¿Compartimos viaje?

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¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 16 Sep 2013 16:14

Voy a ir poniendo un relato que he escrito hace poco, pero no hace falta que os cortéis si os apetece poner algún comentario, duda, pregunta o sencillamente poner un anuncio para venta de un opel corsa. :lol:
Todas las aportaciones son bienvenidas.

La vida es eso que a veces pasa mientras estás ocupado en otras cosas. Yo tenía esa sensación en muchas ocasiones. La de haber pasado un montón de años haciendo cosas que me habían apartado de disfrutar de muchas otras cosas.

Pero donde menos se lo espera uno, salta la liebre, así que ahora de repente, me veía otra vez dueña de mi tiempo. Había pensado mucho lo que quería hacer y una de las cosas que quería hacer era viajar. Pero hay cosas que resultan mejor sobre el papel que cuando se van a poner en práctica. Muchos de los viajes estaban pensados para parejas y cuando ibas sola salían más caros o eran muy difíciles directamente.
A mí no me gustaba ese rollo –por lo menos estaba casi segura de que no me gustaba- el rollo de singles, de cruceros para conocer gente, de viajes que parecían montados más para ligar que para viajar y eso no me interesaba. La verdad.
Yo entonces no buscaba ligar.

Uno de los viajes que tenía ganas de hacer hacía mucho tiempo era visitar los Estados Unidos, en profundidad. Llegar a Nueva York, visitar Boston, alquilar un coche y recorrer sus carreteras, entre ondas de calor, con cactus al fondo y kilómetros y kilómetros de carreteras rectas, mientras suena la música y uno conduce hasta cansarse. Para pasar la noche en un motel de esos de carretera. Chicago, Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Arizona y California. Para acabar en Hollywood, por qué no. O hasta donde el dinero o las ganas lleguen.
Pero indudablemente era un viaje, difícil para realizar sola. Y buscarse una compañía para el viaje también era arriesgado.

Otra opción era ir en un viaje organizado, pero definitivamente no es la idea que tenía yo para el viaje. Así que me dispuse a sondear a familiares, amigos, conocidos, amigos de amigos, familiares de conocidos.
A muchos les entusiasmó la idea. Para algunos no era viable, el trabajo, la familia, el dinero...
Lo entendía, claro, cómo no lo iba a entender. Yo había estado en todos esos puntos en algún momento de mi vida pasada.

Pero tenía esa idea metida en la cabeza, quería hacer ese viaje. Viajar con una persona desconocida también es arriesgado, sin saber sus manías, sin conocer sus costumbres, sin saber si al final te amargará el viaje. Pero lo pensé bien y decidí que igualmente podría dejar plantada a mi compañera de viaje si me llegaba a hartar... Además de que yo tengo buen carácter. Generalmente. Casi todos los días y todos los ratos.

Un día, en el que estaba en un foro de viajes que visitaba frecuentemente para prepararme los viajes, atendiendo a un impulso decidí poner un anuncio para buscar compañera para el viaje.

“Ruta 66”
post by Nadia

¿Te gustaría viajar a Estados Unidos y no tienes compañía? ¿Dispones de veinte días para pasarlos por allí en un viaje esbozado pero no milimetrado?
Yo sí. Me gustaría encontrar una compañera a la que también le atraiga este plan. Para hablarlo y ponernos de acuerdo, compartir gastos, ratos, y compañía.
Pienso en alguien que sepa apreciar los silencios, que no crea que cada minuto hay que llenarlo de palabras, que sea asertiva, y que le guste reír.
Abstenerse bromistas. Gracias.


Y sin mucho pensarlo, lo envíe. Total, por probar...
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 17 Sep 2013 13:16

El tiempo no transcurre siempre al mismo ritmo. Es una ley física. A veces los días transcurren tan rápido como cuando te pones a girar y girar y abres los ojos y ves todo pasar a tu alrededor sin definición. Y generalmente pasa más deprisa cuando quieres que pase más despacio. Y viceversa.
Cuando notas que va a un ritmo acelerado intentas controlarlo, dando respiraciones lentas, como si respirando más despacio todo se ralentizase, o intentas concentrarte en una pequeña cosa, en alguna cosa como una piedra que ha conseguido que el tiempo pase despacio, muy despacio. O una tortuga, que sigue a su ritmo, y deja que el tiempo vaya al suyo.

El tiempo es una prima donna. Si le prestas atención, se crece y se cree muy importante. Y luego están esas ocasiones en las que el tiempo se comporta como un puchero con leche hirviendo.
La leche no tarda siempre lo mismo en hervir. Esto también es una ley física. Si estás mirando y atento, tarda una barbaridad, pero si le quitas el ojo de encima un momento, hervirá y se derramará por toda la cocina.
Para hacer que el tiempo pase más despacio, en muchas ocasiones, he puesto a hervir leche y me he quedado mirando...

Durante unos días miré el buzón de privados del foro, para ver si recibía alguno. Nada. Ni siquiera un bromista. Y la verdad es que me arrepentí de haber puesto aquella nota.
Luego poco a poco lo olvidé. Algunos otros asuntos reclamaban mi atención. Un día pensé que igual debería dejar el viaje a Estados Unidos para el año siguiente y buscarme uno más accesible para ese año.
Y con esa idea entré en el foro de viajes. Me pilló de sorpresa la ventanita emergente en la que se me notificaba que tenía un privado. Sonreí pensando que igual al final tenía un privado de un bromista.

No sé si el tal Sergi, sería un bromista o no, pero me decía que él tenía ganas de hacer ese mismo viaje y que podríamos hablar del tema a ver si nos cuadraban fechas y condiciones.

Me daba algunos datos sobre su edad, procedencia, ideas sobre el viaje, fechas probables que le caerían bien para realizarlo... sólo había un problema, era un hombre. O por lo menos por su nombre eso parecía.
Se me hacía raro pensar en compartir una habitación con un desconocido.

Le mandé un privado, qué menos que contestar, claro.

"Sergi, muchas gracias por atender mi requerimiento. Yo estaba pensando viajar en septiembre, veinte días al principio, o por el final, o por el medio y como todavía hay tiempo, incluso podría cambiar la fecha, si fuera necesario.
Pero yo estaba pensando en realizar el viaje con una compañera para compartir habitación y gastos. Quizás resultase un poco violento que dos desconocidos de diferente sexo compartiéramos viaje y habitación en un viaje así. Muchas gracias por tu ofrecimiento."

Y al final le coloqué un icono de sonrisa, que siempre suaviza una respuesta desestimatoria. Creo. ¿verdad?

Me dediqué a bucear por los foros de Europa para ver qué lugar captaba mi atención, quizás Praga...

Sergi debía estar conectado porque otra ventanita pop-up emergente saltó en mi pantalla.

“Nadia... ¿es tu verdadero nombre o es un nick?, a mí septiembre me iría muy bien. De hecho me sería perfecto del cinco al veinticinco de septiembre.
Si te digo que soy gay, ¿sería posible que atendieras mi proposición?
Por supuesto deberíamos conocernos antes, hablar, ver si congeniamos y esas cosas, si te parece bien. Sergi es mi nombre, no un nick.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Aldara » 19 Sep 2013 12:30

Me esta gustando. ¿Lo vas a continuar?
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 19 Sep 2013 16:28

Gracias, Aldara. Sí, sigue...:)
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 19 Sep 2013 16:31

Vaya, gay. ¿Eso me hacía más cómoda la situación? Creí que no había sido una buena idea desde el principio, la verdad, ni aunque fuera una mujer hubiera sido la convivencia fácil, tener que compartir baño y dormitorio durante veinte días...

“Nadia es mi nombre, sí. Dos puntos paréntesis. La verdad es que estoy pensando que no sé por qué se me ocurrió pensar que un viaje así sería factible, tenía muchas ganas y me cegué con la idea. Creo que sería incómodo para ambos, incluso para dos chicas desconocidas, tener tanta intimidad durante ese tiempo, igual sería una boutade de viaje. Me parece que no ha sido una buena idea, Sergi.”

Clic.

Otro mensaje, realmente no se entretenía.

“Hace unos días que leí tu mensaje, Nadia, y realmente también lo encontré extraño. Permíteme el topicazo pero si hubiera sido un tío quien lo pusiera hubiera creído que era con intención de ligar, y te aseguro que mi intención al contestarte no es la de ligar. Hace tiempo que acariciaba la idea de hacer ese viaje, aunque fuera sólo y la verdad, este año no tengo nada planeado y podría ser interesante. Total, ¿qué podría pasar? ¿Que saliera mal? ¿Tienes a alguien a quien dar explicaciones? Falta un par de meses largo para el viaje, podríamos quedar, conocernos e incluso hacer un viaje de prueba de un par de días para ver si somos compatibles como compañeros de habitación. Una noche mala siempre sería más soportable que diecinueve.
Y no, no soy gay. Pero te prometo comportarme como si lo fuera si eso ayuda.
Además podría decirte que soy gay y tú no sabrías si es mentira o no, ¿verdad?
Anda, ten en cuenta mi sinceridad.
Por cierto, no sabía lo que era boutade, imagino que lo has usado como sinónimo de fiasco, pero me ha resultado curioso al buscar la traducción: algo extravagante e ingenioso hecho a veces con intención de provocar.
¿No te apetece un viaje extravagante, ingenioso y provocador?

P.D. ¿No serás una psicópata? Yo he sido sincero con lo de ser gay... espero que tú seas sincera también conmigo. “

Un viaje extravagante, ingenioso y provocador, no iba a ser poco pedir para un viaje, pero la verdad es que Sergi no me resultaba nada soso.

“Bien, yo soy de Madrid y tú de Barcelona, podríamos quedar a tomar un café, pasar el día y charlar. Veamos a ver qué pasa. ¿Qué te parece?
Y si fuera una psicópata, sinceramente... ¿crees que te lo iba a decir?
¿Hay algo importante que deba saber de ti antes de conocernos?”

Y lo envíe. Aunque no sabía si estaba haciendo bien.

“Me parece buena idea vernos para pasar el día. ¿Te parece en Zaragoza o quieres que me llegue a Madrid o prefieres tú venir a Barcelona? Propón escenario y día, que yo a veces tardo en decidirme...
Y sí, hay algo muy importante que debes saber sobre mí: No me gusta el queso”

No contesté. La verdad es que me lo tenía que pensar. Y no era algo que pudiera comentar con alguien, si les dijera a mis amigos o familiares que me estaba planteando ir a un viaje con un desconocido por Estados Unidos probablemente pensasen que estaba loca. Aún más. Pero Sergi había puesto el dedo en la llaga: yo no tenía a quien dar explicaciones. Y el viaje me apetecía tanto. Pero tanto. Pero tanto.

En el siguiente mensaje, le dije a Sergi que si no le importaba me gustaría llegarme hasta Barcelona. Hacía tiempo que no pasaba por allí y me gustaba. Mensaje arriba, mensaje abajo, después de intercambiarnos el correo electrónico, quedamos en un día que nos iba bien a los dos. Yo me llegaría con el AVE a media mañana, comeríamos juntos y me iría a última hora de la tarde. En ese encuentro podríamos conocernos, mirarnos a los ojos, hacernos una idea el uno del otro, incluso hablar de nuestro posible viaje de fin de semana o de dos días, planear destino y esas cosas. Pero era adelantar acontecimientos. Aún debíamos caernos bien el uno al otro y sinceramente, lo del queso me había dejado un poco tocada, a qué negarlo.

No estaba muy nerviosa, sinceramente. ¿Por qué iba a estarlo? Al fin y al cabo si no hacía ese viaje, haría otro, tenía hambre de carreteras, de esperar en aeropuertos, de conocer lugares de los que sólo había leído o visto fotos. Y bueno, imagino que alguien te puede desesperar en veinte días. Pero me han comentado que en la mayor parte de los casos hace falta un mes. Si Sergi fuera una persona capaz de desesperarme en menos de ese plazo, probablemente lo notaría en ese primer día, y si yo fuera a desesperarle a él, imagino que también.

