ARREPENTIDOS –DICEN– LOS QUIERE DIOS

¿No llegas a fin de mes? ¿Tienes un trabajo digno? ¿Son los políticos los que llenan sus bolsillos? Seguro que tienes muchas cosas de las que quejarte, si no también. No es nada personal, sólo política. Respeta y serás respetado. Economía, Empleo y Política.
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El Postiguet
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ARREPENTIDOS –DICEN– LOS QUIERE DIOS

Mensajepor El Postiguet » 14 Jul 2015 17:45

A quien yo bese, ése es. Apresadlo.

Y encabezando la comitiva marchamos al huerto conocido por el de los olivos. La noche comenzaba a enseñorearse del lugar, y con las teas ya encendidas caminábamos en busca del que iba a traicionar, por treinta monedas de plata...

Y allí lo vi. Parecía estar orando, cosa de la que tanto gustaba. Miré al jefe de la comitiva y le hice un guiño como de que esperasen. Me adelanté unos pasos, le puse suavemente mi mano sobre su espalda, y al momento que se giraba un beso, con tintes fraternales, sin embargo cargados de traición, deposité en su mejilla. Y al momento el grito de ¡apresadlo! retumbó entre el olivar, la noche se hizo completamente oscura, y algunos gritos y empujones de sus discípulos se oyeron. Pero la sentencia, ya anunciada por los profetas, se consumó.

Más tarde, mi tribulación era enorme, mi desconcierto aterrorizador, mi arrepentimiento sin límites y mis manos ardían como de estar en el fuego y abriéndose arrojaron violentamente al suelo treinta monedas de plata fruto de mi ignominia. Y de rabia lloré; y sentí avergonzado que toda la humanidad me miraba y acusaba, y me sentí pequeño, insignificante, traidor, repulsivo...

¿Qué habrá sido de mi Maestro, de mi amigo? Sólo supe, por unas voces, que lo habían llevado reo al Gólgota, soportando el peso de un madero en el que habrían de crucificarle. Y tapé mi cabeza y mi rostro para no ser reconocido y me dirigí, como casi todo el mundo, hacía el monte de las Calaveras; los otros a ver la gran injusticia que se iba a realizar, yo a comprobar mi indignidad.

Conforme iba ascendiendo parecióme que la gente me miraba insistentemente, que me señalaban con el dedo, que se separaban de mí como apestado, que murmuraban..., pero bien es verdad que conforme avanzaba y miraba aquel madero ya colocado en pie, y un hombre crucificado en él, pude comprobar que en nada se parecía a mi Maestro al que horas había traicionado. No, no era él; en nada se parecía. Mi Maestro irradiaba paz, bondad... y aquel hombre crucificado era muy diferente. No me atreví a preguntar que quien era, pero puse mis oídos en alerta para poder saber de quién se trataba, hasta que unas voces llegaron a mi.

—Lo han crucificado por mentir, por llevar a su pueblo a la miseria, por enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres —dijo una voz—

—Sí, hemos hecho bien en crucificarlo —respondió otra—. Este Rajoy no se merecía mejor suerte.

Los que hablaban eran sus correligionarios, sus camaradas del partido renovado de la gaviota. A todos los reconocí de verlos en los telediarios; incluso estaba "su niña" ya sin mantilla ni peineta; la manchega, el señorito andaluz; el matrimonio Botella; la cheli madrileña y un tal llamado Bárcenas que junto a los otro se reía al tiempo que les repartía unos sobres color marrón.

Todos ellos me miraron sintiéndose descubiertos, y me desperté.Y allí a mi lado, mi perra pastor alemán, sabedora que me gusta ver el encierro pamplonica, me decía con sus ojillos de juguetona que eran las 7:30 y pronto comenzaría el último encierro. Me había dormido.

El P©stiguet
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Si la vida es bella, y lo es ¿vamos a complicárnosla por cosas insignificantes?

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