I Edición Concurso de Relatos de Terror de Iniciados

Lía
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I Edición Concurso de Relatos de Terror de Iniciados

Mensajepor Lía » 06 Oct 2015 15:18

Bienvenidos a la primera Edición del Concurso de Relatos de Terror de Iniciados.

- Los relatos no tienen tamaño máximo, pero sean comprensivos con los lectores; tal vez una carilla de folio sería un tamaño aproximado adecuado. Lo dejo a su elección.
- El relato tiene que ser de terror, por algo es de Halloween.
- El ganador o ganadora no se compromete a nada, no tendrá que organizar nada después obligatoriamente.
- La ganadora o ganador no gana nada, no hay premio, ni dinero, aunque seguramente le felicitarán mucho los demás aunque la envidia les reconcoma por dentro. -nosweat
- Los relatos los publicará directamente el autor en este hilo.
- El autor, o autora, o extraterrestre, ser del inframundo, que participe deberá acompañar el relato de una fotografía con un disfraz acorde consigo mismo y su relato.
- Para evitar que esto tenga demasiadas páginas de comentarios y se nos pierda ningún relato, en este hilo se incluirán sólo los relatos, para los comentarios abriré otro.
- Recuerden, en este hilo sólo los relatos y las fotos de los disfraces.
- Intentaremos que nos queden al menos 5 días o así antes del 1 de noviembre para votar y así celebrar una gran fiesta de entrega de premios, comilona y parranda el día 1 de noviembre.

A qué esperan?

El folio está en blanco, cojan tinta y pluma y aterrorícennos.

-good
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Baron rojo
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Pisadas

Mensajepor Baron rojo » 06 Oct 2015 15:36

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El joven baronzuelo pasaba el estío en la casa familiar de un pueblecito abulense, en aquella época el campo estaba poco mecanizado con lo que la mayoría de las fincas todavía contaba con paredes hechas con piedras en vez de las alambradas que proliferarían años después.
En la zona en la que veraneaba había varios pueblecitos cercanos a los que no les había llegado la concentración agraria, con lo que quedaba con sus amigos en un pueblo y todos se movían de un pueblo a otro campo a través o por la carretera, sin miedo a atropellos dada la escasez de vehículos a motor que circulaban por aquellas carreteras.
El día en cuestión transcurrió como casi todos, que si un botellín por aquí, que si unas risas por allá, que si un tonteo aquí, que si un morreo allí, hasta que llegó la hora en que el grupo tenía que disolverse para ir cada uno a su casa, eso significaba que se hacían varios grupos, según el pueblo de destino, excepto el barón que se iba él solo a un pueblo.
No llevaba linterna, porque no era luna nueva y se veía perfectamente la carretera, pero lo que siempre llevaba en su pantalón multibolsillos, lo que ahora se denomina pantalón técnico, es un machete, que lo mismo valía para un roto que para un descosido.
Echó a andar por la carretera como casi todas las noches en las que la farra terminaba en otro pueblo que no era el suyo y al cabo de 10 minutos de caminata en el silencio de la noche se empieza a escuchar un rumor de pasos detrás suyo a la izquierda, él se paró a escuchar y al momento los paso cesaron, pensó que eran los cabrones de sus amigos que querían darle un susto con lo que empezó a llamarles, de todo menos guapos como podéis imaginaros, nadie le contesto, con lo cual procedió a hacer lo que haría cualquier descerebrado de 16 o 17 años, es decir a saltar la pared para ver quien era.
Allí no había nadie, lo cual le mosqueó bastante, pero pensó que había sido su imaginación, volvió a saltar la pared y continuó su camino, al rato volvió a oir los pasos detrás de él, ya eso le empezó a intranquilizar, con lo que empuñó el machete, porque su abuelo siempre le había dicho que no hay que temer a los muertos sino a los vivos, a eso había que añadirle que se encontraba en un punto de su camino en el que volver para atrás significaba la misma distancia que hacia delante, otra opción que podía plantearse era ir campo a través a otro pueblo, pero ese camino pasaba entre zonas con zarzas y mucha maleza, y eso si que daba acojone por la noche, así que decidió continuar su camino, pero a un paso más ligero.
Al acercarse a las afueras del pueblo había una zona, por donde sonaban las pisadas, con un bosquecillo y varías vallas con alambre de espinos con lo que al llegar a esa zona dejó de oir las pisadas, ufff, que alivio, llegó al pueblo y le recibió el ladrido del primer perro, luego continuaron los perros de su tía, más adelante los perros de los que vivían al lado de la iglesia, a continuación los de los vecinos de su otra tía y por fin llegó a casa.
Abrió la puerta, subió al piso de arriba que es donde dormía, y mientras se desnudaba volvió a oir ladrar al primer perro, luego a los perros de su tía, después a los de la iglesia, luego los de los vecinos de su otra tía, después escuchó pasos acercándose a su casa, abrió la ventana y allí no había nadie.
Ni que decir tiene que durmió con el machete al alcance de la mano, bueno dormir no durmió mucho intentando escuchar si había nuevos pasos, pero nunca más le volvió a ocurrir aquello y aunque ha transcurrido mucho tiempo sigo teniendo escalofríos cuando recuerdo aquella noche.
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Re: I Edición Concurso de Relatos de Terror de Iniciados

Mensajepor Lía » 07 Oct 2015 00:50

SILENCIO

No puedo más, tengo el cuello rígido y me pican los ojos. Hacía tiempo que no quedaba hasta tan tarde.