Pensé bastante en lo que estaba planeando, pero algo en lo que no pensé fue en que Sergi me mandara una foto, y la verdad es que él tampoco me había pedido una a mí. Me dí cuenta un rato antes de arribar a la estación de Barcelona. Justo cuando estaba perdida en otras entradas que había hecho por aquellos parajes hacía ya tantos años. Demasiados quizás.
Otra cosa que me había intercambiado con Sergi era el móvil. No habíamos hablado. Y aunque había visto que él tenía whatsapp, tampoco le había mandado ninguno nunca, ni él a mí. Su comportamiento era comedido, con un punto ácido en algunos de sus comentarios que me agradaba, pero no era pesado, ni tampoco parecía buscar un acercamiento más allá del plan conjunto que teníamos.

Pensé llamarle y decirle que dónde estaría para encontrarnos. Pero al final le mandé un whatsapp.

- No sé cómo eres.
- Yo tampoco sé cómo soy- Me contestó pasado unos minutos prudenciales. No sé exactamente prudenciales para qué, pero sin duda lo eran.
- Muy gracioso, pero ¿cómo te reconozco?
- Soy el más guapo de la estación. – contestó juguetón. Cosa que me hizo pensar que igual no era un psicópata pero que igual pecaba de narcisista.
- Ah vale, así no hay duda. Jajaja

Esto de escribir risas en un mensaje es una cosa curiosa, ahora con los iconitos esos de sonrisa, risas, facepalm y demás, no hay por qué hacerlo pero reconozco que durante una temporada tuve un amigo que en los mensajes me escribía los jajaja separados con comas.

Ja,ja,ja.

Me daba la impresión de una risa poco natural. Aunque se ve que para él era de lo más natural dar independencia a sus jas con comas.
Por cierto, nota mental: No hablar de política.

- Estaré junto al kiosko de prensa que hay al lado de una escalera mecánica. Si dudas, me llamas o te llamo si veo que tardas.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor pipiola » 19 Sep 2013 18:43

A mi también me está gustando...ya estoy loquita por conocer a Sergi
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 20 Sep 2013 12:15

Gracias Pipi :)

Me encantaban las estaciones, y me siguen encantando. Ese trajín de la gente bajando y subiendo, saludando y despidiéndose, meterte en la marea de gente que escapa hacia la puerta de salida. Y allí me zambullí, viendo a lo lejos un kiosko. Al lado del kiosko había varias personas, descarté a los más mayores, a las mujeres, a los más jóvenes y me quedé con dos. Todo ello mientras andaba y ellos miraban hacia el andén. Uno parecía más alto que yo y el otro de mi altura. Ambos parecían agradables.
Según me acercaba el menos alto de los dos parecía mirarme fijamente, así que me dirigí decidida hacia él. Él me seguía mirando con cara de acelga cocida, pero no retiraba la mirada.

Me dirigí a él y al acercarme dije con entonación de pregunta su nombre:

-¿Sergi?

No me contestó y la cara de acelga cocida no se le alteró.
Mal asunto.
No era la primera ocasión en que me había comunicado con alguien por escrito, y daba una impresión y cuando hablabas con ellos cara a cara daban otra, eran lentos de reacción, tenían un mirar torcido, resultaban más apagados o sencillamente la comunicación oral no era lo suyo y te daban ganas de darles un cuaderno y un lápiz para que escribieran y no hablaran.

Estaba a punto de volver a repetir su nombre porque la situación se estaba volviendo un poco estrafalaria cuando reparé en el otro, el más alto, que tenía una cara de sorna de tres kilos. Me giré hacia él y dije más convencida:

- Sergi.
- Espero que con un mapa de carreteras te orientes mejor- se río él y se inclino para darme dos besos en las mejillas.
- ¿Por qué no me dijiste nada?
- No sabía que eras tú hasta que le llamaste Sergi y luego pensé que te merecías el escarmiento, ¿de veras crees que ese esperpento era más guapo que yo?

Y no, no lo era, realmente. Pero tampoco me había creído que el fuera el más guapo de la estación. Hice bien, porque realmente no lo era. Era alto, moreno y sin taras visibles, pero bueno, es que para eso del más guapetón... ya se sabe que para gustos los colores.

No hablamos mientras salíamos de la estación, nos sumergimos los dos en la marea de gente y yo me dediqué a no perder a Sergi, él caminaba con la seguridad que le daba jugar en campo propio, al salir de la estación me preguntó que si quería ir a tomar algo. Yo le dije que sí, porque tampoco es que tuviéramos muchas más opciones, esperaba que escogiera un lugar tranquilo por lo menos.

Nos acomodamos en una mesa, y me preguntó que qué quería tomar. Le dije que un café con leche templada, me ahorré mis otras manías porque no quería que se asustase así al primer golpe, no fuera que me tomara por una tipa maniática, pero claro, inmediatamente pensé que si él hiciera lo mismo, nos daríamos una imagen totalmente irreal.

- ¿Y si hubiera sido ese otro Sergi?
- Estaba dispuesta a esperar media hora más a que me contestara y si no, marcharme. No hubiera sido factible a esa velocidad viajar juntos, no habríamos salido nunca de Nueva York.

Sergi sonrió. Lo cual me agradó. Yo soy mucho más de sonreír que de reir a carcajadas. Y el chiste tampoco era como para unas carcajadas.

- Estaba yo pensando...
- Me lo temía. Te había notado cara de pensar...
- Pensaba en que deberíamos ser muy sinceros el uno con el otro, porque por darnos una buena impresión quizás nos demos una impresión engañosa que nos lleve a llevarnos una desilusión en el viaje, ¿no crees?
- Yo había pensado mentir sólo en las cosas en las que fuera capaz de mantenerme durante veinte días...
- También me parece una buena opción.
- Entonces, ¿un café?- me preguntó.
- Sí- afirmé yo convencida.
- ¿Nada de alcohol?
- No suelo beber mucho...


El puso cara contrariada, aunque me pareció detectar una nota irónica debajo de su máscara.

- ¿Algún problema con ello?- pregunté para darle pié.
- No suelo fiarme de la gente que no bebe mucho y además según he leído en un artículo en internet suelen hacer compañeros de viaje aburridos.

Sonreí.

- Me parece un estudio de lo más serio, seguro que es de la Toronto University, pero si es un problema, estoy dispuesta a beber algo.
- Una posición muy prudente, es que imagina que una de esas noches acabamos en un bar de medio oeste en el que tocan música country, si no bebes nada de nada, no sé si lo vas a superar...
- ¿Tú bebes mucho?
- Define mucho...
- ¿Tendré que llevarte a la habitación por las noches?
- Puede que dos de las veinte noches.
- Bien, es asumible.
- Vamos con una pregunta importante- dijo él, adoptando una posición más seria que hasta el momento. - ¿Roncas?
- ¿Lo preguntas en serio?
- Claro.

Y claro que era una pregunta seria, pero ¿cómo no me había planteado yo eso antes?

- No. ¿Y tú?
- Yo no lo sé, creo que no. Me han dicho que las mujeres siempre dicen que no roncan...
- ¿Usan eufemismos como yo no ronco sólo respiro fuerte?
- Por ejemplo.
- No, yo no ronco, de veras.
- Bien, creo que el viaje de prueba con una noche por medio despejará estas dudas. Si yo ronco, no me grabes ¿vale?

Luego dimos un paseo por los alrededores, me enseñó algunas cosas de Barcelona y entre charla y charla y paseo y paseo nos fuimos a comer. Él eligió el sitio, a lo cual yo no puse muchos problemas. Me pareció lo más natural dado que él conocía la zona.

- Lo de que no te gusta el queso, ¿es verdad? – pregunté.
- Sí, en serio, te diré más, este invierno mi jefa me regaló un queso de cabrales y no lo acepté.
- ¡No me digas!
- Sí, de veras... ¿te parece mal?
- ¿Mal? No. Sorprendente, sí. Es decir, es una posición valiente no aceptar un regalo, pero si no te gusta el queso también es una posición honesta y una actuación sincera.
- Si al final del día o en días posteriores, decidimos hacer ese viaje de dos días, ¿a dónde te gustaría ir?
- Había pensado por ejemplo, en Praga. ¿Has estado?
- No. Pensé que me dirías que te daba igual y que donde yo quisiera. No me hubiera gustado que me tocara siempre decidir a mí. Yo había pensado en algún sitio de Francia. Podemos ir en coche...
- También estaría bien. Podemos hacer una comparativa de viajes y ver que nos sale mejor... Me encanta preparar viajes.
- ¿Eres de las que lo planifica todo?
- Sí.
- Glups.
- Pero luego soy flexible y no me importa que los planes no salgan bien, ni soy exigente.
- Ah, mejor.

En ese momento se envaró. Y esta vez fue una incomodidad sincera. Lo noté. No sabía si era por algo que yo hubiera dicho. Aproveché para llevarme la copa a los labios y darle un tiempo para que planteara el asunto...
El también bebió.

- Yo casi prefería Francia.

Esperé a sus razones pero no llegaban. El silencio aún no era tenso. Así que le dí margen. Pero al ver que no arrancaba le pregunté:

- ¿Por algo en especial?
- ¿Te acuerdas cuando me preguntaste si había algo que debieras saber sobre mí? ¿Y que te dije que no me gustaba el queso?
- Sí.
- Igual hubiera sido mejor que te dijera que me dan miedo los aviones y volar, por eso me da reparo Praga.

Pude echarme a reír en ese momento, pero procuré mantenerme seria porque se le veía realmente incómodo.

- Imagino que te das cuenta de que eso es un problema porque a Estados Unidos en coche es difícil ir...
- Sí, me doy cuenta. De hecho eso ha sido siempre el principal motivo de que no fuera a pesar de apetecerme tanto.
- Pues entonces creo que deberíamos elegir Praga e ir en avión.

Él me miró interrogante.

- Si no vas a ser capaz de volar hasta USA mejor que los sepamos cuanto antes, ¿no crees?
- La verdad es que sí.

Hablamos de algunas cosas más, cómo organizar el viaje, elegir fechas, si realmente nos apetecía hacer el viaje a Praga juntos, si nos dábamos un tiempo para pensarlo, si debíamos hacernos una valoración cara a cara o pasar de valoraciones.
Tenía sus cosas pero era bastante fácil hablar con él. Eso me gustó.
Y también que pagáramos la comida a medias sin mucho problema.

- O sea qué miedo al avión,¿eh?
- Sí. Ahora tú me debes un miedo a mí.
- Lo veo justo. A mí me dan miedo los bichos.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 22 Sep 2013 12:15

- ¿Y París, no te gustaría París?
- ¿En coche?- pregunté enarcando una ceja.
- Aunque sea en avión...
- ¿Por algo en especial?
- Es porque hablo francés y checoslovaco no.
- Nos arreglamos con el inglés.
- ¿Tú lo hablas?
- ¿Tú no?
- Más bien no...
- Vale, ¿y algún sitio de Bélgica? Allí hablan francés...
- ¿No quieres ir a París?
- No me importa ir a París, me gustaría volver. ¿Te gustan los museos?
- Dejemos una cosa clara- dijo con gran seriedad.

Llevaba el flequillo un poco largo y se lo apartaba de la frente en un movimiento nervioso cuando quería subrayar algo. Como si necesitase que sus ojos pudieran mirar directamente. Yo le miraba a veces de resbalón desde debajo de mi flequillo.

Esperé, quería saber qué quería dejar tan claro.

- Tampoco tenemos que ser siameses, podemos separarnos si algún plan del otro no nos cuadra, dentro de la organización de un viaje en común... no somos una pareja tampoco.
- Me parece bien, tampoco estoy a favor de que las parejas sean siameses, así que en este caso menos. Y si no, podemos establecer un sistema de puntos intercambiables si tenemos que hacer algo imperativamente que no nos gusta y al otro sí. El que lo haga acumula puntos y en la siguiente ocasión tiene que devolver el “favor”.
- Sea.
- Si queremos subir a la torre Eiffel ¿te importa que sea de noche? Ya subí una vez de día y me gustaría ver la visita nocturna... hay que reservarlo por internet...
- Esto...
- ¿Si?
- Tengo vértigo...

Qué joya de compañero de viaje me he agenciado. Pero me reí, no pude menos.

