HOMBRES

frayantolin
¡ya camina sólo!
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Mensajepor frayantolin » 21 Feb 2017 14:03

Llego a la piscina temprano. La vasta extensión de hierba que la rodea aún está humeda de rocío .
La piscina es azul, fría, enorme.
Llevo poco: una mochila de tela con la toalla, el gorro de nadar, bañador, y una libreta por si me da por escribir tirado en el cesped.
La piscina está cerca de un hangar con pistas de despegue y aterrizaje para avionetas pequeñas. Se oye el ronroneo de algunos aparatos en el cielo. Desde allí arriba las vistas serán preciosas.





Tengo cincuenta y tres años. Toda la vida hice deporte. Estoy en buena forma. Ni un quilo de más. Debo decir que me gusta la soledad, la pureza de la soledad. Por eso acudo a la piscina tan temprano, cuando no hay nadie, o casi nadie.
El verano pasado venía con mi mujer y mi hijito de cuatro años. Ahora ya no están. A veces oigo la risa del pequeño en algún lugar cercano. Pero sé que se trata de un truco de la memoria.
Aún así, mi corazón se inunda entonces de pena, igual que la piscina rebosa de agua hasta los bordes. El agua es como las lágrimas.
Hay grandes claros en el cielo, hoy. Es un día espléndido.
Un hombre en quien no me había fijado se zambulle en el agua. Bucea unos segundos, emerge y da unas brazadas. Lleva un gorro de nadar verde ajustado al cráneo.El sol le da de lleno en los ojos, que son del color azul del agua.
Me mira desde el agua fijamente, pero sin expresión alguna. Yo le devuelvo la mirada. Debe tener más o menos mi edad. Y está solo. Quizá su familia tambien está lejos. Nunca se sabe.
¿Sería lógico que nos saludasemos, siendo las únicas personas en la piscina? No lo hacemos.
Guardamos una distancia calculada, dos animales que no se fían uno del otro. Pero nos observamos con curiosidad, en el silencio de la mañana iluminada.
Sabemos que somos los animales más peligrosos del mundo. ¿Para qué arriesgarse? Nos dejamos estar. Creo que nuestras memorias son parecidas, igual de amargas.
Vuelvo a oir una risa de niño. Vuelvo la cabeza, auscultando los rincones sombríos bajo los setos.
El hombre ha leído mis pensamientos. De pronto, en sus ojos, he visto la mirada fugaz de otro niño que tambien está lejos.
Ahora nos reconocemos: hombres solos, perdidos.

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