes?- preguntó la inocente Elisa.
- Juer, mira los círculos morados debajo de sus ojos, la cara de cansada, la sonrisa tonta que se le pone de vez en cuando... puede que haya tenido hasta sexo anal, ¿no ves que se sienta raro?

Me tuve que reír, porque si hay alguien que sea más bruta que yo, es Amanda. Y encima la tía acertaba, vamos, menos en lo del sexo anal.

- ¡Serás tonta, tía!
- Ya, pero tengo razón.
- No tuve sexo anal.
- Así que foo... ¡que eso!- dijo Elisa- pero ¿con quién? ¡Cuenta!
- Con uno... dije yo buscando tema para cambiar de dirección.
- Si hubiera sido con una tendría más morbillo el tema, nena –dijo Amanda.
- ¿Y qué tal?- preguntó Elisa.
- Bien, mujer, no ves la cara de tonta que tiene. Si el polvo va mal se te queda más avinagrada.

Sí, Amanda está emparejada, pero su santo es un santo de verdad. Aunque es una bruja muy graciosa.

Conseguí evitar el tema, saltarme las preguntas espinosas y desviarlo. Ellas sabían de Miguel y no quería hablar con ellas sobre eso, no necesitaba, por lo menos en este momento consejos, ni opiniones. Y mucho menos juicios sobre mi actuación. La pasada y la presente. Incluso igual también de la futura.

Para volver a casa tomé el metro. Era mala hora, había mucha gente. En un apretujón allí de pie, noté que el de atrás se refroteaba un poco de más conmigo. Había gente y poco espacio, pero no tan poco espacio. Me giré y le miré.
Él se dio cuenta y se hizo el despistado.

- ¿Qué?- le dije en un tono desabrido.
- ¿Cómo?
- Que si tienes ganas de tocar culos te des la vuelta y se lo toques al maromo que tienes detrás que yo no estoy por la labor, a ver si te tengo que pegar un rodillazo en los huevos.
- Perdone, señorita, pero creo que se ha equivocado...

Pero mira, encontró sitio para separarse de mí. Eso sirvió para que mis pensamientos no me rondaran.

Llegué a casa y abrí el ordenador, revisé mi correo, no había rastro de Miguel. Ni un mail, ni nada. Tampoco me había mandado ningún mensaje. Y la verdad es que tampoco yo a él. Esperaba que Irina no se hubiera enterado de que me había ido con él, con las chapas que me dio en la ocasión anterior.

Busqué nostálgica algún correo anterior, y me los puse a leer. No sé por qué no los había borrado. Sonreí. Sus palabras aún me atraían y hasta ahora me había mantenido alejadas de ellas. Es lo que debería hacer ahora también.

Pero antes de conseguir pensarlo bien y de hacer mi lista necesaria sobre pros y contras en una situación de riesgo, ya le había escrito un mensaje a Miguel, uno escueto y corto. Y sincero.

“Lo pasé genial anoche y me alegré mucho de verte.
Jelen”

Le di al enviar y al momento deseé cancelarlo. Ya no podía. Confié en que ya no tuviera esa dirección de correo. Cerré el ordenador. Me fui a la cama.

Duré diez minutos. Me levanté y cambié las sábanas.
Hay que joderse lo que olían a él. Tan bien...
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Re: Jelen

Mensajepor Jaguar » 13 Oct 2013 19:09

Muy entretenida la saga de Jelen, un personaje con muchos registros, como debe ser.

Aunque al margen de las historias de Jelen, la que me ha hecho muchísima gracia es la de Don Leocadio y el cipote postizo. Buenísima :wink:

Sigue deleitándonos con estas historias, Dae :be:
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 13 Oct 2013 19:43

:be:
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Re: Jelen

Mensajepor greta » 13 Oct 2013 20:20

Una cancioncita para ambientar las historias de Jelen.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=rWnDYOGHqDs[/youtube]
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Re: Jelen

Mensajepor Lía » 14 Oct 2013 15:58

Me gusta Jelen, aunque preferiría que por una vez las mujeres de los relatos fueran jefas y no secretarias. :be:

Pero también él se fue. Quizás ya no tenía el alma para más marcas. Pero espero que esté donde esté mi marca no se le haya borrado y que me extrañe tanto que le escueza el alma.


Para mi toda. :cat:
Quién quiere un príncipe pudiendo elegir al mendigo. :be:
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 14 Oct 2013 17:26

Gracias Lía y Greta :be:
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Re: Jelen

Mensajepor Dae » 14 Oct 2013 17:26

Día 1 después del mail.

Sin noticias de Miguel. Me dan escalofríos cada vez que abro el correo esperando ver su respuesta, aunque luego en otros momentos soy más realista y me imagino que no me contesta.

Día 2 después del mail.

He estado pensando si mandarle otro correo, pero no sé muy bien qué decirle para no parecer penosa, la pelota está en su tejado y es él el que debe contestar, no quiero caer en eso de ponerme pesada, si no contesta será porque no quiere...

Día 5 después del mail.

Me han cambiado de jefe, ahora tengo jefa. Dicen que las jefas son mucho más hijaputas que los jefes. No sé. La verdad es que me da igual, yo hago lo que me mandan, y me tomo a los superiores como seres asexuados. Estoy segura de que ni follan. Lo peor es tener que hacerse ahora a todas las manías de una jefa nueva cuando ya tenía dominado al anterior. Y encima me da a mí que no nos va a durar mucho. Ha empezado con mucha fuerza pero vamos a ver lo que tarda en desinflarse, mis compañeras le comen la moral a cualquiera.