- Vale, subiré sola, no te preocupes.
- No te rías, lo del vértigo es muy serio...
- Sisisi, tienes razón.
- Pues deja de reírte...
- Es que no puedo.
- Es una enfermedad.

Conseguí dominar la risa y le dije lo más seriamente que pude:

- Si quieres cuando volvamos a nuestras casas, podemos mandarnos un mail con las cosas que no nos gustan, nos dan miedo, nuestras manías y tal. Si no te entra en un mail... me puedes mandar dos.

Amagó un puñetazo hacia mi brazo, pero en el último momento lo desvió. Así que le golpeé yo.
Al par de días de volver le envíe un correo a Sergi. Le decía lo típico que me lo había pasado bien, que me había parecido simpático, que cada vez se me hacía más raro viajar con alguien al que había conocido así pero que seguía interesada en hacerlo, que si quería ir a la Provenza francesa en coche me daba igual, pero que era mejor hacer un ensayo con avión, si se veía animado a montarse en un avión, que por qué no lo había hecho nunca antes, y que le mandaba una lista de mis defectos por si acaso él se quería replantear lo del viaje:

1. Me gusta mucho leer y me gusta leer antes de irme a dormir, por lo que tendré la luz encendida un rato.
2. No me gusta correr todo el rato por ver más cosas, prefiero ver las que sea a gusto.
3. A veces me pongo un poco cascarrabias pero si se me deja un rato sola se me pasa enseguida.
4. Cuando necesite usar el baño, probablemente te eche de la habitación.
5. Aplasto los espárragos para comerlos.

Y así unas cuantas cosas más a las que es mejor no dar publicidad. Propuse mi fecha para el fin de semana y le envíe un enlace de un hotel que parecía interesante en París.

Sergi tardó un par de días en contestar y pensé que igual después de conocerme ya no quería viajar conmigo. De pasada me dije que hubiera sido más de agradecer que me lo hubiera comentado, y también evité enfadarme porque al fin y al cabo lo más fácil y esperable es que todo hubiera acabado así. Igual no era por mí, igual se había replanteado lo del avión...

Tardó un par de días, pero un día me encontré en la bandeja un mensaje de Sergi. Comenzaba diciendo que había tardado porque la lista de miedos y manías era muy larga, aunque luego no la puso, así que imaginé que era una broma. Le parecía bien la fecha propuesta, el lugar y el hotel.
Cambiamos unos mensajes con planes de cosas para visitar, y quedamos en que el día X a las 8 de la mañana llegaría a la estación. Yo pasaría por allí a buscarle y juntos nos iríamos al avión.

Una cosa que me hizo feliz fue que llegara de mañana, yo me había planteado el hecho de que saliendo el avión por la mañana me hubiera insinuado quedarse a dormir en mi casa y la verdad es que era algo que me tiraba para atrás. No me sentía preparada para invitarle a mi casa, no por nada, ni porque pensase que iba a pasar nada, pero en cierta manera era como invadir con aspectos íntimos una especie de contrato de negocios. Mezclar cosas y complicarlas. Y no sé por qué pensaba tontamente que de salir algo más el que no hubiera estado en mi casa lo haría más fácil.
No sé muy bien por qué pensaba eso, pero la verdad es que así lo sentía.

No conocía mucho a Sergi, pero diría que esa mañana le encontré preocupado. Pensé que sería por el viaje en avión y no quise hablar mucho sobre ello para no darle más importancia. Cogimos el metro y nos sentamos uno al lado del otro.
Me encanta ir en metro. Las luces blancas acentuaban la cara de preocupación de Sergi, así que le cogí de la mano en un impulso.
Él me miró sorprendido.

- ¿Estás preocupado por el viaje en avión?
- Un poco- admitió él.

No puedo evitarlo. Sencillamente no puedo. No es que vaya recogiendo a todos los pajaritos que me encuentro caídos del nido, ni abrazo a todo el mundo que vea llorando, u ofrezco ayuda a todo el mundo. Hace mucho que aprendí a dominarme. Pero Sergi me dio ternura. Yo también tengo mis miedos, esos que se hacen enormes y parecen que te van a comer, esos que cuando piensas en ellos sabes racionalmente que no son para tanto pero que no puedes hacer nada para conseguir que no te atenacen el estómago y se enseñoreen de tu voluntad haciéndote temblar como una hoja y haciéndote sentir como si fueras bobo.
También he dejado de meterme en esas cosas porque hay gente que no lleva muy bien que le ayuden, ven esa ayuda que le ofreces como condescendencia, y les parece mal.

- Ya verás que no será para tanto.
- Eso siempre se dice. Y probablemente no sea para tanto, pero el miedo es libre...
- Yo te ayudaré. ¿Me dejas ayudarte?
- ¿Cómo piensas hacerlo?
- No sé, te contaré historias durante todo el viaje, o te cogeré de la mano, te aseguraré que no va a pasar nada y si te pones histérico te puedo dar hasta un tortazo, sólo por ayudarte claro...
- Será sádica la tía...- sonrío él.
- Sergi, en serio, imagino que afrontar un vuelo que te da miedo sólo será más difícil que hacerlo con alguien al lado aunque sea una desconocida, te echaré una mano, ya verás. Además es un interés puramente egoísta. No creo tener arrestos para conocer a nadie más e irme de viaje con él.

El me miró con cierto escepticismo.

- Además tengo un arma secreta. No falla nunca.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Mado » 22 Sep 2013 18:19

Estoy absolutamente enganchada a su relato, Dae/Nadia :D. Espero que tenga un final feliz :D
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 22 Sep 2013 20:03

Ahí entraríamos en el terreno peligroso de qué es un final feliz, Mado. ;)
Gracias. :)

Llegamos, facturamos las maletas, pasamos a la sala de embarque. Sergi mostraba entereza pero su color iba mutando al gris. Esperaba que al menos no me vomitase en los zapatos. Si fuera así, probablemente también vomitase yo y eso podría ser un no parar.

- ¿Hablas francés bien?- le pregunté por charlar de algo y distraerle.
- Bastante bien.
- El francés es un idioma muy sensual, ¿verdad?
- Sí.
- ¿Crees que beber te podría funcionar para relajarte? Es que me estoy acordando de Melendi y el número que montó en el avión...
- Seguramente beber sería peor- sonrío él, imagino que también recordándolo.
- Venga, cuando lleguemos te invito a lo que quieras.

Nos acomodamos en el avión. Sergi no quiso la ventana y me la quedé yo. No sabía si empezar a hablarle de experiencias en aviones, o si hablarle de algo o permanecer callada. El vuelo a París tampoco era muy largo, no creí que la cosa fuera a ser muy grave.
Estaba mirando por la ventana del avión y comprobando que como era habitual se veía más bien poco, cuando sentí que Sergi me agarraba la mano. Le miré.

- ¿Te importa, Nadia?
- No, claro que no.

Esperaba que no me la arrancara. Porque aunque mostraba entereza, o intentaba mostrarla, los nudillos se me estaban quedando blancos.

- ¿Quieres que te diga eso de que todo va a ir bien?
- En las películas cuando lo dicen luego nada va bien...
- Cierto, además eso de ir bien, es algo muy relativo, ¿no crees?
- Sí, creo.
- La vida va a dar que soy zurda, Sergi, porque puede que pierda la movilidad en la mano derecha después de esto.
- Ah, perdona, no me daba cuenta de que estaba apretando tanto.

Me incliné un poco sobre él y le iba a susurrar algo al oído cuando la azafata nos interrumpió. Él me miró y me encontré sus ojos muy cerca.

- ¿Qué?
- Luego te digo cuando acabe esta señorita...

La azafata muy amablemente nos dio unas indicaciones someras sobre qué hacer en caso de accidente que no ayudaron a que Sergi se tranquilizase. Así que en cuanto acabó y para hacer que se olvidara del vuelo, me volví a acercar a él a susurrarle al oído:

- No me has preguntado cual es mi arma secreta.
- Es cierto. ¿Cuál es tu arma secreta?
- Bueno, no quiero recurrir a ella a menos que sea muy necesario, es algo bastante extremo.
- ¿Si?
- Sí, y además nos podría traer problemas en esta aventura que ahora iniciamos, nos podría llamar a engaño o algo, además igual tú no quieres recurrir a una situación tan extrema.
- ¿Nos podría traer problemas?

Una persona asustada no suele ser una buena conversadora, pero en lo que repitiera las últimas palabras que yo dijera, siempre podría estar segura de que estuviera pendiente de mis palabras.

- Sí, ¿qué tal vas? Estás mejor.
- Sí. Entonces ese arma secreta cuál es...

Si algo hay que no falla es echarle un cebo a una persona curiosa. Conmigo al menos funciona y se ve que con Sergi también.
Me arrimé otra vez para susurrarle al oído:

- No puedo decirlo en alto porque es bastante fuerte y la señora del otro lado del pasillo está pendiente de lo que hablamos...
- Ajá...- dijo él siguiéndome el juego.
- ¿Has oído hablar de una especie de club que no sé muy bien cómo se llama pero que se jactan de haber tenido relaciones sexuales en un avión?
- ¿El club de los diez mil?
- Eso es. Parece ser que uno de cada cuatro hombres y mujeres han fantaseado con tener relaciones en un avión en pleno vuelo... bien, pues según un estudio científico, aunque algunos tenían miedo, lo vencieron pensando en ello y porque la fantasía de tener sexo por el cielo era mayor.
- Ajá...
- Bueno, pues parece que se ha demostrado que si te la están chupando, se te pasa el miedo a volar.
- ¿En serio?
- Totalmente en serio.
- ¿Quieres decir que si no supero mi miedo, podríamos ir al baño y me la chuparías para que se me pasase?
- Eso es. Esa es mi arma secreta, me metería tu polla en mi boca y te chuparía el susto.
- Vaya...

Soy consciente de que fue una jugada arriesgada. Peligrosa y pelín inconsciente. Sergi me podría haber dicho desde que se la chupase, hasta que no le apetecía que yo se la chupase. Pero en fin... yo soy así. Así que se lo solté.
Y lo peor era que realmente podía comprometer el resto de nuestro viaje, porque para nada era el tono que yo le quería dar.
La presión en mi mano se suavizó un poco, el color volvió a la cara de Sergi, y él se río. Yo también.
Estuvimos un rato en silencio y no me soltó la mano.

Cuando nos acercábamos a París, y se acercaba el momento de aterrizar, Sergi se acercó a mi oído y me susurró quedamente:

- Nadia, creo que puedo pasarme sin que me la chupes hoy.
- Vamos, que no quieres que te la chupe... – me hice la ofendida auque en realidad estaba aliviada.
- No puedo asegurar que en el viaje a Nueva York no tengamos que recurrir a eso.

Le miré, para ver si hablaba en serio. Estaba mucho más sereno, pero sin duda el aterrizaje es la prueba de fuego para los que tienen miedo a volar. No me aparté y nuestras caras quedaron muy cerca. No se la chupé, en esa ocasión, pero le mordisqueé un poco el labio inferior.

Cuando conseguí separarme de su boca le dije:

- No te puedo asegurar que ese día te la chupe, pero con lo que puedes contar es con dos tortas bien dadas.

Antes de que me lograra separar del todo el que me mordió el labio inferior fue él a mí. Lo que me hizo sonreír con una sonrisa torcida, pero es que me mordió fuerte y me dolía un poco...
Al bajar del avión ya no tenía ganas de sonreír. No sé por qué siempre hago esto. Actuar primero y pensar después. Sinceramente no sabía qué impresión podría haberse llevado Sergi de mi comportamiento, pero si le preguntásemos a mi madre diría que nada bueno, la vecina del quinto comentaría algo como que desde luego había sido una actuación de pelandusca. Su marido pondría la coletilla diciendo que si ahora no se la mamaba quedaría de calientapollas, y encima compartiendo habitación, mi monja de sexto me echaría una mirada decepcionada y me diría que había hecho llorar a la Virgen María, como si no le hubiera dado ya bastantes disgustos Jesús llevando la contraria a los romanos, si lo contase en un foro para recabar opiniones me dirían que en la vida real no soy nadie pero que en un foro me monto mis películas –casi pornos, eso sí-.

