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¿Quienes somos, de dónde venimos, dónde vamos? Un poco de Espiritualidad, Filosofía, Religión, Amor, Solidaridad, Misterio
Lía
La Guinda del Foro
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Insert coin: play the game.

Mensajepor Lía » 26 May 2014 09:37

Científicos que creen que hay algo más, que ponen en duda que la vida sea finita, que intuyen que sólo lo es en cada una de las formas que toma pero no en su conjunto; que asumen la posibilidad de que seamos un continuo en evolución, que nuestros genes almacenen información de esas vidas pasadas, en concreto de todo aquello que origina nuestros actuales traumas, a dónde se irá lo bueno que conseguimos, como si nos tratáramos de entes en continua mejora, como personajes de un videojuego sin fin que buscan mejorar y mejorar sus aptitudes para continuar buscando la ansiada meta. Quién soy yo para poner en duda sus capacidades intelectuales, suponer o insinuar que nos mienten, que se mienten, para huir de un final cierto para todos desde el mismo momento en que llegamos, del cual no podemos escapar ni con todo el oro del mundo. El miedo a un más allá vacío, cierto, incierto, imposible, desconocido ha hecho al ser humano buscar siempre explicaciones científicas o no, mundos alternativos, universos paralelos, paraísos e infiernos, en lo que es tal vez solo una búsqueda desesperada de no dejar de ser, de existir. Lo han hecho las religiones, las sectas, distintas escuelas de pensamiento, visionarios y vendedores, unos para dar esperanza, otros para hacer negocio en este mundo, algo que debería dejar claro que realmente no creen que haya nada después y por eso buscan lo mejor aquí, o lo que creen mejor para ellos: dinero y poder. Dinero, el nuevo dios que nos han dado y el capitalismo salvaje, su mejor iglesia, nos ofrecen alternativas a las viejas creencias, abandonadas por quién sabe qué razón. Nos quieren individualistas y egoístas, y la nueva religión nos convierte en pequeños dioses de nuestra felicidad o nuestra infelicidad, una u otra están en tu mano y dependen solo y exclusivamente de ti. Yo no sé qué hay, tampoco espero nada después, tal vez el después sea solo el descanso y la nada, que tampoco está tan mal después de tantos afanes. Qué había antes de mi y qué habrá después de mi, de esta forma que he adoptado, en esta vida? Ni cual tendré luego, ni cual tuve antes, si es que la tuve. Lo que no entiendo es porqué sólo traemos en nuestro adn las experiencias traumáticas que nos harán más difícil cada vez el paso por este momento. Porqué pensar que venimos de seres menos evolucionados hasta aquí, hasta la forma humana y luego continuar siendo hasta alcanzar la perfección. Porqué considerar que ser antes mariposa que humano es evolucionar, a la mariposa le dan 24 horas para ser hermosa, polinizar y multiplicarse, eso es perfecto, un soplo de belleza y vida; yo soy mucho menos que eso, no? Yo tengo la impresión de ser un juguete de los niños de un dios caprichoso, unos niños que juegan para aprender a ser dioses y mueven nuestros hilos, o aprietan los botones del mando de su consola haciendo y deshaciendo aventuras para cada uno de nosotros. Así que seríamos como las distintas vidas de un personaje de videojuego, y en cada vida tendríamos que ir obteniendo puntos y herramientas para las vidas siguientes. La cuestión es que sólo los niños que manejan el mando conocen el destino y el objetivo de nuestra vida en el juego; porque quién conoce cual es su objetivo en esta vida, o en las anteriores? Buscamos Ítaca y disfrutamos y aprendemos en el camino, o nos dirigimos al Monte del Destino para destruir el anillo de poder? Tengo la impresión de que de ser así en vidas anteriores fui alguna especie de guerrero o gladiador al que le tocaron las herramientas de la fuerza y la destreza con las armas; y mi pequeño jugador, que lo sabe, ha decidido que lo que a mi me dará miedo no serán las películas de terror sangriento y sin razón, sino las películas de terror psicológico, y así me tiene, de un lado para otro superando pruebas. Con todas ellas he ido mejorando los niveles de las herramientas que me ha dado, he conseguido puntos cada vez que he llegado a algún punto de control, me ha hecho cruzarme con otros jugadores que me han ido dando pistas de cual es mi camino, falsas o verdaderas. El objetivo sigo sin saberlo, ni siquiera creo que lo tenga. Algunos de esos jugadores siguen conmigo, compartiendo camino o simplemente contacto para que el viaje sea más llevadero, o para echarnos una mano de vez en cuando, para levantarnos al caer, o limpiarnos las heridas cuando la prueba es dura, o en mi caso mirándome y dándome fuerza cuando tengo que enfrentarme a las alturas; otros se han ido después de mucho o poco tiempo para seguir su viaje. Con todos ellos he aprendido cosas, de ellos y de mi y de otros; algunos me han dejado pequeños amuletos y consejos por si algún día los necesito, a otros se los he dado yo; también ha habido compañeros de viaje que fueron pruebas en sí mismos, pruebas a superar. Ahora mismo tengo la impresión de haber pasado a un nuevo nivel, he saltado el último, por ahora, obstáculo de esta carrera a ninguna parte; me he limpiado las rozaduras de manos y rodillas y continuaré el viaje no sin antes haber recibido los puntos de nivel que me corresponden. He dejado atrás gente que seguirá estando en mi corazón y en mi recuerdo, que tal vez vuelva a encontrar, pero con los que ya nada será lo mismo; creo que pocos se añadirán a mi puñado de fieles, a las fotos de la cartera que llevo en mi mochila, o ninguno; algunos me han ayudado, otros me han hecho salir de la ruta en su intento de ayudar, otros han intentado utilizarme para no reconocer su incapacidad para seguir, han intentado hacerme sentir arte y parte de su problema, otros me han llamado con un par de golpecitos por la espalda y luego al volverme han dicho que mejor no, que no jugaba suficientemente bien, también los ha habido que han temido dejar la gruta en que permanecían ocultos y presuntamente a salvo para continuar camino a mi lado, allí seguirán perdidos en un bucle del programa hasta que su niño dios decida cambiar de jugador y apagar su partida. Para ninguno de ellos tengo nada, salvo alguna sonrisa melancólica para unos, o un cierto temor hacia otros que me hará cruzarme con ellos sin parar. Así que aquí estoy ahora, esperando empezar el nuevo nivel, y continuar hacia no sé donde, mientras un niño dios sigue moviendo los hilos con no se sabe qué fin, para que yo vaya a quién sabe donde. Pero aquí estoy, a punto, mirando hacia delante.

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Quién quiere un príncipe pudiendo elegir al mendigo. :be:

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