Miguel no ha contestado. He estado tomado café con Irina, y no me ha dicho nada. Así que imagino que Miguel no se lo ha comentado a su hermano como yo no se lo he comentado a Irina. La verdad es que no sé por qué me ha dado tan fuerte esta vez, quizás esté harta de encontrarme a lechuguinos y me gustaría volver a tener lo mismo que tuvimos hace unos años. Pero uno no puede volver a bañarse en el mismo río y nosotros los de entonces... ya no somos los mismos.

Día 15 después del mail.

Ya casi he perdido las esperanzas de que escriba, casi. A veces pienso que igual no lo ha recibido, que debería mandarle otro, pero sé que son excusas que me doy para permitirme intentar otro contacto con él. Luego me digo que si no lo ha recibido, si se le ha hundido en un mar de spam, si se le ha pasado contestar, si ha contestado y se ha perdido, será que tenía que ser así.
Cierro el correo, un poco desanimada, aunque ya estoy consolada. Y Lucas se sienta en mi mesa.

- ¿Qué? ¿Malas noticias?
- No, que va....
- Pareces un poco desanimada.
- Pshhh
- ¿Te hace tomar algo hoy?

Lucas ya hace tiempo que me ronda, lo que pasa que no me apetece liarme con alguien del curro y más si está sentado precisamente delante de mí. Alguien a quien te encuentras casi todas las veces que levantas los ojos de la mesa.

Día 19 después del mail.


Nada en el correo. Vamos, nada interesante. Levanto la mirada y me encuentro con Lucas. Me sonríe.
Le sonrío.
Me levanto. Y me acerco a su mesa. Me siento en ella. Él me mira y le pregunto que si le apetece tomar algo. Él me dice que sí. Quedamos al salir de currar. No es buena idea, ya lo sé.

Pero me ayudará a borrar la mancha de Miguel y a perder la esperanza de que me escriba.

Nos han colocado la fotocopiadora en un pasillo estrecho, y a desmano de todo. Ir a fotocopiar algo allí es echar medio día como si fueras de excursión. Siempre hay que fotocopiar algo, y la verdad es que hoy me apetece pasearme, cojo mi carpeta de documentos para fotocopiar y me acerco a ver a mi amiga. Me toman el pelo porque dicen que la fotocopiadora con quien mejor se porta es conmigo, pero es que yo no la maltrato, ni le digo palabrotas y encima me leo los mensajes que aparecen en la pantalla, esos que te dicen si hay un atasco, si falta papel, si el toner magenta está bajo o si el contenedor de residuos tiene un cólico. Sencillamente le presto atención y eso casi me ha convertido en la encargada de su mantenimiento, cuando alguien no consigue algo de la fotocopiadora me lo pide a mí. Estoy ensimismada en mi tarea y no siento llegar a Lucas.
Cuando le veo está recostado sobre el quicio de la puerta y no sé cuanto rato lleva ahí.

- ¿Dónde me vas a llevar esta tarde? – me pregunta.
- ¿Tengo que elegir yo?
- Eres tú la que me ha invitado, dice con una sonrisa sardónica.

Yo podría decirle que él me ha invitado treinta y dos veces al menos y siempre he declinado la invitación. Pero no creo que sea adecuado ni conveniente resaltar ese hecho.
Lucas se acerca, y se pone detrás de mí, como si mirase algo en la pantalla de la fotocopiadora.

- ¿Te queda mucho?
- No. (¿Para qué?) Pero si tienes prisa, te dejo colarte...
- No importa, se está bien aquí.

Lucas se ha envalentonado con la invitación. Noto en su voz un tono juguetón y me temo que vamos a caer en lo que no quería yo. Eso de la polla y la olla. Aunque yo no tengo polla, pero imagino que él sí.

Me doy la vuelta y él no se mueve. El espacio es justo para las dos. Levanto los ojos y me hundo en su mirada muy de cerca.

- Espero que no nos hagamos daño...- musito yo.
- ¿Tan peligrosa es la fotocopiadora?- dice él.

Sé que debo buscar una excusa. Deshacer la cita, porque esto sólo me va a traer problemas. Nada más que problemas. Bueno, y puede que algún buen rato, una vez me lié con un compañero en el curro y no estuvo tan mal. Además lo nuestro acabó porque le trasladaron y no tuve que aguantar malas caras, por haber roto o habernos aburrido. Nos quedábamos tarde y en alguna ocasión estuvieron a punto de pillarnos los compañeros de limpieza. Es lo que tiene ser una de sangre caliente...

No sé si ha leído algo en mis ojos, pero me ha dicho muy bajito, acercándoseme al oído que no va admitir ninguna excusa y luego mi mora ha hecho un movimiento que me ha pillado desprevenida, ha posado sus labios en mi cuello y me ha churrepeteado. Dita sea. Soy incapaz de resistirme a un beso en el cuello. Un estremecimiento me ha recorrido, ya podía haber hecho fresco y haberme puesto un jersey de cuello alto.
Las piernas se me han hecho de gelatina y he pensado que me iba a caer.
19 días hace que estuve con Miguel y desde entonces he estado tan centrada en pensar en él que ni me he pajeado siquiera, mi cuerpo lo recuerda de repente y me da un calor tremendo, además de que sus labios en mi cuello me están robando el sentido.
Si ya lo decía el Sabina, he tardado en olvidarte 19 días y quinientos polvos, digo, quinientas noches...

Me escapo rauda y veloz del salón de la fotocopiadora y no me atrevo a mirar a Lucas durante lo que queda de jornada. La verdad es que a veces tengo unos comportamientos de lo más infantiles, pero es siento que si le miro él notará mi deseo y no llegaremos a tomar unas cañas esta noche...

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