En fin, ya estaba hecho, y ahora me tocaba invitarle a algo, que eso le había prometido. Bueno y lo otro, pero claro... lo otro había sido sólo como arma secreta y bajo presión.

Nos fuimos al hotel a dejar las maletas y acomodarnos. El hotel estaba muy céntrico, así que en cuanto dejamos el equipaje, comprobamos –yo comprobé- que era de dos camas y salimos a cumplir con nuestros objetivos.
A Sergi le había mejorado la cara y a mí durante un rato se me olvidó el tema, puesto que él no dijo nada.
Al borde de la noche nos acomodamos en un bistró, a cenar y a tomar el gin-tonic prometido. Yo me tomé uno con limón, porque la tónica no me gustaba, la había probado poco y esas cosas, comenté con una sonrisa.
París es una ciudad con un gran encanto. Una ciudad para perderse sola o acompañada, para pasear, visitar, respirar. Y Sergi era una buena compañía. Ni se quejó cuando hubo que hacer cola para entrar a ver las vidrieras de Sainte-Chapelle. Y pidió la cena en un francés aceptable que nos consiguió algo comestible.
El día siguiente también sería intenso, aprovecharíamos todo el día y nos cogeríamos un vuelo al final de la tarde. Sergi enlazaría con otro para ir a su casa. Así que tampoco alargamos mucho la noche, Sergi se tomaría un par o tres de gin-tonics y yo para no ser menos me tomé un par. Uno por encima de los que tomo habitualmente. Así que la cabeza no la tenía clara del todo.

Al llegar a la habitación cedí el turno de baño para que pasase en primer lugar a Sergi y me puse a valorar si me daría tiempo a ponerme el pijama antes de que saliera, si sería mejor ducharse ahora o a la mañana, si tal o si cual. Del cuarto de baño empezó a llegar una música amortiguada y yo me senté con las piernas cruzadas sobre mi cama a la par que encendía el ebook. No sé cuánto tiempo pasó hasta que Sergi salió, pero se me hizo corto.

- Eh! No hemos sorteado cama aún, ¿Por qué te has cogido esa?

Sería una pregunta preocupante si no fuera porque se notaba que iba de coña.
Así que cogí el neceser y mi maravilloso pijama para esa noche y pasando a su lado le dije:

- El que tiene el segundo turno de baño, se queda con la cama que no está ocupada al salir. Parece mentira que no lo sepas, es una norma básica de compartición de habitación.

Al final me duché, me lavé los dientes, agradecí la música que se oía detrás de la puerta y me puse mi maravilloso pijama. Con su piolín en la pechera. Y sus minisilvestres por el pantalón. ¿Por cierto, cómo dormiría Sergi? ¿En calzoncillos? ¿Con pijama? ¿desnudo?

Al salir, Sergi estaba metido en la cama y me dijo que se iba a poner los cascos para no molestarme con la música, aunque no me molestaba. También sacó su portátil y se puso a teclear algo. Espero que no fuera uno de esos raros que cuentan sus cosas en un foro, y que si lo fuera no diera muchos detalles.

¿Qué te vas a esperar con estas cosas raras que haces, niña?- retumbó la voz de mi tía Eufrasia en la cabeza. Menuda la Eufrasia, esa era peor que la vecina del quinto.

Le sonreí y me metí a la cama, después de que me asegurara que no le molestaba la luz encendida para que yo pudiera leer. Me comentó que no tenía ebook, “ qué anticuado”, pensé para mí...

Después de un rato a nuestras cosas yo apagué la luz de mi mesilla y él seguramente para no molestar también cerró su música y su portátil.
Apagó la luz. Y ya a oscuras cada uno en su cama, noté que Sergi iba a decir algo:

- Nadia...

Zas. Ahora es cuando saca la conversación de la mamada, como si lo viera...

- ¿Sí?
- ¿A qué hora nos levantamos mañana?

Creo que suspiré. Al final quedamos en que madrugaríamos por aprovechar la mañana y Sergi puso su despertador por si nos dormíamos.

- Nadia...
- ¿Si?
- ¿A que pensaste que te iba a pedir la mamada prometida?

Me reí. A ver qué iba a hacer si no...

- No, no lo pensé.
- Mentirosa.
- Vale, lo pensé un poco, pero apenas nada, porque estoy segura de que eres un caballero...
- ¿A los caballeros no les gusta que se la chupen?
- A todo el mundo le gusta que se la chupen.
- Por eso.
- ¿Me lo ibas a pedir o no?
- No, claro.
- Ah vale...
- ¿Pero si mañana me da miedo me la chupas en el avión? Es por llevarla limpita.


Le tiré un cojín y me tomé su “ouch” como un buenas noches.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Mado » 22 Sep 2013 20:55

Vaya, no esperaba que la historia fuera a tomar un giro tan eró -grin tico . Siga, siga, que esto promete :lol:
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Aldara
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Aldara » 23 Sep 2013 01:57

Es mejor que 50 sombras de grey. :ant
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 23 Sep 2013 13:57

Gracias Aldara :be:
Aunque para ser mejor que las sombras de Grey no hace falta mucho :lol:

A la mañana sentí el despertador de Sergi. Me gusta remolonear en la cama, pero pensé que era interesante pillarme el primer turno en el baño, así que salté de la cama. Sergi abrió un ojo y me dedicó un gruñido de buenos días.
Cuando salí del baño, Sergi estaba mirando por la ventana, sin mirar mucho me fijé que dormía con un pantalón corto y una camiseta. Y que no se afeitaba las piernas. Me acerqué por detrás e intenté mirar lo que él miraba. Me miró de soslayo y se apartó para dejarme toda la vista para mí. Las farolas aún brillaban, aunque ya la luz del día empezaba a opacarlas, imagino que en poco tiempo se rendirían y se apagarían. La calle estaba húmeda, el día gris, unas pocas personas pasaban por la acera, pocas. Iban apresuradas, con la cabeza baja y los zapatos gastados.
Todavía estaba paseando mi vista por las molduras del edificio de enfrente, cuando Sergi apareció listo y preparado para desayunar. Cogí la chaqueta y el bolso y salimos. Había mucho que hacer.

El día transcurrió plácido dentro de la vida de unos turistas. La verdad es que lo pasé bien con Sergi, y me reí mucho. Comentábamos todo lo que veíamos y lo que nos parecía y teníamos montones de palabras nuevas a estrenar.

Nos dirigimos al hotel para coger el equipaje y salir hacia el aeropuerto. Sergi dijo que también tenía que darse un agua en la polla por si surgía algo, pero no le contesté, porque si hablo a la vez que me ruborizo me da un vahído y me mareo. Creo que él tampoco esperaba que le contestase.

Sergi parecía más compuesto que el día anterior, pero según se acercaba el momento de subir en el avión se le notaba el nerviosismo, mucho más controlado, eso sí.

Me miró, cuando ya estábamos sentados en el avión y me dijo que si me importaba que me cogiera la mano. Le dije que por supuesto que no, se la ofrecí y comenzamos a charlar. Sergi quería hablar de mamadas, cosa no muy extraña porque es un tema de gran predicamento entre el género masculino.

- ¿En serio vamos a hablar de eso?
- Anda, porfa, todo sea por mi miedo a volar...
- Qué excusa más facilona, Sergi. ¿No ves que nos pueden oir?
- Por eso, acércate, que me gusta que me hables al oído.

Me acerqué y le susurré muy cerca en el oído, asegurándome de que le hiciera cosquillas:

- ¿Y de qué quieres hablar?
- Sólo te quería informar de que me he dado al final el agua.
- Sabes que no te la voy a chupar, Sergi.
- ¿Quieres decir hoy?
- Quiero decir hoy, hoy no chupo nada.
- ¿Y en el viaje a Nueva York?
- En qué momento se me ocurriría sacar a colación mi arma secreta- sonreí.
- Es un arma secreta muy buena.
- Ya te dije que no fallaba...
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- Pues no sé, Sergi... A ver, ¿vamos a ir a Nueva York?
- Yo creo que sí, ¿Tú qué piensas?
- Por mí bien. ¿Cuál es lema de nuestro viaje?
- Sin malos rollos.
- Eso es.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- Ya sabes...
- ¡Si te la chupo entonces habría malos rollos!
- ¿Tan mal la chupas?- me picó él...

Miré por la ventana. Y él me apretó la mano. Le miré. Sus ojos sonreían.

- Hagamos un trato.
- ¿Cuál?
- Te prometo que te la chuparé antes de que acabe el viaje, pero no sé cuando. ¿Te vale?
- Me vale.

Hicimos el resto del viaje en silencio. Él perdido en sus pensamientos. Yo en los míos. Aunque había mucho ruido para pensar en mi cabeza estaban el vecino del quinto, su mujer, la Eufrasia, mi madre y alguna persona más. No sé sinceramente por qué la gente le da tanta importancia a una mamada.

Cuando aterrizábamos, me acerqué y le di un beso en la mejilla.

- ¿ Por qué?
- Por valiente.

Pronto concretaríamos las fechas para nuestro gran viaje, había mucho que decidir y muchos planes que hacer.



Imagino que a estas alturas de la historia muchos ya habrán abandonado la lectura, total no parece tener mucho interés. Dos desconocidos que viajaban juntos, una mamada que se alargaba y se alargaba, no en la duración sino en su llegada y poco más. Una historia de atracción y un hombre y una mujer más o menos simpáticos, más o menos tratables. Y ya..

Pero seamos realistas, las historias de amor, -o no seamos ambiciosos, las historias de atracción- no suelen superar –ni siquiera en las películas- los fundidos en negro, y las que lo superan son tan aburridas que no merecen ser contadas.

¿Realmente alguien querría leer cómo Sergi y Nadia cruzaban Estados Unidos de lado a lado con un coche, como se levantaban y se acostaban, sus diálogos intrascendentes sólo interesantes para ellos, algunos pequeños desacuerdos, un roce que hace un cariño, una mamada más o menos espectacular y poco más?

Estos viajes sólo suelen ser interesantes para los protagonistas. Leer su anodina historia sería peor que que nos invitasen a la vuelta de su viaje a ver las fotos del mismo. Y encima probablemente unas fotos mal hechas, que si al menos tuvieran un poco de arte...

Esta historia también tendría su fundido en negro, que sería el final del viaje, en esos veinte días sólo hay unas pocas cosas que podrían ser algo interesantes. Una historia de nocuernos por parte de Sergi, que ligaría en un bar de country y haría a Nadia pasar la noche en recepción leyendo su ebook, dos borracheras de Sergi, tres días de cabreos de Nadia sin dirigirle la palabra, una borrachera de Nadia, una mamada, dos polvos y la vuelta a España con su fundido en negro...

Vamos, una historia interminable. La historia de un cuasiamor como no hubo otro igual...

Pero algo les contaré, entre otras cosas porque no se lo cuento para uds, lo cuento para mí.
Si pasan por aquí a leer, recuerden que no son los protagonistas, sólo meros elementos accesorios.
Y que sus historias tampoco son interesantes. Probablemente nadie las contará nunca y ésta sí.
Es un pobre consuelo, pero es. Y ya les robaré poco tiempo, espero que eso les consuele a uds.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Mado » 23 Sep 2013 17:24

Dae escribió:Pero algo les contaré, entre otras cosas porque no se lo cuento para uds, lo cuento para mí.


Con esto no puedo estar de acuerdo. Todo el que escribe lo hace para los demás.

Dae escribió:Si pasan por aquí a leer, recuerden que no son los protagonistas, sólo meros elementos accesorios.


Claro, aquí los protagonistas son Sergi y Nadia y prou.

Dae escribió:Y que sus historias tampoco son interesantes. Probablemente nadie las contará nunca y ésta sí.


Ay, cariño, la mía desdeluego que no, pero alguna habrá, espero :D. Y a lo mejor alguien se anima y nos lo cuenta también :D.

Dae escribió:Es un pobre consuelo, pero es. Y ya les robaré poco tiempo, espero que eso les consuele a uds.


Pues no. Yo esperaba que durase algo mas -angry .