Cómo puede haberse acumulado tanto trabajo? No quería quedar pero don Jacinto insistió tanto. Es gracioso, ese vejete se parece muchísimo a la estatua de la fuente de abajo.

Debe ser tardísimo; vaya, casi las 12, faltan sólo 5 minutos para la medianoche. Mejor me voy ya, los autobuses ya no circulan y con esto del puente habrá menos taxis.

Cuánto silencio, como se nota que se ha marchado todo el mundo en cuanto ha podido. Han dejado todo apagado, qué ahorradores. Espero que esté Juan abajo vigilando, irme así sin que nadie me vea, sin ver a nadie me da la impresión de ser una ladrona a la fuga. No sé si bajar en ascensor o por las escaleras.

Qué tonterías pienso, esto me pasa por ver demasiadas películas.

Hará frío? No he traído nada más que la gabardina. Que no llueva al menos, estos taconazos son monísimos pero no sirven para el agua.

Qué silencio, no sopla una gota de brisa, está todo quieto y no hace ni frío ni calor. Hasta la fuente de Neptuno se ha estropeado y no corre el agua. Qué fea es esa estatua, más que un dios marino parece un sátiro desvergonzado. Hasta diría que me mira de forma extraña.

No hay nadie, mejor voy deprisa, es un poco acongojante no ver a nadie, ni un coche siquiera yendo a alguna parte.

Cogeré por la calle de la panadería, es estrecha pero llegaré mucho antes a casa. Qué ganas de darme un baño y ponerme el pijama. Puedo tumbarme en el sofá a ver la tele, mañana es Todos los Santos, no hay que madrugar. Qué tal una copita de algo, el tintinear de los hielos y una peli de miedo? No suena nada mal. Buen plan.

Qué sensación tan extraña, no se oye nada y no hay luces encendidas. Sólo veo una farola allá al final de la calle, justo antes de la plaza del mercado.

Será sensación mía o ni siquiera oigo mis pasos? Creo que aceleraré un poco el paso, esto empieza a ser más que extraño. Debe ser el cansancio después de tantas horas haciendo cálculos para cuadrar el presupuesto del mes. Se nota la crisis, hasta el último céntimo está más que controlado.

Qué oscuro está todo, y parece que hace calor, o no, igual es que empiezo a sudar. Tampoco estoy muy segura, no hace aire ninguno. Eso ya lo he pensado antes. Qué ganas de un baño y el pijama y tumbarme en el sofá con una copa de algo y el tintinear de los hielos... viendo una peli... Eso también lo he pensado antes.

Y si corro? Llegaré antes. Ya imagino la sensación de la llave en la cerradura. Qué calor. Y no sopla el aire, y los tacones no hacen ruido al correr.

Ya casi he llegado a la plaza del mercado, ya veo la fuente de Neptuno. Pero la fuente de Neptuno es lo primero que veo al salir de la oficina. Cuando he dado la vuelta? Qué extraño. Y la estatua tan fea me mira con esa cara de sátiro y... sonríe.

Ahora sí que corro y subo por la calle de la panadería a toda velocidad, imagino el baño y el pijama, y la llave en la cerradura, pero no escucho nada, ni siquiera mis pasos ni mi respiración y sólo hay una farola al final de la calle, justo antes de la plaza del mercado. Se apaga, la farola se apaga y está todo oscuro y callado y no sopla el aire y mis tacones no suenan en los adoquines.

Giro al llegar a la esquina y llego a la plaza... de la estatua de Neptuno, y grito.

Grito? No sé si grito, tengo la boca abierta pero no se oye nada, ni sopla el viento, ni pasa nadie, ni hay luces en las ventanas.

Miro mi reloj. Siguen faltando 5 minutos para la medianoche y Neptuno me mira y se ríe, pero sus carcajadas tampoco se oyen.

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Re: I Edición Concurso de Relatos de Terror de Iniciados

Mensajepor Pedritus » 07 Oct 2015 21:37

Lo que pasó

A veces, muy lejos, resuenan ecos de algo parecido a aullidos, lejanos y sordos como estertores de animales en agonía, crujidos que despiertan a los niños y desvelan nuestros hogares. Y ya queda la noche en confusión de llantos y miedo, hasta que el amanecer nos devuelve el sosiego. Una luz espectral flotando en mitad de la niebla, un silencio demasiado audible, una nube donde nunca hubo cielo, un rumor, una sombra: todo son presagios. Vivimos en el terror.

Nuestra aldea nunca volvió a ser la misma después de aquello, lo que pasó, como misteriosamente susurran los ancianos al abrigo del fuego, en las noches heladas, encorvados por la deformidad de su vieja naturaleza y la culpa que, desde entonces, grava sus espaldas. Nunca se miran a los ojos, que danzan asustados como si quisieran huir de la cavidad de sus órbitas, inyectados en sangre, húmedos y precavidos.

