A LA ORILLA DEL MAR

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POLgarci
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A LA ORILLA DEL MAR

Mensajepor POLgarci » 17 Abr 2015 11:43

A LA ORILLA DEL MAR

Contemplando a mis pies el vaivén de las aguas del mar lanzando sus chorros rugientes en las oquedades rocas. Quede perplejo ante tal divinidad misteriosa, verde e inmensa, y silencioso comprendí que eran los mejores momentos de mi serenidad y ante tanta belleza llegue a la conclusión que fue en el seno de sus aguas que nacieron los primeros dioses. Si, era maravilloso ese vaivén preciso de las aguas, y arrullado por su murmullo, coincidí con los sabios, al preguntarme que debió sentir aquel hombre que nació en él algo nuevo y poderoso: «un alma…» “Esa alma” que nos perseguirá a lo largo de nuestra existencia y que fue inventada como la antítesis de la propia vida… Esa noción de hacer creer que en realidad no existe ningún sentido, ninguna razón fuera de poder salvar el alma. Ya, que al fin de cuentas el alma inmortal, fue inventada para despreciar el cuerpo y en aras de la penitencia como una histeria de la redención. Por eso la noción del “pecado”, fue también inventada al mismo tiempo que el instrumento de la tortura. No obstante creo que él último Dios desaparecerá con el último de los hombres y con el temor, el miedo, la angustia, esa maquina a crear divinidades. Todo porque el terror, incapacita a integrar la muerte como un fin natural e inevitable…

¡El mar! Con sus organismos misteriosos que lo pueblan también vivían, como los de la tierra, sometidos a la tiranía del medio, inmóviles en sù primitiva existencia, repitiéndose a través de los siglos, como si fuesen siempre el mismo ser y no era verdad, pues su subsistencia estaba marcada por una evolución necesaria o ala simple razón de perecer.

Al seguir observando con precisión tan majestuosa belleza, comprendí de nuevo que fue el mar una de las primeras manifestaciones de la vida y su composición una de las primitivas formas para poder crear la materia orgánica. Es a partir de su superficie que se observa, bramando y retorciéndose con espumarajos de cólera su solemne poder al penetrar sus aguas en las tortuosas callejuelas de los escollos. En el fondo de esta masa verdosa, iluminada por el sol poniente, crea ese amarilleo destellos que con la mezcla de algunos hermosos colores, casi transparente forma ese òpalo o iris perfecto. Dando al fondo de sus aguas esa belleza decorosa, a sus infinitos bosques minúsculos y al intentar penetrar nuestra mirada. Siempre nos imaginamos entre su vegetación pegajosas bestias de formas fantásticas.

También al seguir observando el mar, cuando pense, en los más remotos ascendientes de la humanidad, que dieron en su evolución paso a los primeros hombres, miserables, apenas salidos del animismo original, ya fueron martirizados y combatido por una naturaleza hostil y vigorosa de parásitos que se empeñaban en vivir a costa de sus organismos. Era una época en que los fuertes perseguían a los débiles, y eran u su vez devorados por otros más poderosos; la misma historia de sus remotos antepasados que nacieron de las aguas todavía cálidas del globo en formación. Siempre igual, la vida repitiéndose a través de millones de años. –A sí es y así será. –Siendo esclavos de nuestra propia grandeza y, pese a nuestro orgullo de seres inmortales, seguiremos como los que marcharon delante de nosotros y como serán los que lleguen detrás. –Y así será siempre.

Serán inútiles los grandes esfuerzos para librarnos del miedo, del círculo en que forzosamente nos movemos; hasta que llegada la muerte otros animales semejantes vendrán a dar vueltas en el mismo sentido, creyéndose libres por que siempre creerán que tendrán ante sus pasos nuevos espacios que correr. Pero yo a la orilla del mar, y en este instante me siento disminuido por que a la vez, yo también me considero igual a uno de esos monstruos pequeños que se mueven en las enredadas vegetaciones del abismo submarino.

Todos somos iguales y solo nos diferencia de ellos, el tiempo la capacidad de adaptación al medio. No fueron pocos los que en su día criticaron las teorías de Darwin: –«¡Es un buen observador, pero no tiene ninguna capacidad par razonar!» –No creo que esto pueda ser verdad, ya que «El Origen de las especies y El origen del Hombre» en sus días sus teorizas se pusieron en duda por muchos. Pero una larga demostración del principio al fin, termino convenciendo ha no pocos hombres de talento y hasta la Iglesia cuando no pudo más termino por reconocer su teoría.

Distraído en mis pensamientos y, ante tal grandeza, no apercibí que el sol se iba ocultando ya. El mar era casi negro, el cielo de un gris plomizo, y en las brumas del horizonte serpenteaban los rayos al chocar en las espumosas olas. A pesar de todo no fui capaz de moverme y permanecí en la roca, sintiendo una sorda irritación contra la fatalidad; a tanta grandeza y me dije que al fin y al cabo fue el hombre el que creo sus propios mitos viviendo en su imaginación la falsa realidad, transformando su propios sueños, en la esperanza para evadir el temor. Desde siempre, y antes que aparecieran los Dioses Monoteístas, el ser humano ya había creado la mitología como una forma de creación y justificación de la existencia y del existir…

Pablogarcia
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