Pero gracias por contarnos la historia. Yo tengo el defecto de pensar que siempre son reales :lol:

Un besito :be:
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 23 Sep 2013 17:39

No ha acabado, Mado ;)
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 23 Sep 2013 18:21


Me costó un poco tomar la decisión final.
Había muchas cosas que se complicaban, y a veces me daban ganas de tomarlo como señales en contra de realizar el viaje y dejarlo.
Pero sabía que difícilmente tendría otra oportunidad, así que me lo planteé seriamente y decidí que había poco que perder. “Carpe diem, Nadia, carpe diem”. Deja a un lado la prudencia y el reflexionar, ya lo has hecho mucho y tampoco es que te haya lucido el pelo, ¿verdad?
Y que me iba a contestar a mí misma, pues que era verdad.

Sergi y yo ajustamos fechas, organizamos cosas, buscamos hoteles... Una vez aparcadas mis dudas, disfruté mucho de la preparación del viaje. Sergi tenía sus cosas pero luego era divertido y razonable para planificar con él muchos de los aspectos del viaje.
Hablábamos mucho por mails y por teléfono y en muchas ocasiones de cosas que no estaban relacinadas con el viaje. Una cosa llevaba a la otra y la otra a la una.
Siempre me ha gustado hablar, así que no tenía problema.
En algunas ocasiones estábamos haciendo cosas en el ordenador y con el audio puesto charlando.
Si hubo algo a lo que me negué siempre, por mucho que insistió.
No quise jugar con él al ajedrez, para qué, sabía que no era rival para él, que me ganaría humillándome mil veces, así que le dije que trivial o nada. Y fue trivial, pero fue poco, una de las virtudes de Sergi no era la perseverancia.
Todo le aburría enseguida. En alguna ocasión le comenté que me daba miedo que me abandonara a mitad de viaje, él se picaba un poco, tampoco mucho, creo que en el fondo sabía que yo tenía razón.
Nos chinchábamos con las típicas tópicas bromas de tíos y tías, él me decía que no me llevara muchas maletas y yo le decía que no se olvidara los preservativos. Recuerdo el día que se lo dije, según lo solté, sin pensar, como en mí es habitual cuando he cogido confianza, pensé que podría ser malinterpretado. Así que la voz me tembló antes de acabar de decirlo y a la par me ruboricé.

Él se rió y me preguntó que si le estaba haciendo alguna proposición. Yo me piqué, no por su comentario, no, sino por ser tan imprudente de no pensar un poco antes de hablar, y la verdad es que no sabía qué decir. Así que para disimular mi desconcierto le dije que si surgía y no se liaba con otra y nos apetecía a ambos.

Mientras lo decía ya sabía que tampoco estaba eligiendo la respuesta adecuada y que lo mejor hubiera sido colgar aduciendo que me había quedado sin batería, para recular, afianzar posiciones y venir con unos argumentos mejor preparados. Pero antes de que pudiera decir nada, él me aseguró que ya tenía los preservativos en la maleta, que no dejara de llevar mi certificado médico que él aportaría el suyo.
Maldito Sergi. 1-0 para él.

El día del viaje también salíamos de mañana, esta vez me tocó madrugar a mí porque salíamos desde allí, así que allí me fui. Sergi hacía mejor cara que en el último viaje de avión, no sé si porque estaba pensando en la solución de urgencia o porque realmente ya había superado un poco su miedo a volar. De eso también habíamos hablado. Vale. Había hablado más yo y puede que él hiciera mejor cara para que no le diera más la chapa.
Sea como fuere se le veía animado. Nos dio tiempo a tomarnos un café en el aeropuerto, antes de que nuestro vuelo saliera. Sergi y yo eramos mucho de café. :tor_c040:
Yo tenía buen ánimo ante el viaje. En realidad siempre estaba animada en los viajes, creo que se me ponían unas mariposas en el estómago similares a cuando te enamorabas, me recorría una sensación de que todo iba a salir bien e iba a ser fantástico, aunque se cayera el avión, Sergi resultara un pesado, los hoteles fueran miserables, la comida espantosa, el coche se nos estropeara en mitad de una carretera bañada por un sol de justicia, que nos tocara andar kilómetros y kilómetros, para llegar a un pueblo en el que nos tendríamos que refugiar en un motel con chinches en la cama y en el que a la mañana habíaramos con un mecánico que nos diría que no tendría piezas en cuatro días y que el autobús tardaba en pasar cinco días por ese pueblo. La ducha sería un cubo en lo alto de cuatro paredes de madera mal puestas, al final saldríamos discutiendo y no llegaríamos a los Ángeles. A pesar de todo ello yo no podía reprimir una sonrisa bobalicona y entusiasta, y después de facturar el equipaje me colgué del brazo de Sergi con toda la confianza del mundo. Una ligera ojeada de rabillo de ojo que me echó él me hizo darme cuenta y le solté como si me fuera a electrocutar ante lo que él no pudo menos que descojonarse de mí. Cosa que no me pareció mal por dos razones: a mí también me hizo gracia y durante ese viaje no iba a estar premenstrual.
Hecho éste que también ayudaba a ponerme de buen humor.
Y no porque estuviera planeando acostarme con Sergi si él no encontraba nada mejor, no, es porque siempre es mucho mejor viajar sin dolores de ovarios y sin mala gana. Vamos, al menos para mí.

Sergi estaba decididamente mucho más relajado, no le pregunté por su miedo al avión por si se venía abajo y porque realmente se le veía tranquilo. Así que una vez que nos acomodamos en el avión y después de haber madrugado mucho, caí en un sueño de lo más tonto. De las ocho horas y media estimadas de vuelo de viaje me tiraría dormida una hora y media. No sé exactamente por qué me desperté, pero cuando lo hice no fue de golpe, fue despacio, me di cuenta de que me había dormido y fui consciente de que mi cabeza reposaba en el hombro de Sergi. Pero no me moví. Tenía un hombro cómodo. Le miré con el rabillo del ojo para ver si él dormía, no, tenía puestos unos cascos y yo diría que escuchaba música. Acomodé mi oreja buscando escuchar el latido de su corazón, pero el hombro no es el mejor sitio para buscar el pulso a una persona. Pensé levantar ligeramente la cara y hundir los morros en su cuello, ese hubiera sido un buen sitio para captar su pulso. Pero no lo hice por un doble motivo: no era conveniente, y me reñí un poco por pensarlo, a la par que me recordé que era un compañero de viaje, y que debería mantener a raya los ataques de lujuria momentáneos que me daban para evitar problemas y porque al moverme ligeramente noté una humedad en mi mejilla, lo cual me hizo darme cuenta de repente, de que le había babado todo el hombro a Sergi.
Y eso sí que me daba una vergüenza espantosa.
Definitivamente mucho peor que agarrarle la entrepierna en sueños o comerle el cuello.
Lentamente me separé sin dejar de observar su camisa para determinar la magnitud de la catástrofe. No era tanta humedad como para ser un drama pero lo suficiente para que no fuera una comedia, al menos para mí.

Él al notar mi movimiento, se quitó los cascos y me dijo:

- ¿Qué tal, bella durmiente?
- ¿He dormido mucho?
- Un ratillo. Si luego me duermo yo, tendrás que prestarme tu hombro...
- Eso está hecho. – dije rápido y sonrientemente para alejar más comentarios sobre el hecho. Pero no coló...
- Y Nadia...
- ¿Sí?
- Si te babo la blusa espero que no te quejes...

Oj. Qué coraje.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 24 Sep 2013 10:38

New York, New York...
Si hay una ciudad que te pueda resultar familiar sin haber estado allí, es sin duda Nueva York.
Estuvimos cuatro días en Nueva York. Cuatro fantásticos e interesantes días. Incluyendo todo lo típico que hay que ver en New York, paseo por Central Park, misa de gospel en Harlem, visita al Madison Square Garden, pateo de avenidas para arriba y para abajo, comida asquerosa y muchas risas.
El hotel era correcto y todo transcurrió placidamente. No nos pegamos por el baño, no sé si roncó o ronqué y hasta usamos una de esas lavanderías típicas en las que lavas y secas tu ropa echando unas monedas. No hubo problemas de dinero, llevábamos un bote común y no fue causa de roces.

Ya sabíamos que todo iba a ser imposible de ver, ya estaba hablado, aunque había tanto que ver. Los americanos hablan muy raro, pero con todo yo ya iba haciendo un poco de oído y cada vez me era más fácil entender, por escrito me resultaba muy fácil y también me hacía entender, pero si me hablaban así como mascando chicle eso ya era otra cosa.
Al quinto día tomamos un vuelo de Nueva York a Chicago, duraba dos horas y media aproximadamente, ver Chicago, dormir allí y a la mañana salir en un coche alquilado. Decidimos hacerlo así por acortar un poco los días de coche y porque realmente la ruta 66 comenzaba antiguamente en Chicago.

Al día siguiente pillamos el coche, que empecé a conducir yo. Entre otras razones porque era automático, en yuesei casi todos los coches son automáticos, era más cómodo cogerlo así y mi coche era automático por lo que yo estaba ya hecha a él.
Sergi era el encargado de escoger la música para el viaje.
Paramos por el camino en uno de esos lugares típicos de película, bar de carretera, camarera que te sirve el café antes de hacerte el pedido, y mientras llegaba la comida nos pusimos a estudiar un mapa, para calcular hasta donde podríamos llegar o donde sería conveniente buscar alojamiento para dormir.
Decidimos acercarnos lo más posible hasta Columbia, lo que hacían unas seis horas y algo de conducción, con paradas en cualquier parte que nos reclamara atención y buscando habitación sin esperar a que fuera muy de noche.
El motel era el motel más peliculero que se pudiera uno imaginar, pero al menos no se parecía a la casa de psicosis, era un motel sin pretensiones, pintado en unos colores que si hubieran estado acompañados de unos fluorescentes parecería una casa de putas. Eso en España, claro, allí era de lo más típico. Y el encargado del motel, lo más parecido a un gárrulo, americano, eso sí. No había manera de entenderse con él, pero al final conseguimos una habitación.
La parte buena, las sábanas parecían limpias, la parte mala que sólo era una cama. No había conseguido entenderme con aquel americano cabezota y la verdad es que ya no tenía ganas de discutir más con él.

Me senté en la cama y miré a Sergi.

- Una cama.
- No me pidas que duerma en el sofá.
- No hay sofá.
- Por eso no me lo pidas...

Yo no me sentía muy proclive a bromear, me quería duchar y acostar.

- ¿Qué? ¿Compartimos cama? – le propuse.
- Por mí bien, no hay más solución y además no es tan grave, ya has usado mi hombro otras veces para dormir.

Eché una ojeada pero no había cojines y encima en lo que me demoré, el muy mamón se coló en el baño. Mejor, nuestra relación estaba demasiado basada en el lanzamiento de cosas.

Cuando salí del baño, Sergi ya estaba en la cama, así que allí me dirigí yo también y me metí entre las sábanas, suspirando. No pensaba ni leer. Sergi también se deslizó sobre la almohada y me hizo señas para que me acercara, señalándome su hombro.

- ¿Qué?
- Anda, ven, que lo estás deseando, si sé que tengo un hombro cómodo.
- Pero qué creído puede llegar a ser el tío- me reí.
- Bah, no seas tonta, anda ven...

Y no es que lo estuviera deseando pero es que me cuesta mucho decir que no, así que me acerqué y me eché sobre su hombro. Él apagó la luz y comenzamos a hablar del viaje, de las sensaciones, de lo que nos estaba pareciendo.
Había algo tan íntimo en estar a oscuras recostada sobre su hombro hablando tan normalmente que me sentí de repente rara. Fue de golpe, igual que cuando te dan un puñetazo en el estómago. No me sentía mal, sólo rara. Y creo que se notó en mi voz, o al menos Sergi lo notó.

- ¿Pasa algo? ¿Enciendo la luz?
- Nonono.
- ¿Pero te pasa algo?
- No sé, de repente la situación se me ha hecho muy rara...
- Es una situación rara, tampoco le des más vueltas.
- No si no se las doy, pero es que de repente...
- Bah, no pienses.

Sonreí. Que no pensara me decía, como si eso fuera posible para mí.

- Sergi...
- ¿Si?
- Buenas noches.
- Buenas noches – dijo él.