Los nuevos, los que nacieron más tarde, llevan sobre sí la marca del pecado. Hay que buscarla a veces entre los pliegues de la piel recién parida, pero siempre está. En ocasiones, cuando la madre llorara de alegría porque su hijo naciera inmaculado, la partera le mostraba la señal sobre un trozo del cordón o la placenta. Esa criatura estaba también maldita, desde la cópula de sus padres, y nadie se libraba.

Algún día, algún día, aquello volvería a reclamar toda aquella carne que era suya, así lo dijo en la noche en la que todo pasó, así lo oyeron nuestros mayores, y desde entonces se incineran los cadáveres, ya no velamos a los muertos, vaciamos las fosas, abrimos los ataúdes, prendemos fuego a las calaveras, a los restos momificados, a los recién enterrados, medio podridos y rebosantes de gusanos. Ellos ya quedan a salvo, pero qué hacer con los vivos, y toda esa sed de más de nuestras mujeres, empecinadas en parir nuevas criaturas, con la esperanza de que de su vientre sea propicio.

Ninguno de los jóvenes conoce lo que pasó. Sólo saben que fue. Los viejos callan, mudos de vergüenza y borrachos de culpa, sólo advierten: una noche, una noche…

Todos sabemos. Lo que pasó algún día será nuestro destino, nuestro tiempo está tasado desde aquel momento, los días transcurren lúgubres en espera, las horas se quiebran en un paisaje inmóvil, en las calles expectantes, inútiles como la lluvia que riega unos campos que nadie siembra.

Llegada la noche, en las casas cerradas, sobrecogidas de sombras, cada uno reza en silencio, quién sabe si hoy será, si hoy será.


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Re: I Edición Concurso de Relatos de Terror de Iniciados

Mensajepor juanmanuel » 09 Oct 2015 09:21

El gran truco.

Era su gran momento, el que había estado esperando, año tras año, para realizar el gran truco de su vida: conseguir resucitar después de “muerto”. Su número lo había preparado a conciencia y, ahora, vislumbraba su triunfo. Estaba rodeado de gente, de mucha gente pero seguían sin prestarle demasiada atención. Era como si no existiese, aun estando allí en medio de ellos. Estaba desconcertado. Notaba como si le faltara el aire, que algo no iba bien. No podía moverse, aunque quería. Era su gran momento, pero algo no estaba funcionando. Intentó gritar, pero no salía un solo sonido de su boca, ni siquiera podía mover un solo músculo de su cara.

Poco a poco, la gente se fue marchando y tuvo que asistir con horror al momento en que el encargado del tanatorio procedía a cerrar el ataúd, apagar las luces y dejarlo solo, a oscuras, con sus miedos. Con el acolchado de la tapa recién colocada a escasos centímetros de su cara, provocándole una escalofriante sensación de enterramiento. Ahora que el brebaje paralizante que había conseguido en Internet para poner en marcha su truco, su engaño, y que tomó voluntariamente comenzaba a remitir, se daba cuenta de que lo suyo aquella noche, en esa sala fría y oscura, iba a ser una agonía muy larga. Y muy dolorosa.

Notó cómo poco a poco su aliento se fue apagando. Sin poder hacer nada por remediarlo. Intentó luchar. Incluso consiguió, por fin, mover un brazo. Un rayo de esperanza lo invadió. Posiblemente el error lo cometió al elaborar el preparado paralizante. Demasiada dosis, tal vez. Pero al fin sus efectos comenzaban a remitir. Además, logró, tras grandes esfuerzos, gritar con todas sus fuerzas, hasta la desesperación. Hasta la extenuación. Llorando de impotencia, mientras el hálito helado de la muerte le recorría la espalda. Pero era ya demasiado tarde.
Nadie podía ayudarlo. Estaba solo, en un ataúd, y todos creían que había muerto de un infarto. Pero seguía vivo. El problema es que nadie más que él lo sabía. Nadie sabía que en realidad lo único que pasaba era que había tomado un veneno paralizante, pero no mortal, con la única intención de “volver a la vida” en pleno velatorio y dejar a todo el mundo con la boca abierta.

A la mañana siguiente, cuando el encargado del tanatorio procedió a abrir de nuevo la sala para que volvieran a velarlo sus familiares y amigos, lo encontró con la mirada fija, inerte, vidriosa y la boca abierta, formando una terrorífica mueca, como queriendo aferrarse a la vida a base de atormentadas bocanadas del aire viciado del interior de la cápsula mortal en la que se encontraba atrapado.

Y el cristal del ataúd quedó marcado por los arañazos desesperados de sus maltrechas uñas.

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Principio de presunción de inocencia, según los socialistas: "Todo acusado es culpable, mientras no demuestre su inocencia ... y, si es del PP, aunque la demuestre".
"La salud es un estado transitorio que no augura nada bueno". (Ramón Sánchez Ocaña). "El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica". (Gloria Álvarez)
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