Levanté mi cara y le di un beso en la barbilla. Raspaba un poco. Pero no demasiado. Creo que antes de que la barbilla volviera a su sitio, ya me había dormido.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Mado » 28 Sep 2013 09:46

Huyuyuy :notoy: Las cosas empiezan a ser menos maravillosas. Pero este no será el final, imagino. El final tiene que ser mas...no se... ¿mas romántico?... o... ¿mas drástico?...Anda Dae, busca otro final menos descafeinado, porfi.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 28 Sep 2013 10:38

No es el final, Mado. Claro que no...

Ya sabes:

Al final todo acaba bien y si no, no es el final.
:be:

A ver por dónde ibamos...
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 28 Sep 2013 10:42

A la mañana me desperté yo primero. Debía de hacer rato que había abandonado su hombro, afortunadamente para él. Me giré. Él aún dormía, aún no había amanecido del todo, era pronto para levantarse así que me dediqué a reseguir su perfil con mi mirada. Cuanto más lo miraba más me asaltaba uno de esos momentos de lujuria incontenible, me daban ganas de meterme debajo de la sábana y despertarle metiéndome su polla en la boca, pero me daba cosa, porque sin estar hablado podría parecer una especie de violación, probablemente él no me dijera nada, no conozco a muchos hombres que vayan a decir que no a una mamada matutina, pero no me terminaba de parecer bien, así que me acerqué un poco a él, empecé a juguetear tocándole un poco el brazo, despacio, muy despacio, como sí Sergi tuviera las llaves que luego tiraron al fondo del mar y yo se las tuviera que quitar sin que se despertarse, llegué a tocarle el pelo y a pasarle un dedo por el cuello. Pero no se despertó. Cuando él se despertó yo había vuelto a caer en una ensoñación, abrí los ojos y me lo encontré mirándome de cerca, pensé si él también habría estado jugando a reseguir mi perfil con la mirada, aunque me parece que ese es un juego más bien femenino.

- Arriba, dormilona.

Mientras nos aseábamos, Sergi me dijo que esa noche deberíamos buscar un local cerca del hotel que eligiéramos para tomarnos unas copas. Yo había quedado en beber algo algún día y la verdad es que por ahora el viaje había sido de lo más ajetreado. Lo encontré justo y ese día no viajamos mucho, visitamos algún lugar por el que pasamos y escogimos un motel que tenía al lado un local nocturno que luego descubrimos que era de música country. Cosa que tontamente me encantó.
Me tomé un par de copas alegremente, y creo que nunca he hablado mejor inglés, puede que incluso hablase americano, de hecho, de repente me encontré traduciendo a Sergi y a una rubia que dijo llamarse Alice. Una rubia muy guapa y muy americana, muy animadora ella, con su minifalda de ante y su sombrero vaquero y que encima bailaba bien la jodida.
Miré a Sergi que le hacía ojitos a la rubia y pensé de pasada que qué oportunidad había dejado pasar de mamársela esa mañana. Igual ya no habría más oportunidad. La rubia se interesó por si eramos pareja, y yo le dije que eramos hermanos. Podría haber mentido, pero es que yo tengo este sentido de la ética tan tonto que tengo y en cierta manera me pareció lo más justo para Sergi. Llegó un momento en que Sergi y la rubia no necesitaban ya hablar, habían alcazado una comunicación visual compleja en la que se podían intercambiar fórmulas de física cuántica. Yo me fijé en alguno de los vaqueros que había en el local, pero la verdad es que me dio una pereza tremenda traducir para mí lo que había traducido a la rubia para Sergi y decidí que lo mejor era hacer mutis por el foro. Le dije a Sergi que me iba a dormir, él se ofreció para acompañarme pero yo no quería cortarle el rollo y realmente el motel estaba al lado.
Cuando iba hacia el motel sola pensé en darme la vuelta y replantearme lo de hablar con algún vaquero, o bailar o beber un poco más. De repente me dio un poco de miedo verme sola en la habitación...
No llegué a culpar a Sergi de ello, no era culpa suya, las cosas son como son y una rubia americana es mucha rubia americana. Llegué a la habitación sin más contemplaciones y me metí en la cama, en completa soledad. Dejé la puerta cerrada eso sí, y de repente me planteé qué haría Sergi si tuviera que llegar a mayores con la rubia, quizás cogería otra habitación o se fuese a casa de la rubia...
Pero eso ya no era asunto mío. Había pasado a ser asunto de Alice y de Sergi. Esperaba que la peliteñida tuviera preservativos o que Sergi se hubiera metido uno en la cartera.
Me dormí con las ganas de llevarme algo a la boca.
Cuando me desperté a la mañana, Sergi roncaba en su cama. Y no había rastro de la rubia.

Me levanté, hoy no tenía ganas de entretenerme subiendo y bajando por el perfil que marcaba su nariz contra el armario. Cuando el agua templada me bajaba por la espalda me paré a pensar si estaba enfadada.
No. Definitivamente no.
¿Quizás un poco molesta?
No. Creo que no.
¿Por qué habría de estarlo? Ni enfadada, ni molesta. Nosotros eramos compañeros de viaje, no me hubiera puesto celosa de haber sido una mujer y que se hubiera liado con uno de los vaqueros. ¿Verdad? Y por qué narices habré dicho celosa.
No lo estoy.
Si hubiera querido eso, lo hubiera buscado. ¿No habría encontrado un compañero de viaje y de juegos sexuales para veinte días? Pero no era lo que buscaba y punto.
Vale que sí, que igual hemos tenido un poco de feeling y pensé que igual al final se la mamaba, pero vamos, hablo de algún encuentro sexual puntual y eso no implica ni celos, ni posesión, ni nada de eso.
Cerré el agua caliente y dejé que el agua fría me cayera encima.
No había nada como un buen chorro de agua fría para quitarle a una la tontería de encima.

Cuando cerré el grifo de agua fría me sentí tan agradecida que pude volver a sonreír. Así que cuando salí del baño, le ofrecí a Don Juan Tenorio una sonrisa radiante.

- Parece que has dormido bien.
- Yo siempre duermo bien. – Es verdad, casi siempre lo hago-
Él parecía perezoso, a saber cuantas horas menos que yo habría dormido.

- Oye, Sergi, si quieres dormir más yo me voy a dar una vuelta y te recojo luego.
- Nonono, puedo dormir en el coche un poco.

Vaya, que sí había dormido poco. Pues no le arrendaba la ganancia porque dormir en el coche era malísimo para las cervicales y no creía que Alice fuera osteópata. Sacudí la cabeza y desterré mis maldades. No quería que el sarcasmo invadiera mis palabras y que diera la sensación de que estaba molesta. Además no iba a curiosear. Claro que me moría por saber qué había pasado, pero no sería adecuado que se lo preguntara, imaginaba. ¿No hubiera sido correcto, verdad?

Durante el desayuno planeamos nuestra siguiente jornada. Él hablaba y recorría con su dedo el mapa y yo le miraba y me preguntaba en qué momento exactamente se había instalado en mi interior la sensación de que ese sería nuestro último viaje juntos. No es que acertase siempre, pero generalmente esos presentimientos míos solían ser bastante acertados. Y siendo sinceros era más fácil predecir esas cosas que los números de la primitiva.
Tampoco era que me importase mucho, la nueva Nadia vivía el momento. Carpe diem.

- ¿No me vas a preguntar qué paso anoche?

Yo contesté un poco demasiado rápidamente que no era asunto mío. Al final sería verdad eso de que los tíos gozaban más contando sus aventuras que en el momento en que las disfrutaban Pensé soltar alguna maldad de ese estilo, pero me mordí la lengua. El al poco dormía profundamente.
Y yo me dediqué a conducir y a perderme en mis pensamientos.
Con una carretera larga y recta, con brillos que distorsionaban el paisaje y con un compañero de viaje que iba hecho un cuatro en el asiento de al lado.
Mirando el horizonte me sentí bien. Como metida en una película americana.
No era el atardecer, y no conocía la tonada de la canción que Lucky Luke cantaba cuando iba andando por aquellas llanuras hacia el horizonte, además técnicamente él era belga, pero con todo me puse a tararear:

"I'm a poor lonesome cowboy, and a long way from home"

Con un compañero de viaje dormido yo me sentía como una pobre cowboy solitaria que estaba lejos de su hogar”

A Sergi le debió gustar la canción porque comenzó en ese momento a roncar. Las Vegas no está propiamente en la Ruta 66 pero Sergi y yo cuando planeamos el viaje bien creímos que merecía la pena hacer un desvío de 90 km para visitarla. Además se hacían unas visitas en helicóptero al Gran Cañón que a mí me interesaban mucho. A Sergi no tanto.
En realidad había dos opciones, una excursión en helicóptero desde el sur del Parque Natural del Gran Cañón, o en avioneta desde las Vegas.
Cuando Sergi rechazó el ir a la excursión, decidimos que iríamos a las Vegas y yo haría la excursión en lo que él se dedicaba a otras cosas.

Las Vegas era la ciudad de la Luz, probablemente más que París, la cantidad de bombillas que hay allí encendidas desencajarían la mandíbula a cualquiera que no se lo esperase y los hoteles eran realmente impresionantes, igual demasiado impresionantes. No fue la ciudad que más me atraía, pero reconocía que era una visita obligada. Personalmente me gustaban los sitios más tranquilos, más pequeños, más íntimos, hacía mucho que huía de estas cosas, pero me lo tomé resignadamente, como un algo más que hay que tomar.

El hotel era grande, pero allí todo era grande. Había casinos por todas partes y nos dedicamos a mirar ya que Sergi no estaba muy hablador y yo tampoco. Esa tarde yo haría una excursión en avioneta y él se quedaría haciendo lo que tuviera a bien. No le pregunté qué iba a hacer, aunque ya no estaba nada enfadada, ni molesta. De hecho conducir en silencio, escuchando música había hecho mucho por mejorarme el humor. No hablaba por respetar su humor que me parecía inestable.

Le dejé acomodado y me despedí brevemente. Quedamos en que le avisaría a la vuelta y me fui rápidamente. La excursión fue fantástica, algo totalmente espectacular. Si hay un sitio por el que puede resultar realmente impresionante para pasar con una avioneta por el medio es sin duda por el Gran Cañón. Cuando acabó el viaje, estaba entusiasmada y la adrenalina me hacía estar chispeante. El piloto, un americano que se llamaba Mike y que hablaba español con un acento del sur de América parecía que me hacía ojitos. Pero sinceramente, pensé que era más bien una sensación mía. Pero me invitó a tomar una copa y eso lo dejó todo más claro. Dije que sí, al fin y al cabo...
Después de charlar de esto y de aquello, me dijo que si me apetecía quedar a cenar.
Y entonces no supe qué decir. Así que opté por decirle la verdad, que tenía un compañero de viaje y no sabía qué planes tenía, que no me podía comprometer sin hablarlo con él.
Él me preguntó en qué hotel estaba y yo se lo dije, y me dio su teléfono por si le quería llamar. Me dijo que hasta las ocho me esperaría, que no más. Pero lo dijo con una sonrisa.

Mientras subía para la habitación pensé en decirle a Sergi si quería cenar con Mike y conmigo, pero no sabía si sería muy adecuado, ya que a Mike no le había comentado nada. La verdad es que pensé que era todo un poco lioso y que igual mejor no mezclar, al fin y al cabo si tuviera algo con Mike sería una cosa pasajera, las Vegas estaba muy lejos de mi habitat natural.

Cuando llegué a la habitación noté que Sergi estaba realmente de mal humor. Tenía migraña y prefería no hablar con nadie. No quería bajar a cenar y me pidió que le disculpase. Le dije que no se preocupara que el piloto del avión había insistido en invitarme a cenar, pero que yo había rechazado la invitación por no dejarle colgado, pero que tenía su teléfono y si él no iba a salir...

- ¿La cena está incluida en el precio del viaje?
- Sólo para la última excursionista de la tarde.

Me ofrecí a traerle algo para la migraña, a quedarme con él si le era de ayuda, a buscar un médico si lo veía necesario. Me contestó secamente a todo que no y como yo también sufro de vez en cuando de jaquecas, decidí que lo mejor era dejarle sólo, al fin y al cabo tenía mi teléfono por si necesitaba algo.
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor pipiola » 28 Sep 2013 12:31

Este viaje esta resultando de lo más interesante...la leo con avidez
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 28 Sep 2013 13:40

Pipiola :be:
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 28 Sep 2013 13:50



La noche pasó y la mañana vino detrás. Ese bucle interminable que no parece detenerse nunca. A mí la mañana me pilló en la cama. Me giré y Sergi también estaba allí, escuchaba música, se ve que lo que se hubiera tomado para la migraña y el acostarse pronto habían hecho que su cuota reparadora de sueño se hubiera cubierto ya, ese día la que iba a estar aperreada iba a ser yo.
Bostecé.
Y al hacer ese movimiento atraje su atención.

- ¡Buenos días!- me dijo bastante estentóreamente.
- Buenos días, ¿mejor?
- Mucho mejor, gracias. Seguro que mejor que tú- me dijo con picardía.
- ¿Mejor que yo? ¿Por qué motivo?
- Porque hoy la que has trasnochado has sido tú.

Estaba juguetón, pero no le dí el gusto de intercambiar confidencias con él sobre la cena con Mike. Al fin y al cabo yo no pregunté nada sobre Alice, ¿verdad?

Me conformé con sonreír misteriosamente y trasladar mis machacados huesos al baño.

- Mira como te mueves, me dirás que estás cansada por bailar...

Ya bajo la ducha me reí. No dejaba de ser gracioso, qué narices. Yo pensaba mantenerme impertérrita, sin inmutarme por nada, distante, críptica, pues menuda soy yo cuando me pongo.

- Pero si tienes una sonrisa satisfecha, so cabrona.

Está claro que le picaba la curiosidad. Dejó la puerta entreabierta al entrar al baño y se puso a cantar.

- No pensé que fueras de los que cantan en la ducha, Sergi.- le grité.
- ¿Por?
- ¡Por el chiste, ya sabes... ¡
- ¡No, no sé!
- ¡Luego te lo cuento!

El salió con la toalla enrollada a la cintura.

- A ver ese chiste...
- Ese que dice que la mitad de los hombres en la ducha cantan y la otra mitad se masturban y que los que cantan, cantan todos la misma canción...
- ¿Tengo que preguntar qué canción es?
- Para que funcione el chiste, sí.
- ¿Qué canción es? – me dijo con un brillo travieso en los ojos.
- ¿Entonces no lo sabes?
- Qué malo –se rió- Ya sabes qué canción estaba cantando yo...
- Cantando dice, perpetrando, macho, la estabas perpetrando.

Se sentó en el borde de mi cama.

- ¿Entonces qué? ¿Me cuentas lo que pasó anoche con el Mike ese o me la chupas?
- Oye, yo soy una caballera, no hablo nunca de mis salidas...
- Vamos que no mojaste...
- ¿Quién dice que no mojase?
- ¿Te measte de la risa cuando se la viste lo pequeña que la tenía?
- Yo no me reiría por eso, soy perfectamente capaz de disimular cuando veo una pequeña.
- ¿Hacemos la prueba?
- ¿Perdona?- creo que hasta tartamudeé.
- Yo me quito la toalla y vemos si te ríes o no...
- Si te quitas la toalla te la chupo.- sinceramente yo pretendía meterle miedo.

Pero se quitó la toalla.

La estampa era la siguiente: yo vestida, no para matar ni para chupar, sino para salir. Y él desnudo, con la toalla a los pies.
No me reí y sinceramente espero que no pensase que tenía la boca abierta de admiración ante su miembro viril masculino.
Busqué en mi mente con premura algo que decir, algo ingenioso, algo picante, algo ocurrente, algo...
Pero algún cable había fallado y sinceramente, me había quedado sin palabras.
Creo que sólo por eso adelanté mi mano y la cogí. Quizás pensé que agarrándola pensaría que era un micrófono y las palabras acudirían a mí mente. No lo sé, de verás. A día de hoy aún no lo sé, y no creo que entonces tampoco lo supiera.
Él que abrió la boca con sorpresa en ese momento fue él. Imagino que tenía una pinta tan graciosa como la que había tenido yo dos segundos antes.
Pero tampoco es que la situación fuera tan graciosa en sí...

La persiana estaba medio bajada aún, la luz tamizada incidía sobre el cuerpo de Sergi, hacía sombras extrañas en su cara, que mostraba un gesto de deseo contenido, no pensé en si la luz incidía sobre mí y qué era lo que mostraba mi cara.
Me acerqué y mirándole a los ojos me la acerqué a la boca.
Estas cosas contadas así son un poco frías, el que relata, la, en este caso, nunca es capaz de explicar bien en detalle, la tensión, las terminaciones nerviosas, la carga eléctrica que se traspasa de la punta de los dedos a la polla, de la polla a la boca, una corriente continua y alterna que produce placer.
Aunque siempre se dice que cuando te la chupan el que más placer recibe es el chupado y sin duda será así, dar placer también es agradable y placentero...
La escena fue lenta, cadenciosa. Sergi no se movía, aún de pie, yo sí. Sorbí, lamí, succioné, chupé... porque yo cuando me pongo, me pongo.
Y cuando me pareció que ya llevaba bastante rato de pie, me levanté yo. Él pareció reaccionar y me acarició el pelo. Pero le retiré lentamente la mano, enganchada a sus ojos.
Le empujé para que se acostara y me tomé el tiempo necesario para acabarme el desayuno que esa mañana me había servido. Cada vez que él se intentaba acercar o tocarme, abortaba el intento. Hasta que se sació o me sacié, la verdad es que no recuerdo bien.
Antes de que dejara de gemir, estaba yo saliendo por la puerta, las primeras palabras que le dije después de ello y antes de cerrar la puerta fueron que le esperaba en la cafetería.
Cuando llegué pedí un café sólo.

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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Dae » 28 Sep 2013 13:53

El siguiente es largo... pero ya es el final, Mado. :be:

Cuando llegó Sergi pensé que iba a comentar algo, pero no dijo nada. Sólo cuando se iba a tomar el último trago de café, levantó la taza para brindar, y señaló mi taza, a la que le quedaban ya unas gotas frías del café, yo la tomé y le miré interrogante.

El acercó la taza a la mía y las chocamos.

- ¡Sin malos rollos! – dijo sonriendo.
- ¡Sin malos rollos! – coincidí yo.

Me puse a pensar perversamente que es muy fácil estar relajado y abogar por un sinmalrollismo cuando te la acaban de chupar. Y sonreí maliciosamente.

- ¿Qué piensas?- me preguntó él.
- Nada.
- Piensas en algo, pero no me lo quieres decir.
- ¿Por qué crees que pienso en algo y no te lo quiero decir?
- Por la sonrisa, se te ha puesto una cara de mala malísima.



Nos reímos.

- Pues no, listillo. Estaba pensando en que nos quedan unos quinientos km para llegar al final. Bueno, millas.
- ¿En eso pensabas?
- Sí. Pensaba en que nos queda por ver Santa Mónica, Huntington Beach, Newport Beach, San Diego, los estudios de la Universal en Hollywood. Y bueno, que creo que yo paso de los parques de atracciones. Prefiero visitar San Francisco.
- Me apunto, me apunto. El Golden Gate, la isla de Alcatraz, todos esos puentes, el muelle Pierre 38 y quizás las montañas de Arrowhead.

Ya estaba, pensé satisfecha, creí haber desviado el tema de conversación.

- Pero no sé si nos dará tiempo a todo.
- ¿Por? Lo teníamos todo ya bastante calculado.
- Es que me gustaría pasar más tiempo en el hotel.

Me puse colorada. Es que no lo puedo evitar. De repente por un clic cualquiera toda mi sangre se siente llamada a acudir a mis mejillas. Unos glóbulos van preguntando a los otros que qué pasa, unos dicen que no saben, otros que no están seguros, pero todos se plantan en mis mejillas a ver si atisban algo. Comprendo que ellos no lo pueden evitar pero cuando lo noto y me pongo nerviosa, aún es peor.
Y encima algunas personas cuando lo notan es como cuando los tiburones huelen la sangre:

- ¡Te has puesto colorada! – medio gritó Sergi, entre asombrado y entusiasmado.

Eso no ayudó mucho. Todavía más glóbulos rojos se apelotonaban en mis mejillas. Y mira que me da un rabia...

- Anda vamos, que se nos hace tarde. Y me levanté toda decidida.

El me seguía mirando con una sonrisa irónica. Pero consideré que darle un bolsazo podría ser peligroso. Estoy segura que con un golpe de mi bolso se puede matar.

Siempre encontré algo tranquilizador en las rutinas. Recoger las maletas, ir hacia el coche, poner gasolina, Sergi que se embebe en la música que va a poner, contemplar el paisaje, sentir el volante en las manos, dar rienda suelta a los pensamientos...

Y lógicamente esa mañana tocaba pensar no ya en lo que había pasado, que ya había pasado, sino en las consecuencias que traería. Tampoco es que quisiera pensar mucho, yo ya me había dicho que había que carpediemiar y eso pensaba hacer. Disfrutar el momento. Estaba haciendo el viaje que quería, todo iba bien, tenía un buen compañero, para mí el viaje se acabaría al pie del Golden Gate, con una luz dorada y un fundido en negro. Si después de eso la realidad nos atrapaba y nos revolvía como toallas en una lavadora, fuese. Así habría de ser. No se puede luchar contra un centrifugado.

Pensar demasiado no es bueno, corres el riesgo de quedarte enganchado en tus pensamientos, como si estuvieras dando vueltas en una rotonda sin decidirte a salir nunca por una de las salidas que se te ofrecen. Dudas, y piensas si será la adecuada y sigues sin decidirte, indefinidamente. Al final, te mareas.
Esto sí lo sé por experiencia propia y realmente igual ninguna de las salidas es la adecuada. Pero seguro que hay más rotondas, ahora están por todas partes.
Así que me doy de vez en cuando unas vueltas pero evito quedarme enganchada. Son adictivas.

Así que aparqué mis pensamientos y me dediqué a disfrutar del día, del paisaje y de la compañía. Que estaba de vacaciones...
Si Sergi iba a mutar en un ser absorbente y molesto, si yo me iba a colgar y convertirme en una pesada, todos esos síes ya se verían. Sería todo ello en otro continente.

Quinientos kilómetros de desierto separan Las Vegas de los Ángeles, quinientos kilómetros de los más secos de todo el camino, pero la conversación entre nosotros era fluida y desafinamos algunas canciones a voces.

Yo le comentaba las cosas que estaban previstas que viéramos en los Angeles, el Guggemheim de Gehry que era la sede de la filarmónica, le hablaba sobre las monstruosas distancias, el espantoso tráfico y todo lo que había leído sobre El-Ei.

-¿El qué?
-Los Angeles, hombre, que se les llama LA y en inglés Elei, ya sabes que los norteamericanos son muchos de acrónimos.
-Ahhh. Oye no crees que lo de ir a Hollywood, no será una paletada?
-Sí, sinceramente creo que lo será, si vemos qué tal podemos prescindir de ello. Pero no pienso pasar por saltarme Rodeo Drive en Beverly Hills. Te advierto...
-La verdad es que ver esas mansiones de Beverly Hills o Mullholland Drive lo único que puede hacernos es crearnos mal cuerpo.
-Estoy de acuerdo- y me reí- porque realmente era gracioso pensarlo.

Llegamos a Huntington, donde habíamos conseguido un motel céntrico y razonable de precio. Y según lo esperado, aparcar fue un horror para olvidar.

-Joder, qué mala suerte, dijo Sergi, realmente contrariado.
-¿Qué?
-¡Hay dos camas!
-Sergi...
-Si es que no tengo suerte...

Le dejé gruñendo y me fui a asear, el plan era salir a cenar y dar una vuelta.

-¿Sabes Sergi que en California hay muy buen vino?
-¿Sí?
-Sí. En el Valle de Napa hay muchísimos viñedos, si California fuera un país independiente sería el cuarto productor de vino del mundo.
-Eso seguro que lo has leído en la wiki.
-Touché. Pero lo de los vinos ya lo sabía gruñón... por Falcon Crest ya sabes.

Tomamos vino. Y cenamos bien.
Sería casualidad pero esa noche nuestras manos se rozaron más y ambos parecíamos proclives a tener cierta intimidad. Yo bebí vino, hasta que lo consideré prudente, las luces brillaban más, la sonrisa de Sergi era más embaucadora, sus palabras más brillantes, sus chistes más graciosos.

-Estás achispada. Afirmó él.

Y no hubo forma de refutarlo. Estaba achispada.

-Hoy sería la noche ideal para que nos aprovechásemos uno del otro que yo también estoy achispado.
-No me gusta abusar de los hombres cuando no son dueños de sus actos.
-Pero yo lo soy...
-Ya.

Me sujetó del brazo y me detuvo. Me agarró de la nuca y se agachó ligeramente sobre mí. Nuestras bocas se encontraron y el sabor del vino era todavía más dulce en su boca que en la copa.

-¿Ves? este acto es mío y yo soy su dueño.

Yo callé, aun me relamía los labios, quería apresar el beso todo lo más que pudiera.

-Dime, ¿no crees que fuera el destino el que nos uniera para este viaje?

Le miré atentamente:

-¿Tú crees en el destino?
-Yo sí. ¿Tú no?
-Pues no lo sé. El Destino. Suena como muy grande, ¿no crees? Además a veces es cruel.
-Eso sí.

En eso recordé un poema de Allan Poe, uno que dedicó a Helena.

Was it not Fate, that, on this July midnight-
Was it not Fate, (whose name is also Sorrow,)
That bade me pause before that garden-gate,
To breathe the incense of those slumbering roses?

¿No fue el Destino el que esta noche de julio,
no fue el Destino, cuyo nombre es también Dolor,
el que me detuvo ante la puerta de aquel jardín
a respirar el aroma de aquellas rosas dormidas?


Pero no dije nada. Le agarré de la mano y nos fuimos al motel. Ahora ya sí en silencio.

Al cerrar la puerta de la habitación me acerqué a él y hundí mi nariz en su cuello. Aspiré. Profundamente.
No fue el destino de aquella noche de julio... sí, puede que fuera en julio cuando él me mandó el mail, pero da igual, quizás fue aquella noche de julio el destino el que mandó el mail a mi buzón y me dejó leer aquellas palabras invitadoras.

Aparté los pensamientos y reseguí su mandíbula con mi nariz, él se dejó hacer. Pero cuando me besó volvió a agarrarme de la nuca, a atraerme hacia él, como si no me quisiera dejar escapar.

No fue mucho problema que hubiera dos camas. Aunque no sé en cual de las dos empezamos, sí sé que ambas quedaron desarmadas. Como yo. Con mis armas rendidas a sus pies, precisamente como no me quería ver.
Aún así cuando me dejé caer sobre su pecho, aún musité:

-Fate, whose name is also Sorrow
-¿Qué?
-Destino, cuyo nombre también es dolor...

El me miró. Y yo también le miré. Y pensé que no era el momento de hablar, mejor dormir. Mejor soñar.

Quizás mañana, cuando paseáramos por Santa Mónica podría dedicar un rato a explicarle a Sergi cual es la diferencia para mí entre Fate y Destiny...

Llegamos a San Francisco y al final no se lo conté.
San Francisco estaba envuelto en la bruma. Lo cual incomprensiblemente me trajo a la mente el final de Casablanca, y a los dos personajes que aparecen allí: Rick y Renault envueltos en la niebla y diciéndose eso de: Esto puede ser el principio de una gran amistad.

Le comenté a Sergi que echaba de menos ir al cine. Aunque imaginaba que estar en San Francisco e ir al cine no sería lo más apropiado.
Con una sonrisa me prometió ver alguna película a la noche en el hotel y acepté el plan encantada.

El pidió subir al atardecer a Twin Peaks, para ver San Francisco desde allí. Me habló de la serie, claro. Serie que nunca he llegado a ver, porque la daban en un canal que yo no podía sintonizar entonces. Y me arrancó la promesa de verla lo antes posible en internet. Se lo prometí, claro.

San Francisco fue llenándose de luces. Allí en aquel alto con todas aquellas bombillas a nuestros pies sentí que estábamos en un momento difícil de olvidar. Podría haber dicho que era un momento romántico pero no lo diré. Porque no creo que lo fuera. No nos cogimos la mano, ni apoyé mi cabeza en su hombro, la verdad es que era algo que me daba mucho pudor hacer. No quería que Sergi pensase que me estaba enganchando a él, que sería una de esas pesadas que pensaría que por compartir algunos momentos de intimidad esperaría alguna otra cosa, algún paso más. Y la verdad es que escapaba de ese tema como gato escaldado del agua caliente.

Le miré de reojo. Miraba atentamente y ensimismado lo que se ofrecía a nuestros pies. Y la verdad es que sentí el impulso de acariciarle el pelo. Pero también me daba miedo que él me hiciera la cobra y quedarme sin saber cómo reaccionar. Sí, siempre he topado con hombres más bien ariscos para eso de los mimos.
Pero yo no lo puedo evitar, siento esos impulsos, me apetece acariciarle la barbilla u olisquearle el cuello, pasar una mano por su pelo o enterrar mi cara en su hombro. Sentir que me rodea con sus brazos, fuerte, casi hasta que no pueda respirar.
Le volví a mirar y él no se había movido. Estaba inmerso en sus pensamientos.
Y eso también me tiró para atrás, no sabía si sería adecuado interrumpirle ahora con mis ganas de edulcorada atención. En ese momento me miró y pensé que quizás podría aprovechar el impasse. Qué narices, me apetecía que fuera un momento romántico. Así que me acerqué a él y enterré mi cara en su hombro.
Él no dijo nada. Y yo lo agradecí. Me abrazó. Fuerte y en silencio.
Y sí, entonces fue un momento perfecto.
Y sin saber muy bien por qué comencé a llorar.

No sé si han vivido uds situaciones extremas, de esas en las que se templa el carácter de una persona. Situaciones en las que apuestas todo porque total no tienes nada que perder, ya lo das por perdido de antemano y eso hace que te lances al vacío sin pensarlo mucho. Un poco como eso que dicen los que han entrado en un reality show que allí las cosas se magnifican y se viven de otra manera. Diganme si no están de acuerdo en que bajo ciertas circunstancias los seres humanos, las personas, cada uno, no como grupo, actuamos como nunca creímos que íbamos a actuar.

Yo sí lo creo. Creo que hay momentos en que aparcamos nuestras reticencias, nuestras costumbres sociales, nuestros hábitos, porque sencillamente en ese momento y en esas circunstancias no los consideramos procedentes. Y creo que eso pasó en aquel viaje...

Una vez que di el paso de abrazarme a Sergi fue como un salto al vacío, sin vuelta atrás, y sin querer volver atrás. Aunque yo no quería construir puentes como ese Golden Gate que preside San Francisco para no tener que derruirlos al volver, me dejé llevar y di rienda suelta a mi ternura. Él lo aceptó con naturalidad, sin alharacas y para mí fue más fácil. De los pellizcos en el brazo, los caderazos mientras íbamos andando o los puñetazos en el hombro cuando quería castigar uno de sus sarcasmos o un ironía rebuscada y que tiraba a dar pero que nunca hacía daño, pasé a rozarle cariñosamente, a agarrar su cara entre mis manos y estamparle un beso en cualquier parte. Sin abusar, por no cansarle, claro. Y él también lo comenzó a hacer, claro.


San Francisco está lleno de cuestas, patear por allí maltrata los gemelos, pero el tranvía es muy divertido parece una montaña rusa. El tranvía será una de las cosas que no olvidaré de San Francisco, otra será la complicidad con Sergi, y los besos compartidos a pie de Golden Gate.
La bruma volvió a caer, parecía estar apegada a esta bahía. Así que buscamos dónde tomar café.
Algunas barreras habían caído entre Sergi y yo, él parecía interesado en mis conexiones mentales y yo no me cohibía de darle toda la clase de pistas que quería sobre lo rara que puedo llegar a ser.
A pesar de viajar, y estar liados, yo siempre buscaba huecos para leer. Antes de dormir, en alguna cola de museos especialmente larga, si él se iba a hacer fotos a algo interesante para él y no para mí, mientras él navegaba por internet. Él me preguntaba qué leía y yo le daba toda clase de detalles. Ahora me había cargado en el ebook escritores norteamericanos por eso de la inmersión cultural.

- ¿Sabes? Es que me ayuda a disfrutar más del viaje...
- ¿De qué manera?
- No sé, es como si conectara más con la manera de pensar, con la manera de vivir...
- Pero en cierta manera, Norteamérica y su cultura no es ajena para nosotros, hemos crecido con ella.
- Es cierto, eso me recuerda... ¿cenamos hoy unas hamburguesas?
- Sí. ¿Y qué estás leyendo ahora?
- Bueno, me cargué una serie de poemas de escritores norteamericanos, Allan Poe, Lovecraft, Emily Dickinson, Sara Teasdale...
- ¿Los lees en inglés?
- Sí, pero no lo entiendo todo, la poesía a veces es rebuscada. Además, sinceramente, soy más de prosa que de poesía.
- El otro día, ahora que recuerdo, recitabas algo en inglés, algo sobre el destino...
- Sí, era de un poema, uno de Allan Poe que escribió para una tal Helen. Él hablaba de “Fate” que se traduce como Destino, pero es que en inglés hay otra palabra también para Destino.
- Destiny.
- Eso es.
- Como el exgrupo de Beyoncé, Destiny´s Child.

Sonreí.

- ¿Y hay diferencia? – preguntó él.
- Siempre hay diferencia, Sergi, siempre.

Sonrió él.

- A veces suenas...
- Va dilo, que no me voy a molestar...
- No, mejor no.
- Ibas a decir pedante.
- Sí.
- Ya. Me lo dicen mucho.

El arrimó la silla y me dio un beso mucho más dulce que el café con sacarina.

Cuando me soltó, cogí su mano. Y la besé. No soy yo muy dada a arrumacos por el mundo exterior, pero qué narices... si eran todos norteamericanos.
Bueno, y algún japonés. Vamos, desconocidos.

- ¿Y decías que la diferencia era...?
- Mmm, digamos que Fate tiene una connotación negativa y Destiny no.
- Oh, qué interesante, el maniqueísmo en la semiótica del lenguaje.

Y oye, que sonaba serio y todo. Me reí.

- Talmente. Como nota al pie diré... ¿quién resulta pedante ahora?
- A mí también me lo dicen mucho. – Y puso cara de perro apaleado.
- ¿Buscas un beso? Pregunté enarcando una ceja.
- Sí.

Y se lo di. Al fin y al cabo los enamorados sólo resultan empalagosos, cuando los enamorados son otros. No me digan que no.

- Fate sería fatalidad, y Destiny, el destino.
- ¿Cuál ha sido tu poema favorito?
- Buf. Esas preguntas son muy difíciles... todo depende de cuando te lo leas. Ha habido uno de Sara Teasdale que me ha gustado: Después del amor. Tus ojos ya no obran milagros, tampoco mis besos en tus manos...
- ¿Eso es un subliminal?
- Mis besos nunca han obrado milagros en tus manos, bobo.
- Eso es cierto. Aunque algún que otro milagro has logrado, sí.
- ¿Sí?
- Eres una romántica, Nadia.
- Lo sé, Sergi, lo sé, es uno de mis defectos.



Esa noche vimos en la tele, y aunque parezca mentira: Casablanca.

Y el “As time goes by” sonó más bello que nunca.

El día siguiente volvíamos a casa. Todavía hubo tiempo para darnos besos al pie del Golden Gate. En el nuevo y en el viejo continente.

Cuando cada uno iba sólo para su casa, con una sonrisa en los labios, fue el fundido en negro. Y os juro que cuando se iban apagando las luces, alcancé a escuchar a Sergi preguntando:

¿Para cuando el próximo viaje?

Creo.

Pero pase lo que pase, siempre nos quedará la ruta 66... ¿verdad?


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Aldara
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Re: ¿Compartimos viaje?

Mensajepor Aldara » 28 Sep 2013 15:41

Esta forma de viajar me gusta.

Muy bien, Dae.

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